jueves, 24 de mayo de 2018

María Garralón, de un Verano Azul a una Farmacia de Guardia


El título de este post es llamativo pero excluyente, lo reconozco. En cada trabajo televisivo del recientemente fallecido Antonio Mercero había una presencia constante. Prácticamente en todas sus series y mediometrajes aparece una actriz a la que sería precisamente él quien le daría la oportunidad de demostrar su versatilidad. Hablar del Mercero televisivo supone hablar, inevitablemente, de María Garralón. Aunque sólo fuera por aquel precioso pero difícil papel de Julia en "Verano Azul" ya merecería la pena comentar la complicidad entre ambos pero si repasamos su carrera nos daremos cuenta de que esa química tuvo que ser inmediata y desde ahí se inició una de las relaciones profesionales más estables (y bellas) de nuestro panorama audiovisual... aunque quizás sea una de las menos comentadas.


Desde el principio la carrera de María está asociada a la de este entrañable creador de emociones. Su primer crédito (lo que no significa que fuera su primer papel) es en una obra de Mercero, "Los pajaritos" en 1974. Y ese mismo año también apareció en otro de aquellos geniales mediometrajes que se realizaban para competir en festivales televisivos internacionales, "Don Juan", en la foto es la segunda empezando por la derecha, junto a otra jovencísima actriz que todavía estaba empezando pero ya era una musa del cortometraje español, Carmen Maura. Por supuesto, este trabajo también tenía firma merceriana. 


Muy contento debió quedar el director porque el siguiente año contó de nuevo con ella en dos trabajos distintos. El primero,  la película "Manchas de sangre en coche nuevo", que estaba protagonizada por José Luis López Vázquez, actor principal de "Este señor de negro", el segundo proyecto en el que colaborarían los tres en la misma temporada.  Esta vez María tenía ya un papel más importante, de hecho era un rol fijo y con cierta enjundia, la empleada de la joyería del señor del título. El personaje pasó a la historia en un memorable capítulo como la primera soltera embarazada de nuestra tele.


En 1979 se inicia el rodaje de una de las series más populares de todos los tiempos. Era un proyecto de Mercero y esta vez se había reservado para María un papel muy especial. La serie, por supuesto, era "Verano Azul" y ella era Julia, una mujer con una historia de superación (no quiero hacer spoilers, no sea que alguien TODAVÍA no la haya visto) que se convierte en la amiga y cómplice de aquellos chavales que veraneaban en Nerja. Su emisión en la temporada 1981-82 fue todo un acontecimiento que debería haber convertido a a la actriz en una estrella... pero no fue así. A pesar de haber intervenido en decenas de dramáticos (únicos o seriados) de todos los géneros, María no ha alcanzado la categoría de prima donna, ni falta que le hace porque pertenece a ese grupo excepcional de secundarios (o actores de reparto, que suena mejor) que hacen grandes sus intervenciones por pequeñas que sean. 


En 1983 Mercero y Garralón volvieron a unirse en un mediometraje con ecos "veranoazulianos" del que hablaremos próximamente, "El pueblo sumergido", una peliculita pensada para el público infantil y que formaba parte de una iniciativa europea. Aquí se unían dos variables habituales en el trabajo de Mercero: la ecología y, cómo no, María que a estas alturas ya era integrante fija de sus repartos. 


Y como tal, era lógico que en el regreso del realizador a TVE tras una etapa cinematográfica ella también reapareciera. Fue en 1986 y para la Segunda Cadena con "Turno de oficio", una de las series más comprometidas de la época. Confío en su amiga para un papel complicado. María aceptó el reto y aprovechó la ocasión para demostrar que dominaba el drama tanto como la comedia. De nuevo asumía un rol inédito hasta esa fecha, el de una mujer maltratada por su marido que finalmente se atrevía a denunciarlo. 
   En 1991 Mercero dirigía su primer trabajo para una televisión privada, Antena 3 y, qué sorpresa, Garralón tendría papel fijo en "Farmacia de Guardia", ¿quien no recuerda a la agente de la policía María de la Encarnación y su "para dentro, Romerales"? Era un personaje nada dulce, muy lejana quedaba aquella Julia de veraneo en Málaga, sabía adaptarse a géneros y ritmos bien distintos.
   Hace unos días vimos como la actriz acudía al tanatorio donde se velaba el cadáver de su amigo. Era evidente el dolor que le había causado la noticia. Y no es para menos, posiblemente ningún director ha cuidado de ella tanto como Mercero lo hizo durante más de tres décadas.  

domingo, 20 de mayo de 2018

Estravagario

  

En 1958 Pablo Neruda publicó su poemario "Estravagario". El famoso poeta chileno había nacido en 1904 y 100 años después TVE estrenaba un nuevo programa literario en la 2 para sustituir al veterano "Negro sobre Blanco" de Fernando Sánchez Dragó que llevaba siete años en antena. Para conmemorar el centenario del nacimiento del autor de "Veinte poemas de amor y una canción desesperada" se decide usar ese término de su invención para bautizar al nuevo espacio.


La idea fue de su director y presentador, Javier Rioyo, guionista, escritor y colaborador radiofónico y periodístico en medios como "El País" o la SER (que no es decir lo mismo aunque ambos pertenezcan al mismo grupo). Sus crónicas literarias en el "Hoy por hoy" de Gabilondo fueron excelente entrenamiento para este nuevo programa que pretendía revitalizar el formato (quizás un poco básico y anquilosado) de Dragó. 



En realidad, los cambios fueron más bien estéticos y de ritmo, la fórmula estaba inventada desde hacía años, muchos años, y poco había cambiado desde los tiempos de "Encuentros con las letras", lo importante era la pasión y la profundidad o superficialidad con la que se tratara el tema. "Estravagario" mantenía el esquema básico: entrevista con un autor con libro nuevo en cartera en un decorado, eso sí, mucho más luminoso y moderno que el que venía mostrando en sus últimas temporadas "Negro sobre blanco" pero tampoco en esto se innovaba mucho: los libros eran el atrezzo protagonista, volúmenes de mentira combinados a la perfección por su cromatismo. 


La segunda parte tenía una tertulia como base con tres o cuatro invitados relacionados directa o indirectamente con el mundo editorial o la literatura. Desde esa "mesa redonda" (como concepto, porque ya veis que la mesa era rectangular) se daba paso a varias secciones como "La biblioteca de...", "El tiempo recobrado" (un reportaje sobre un autor generalmente ya fallecido) o "Las listas" que eran elaboradas con las votaciones de los espectadores. La música también tenía cabida en este programa y aunque la sintonía era una composición de Frederic Mompou en una versión al piano de Rosa Torres, también se creó un tema específico con el mismo título escrito por Luis García Montero, Benjamín Prado, Felipe Benítez Reyes y Joaquín Sabina que musicó esa letra y la interpretó. La canción se estrenó en el primer programa y el cantautor ya aprovechó para quedarse al debate. 


Hubo muchas promesas desde el principio, cuando se anunció su emisión se hablaba de darle todos los medios de un programa de prime-time y se aseguraba que comenzaría a las 22 h. Eso no se cumplió ni siquiera en la primera semana, aquel 4 de octubre de 2004 comenzó a las 23.30 h. Durante los tres años que estuvo en la 2 su horario fue retrasándose hasta llegar en alguna ocasión a las dos de la madrugada. En agosto de 2007 parte del equipo estaba trabajando para renovarse en la siguiente temporada que comenzaría en septiembre, con un programa más pegado al público y a las novedades, más moderno. Se le había adjudicado un huevo horario, los domingos de 19 a 20 h y eso obligaba a ciertos cambios, entre ellos, "abrirlo a públicos más amplios" en busca de una mayor audiencia. El día 4 de ese mes se hizo pública la cancelación del programa y fue el propio Rioyo quien explicó que había sido por teléfono y mostró su enfado y decepción públicamente. Por entonces la directiva de la cadena ya le había buscado sucesor, "Página 2" que sigue en la parrilla. 

domingo, 13 de mayo de 2018

Antonio Mercero, el creador de emociones


Hablar de Mercero es hablar de televisión con emociones, de retratos de una infancia idílica que quizás nunca existió, de un pueblo en el que todos quieren ayudarse, del miedo a una sociedad que se aísla y pierde la perspectiva, de la preocupación por el devenir de la humanidad y su pérdida de valores. Antonio Mercero falleció ayer aunque ya hacía años que había dejado de estar en este mundo por culpa del Alzheimer. La huella que deja en televisión es indeleble, para empezar sigue ostentando un honor exclusivo hasta ahora: es el único director español que ha conseguido un Emmy Internacional por su mediometraje "La cabina". Pero no sólo eso, las estanterias de Prado del Rey tienen unos cuantos galardones europeos como la Ninfa de Oro gracias a este vasco que hace sólo una semana cumplía los 82 años. Junto a Chicho y Lazarov fue uno de los más activos realizadores en la famosa Operación Premio que pretendía ganar prestigio para TVE en una época en la que el franquismo pesaba demasiado en la imagen que Europa tenía de nuestro país. 


Hijo único de una viuda, se licenció en Derecho pero nunca ejerció. Una vez finalizada la carrera que su madre quería, decidió cumplir su sueño de dedicarse a lo que realmente le apasionaba y se apuntó a los cursos de cine que se ofrecían en la única escuela que existía por entonces que recibía el pomposo nombre de Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas. A pesar de que consigue varios reconocimientos con sus cortometrajes y con su proyecto fin de carrera, no tuvo la suerte que esperaba con la industria, lo que le llevó a descubrir el que sería el medio en el que se encontraría más libre. Así lo contaba en 1976: "Empecé a hacer televisión por razones profesiones y subsistenciales. Yo, en 1963 hice una película que se llamaba "Se necesita chico", un filme de humor, que pasó sin pena ni gloria. La crítica me la puso bien pero a nivel popular no funcionó, no tenía actores conocidos, estuvo hecha de una forma muy franciscana. Yo seguí mi lucha intentando hacer cine, escribiendo guiones, moviéndome entra las productoras... pero no salía esa película que yo tenía en mente. Entonces en el 66 o en el 67, cuando empezó a funcionar la Segunda Cadena, me llamaron para hacer documentales, a la vista de que no había manera de hacer nada en el cine y había que vivir, me puse a hacer televisión. Vamos, en realidad lo que hacíamos era cine. Hacía documentales de la serie "Víspera de nuestro tiempo", "Los históricos del balompié", "Fiesta", "Luz Verde"... ".



Tuvo que esperar unos años para que le dieran la oportunidad de dirigir ficción: "En el 69, con "Simposio para la paz", que fue un programa de 16 mm. en blanco y negro con una idea de Pérez Calderón en la que yo colaboré porque escribimos juntos el guión. Fue a Montecarlo y le dieron una especie de premio, una mención de la UNDA, creo. Después yo seguí con mi lucha por hacer cine, en el fondo, creo, todos tenemos una gran vocación, una tremenda pasión por el cine, pero no salían las cosas. Estuve a punto de hacer una película con Tip y Coll, "La garbanza negra, que en paz descanse". Colaboré en el guión incluso, pero, por una serie de razones, por esas extrañas faenas que hace la gente en el cine, terminé por no hacerla. Me quedé en blanco y, justo en ese momento, me cogieron para hacer el piloto de "Crónicas de un pueblo" (...) Yo era consciente de que era un programa oficial, legalista, planteado desde las altas esferas... pero yo lo cogí como una especie de práctica profesional (...) Intenté durante toda la serie desoficializarla todo lo que pude, a base de meter ternura y humor... Esa fue mi labor".


Con "Crónicas de un pueblo" consigue el éxito popular con mayúsculas, lo que era un regalo envenenado, un marrón para cualquier autor, se convierte en su gran plataforma. Y no sólo como director sino también como actor aficionado puesto que se reservó el papel de cura. Gracias al éxito y a su buen hacer introduciendo el Fuero de los Españoles con una cucharada de azúcar, los jefazos le permiten tantear otros géneros y así surge "La cabina" que en realidad nació como un gag sin desarrollar y después formaría parte de una idea que pergeñaba junto a José Luis Garci para una serie de ciencia ficción y misterio con el título provisional de "13 pasos por lo insólito". De esa antología nunca producida rescatarían también el guión de "La Gioconda está triste", otro de esos telefilmes que dejaban al espectador pensativo. Con estos programas especiales, el director podía ensayar  nuevas fórmulas y permitirse lujos como rodar un musical como "Don Juan", uno de sus trabajos favoritos, o un drama generacional como "La noche del licenciado", que en cierto modo era su propia historia. "Televisión tiene unos límites, marcados por el hecho de que es un aparatito que está en todos los hogares españoles, sabes que hay ciertos temas que no se pueden tocar. Pero partiendo de eso, hay mucho campo para hacer y experimentar. Televisión, una vez aprobado el guión, te da una absoluta libertad para todo lo demás: buscar actores, contar las cosas como tú quieras... Eso no lo tienes en el cine. Yo, por ejemplo, "La cabina" jamás podría haberla hecho en medio" decía en una entrevista en "TeleRadio". 



Mercero fue un Guadiana televisivo, siempre que tenía la oportunidad dirigía una película y con algunas tuvo un enorme éxito, pero al final siempre volvía a la tele. Su independencia era proverbial, fue un director popular en ambos medios pero siempre iba por libre, incluso cuando a mediados de los setenta se especuló con una reforma en TVE para hacer fijos a los colaboradores veteranos: "Por estas cosas de los contratos laborales se ha planteado la posibilidad de que, teniendo en cuenta los años que llevamos trabajando, podamos ser hombres de plantilla, de horario y sueldo fijo y hacer los programas que sean. A mí me da la sensación, y que conste que respeto la opinión contraria, de que es convertirnos un poco en oficinistas y lo apasionante de nuestro trabajo es esa sensación de libertad. No sé, no lo veo claro y me preocupa. Por eso he preferido mantener la libertad y seguir haciendo los programas que pueda. De todas formas, los que mantenemos esta postura somos minoría porque los otros son casi un 90 o 95%. Lo que sí creo es que los que lo piden tienen todos los derechos laborales a su favor. Pero a mí no me interesa" explicaba en 1976. 


Gracias a esa independencia podía presentar proyectos en televisión que le interesaban por una u otra razón . De sus series y especiales entresacamos sin demasiada dificultad sus intereses vitales: preocupación por la infancia, por la ecología, por una sociedad ajena a los problemas de sus vecinos... En "Los pajaritos" conocemos a dos viejecillos que intentan salvar a dos aves en una ciudad dominada por la polución. En "La Gioconda..." la humanidad ha perdido la capacidad de sonreír, en "La noche del licenciado" el protagonista quiere abandonar un futuro prometedor para dedicarse a hacer feliz a la gente, en "La cabina" un individuo se queda atrapado y nadie puede (o quiere) ayudarle lo cual le hace sentirse aún más abandonado, algo similar sucede en "La habitación blanca" (su último trabajo en TVE), en "El pueblo sumergido" se hace un canto a la ecología, que también se repetirá (incluso con María Garralón como amiga de los niños) en varios capítulos de "Verano azul", en muchos episodios de "Farmacia de Guardia" aparecen personajes desvalidos, solos en la vida, pero que son protegidos por sus vecinos, como la desmemoriada doña Paquita... y así podríamos seguir buscando hilos invisibles pero evidentes en toda su obra. 


Quizás su serie más realista y combativa sea "Turno de oficio", emitida originalmente en la 2 y postergada por lo tanto a una audiencia minoritaria, se aupó en los primeros puestos de audiencia con temas como la violencia de género o la drogadicción. Si en "Verano Azul" había tratado por primera vez en una serie familiar de nuestra tele asuntos de alcance pero con cierto disimulo, en esta se empleó a fondo. Además, hizo de Irene Gutiérrez Caba un trasunto de su madre y de Juan Echanove un sosias de lo que, quizás, él habría sido como abogado, doble homenaje. En 1979 contaba que cuando anunció que nunca se dedicaría a las leyes: "Hubo una cierta decepción de mi madre, ilusiones que se vienen abajo. Pero ella supo comprender y aceptar. El balance hoy es positivo, absolutamente. Y eso sin hacer abstracción de los malos tiempos, de las rachas en las que tuve que ir de productora en productora, con mis guiones bajo el brazo, sin encontrar un hueco, machacado. Y eso que no entraba dinero y los hijos iban llegando sino porque llegas a cuestionar tu propia valía. Es muy fácil pensar, en esas circunstancias: "Soy un imbécil, un incapaz. ¿Qué es lo que estoy intentando? Esto no es lo mío. Me equivocado". Bueno, pues a pesar de todo eso el balance es rotundamente positivo". No es para menos. Mercero tocó la fibra del público como pocos han sabido hacerlo. Además, se rodeó de un equipo que le entendía y con el que se complementaba a la perfección. Uno de sus colaboradores más recurrente, el guionista Horacio Valcárcel, falleció la semana pasada. Ambos escribieron algunas de las páginas más brillantes de la tele patria y Antonio, el gran Antonio, supo insuflarles vida con la cámara. 

sábado, 12 de mayo de 2018

II Festival de la Canción Española, la selección Eurovisiva de 1970


Mucho antes de que "Operación Triunfo" fuera el programa del que saldría el representante de nuestro país en Eurovisión, incluso antes del famoso "Pasaporte a Dublín", aquel programa repleto de estrellonas de la época del que se escogió a Karina en 1971, ya había otros espacios que seleccionaban a los cantantes o grupos para este certamen musical europeo. En 1970, tras dos años ganando el encuentro (aunque el año anterior fuera por cuádruple empate), TVE organizaba el II Festival de la Canción Española para designar candidato. 


Entre el 12 y el 13 de febrero, en dos galas consecutivas, se presentaron veinte temas de los que diez participarían en la gran final del sábado 14. Tras esa última presentación de las canciones a concurso, una breve pausa para el informativo "24 horas" que finalizaría con una conexión desde la entrada a la sala en la que el periodista Joan Lluch (aunque en aquella época era renombrado como Juan) entrevistaba a tres ganadoras de Eurovisión, una imagen inusual y con cierto morbo. Allí estaban Gigliola Cinquetti, Massiel y Salomé, faltaba una cuarta invitada de la noche, Sandie Shaw que no sé si se había perdido entre bambalinas o quizás ni siquiera se pensó en charlar con ella porque no hablaba español. 


"El suntuoso marco" (tal como rezaban las crónicas de la época) para esta selección era el Palacio Nacional de Montjuic en Barcelona. El programa estaba dirigido, cómo no, por un experto en estas lides, Artur Kaps. Él había comandado tanto en el escenario como desde el control de realización programas como "Amigos del lunes" de enorme éxito en los 60 y también varias preselecciones eurovisivas. Además, sus excelentes contactos con estrellas internacionales propiciaron este encuentro de vencedoras del Festival que fue una auténtica exclusiva en toda Europa. 


Y si Kaps era la elección lógica para dirigir, Laura Valenzuela y Joaquín Prat lo eran para presentar. Ella había brillado en 1969 conduciendo el Festival de Eurovisión desde el Teatro Real y ambos eran la pareja de moda gracias al popularísimo "Galas del Sábado". Además, teniendo en cuenta que esta final se emitía precisamente ese día de la semana, se mantenía una cierta estabilidad con la parrilla habitual hasta el punto de que su despedida fue "hasta la próxima semana". 


Entre los participantes de las jornadas del jueves y el viernes encontramos una lista más que interesante con cantantes de fama como Nino Bravo, Cristina (sin los Stop), Voces Amigas o Rosalía y otros totalmente desconocidos aunque más tarde triunfarían en otro ámbito, me refiero al humorista Eugenio y su esposa por entonces, que cantaron como dúo (ya hemos hablado aquí del asunto). El fin de fiesta del viernes estuvo amenizado por la orquesta de RTVE dirigida por el prestigioso Frank Pourcel y también por la actuación de la siempre enérgica Rita Pavone. Pero los fuegos artificiales se reservaron para la última jornada. Las cuatro mujeres triunfadoras de años anteriores interpretaron las canciones ganadoras pero también otras de su repertorio más reciente, toda una promoción ante millones de espectadores.


Un espectáculo exclusivo que servía de intermedio para que los quince jurados provinciales de las emisoras de RNE contabilizaran sus votos. Y no era cosa fácil, sin entrar a juzgar el nivel de los temas presentados, cada uno de ellos había sido defendido por dos cantantes para que así (teóricamente) se pudiera decidir si la canción era buena independientemente de su intérprete. Esto podía llevar a una situación incómoda: que fuera seleccionada una composición pero no su autor si este era además el cantante. 


Y justamente eso es lo que podía suceder con la canción favorita desde el principio, "Gwendolyne" compuesta por Julio Iglesias que fue entonada por el propio Iglesias y por la francesa de origen armenio Rosy Armen. Los votos lo dejaron claro, fue la vencedora por amplísima mayoría y dos de las canciones ni siquiera obtuvieron puntos. Entre los cantantes de aquella final estaban dos que años después sí participarían en Eurovisión, Jaime Morey y el grupo Mocedades. 


Julio Iglesias acudiría a la cita en Amsterdam el 21 de marzo de aquel año y quedó en un meritorio cuarto puesto empatado con Francia y Suiza. La ganadora fue Irlanda con una jovencísima Dana y su "All Kinds of Everything". Para el cantante español, según él mismo ha comentado en varias ocasiones, fue una extraordinaria oportunidad y el inicio de una carrera internacional de la que no hace falta contar mucho más.


sábado, 5 de mayo de 2018

José María Íñigo, el bigote que modernizó la tele


El anuncio de que este año José María Íñigo no retransmitiría Eurovisión causó sorpresa pero aún más llamativo fue que el propio comunicador aclarara que fue él mismo quien decidió renunciar a la tarea. A eso se sumaba un evidente cambio físico en sus recorridos gastronómicos en "Aquí la tierra" y sus intermitentes ausencias del programa del fin de semana de RNE "No es un día cualquiera". Precisamente ha sido la directora Pepa Fernández quien ha informado esta mañana del fallecimiento de su "maestro, amigo y cómplice". 


La primera vez que lo vimos en un programa de televisión fue en un invento de Pedro Olea e Iván Zulueta emitido en la UHF en 1968 con el poderoso título de "Último grito". Aquello era lo más revolucionario que se podía ver en una pacata televisión, los grupos más modernos eran presentados a la audiencia juvenil que lo seguía casi a escondidas de una manera totalmente rompedora. Aquella primera experiencia ante las cámaras, tras una larga etapa en la radio que incluso le llevó a "la BBC de Londres", fue premonitoria: sus siguientes programas fueron agitadores de fórmulas anquilosadas.


Podemos obviar su siguiente programa, "Ritmo 70", porque fue simplemente un paso previo sin apenas repercusión pero que le permitió practicar en un plató porque su anterior proyecto se grababa en formato cine y en localizaciones. "Estudio Abierto" fue su verdadero bautismo para el público general... y eso que se emitía en la por entonces (eso no ha cambiado mucho) marginal Segunda Cadena. Nunca la UHF había tenido tanta audiencia y posiblemente nunca más la tuvo. Se calcula que en aquellos primeros setenta alcanzó la increíble cifra de los 15 millones de espectadores y eso que ni siquiera se podía ver en todo el territorio nacional. Él fue quien trajo a España un formato clásico de la tele mundial, el talk show. Entrevistas y música, nada más... y nada menos. Lo importante era cómo hacerlo y el bilbaíno supo encontrar el punto perfecto de cocción. Aunque las nuevas generaciones puedan encontrarlo muy sobrio al revisar las viejas grabaciones en la web ArchivoRTVE hay que ponerlo en contexto. Era la primera vez que en un estudio de TVE se unían en un mismo espacio famosos con anónimos y estos eran mucho más naturales que los primeros. Eso, señores, se hacía en directo y en esos días te ponían una multa o te suspendían de empleo y sueldo a la mínima.


A Íñigo eso le afectaba lo justo, forzó la máquina hasta la máxima potencia, engañó continuamente al censor y se hacía el ingenuo cuando algo se salía de madre. A pesar de los "disgustos" que ocasionaba a los jefes con tanta libertad autoconcedida (pero conociendo muy bien los límites que no podía cruzar), enseguida se hizo evidente que había nacido una estrella. Hubo un "ascenso" a primera división con "Hoy 14.15", un magazine matinal previo al TD1, también en directo pero ya en la 1. Funcionó y le dieron el prime-time de los sábados en 1975, "Directísimo". Sólamente una temporada en antena sirvió para pasar al ideario colectivo. El día que Uri Geller dobló cucharas y arregló a distancia miles de relojes en todo el país supuso un hito para la historia de TVE. Por cierto, ese programa no se conserva, las imágenes que hemos visto mil y una veces son de un informativo. 


En sus programas siempre había famosos, de hecho, consiguió llevar al Estudio 1 de Prado del Rey a los más populares y prestigiosos actores, escritores, cantantes y hasta astronautas del mundo entero. Por primera vez el español medio podía ver en directo a personajes de renombre internacional y algunos hasta chapurreaban en español para deleite de todos. La lista es interminable así que mejor no citar a nadie pero es muy posible que si piensas en alguien importante de los últimos 50 años haya sido entrevistado por José María. 


Su siguiente proyecto fue también una innovación total. Sacó las cámaras de la comodidad del plató a la sala de fiestas Florida Park del Retiro madrileño para montar un espectáculo de variedades en el que no se sabía si eran mejor mirar al escenario o a las mesas del público. Cada martes se congregaba allí la "beautiful people" para disfrutar de la música, la magia y el humor más populares en 1976/77 o para arropar a su hijo en su debut televisivo, caso de Lucía Bosé y su ex marido Dominguín reunidos para morbo de la audiencia para ver a su hijo Miguel cantando. Allí pasó de todo, desde que Lola Flores perdiera un pendiente a que un torero se liara a bofetadas con los que había por allí indignado por una actuación de Raffaella Carrà que él consideraba una burla al flamenco. Por cierto, no era la primera vez que en uno de sus programas, un matador la montara gorda. El año anterior, en "Directísimo", Sebastián Palomo Linares y Paco Camino terminaron en comisaría tras un enfrentamiento ante las cámaras.


En esa época comenzó su colaboración con Hispano América. Su programa se emitía en varios países de EE.UU., Centro América y Sudamérica y además viajaba cada semana a Puerto Rico para presentar allí "Estudio 2" en el Canal 2 de Telemundo. En 1978 dio un paso más en su carrera al encargarse de la larga tarde del domingo con "Fantástico", un ómnibus en directo, cómo no, que duraba horas y horas y que se mantuvo cuatro años en emisión. Y después, vuelta a su formato más popular, "Estudio Abierto" en una nueva etapa ochentera que dio una vez más en la diana y que le afianzó como uno de los presentadores más populares. Pero no se acomodó, implantó algunas novedades a la vieja fórmula, la más impactante en el momento fue la incorporación de las preguntas de los espectadores a través del teléfono... sin censura. El invento nos dejó momentos impagables como la cara de Rocío Jurado al escuchar que una señora le decía que "a veces parece tontita". Mención aparte merece su afeitado de bigote, del que ya hemos hablado aquí. 


Íñigo también fue un pionero de los autonómicas, tuvo su propio programa a mediados de los ochenta en una primitiva ETB. El porqué fue apartado de la primera línea es un tema un tanto oscuro. Tuvo que ser precisamente en plena libertad democrática (o eso parecía) cuando le prohibieron, por ejemplo, un debate entre el fachoso Blas Piñar y el comunista Santiago Carrillo que ambos habían aceptado mantener ante las cámaras. Ser de Bilbao marca carácter y eso ayudó a que supiera reconvertirse. Aunque tuvimos que esperar a 1993 para verlo de nuevo a nivel nacional con las mañanas de Telecinco y después en Antena 3, dedicó esos años a escribir libros, editar revistas sobre viajes y gastronomía y presentar mil y un proyectos a varias cadenas. 


La radio volvió a su vida y se convirtió en la mano derecha ante el micrófono de Pepa Fernández durante lustros. Su aparición como invitado en la nueva década en "El Show de Flo" demostró que aún estaba en forma y en 2003 copresentó con Jesús Vázquez "Vivo cantando" en Telecinco. Al año siguiente regresó a la pública con "Carta de ajuste", una revisitación a sus clásicos programas de entrevistas pero con un puntito más canalla y un toque nostálgico muy autocrítico. 


En 2006 apareció con la cabeza totalmente descubierta en "Supervivientes: Perdidos en el Caribe" encargándose de la parte de la Isla, parece ser que a petición de Jesús Vázquez que presentaba desde plató. De nuevo sorprendía a sus seguidores, no había registro que no fuera capaz de asumir. También regresó a las autonómicas en 2012, en concreto a la Castilla -La Mancha y lo veíamos en "¡Qué tiempo tan feliz!" junto a la Campos por citar sólo dos de sus últimos trabajos ante las cámaras. 


Con José María Íñigo se va un rebelde, un innovador, un entrañable gruñón pero sobre todo, un profesional honesto que en una época en la que la tele era en blanco y negro consiguió sacarle los colores. Él, siempre tan realista y pragmático, decía que uno en la tele vale lo que su último programa. No, maestro, usted vale mucho más.