martes, 29 de marzo de 2016

The Julie Andrews Hour


Julie Andrews es una de las grandes estrellas del Hollywood del siglo XX. Tan sólo por su protagonismo en dos de las películas más taquilleras de los sesenta, "Mary Poppins" y "Sonrisas y lágrimas", ya habría pasado a la historia pero si a eso añadimos su etapa en Broadway (donde estrenó "My Fair Lady" y "Camelot") ya tenemos más razones para auparla al podio de los grandes artistas del showbiz. Pero aún podemos añadir una faceta más que aquí no es tan conocida, la televisiva. Ya en 1957 había sido elegida por Rodgers & Hammerstein para encarnar a Cenicienta en su versión musical en directo para la CBS (tal y como contamos aquí) y en la década siguiente protagonizó varios especiales (el más recordado uno con Gene Kelly como invitado estelar). Estaba en pleno apogeo por sus roles en el cine (Mary y María, le daba suerte el nombre) y no tenía ningún prejuicio en compaginar ambos medios, para ella la tele no era un medio menor.

Por eso quiso aprovechar la oportunidad que le ofrecía la ABC en 1972 de tener su propio variety show en prime time. En aquella época prácticamente cada noche se podía encontrar un programa de música y humor presentado por un gran nombre de la televisión en alguna de las tres cadenas nacionales. Julie era mucho más estrella que cualquiera de ellos. Había triunfado en el cine... y eso cuenta doble en ese mundillo (o al menos contaba en los setenta). Sus habilidades eran evidentes pero mostrarlas al completo en su propio espacio era una apuesta segura... o eso pensaban los directivos. Acompañaron a la artista del comediante Rich Little (especialista en imitaciones y recién salido de "ABC Comedy Hour") y de Alice Ghostley, veterana actriz y humorista con la que protagonizaba hilarantes sketches, uno de los más celebrados las convertía en compañeras de piso al inicio de su carrera. A Julie todo le salía bien pero a la pobre Alice... en fin, hacía lo que podía.


Cada semana, además, acudirían invitados de renombre, tal y como era habitual en todos los variety. Actores del viejo Hollywood como Donald O'Connor  (de "Cantando bajo la lluvia", en la foto), actrices de amplio espectro como Angela Lansbury (curiosa reunión entre protas de dos de las películas Disney más recordadas de todos los tiempos y dirigidas ambas por Robert Stevenson) o compañeros de Broadway como Robert Goulet (con quien había estrenado "Camelot" unos años atrás) o Joel Grey ("Cabaret") y cantantes como Cass Elliot o Harry Belafonte aparecían en su plató para intervenir en números musicales y sketches. Hay que destacar la presencia regular de los Muppets (inicio de una larga colaboración) y de Maria Trapp, la auténtica. Aunque, por supuesto, la gran estrella era Julie y se esforzó en demostrar todos sus talentos, se puso a las órdenes de sus productores y cada semana se presentaba ante su público cantando, bailando y actuando como ningún otro anfitrión de un variety había hecho nunca. Tal esfuerzo fue premiado con 7 Emmy (de 10 nominaciones) y una candidatura a los Globos de Oro como mejor actriz protagonista en una serie musical o comedia. Todo el mundo reconocía que la Andrews estaba genial, que el show era espectacular e imaginativo, que las canciones suponían un acierto, los decorados sorprendían... todo funcionaba excepto la audiencia. En una época en la que los grandes musicales estaban caducando en el cine, la tele exigía algo más moderno. La ABC era la tercera cadena en el ránking y además no supo proteger su inversión. Sus horarios fueron cambiando constantemente a lo largo de los siete meses de emisión y se enrfrentó a series muy asentadas en otros canales como "Cannon" o "La chica de la tele". Para compensar su cancelación a pesar de las críticas y los premios, la ABC y Sir Lew Grade, su coproductor británico, le ofrecieron varios especiales estacionales que se realizaron en Inglaterra en los dos años siguientes (como "One to One" del que hablamos aquí). De todo este proceso Blake Edwards rodó un documental titulado simplemente "Julie", que visto hoy resulta bastante melancólico. 

TVE emitió algunos compactados del programa a mediados de la década y con la misma fórmula se repitieron de foma sindicada en EEUU. El show no ha sido editado en DVD todavía a pesar de las múltiples peticiones de sus fans en todo el mundo, parece ser que por un problema de derechos compartidos. No os fíeis de las  ediciones piratas y disfrutad de lo que hay colgado en webs como Vimeo o Daily Motion y tened en cuenta que son grabaciones caseras de hace más de 40 años que algunos fans han decidido compartir y no comerciar con ellas: 




viernes, 25 de marzo de 2016

La Semana Santa de 1960 en TVE


"Como es lógico, todos los programas habituales que se emitirán a lo largo de la semana tendrán como tema esencial el religioso". En 1960 nadie se planteaba que TVE no celebrara la Semana Santa como si fuera una sucursal de la propia Santa Iglesia. En plena dictadura y con los curas como parte esencial de una sociedad pacata y miedosa, la televisión era un medio al que había que atar en corto y, por supuesto, sería impensable que en días tan señalados el espectador se divirtiera. Esas palabras iniciales están recogidas de la publicación oficial "TeleRadio". Es, por tanto, el discurso institucional de cara al televidente. No había otra opción, durante siete días todos los espacios se pondrían el capirote y pasearían cirios. Adiós a series, a musicales, a infantiles. Es más: el Sábado de Gloria se suspendería por completo la programación "en consideración a la solemnidad del día".
   El reverendo padre Salvador Muñoz Iglesias, asesor religioso de la Casa, era durante esos días el director de facto y su objetivo estaba claro: "Eliminar todos los espacios profanos e introducir una serie de programas religiosos, propios de estos días, que ilustren y hagan al público la esencia de nuestra Semana Mayor". Tampoco se realizaron retransmisiones en directo de las procesiones más destacadas aunque sí se ofrecieron reportajes filmados emitidos en el Telediario. Se planteó televisar la bendición de Ramos en la catedral de la Almudena de Madrid pero finalmente se abandonó el proyecto por "lo intempestivo de la hora" (sic)... ¡las 11 de la mañana!


En esas jornadas lo que hubo fue mucho discurso, multitud de sermones desde el Paseo de la Habana, algo totalmente antitelevisivo pero muy frecuente en la prehistoria de la nuestra tele. El mismo padre Muñoz Iglesias anunciaba esos especiales: "Presentaremos un itinerario general de Semana Santa, haremos una presentación jurídica de la Pasión en la que intervendrá un famoso procesalista romano. También un programa especial dedicado a la Santa Faz, la Santa Sábana y el Santo Cáliz. La pieza fundamental será, quizá, un Vía Crucis, con textos e ilustraciones de Luis Ortiz Muñoz. Habrá así mismo, tres sermones, dos breves y uno más largo sobre el lavatorio de pies. El padre Laburu (en la foto) disertará sobre la Virgen en la Pasión. Y habrá una emisión especial desde Barcelona con el Sermón de las Siete Palabras".


Nada de lo habitual durante la temporada, vamos. Se cancelaba la programación sin ningún reparo. No habria "Primer Aplauso" el miércoles, ni "Te quiero, Lucy" el jueves, ni "Adivine su vida el viernes"  o "Lassie" y "Pantalla mágica" el sábado. Tan sólo los programas de conciertos se mantendrían pero con la salvedad de que sólo se escucharía música sacra. La Schola Cantorum, del Seminario de Madrid, Coros de Madrigalistas de RNE, Coros Mixtos de Nuestra Señora de la Almudena y los Coros de RNE fueron las formaciones elegidas para esos especiales entre los que destacaba la Misa Ducal emitida el jueves 14 de abril a las 23.15 dirigida por Cristóbal Halffter (en la foto).


El propio Halffter dirigió a la Orquesta Filarmónica de Madrid en la cantata "El milagro" escrita especialmente para TVE por Luis de Pablo y José Hierro e interpretada por el actor Modesto Blanch (en la foto). Fue casi la única ficción que se pudo ver aquellos días. "El Viernes Santo y como final de la programación hasta el Domingo de Resurrección en que se reanudará la programación normal, se proyectará una película sobre la Pasión según San Mateo" explicaba el reverendo asesor que, por cierto, mostraba cierta preocupación por otro programa: "Las emisiones de "Cada miércoles con su problema" versarán alternativamente sobre moral profesional y problemas de vida familiar. No son, por lo general, aptos para público infantil. Ruego a los padres, para mi tranquilidad, que a la hora de este programa no se encuentren chicos cerca del receptor". No creo que ningún chaval se acercara a la tele esos días, sinceramente.

sábado, 19 de marzo de 2016

40 años de la Ruperta


El 19 de marzo de 1976 era viernes. Podría haber sido un día cualquiera pero para la historia de nuestra tele se convirtió en una jornada histórica. Aquella noche, tras el Telediario 2, regresaba el "Un, dos, tres"a la Primera Cadena. Había sido el concurso más popular entre 1972 y 1973 y desde entonces se rumoreaba sobre su vuelta constantemente. Cuando por fin se hizo oficial, Narciso Ibáñez Serrador, su creador-guionista-director-realizador, tuvo que responder a cientos de preguntas de decenas de medios de comunicación para explicar si el programa seguiría tal cual o habría muchas novedades. El director siempre había sido muy consciente de que la publicidad gratuita que proporcionaba la prensa era una ayuda y no un estorbo así que, como era su costumbre, accedió a responder a todo el mundo proporcionando estudiadas píldoras sobre su renovada fórmula para repetir éxito. Pero se cuidó muy mucho de anunciar algo importante: la calabaza anónima que indicaba que no había premio para los concursantes en la etapa anterior se antropomorfizaría. Ruperta sería su nombre. Sus rasgos y movilidad serían obra del genial José Luis Moro (el creador de la familia Telerín) y su voz sería la del mismísimo Chicho convenientemente manipulada por el ingeniero de sonido. Aquella cabecera cambiaría la historia del "Un, dos, tres" porque a partir de ese momento y de manera completamente surrealista, su diablo se transformaría en su mascota, una de las más queridas de la historia de TVE. Tanto que se generó un merchandising pirata que obligó a cambiarla en la segunda temporada presentada por Mayra por la Botilde (y más tarde por el Chollo, el Antichollo, el Boom y el Crack) para evitar enriquecimientos que no compensaran al Ente.


Y nada más comenzar el programa se mostraban los cambios. Una representación de las antiguas Secretarias del programa haría entrega de sus enormes gafas a la nueva generación. Aquellas jovencitas que habían revolucionado la pantalla con sus minifaldas ahora quedaban como puritanas profes de Liceo Francés al lado de sus sucesoras, embutidas en unos llamativos shorts (muy muy muy cortitos) y unos jerseys tan ajustados que parecían impedir la respiración. La entrega de trastos fue un excelente comienzo para esta flamante etapa. El primero de los momentazos que nos dejaría aquella entrega dedicada a "Las mil y una noches", algo que se convertiría en tradición, así se inició la etapa de Mayra en el 82 y también la de Luis Roderas en 2004. Entre las nuevas Chicas del programa destacaría Victoria Abril que más tarde se confirmaría como una de las actrices con más personalidad del cine europeo. Sin embargo la que más sonaba al principio era María Casal, hija del gran actor Antonio Casal, y que ya había había debutado como copresentadora de "Gente Joven" junto a Antolín García. Otra hija de actor, María Durán (de Rafael Durán) y Beatriz Escudero formarían el trío Acuario junto a Mayra Gómez Kemp que debutaba como actriz en la subasta. Completaban la formación Raquel Torrent (que abandonó pronto para estudiar Periodismo) y Meggy Schmidt que había participado en la primera película de Chicho, "La Residencia".

 

Una vez presentadas las nuevas azafatas y elegidas las que acompañarían a Kiko Ledgard en la presentación (Raquel y María) tres personajes interrumpirían esa introducción cruzándose ante las cámaras. Kiko era el enlace directo con la anterior temporada, a nadie se le había pasado por la cabeza que pudiera ser sustituido porque su naturalidad había sido vital para el éxito casi inmediato del "Un, dos, tres" en 1972. ¿Y qué iba a pasar con Don Cicuta? ¿Regresaría Valentín Tornos, el otro gran baluarte del concurso? El veterano actor se encontraba muy delicado de salud y estaba claro que no iba a poder retomar su actividad. Esos tres individuos desconocidos que ignoraban a Kiko y su perorata serían la respuesta. Desde el control de realización Chicho conectaba con Tacañón del Todo para escuchar a Don Cicuta anunciando que había designado tres dignos herederos de su labor. Aunque el programa se realizaba en color aquella conexión fue en blanco y negro. Otro acertado guiño de los guionistas. 



El propio director explicaba a la periodista María Luisa Páramo en la revista TeleRadio quiénes eran esos nuevos Tacañones dos semanas antes de la emisión: "Son Don Estrecho, Don Rácano y el Profesor Lápiz. Don Estrecho, encarnado por Juan Tamariz, está absolutamente en contra de la apertura y el destape, le molesta la risa de la gente y va siempre armado de tijeras y spray para tachar y cortar lo que haga falta. Es la censura, en una palabra. Paco Cecilio hará el personaje de Don Rácano, el que cuida del dinero pero no en el sentido del avaro. Es un hijo de papá multimillonario que sigue las mismas técnicas  que empleó su padre para hacer dinero: la tacañería es la mejor manera de conseguir millones. El profesor Lápiz es hombre preocupado por la cultura, le molesta la ignorancia de forma enfermiza y se enfada muchísimo cuando alguien no sabe contestar". Pedro Sempson, un actor habitual en los trabajos de Ibáñez Serrador, encarnaría a este defensor de la sapiencia. Las nuevas generaciones reconocerían su voz como la de Mr. Burns ("Los Simpsons"), personaje al que dobló hasta su fallecimiento. Por cierto, a Tornos se le mantendría en nómina y se le pagarían 15.000 pesetas por programa. Un detalle de Chicho a un amigo que no podía incorporarse al show por cuestiones de salud.


Poco a poco se irían desgranando los cambios, algunos adelantados por Chicho en la citada entrevista: "El concurso anteriormente constaba de tres partes: una primera basada en la cultura general y la rapidez de reflejos, demostración de habilidad en la segunda, al estilo de los programas de Gaby, Fofó y Miliki, y el final, la subasta. Lo creado ahora es la manera de conjuntar esas tres mecánicas diferentes. Me refiero a la innovación que supuso el programa desde su comienzo, a la unidad que presentaba a pesar de su disparidad puesto que los concursos en sí son conocidos de sobra en todo el mundo. Ahora este intento de unidad se va a poner más difícil aunque esperamos conseguirlo porque además de los ya dichos habrá un cuarto concurso que se llamará "Misión Un, dos, tres" y estará conducido por el escritor Alberto Vázquez Figueroa". Pasarían seis semanas hasta que se pudiera estrenar esa parte del programa que consistía en encargar un reto internacional a los concursantes que serían ayudados por Figueroa. Sin embargo, esta ambiciosa propuesta no tuvo gran eco y fue eliminada del programa antes de finalizar temporada.



Aquella primera temporada de la nueva etapa del programa fue un éxito indiscutible. El panel de aceptación lo situaba siempre en el primer puesto con notas cercanas al 9 sobre 10. Con un presupuesto semanal de 1.200.000 pesetas, los ingresos de TVE por publicidad eran muy superiores así que no sólo era célebre sino también muy rentable. Las críticas en algunos casos fueron furibundas. Los mismos que lo habían elevado a la gloria a principios de los setenta lo hundían al infierno ahora. En agosto del 76, el director respondió a algunas de esas críticas al periodista Jesús Mari de la Calle en "TeleRadio" al tiempo que hacía balance justo antes de tomarse las vacaciones de verano: "Cumple el objetivo para el que está hecho: tan sólo entretener y hacer sonreír. Es una especie de relax para la gente. Se trata de que sea un espacio popular pero no populachero. Sé que es popular y no lo juzgo populachero". Sobre la supuesta desidia en la realización argumentaba: "No es que la descuide, es que se dejan algunos fallos a intención... para dar más frescura. Este espacio sería imposible hacerlo en directo. Además, creo que la realización del espacio no tiene importancia. Lo que sí es difícil es cortar. Me gustaría que me dijeses ante uno de los programas, dónde he parado para recomenzar y dónde no. A eso sí le veo un gran mérito. Me preocupa más la continuidad del programa, el "timing". La realización está sometida a la dirección. El programa es, además, prácticamente en directo. Hacemos 100 minutos en cuatro horas, lo cual es un récord."
  Tampoco tenía reparo en aclarar la polémica sobre la paternidad del formato que se había generado en los últimos meses: "Es la mezcla de un programa argentino que yo hacía, "Un, dos, Nescafé", y otro que presentaba Kiko en Perú. Pero ambos están basados en otro tipo de programas que se emiten desde hace tiempo en televisiones extranjeras: "Let's make a deal". Pero nuestro espacio, en estos momentos, no tiene nada que ver con el que hiciéramos antes Kiko y yo. E incluso en otros países ya se está haciendo de la forma en que lo hacemos nosotros". Lo que está claro es que el "Un, dos, tres... responda otra vez" creció de manera exponencial a su propia audiencia y que las inspiraciones iniciales quedaron muy lejos. Este formato es tan peculiar como efectivo y por eso su regreso a TVE hoy hace 40 años fue una alegría para la audiencia. 

   Celebremos este aniversario revisando aquel programa emitido el 19 de marzo de 1976:




lunes, 14 de marzo de 2016

Félix, pérdida irreparable


Fue un 14 de marzo de 1980 pero España se enteró al día siguiente, sábado. Una de las mayores estrellas de la televisión fallecía durante un rodaje en Alaska. Las primeras noticias eran confusas y los oyentes radiofónicos (los primeros en enterarse) no daban crédito, ¿ha muerto Félix? ¿están hablando del "amigo de los animales", el de "El hombre y la tierra"? No puede ser... pero sí, con el paso de las horas la noticia se confirmaba y hubo que asumirla. 36 años después todavía cuesta creer que ese divulgador ecologista falleciera en un accidente de avioneta mientras preparaba una nueva serie de programas que se rodaría en Canadá aunque en este caso se había trasladado a Alaska para que sus cámaras de cine fueran testigo de la Carrera de las Mil Millas. Y ¿por qué habían dejado de grabar en nuestro país y se habían ido tan lejos? El propio Rodríguez de la Fuente lo explicaba a la revista TeleRadio antes de partir hacia aquel país: "Después de 104 capítulos acerca de la fauna ibérica, tanto porque el tema está agotado como porque pensamos que los seguidores de nuestro programa piden un trabajo en otras latitudes, pensamos el comenzar a realizar una nueva serie fuera de España". Los primeros siete capítulos de media hora eran fruto de la primera expedición del equipo al norte y oeste de Canadá durante mes y medio el verano anterior. "En nuestra versión canadiense vamos más allá del reportaje geográfico que a la película minuciosa. Ese tipo de reportaje requiere una estructura compleja y seria. Piensa que rodamos cerca del Círculo Polar Ártico, en las Montañas Rocosas... en sitios donde antes nunca se había filmado como las cataratas de Virginia. Buscamos los paisajes más humanos, los lugares más inaccesibles, una gran riqueza temática. El verano canadiense tiene una gran riqueza de todo tipo y en invierno se dan esos glaciares y bosques magníficos e inmensos. Aparte de que el gobierno de Canadá nos hace una oferta y ellos mismos nos proporcionan magníficos centros que te solucionan todo. En Canadá la protección está desarrolladísima y también el amor a la naturaleza de aquella gente. Vamos a llevar estas películas de Canadá a esos 700 millones de espectadores de todo el mundo, eso es lo que ponemos nosotros. Y Canadá pone su riquísima fauna y sus paisajes."


La prensa se hizo eco de la pérdida de uno de los profesionales televisivos más apreciados. Habían pasado 17 años desde su debut en el programa "Fin de semana" y desde entonces había colaborado en "A toda plana", "Imágenes para saber" y por fin se estrenaba con programa propio, "Félix, el amigo de los animales", que se convertiría en su apodo oficial. Después llegarían "Fauna", "Planeta Azul" y su despegue definitivo: "El hombre y la tierra" que llegó a emitirse en medio mundo.
   La revista oficial de TVE, "TeleRadio", dedicó dos portadas consecutivas a informar del deceso, algo inaudito pero que reflejaba a las claras la importancia de su figura. En las semanas siguientes a la tragedia nos enteraríamos de los detalles del accidente gracias a sus compañeros. El productor del programa, Juan Mauri, explicaba: "La misma mañana del accidnete yo había utilizado la avioneta que se estrelló para ir a recoger material. Fue un viaje muy malo, de casi dos horas, por culpa del viento. Cuando volvimos a Unnalaklim, donde teníamos nuestro cuartel general, Félix me dijo que la otra avioneta perdía aceite y había que llevarla a Nome para reparación. De forma que Félix, Teodoro y Alberto salieron con una de las avionetas para filmar la carrera mientras el otro equipo salía con la averiada para repararla e instalar una cámara en la meta. Hacía un día bastante bueno y nadie podía prever lo que iba a pasar".
   El cámara Miguel Molina abundaba en esto: "Todo iba perfectamente normal y de repente vimos cómo la otra avioneta se venía abajo. No lo entendíamos, pensamos incluso que simplemente la habíamos perdido de vista. Pero dimos unas vueltas por la zona y al fina la vimos. Aterrizamos y aunque lógicamente sabíamos que no iba a haber supervivientes, aún teníamos la esperanza de encontrarlos vivos. El golpe ha sido muy fuerte y estábamos anonadados." "Pasaron cuatro horas y allí no aparecía nadie. Teníamos miedo de que llegara la noche, porque el frío iba en aumento. Logramos encender una fogata pero ya habíamos echado al fuego incluso algunas cosas del interior de la avioneta. Además, de noche, no podíamos despegar." Mauri finalizaba el relato: "Llegaron por fin los esquimales y con los trineos transportaron los cadáveres a Shatolin, un pequeño pueblo, a unos 6 km. del accidente. Desde allí un helicóptero de las Fuerzas Aéreas americanas los llevó a Nome. Mientras, el equipo de televisión recogía su avioneta y volvía Unnalaklim, donde ya se conocía la noticia por mediación de un radioaficionado. Esa noche no pudimos ir a Nome y en Unnalaklim recibimos gran cantidad de llamadas de todo el mundo, entre ellas la del embajador español en Washington, que su puso a nuestra disposición y nos anunció que enviaba al cónsul en San Francisco para tramitar el transporte de los cadáveres a España".


Pero no sólo había fallecido Félix, también los cámaras Teodoro Roa y Alberto Mariano Huéscar  y el piloto del aparato. Roa llevaba trece años en TVE y Huéscar, cinco. Formaban parte del equipo habitual de "El hombre y la tierra". Ambos fueron enterrados en el cementerio de Fuencarral y Félix en en su tierra natal, Poza de la Sal (Burgos). Allí le conocían como "el halconero" y había sido nombrado hijo predilecto de la provincia. Otro burgalés con este título, el poeta Conrado Blanco, recitó un poema tras la homilía en el que aseguraba que Castilla había encontrado un nuevo Cid. 



Información elaborada con documentación recogida en distintos números de la revista TeleRadio. En la mayoría de las ocasiones no explicitan qué periodistas habían recogido estas declaraciones.

lunes, 7 de marzo de 2016

La vuelta a España en 30 minutos. 1962


Tres concursantes emprenden un imaginario viaje por España en avión partiendo desde Madrid al mismo tiempo. El objetivo es realizar el recorrido propuesto en el menor tiempo posible y para ello tendrán que responder correctamente a las preguntas que formule el presentador en las distintas etapas en las que el aeroplano toma tierra. Así de simple era "La vuelta a España en 30 minutos", concurso que se presentó a los espectadores el 11 de abril de 1962 con una emisión de prueba en la que se explicaba su mecánica.


Lo que hoy nos parece tan sencillo (y hasta simplón), en aquella época suponía todo un avance. La premisa del programa obligaba al cambio de decorado, ¡nada menos que tres veces! El propio avión durante el vuelo, el panel de la ruta marcada en el mapa de la Península y la cabina de control desde la que el presentador iba indicando las etapas de la ruta y realizaba las preguntas. Todo un alarde para un género que habitualmente no tenía grandes escenografías.


Tres personas se enfrentaban semanalmente y sólo una de ellas podría conseguir el primer premio pero las otras dos se quedaban al menos con uno de consolación. Además, y esto también era una novedad, se permitía que los espectadores "de provincias" que no podían desplazarse hasta el Paseo de la Habana (no se pagaba el transporte de los concursantes por aquel entonces) optaran a un premio mensual de un viaje para dos de tres días a cualquier capital del país o extranjerara que se encontrara en las rutas normales del servicio de Líneas Aéreas Españolas. Ese concurso para televidentes consistía en una pregunta que se repetiría durante 4 semanas y que se respondería por carta. De esta manera se tenían en cuenta todas las misivas recibidas durante ese mes. Entre las respuestas acertadas se realizaba un sorteo.


Esta original idea provenía de un veterano de la radio y televisión chilenas, Edwin Harrington, que colaboraba por primera vez con TVE. Su experiencia en emisoras hispanoamericanas fue fundamental para encarar este ambicioso proyecto: "El concurso es una de las facetas de los programas de televisión que reúne mayores complicaciones ya que en todo el mundo se ha demostrado que los títulos que más fama alcanzaron entre los espectadores fueron aquellos en los que no se tenía demasiado entusiasmo ante su realización televisiva. Nosotros intentamos entretener a los espectadores de toda España sin demasiadas complicaciones y con una mecánica ligera y apropiada para el lenguaje de la TV con objeto de que pueda participar todo tipo de público aunque sus conocimientos no sean demasiado profundos. A este objeto en cada programa habrá un tema preciso sobre el que girarán las preguntas que realice el presentador" decía el guionista a la revista "TeleRadio". En el primer programa con participantes el tema fue la pintura española, centrándose en los maestros Goya, El Greco, Velázquez y Murillo.
   Guillermo Caram era el productor y presentador. Su nombre sonaba a los televidentes por su función como realizador. Esta era su primera experiencia como maestro de ceremonias y pretendía ser sobrio, dejando todo el protagonismo a los participantes. Le ayudaba en su labor la azafata Cristina Vivacua, vestida como una areomoza. Ella se situaba frente al mapa de España y movía los aviones que representaban a los concursantes. 
   "La vuelta a España en 30 minutos" se emitía los miércoles a las 20.30 y, a pesar de sus buenas intenciones, no consiguió un gran éxito a juzgar por las críticas de la época y por su única temporada.

viernes, 4 de marzo de 2016

Alberto Delgado, toda una vida en el Congreso


"Conectamos con el Congreso de los Diputados" decía el presentador de turno del Telediario y casi siempre respondía desde allí Alberto Delgado, al menos durante casi tres lustros. Desde los 70 y hasta mediados de los 80 este vasco de la cosecha del 38, formado en la Escuela de Periodismo  fue "el" responsable de TVE de la crónica política. Bregado en todos los géneros en periódicos como el "ABC" o "Diario Español" y revistas como "Semana", fue en la agencia Pyresa donde realmente comenzó su profesionalización. Allí entró en 1964 y tan sólo un mes después de su llegada ocupó el puesto de redactor parlamentario como un sustituto. Fue así como alcanzó prestigio y (más tarde) popularidad. 


Confesaba en 1980 a Manuel Azcona en la revista "TeleRadio": "Al principio los Plenos se reducían a las "deliciosas" ruedas de prensa de Esteban Bilbao, que duraban horas y de las que no sacabas nada en limpio. Llega Fraga como ministro de Turismo y los Consejos se hacen insoportables porque si yo hablo deprisa, Fraga lo hacía mucho más, nos volvía a los informadores materialmente locos y sufríamos crisis nerviosas. No existían las referencias escritas. Hasta cierto punto, yo  contribuí a que los informadores dispusiéramos de estas referencias a raíz de una pregunta que alguien hizo a Fraga sobre las bases americanas. Yo tomé nota y lo di por televisión. En la información hablé de las bases americanas pero Fraga, encolerizado, dijo que se había referido a las otras bases, en las que se apoyaba su discurso". En realidad, y por experiencia propia, hay que decir que don Manuel no cambió mucho y que sus ruedas de prensa en la Xunta de Galicia no eran muy distintas a lo que describe este maestro del periodismo político.


Delgado eligió su profesión por vocación, queriendo imitar a aquellos reporteros americanos que defienden la justicia como si fueran auténticos héroes. Su bisabuelo, Sinesio Delgado, periodista y poeta, había refundado la publicacón "Madrid Cómico" y su padre, director de cine, realizó documentales durante la guerra. Fue una gran referencia para él, no sólo como profesional sino también como hombre insobornable. Aunque nunca se había planteado dedicarse exclusivamente a la información parlamentaria se convirtió poco a poco en todo un experto y en plena Transición sus palabras eran respetadas por los espectadores. "No sabía lo que era una ponencia, una enmienda o una ley. Estudié mucho y fui familiarizándome con el lenguaje parlamentario".


Cuando Eduardo Sotillos en 1976 conectaba desde Prado del Rey con el Congreso de los Diputados en la Segunda Edición del Telediario, Delgado era rápido, conciso y muy sintético. Se había acostumbrado a las retransmisiones (tan apasionantes como duras en aquel período) en las que no sólo tenía que explicar lo que sucedía sino además interpretarlo para una audiencia que se había olvidado de lo que significaba la libertad política. Don Alberto forma parte de aquel grupo de presentadores que supo explicar lo que estaba pasando, ejerciendo un periodismo muy directo y con grandes dosis de divulgación. Era necesario.

 

Reconocía carecer de ambición y por eso no optó a otros puestos en la televisión. Se sentía identificado con su parcela y además de su larga etapa en los informativos diarios dirigió y presentó el programa "Las Instituciones"  en 1974-75 dedicado a los debates de las Cortes sobre temas legislativos. Las semanas en las que no se celebraba debate al respecto (muy habitual en aquella etapa tardofranquista) se enseñaba el funcionamiento de los organismos más importantes de la vida oficial del país.  Fue también pionero del veterano "Parlamento" (aún en antena los sábados en el canal 24h) y de "Opinión pública", espacio al que llegó en octubre de 1980 con gran ilusión y con ganas de "hacer una panorámica de lo que va a ser, de lo que "puede" ser el país en la próxima década: un horizonte español de los años 80". Su objetivo era muy claro: "servir a la opinión pública, servir a los telespectadores" y hacerlo sin protagonismos, decía entonces que si todo salía bien el mérito sería del equipo pero si sucedía lo contrario, la culpa sería suya "que para algo soy el director". Un ejemplo que muchos jefes deberían seguir, por cierto.
   Alberto Delgado fue una presencia constante hasta mediados de la década de los ochenta y poco a poco dejó de aparecer en pantalla para ocupar puestos de responsabilidad hasta su jubilación.

martes, 1 de marzo de 2016

50 años de "Historias para no dormir"


Nada de casas encantadas, puertas crujientes, rayos que iluminan oscuras estancias, espíritus con sábana y cadenas ni doncellas que recorren largos pasillos con candelabros. Toda una declaración de intenciones desde la primera presentación. "Historias para no dormir" sería una serie de terror o, más bien, de suspense (pronunciado a la francesa) pero huyendo de los tópicos del género. Tópicos que, en realidad, en España no se habían usado demasiado aunque el espectador sí los había visto profusamente antes de la guerra civil en la serie de películas de la Universal que adaptaba los clásicos de Mary Shelley o Bram Stoker. Además también se habían emitido ya en TVE telefilms americanos como "Alfred Hitchcock presenta...", "La dimensión desconocida" o "Rumbo a lo desconocido" así que no eran vírgenes en la materia pero el terror patrio no existía. 
   Se cumplen 50 años del estreno de un título que cambiaría (para bien) el devenir de nuestra tele. 50 años del asentamiento definitivo de Don Narciso Ibáñez Serrador como maestro de la televisión. Con este producto se confirmó su talento y, a partir de ahí, se le permitieron lujos como "Historias de la frivolidad", "El asfalto" o incluso el "Un, dos, tres" (totalmente rompedor en su momento) que serían impensables si no fuera porque se había convertido en el niño mimado y respetado por los gerifaltes. Los premios que comenzó a acaparar en festivales de medio mundo afianzaron esa posición de privilegio.


Fue el 4 de febrero de 1966 cuando Chicho apareció antes de la (posteriormente celebérrima) cabecera del programa para anunciar el comienzo de una nueva serie. Lo hizo con ironía, riéndose de sí mismo y asumiendo la escasez de medios de la Casa para justificar que sus historias serían modestas y que, de vez en cuando, tendrían que recurrir a la emisión de episodios autoconclusivos de otras series similares extranjeras porque quizás no llegarían a tiempo para producir el suyo propio en sólo siete días. Eso sólo sucedió una vez, precisamente en la segunda semana. El primer capítulo, "El cumpleaños", era brillante (ya hemos hablado aquí de él) y se rodó en cine pero Chicho se hizo consciente enseguida de que eso era inviable para una serie semanal. A partir de entonces se realizará siguiendo la senda habitual: en estudio y con 3 ó 4 cámaras, sin demasiado margen para un montaje posterior. Puntualmente se añadían imágenes en cine rodadas en exteriores para disgusto de los críticos de la época que consideraban eso una traición al "lenguaje televisual puro".


En realidad todo esto no era nuevo para Ibáñez Serrador. Ya había dirigido series parecidas en la televisión argentina y cuando se presentó ante el Director de Programas de TVE, José Luis Colina, con varias cintas de sus trabajos allí, le convenció de que sería un fichaje sensacional. En 1977 contaba a la revista "TeleRadio": "Puso en mis manos una especie de programa test que se llamaba "Estudio 3" que, precisamente, por la falta de personalidad de su título, hacía posible que allí se emitieran todo clase de programas. Allí empezaron a hacer cosas cómicas, dramáticas, de novelas, biografías y de repente surgió una cosa de suspense y me sirvió un poco para comprobar que era tomate que los mercados requerían, o sea, que era lo que el público de TVE acogía por aquel entonces con más agrado y empecé a ver que las cosas de suspense eran las que más les llegaban, quizá porque no se hacían. Entonces, aquellas primeras intentonas se fueron encarrilando, murió "Estudio 3", se emitió un programa que se llamó "Mañana puede ser verdad" de ciencia ficción y de aquí se pasó ya a "Historias para no dormir". Pero digamos que fui haciendo lo que yo quería". 


Estos terrores semanales se hicieron populares enseguida y cada noche de los viernes se sumaban más espectadores. Los vecinos acudían a la casa del vecino que tuviera televisor para disfrutar con el miedo o con la sorpresa final, totalmente inesperada, para comentarla después en tertulia animada. Los periódicos lo comentaban, las revistas entrevistaban al nuevo "enfant terrible" de la tele (antes lo había sido Adolfo Marsillach por razones bien distintas) y, con el tiempo, se publicarían libros con relatos seleccionados por el propio Chicho (a la manera de Hitchcock) y hasta realizaría series radiofónicas para la SER o RNE con argumentos similares. "Historias para no dormir" fue un éxito inmediato (a pesar de sus dos rombos que avisaban de su contenido no apropiado para un público familiar) y enseguida se instaló en el ideario colectivo hispano televisivo. Y digo hispano porque al poco tiempo la serie se vendió a varios países latinoamericanos). 
   Luis Peñafiel, uno de los pseudónimos de Serrador como guionista, adaptaba textos de clásicos del terror gótico como Edgar Allan Poe pero también de autores reconocidos de la ciencia ficción como Ray Bradbury. Además, abre el camino de españoles como Juan Tébar o el mismísimo doctor Jiménez del Oso. Decía Baget Herms en su fundamental "Historia de la Televisión en España": "El éxito acompaña a la serie. Los métodos empleados para llegar a ese fin son discutibles en muchas ocasiones: la violencia es una de esas formas. Un cierto mal gusto y una delectación por las imágenes terroríficas o morbosas es otra de ellas: por ejemplo, la de mantener un largo primer plano de un cadáver en estado de descomposición. En realidad, toda la serie es un continuo fluctuar entre el terror granguiloñesco y en cierto modo primario, y el terror "intelectualizado" y ambiguo en el que se hallan sus mejores aciertos". Tengamos en cuenta que esto lo escribió en 1974, vistas hoy en día hasta nos resultan entrañables esas "boutades" visuales, pequeñas travesuras que escandalizaban a un público pacato.


La serie original consta de dos temporadas. La primera finaliza de forma brillante con "El asfalto" el 24 de junio de 1966, el capítulo número 18 (contando con el segundo que era de producción norteamericana). Narciso Ibáñez Menta, padre del director, protagoniza ese episodio que, en realidad, pertenecía a una subserie con el título no oficial de "Historias para pensar" en la que Chicho incluía capítulos más poéticos y reflexivos. "El asfalto" fue premiado en Europa y habría que esperar hasta el 20 de octubre de 1967 para una segunda temporada que constaría sólo de 8 entregas y que se clausuró el 23 de febrero del 68 con otra maravilla: "El trasplante". 
   En 1973 comenzaron los rumores de una nueva etapa. El especial "El televisor", de nuevo con Ibáñez Menta, programado en julio de 1974 fue un falso aviso. Hubo que esperar hasta 1982 para las nuevas aventuras terroríficas. Mucho bombo para una gran decepción. A Chicho le pidieron que experimentara con las posibilidades del vídeo para grabaciones en exteriores... y lo hizo. Pero aquello no era lo mismo. Pocos medios, capítulos demasiado largos, historias quizás no adecuadas a los nuevos tiempos e incluso el remake (casi exacto pero en color) de una de las historias de la primera época ("El caso del señor Valdemar") con los mismo protagonistas (Ibáñez Menta y Manuel Galiana) fueron criticados hasta la saciedad y Chicho se enfrentó al primer fracaso contundente de su carrera. 
   Coincidiendo con el aniversario, la compañía 39 Escalones ha editado por primera vez y con su pulcritud habitual la serie completa y ha añadido jugosísimos extras como "El último reloj" (1964) perteneciente a la serie "Tras la puerta cerrada" o ""N.N.23" del contenedor "Mañana puede ser verdad" (1965), fundamentales para entender el trabajo posterior en las historias del insomnio. También se incluye el ya mentado "El televisor" que, según me contó Chicho en 2005, es otra declaración de intenciones. El discurso final de su padre ante el médico lo suscribe palabra por palabra el gran creador de nuestra tele. Se cierra el círculo.