lunes, 9 de febrero de 2026

60 años del enlace permanente RTP-TVE

Fue el 31 de enero de 1966, hace ahora seis décadas, cuando se inauguró el enlace permanente entre TVE y RTP, es decir, una conexión definitiva tras varios años de ensayos de las televisiones públicas de España y Portugal. Aquello vino en denominarse, con bastante optimismo, la nueva era de la "televisión peninsular". La idea inicial, ambiciosa a más no poder, era utilizar este enlace hertziano para emitir en directo desde Madrid y Lisboa, los dos centros de producción principales de ambas emisoras, programas en conjunto además de usar esa red para el intercambio de imágenes, fundamentalmente noticias. La realidad se demostró más prosaica, la puesta en común de material sí que fue constante desde ese momento pero la emisión unida de ambas cadenas fue una utopía. Bien por la falta de interés de ambas cadenas o de una de ellas, bien porque la audiencia no respondió adecuadamente a esta primera emisión.

El grupo flamenco Las Brujas en una imagen captada en un monitor portugués

De puertas adentro, más allá de lo que se contaba con lenguaje grandilocuente en la prensa, este vínculo técnico permitió que Portugal tuviera línea directa con la red de Eurovisión a través de este mismo enlace y podía hacerlo a través de España compartiendo la misma emisión (fundamentalmente partidos de fútbol y anualmente el ya famoso Festival de la Canción) o de forma independiente, seleccionando las retransmisiones de otros países que tuvieran especial interés para los lusos pero no para los españoles. Por supuesto, la ideal de ver desde aquí programas de allí y viceversa estaba sobre la mesa porque, según se aseguraba en la prensa: "la perfección y nitidez de las imágenes obtenidas auguran una espléndida recepción y esperanza para el futuro". 

Amália Rodrigues interpretando un fado en los estudios de Lisboa

Para el programa inaugural cada país preparó sendos programas folklóricos que combinaban partes grabadas con otras en directo. En el caso de España se ofrecieron danzas gallegas y aragonesas aunque fue el flamenco el que se llevó el mayor protagonismo con la intervención de Lola Flores y el grupo de baile Las Brujas. El presentador Eduardo Sancho fue quien dio paso a las distintas actuaciones además de dar la bienvenida a los espectadores vecinos. La revista "Tele Radio" reprodujo dos semanas después la excelente crítica del periódico portugués "Diário de Notícias" (tendremos que fiarnos de la publicación española porque no he conseguido encontrar la página original) destacando especialmente la realización española: " Las cámaras actuaron con notoria seguridad y sobriedad llegando incluso al virtuosismo. Especialmente en la segunda actuación del ballet gallego, donde la propia cámara se balanceó al compás y mando del bailarín jefe. Durante mucho tiempo quedará grabada en nuestra retina aquella feliz imagen de los pies ocupando todo el 'ecran' (la pantalla), rápidos, casi febriles, vibrantes de ritmo". 

Fraga tal y como se vio en la televisión portuguesa

Desde Lisboa fue Henrique Mendes el encargado de la conducción. La gran estrella contratada para el evento no podía ser otra que Amália Rodrigues, que había hecho famoso el fado en todo el mundo (no olvidemos que en los cincuenta ya había actuado incluso en EEUU) y que en España era, sin duda alguna, la artista portuguesa más popular. Parece ser que al "Diário de Notícias" no le gustó (citando, insisto, desde "Tele Radio") la selección de canciones por triste: "¿Por qué no se presentaron alegres grupos de nuestro folklore?". En realidad lo más triste de la emisión fueron las alocuciones de, en primer lugar, Manuel Fraga Iribarne como Ministro de Información y Turismo y de José Venâncio Pereira Paulo Rodrigues, subsecretario de Estado da Presidência do Conselho de Ministros. La RTP conserva, como mínimo, la mitad de la transmisió y se puede ver pinchando aquí

Eduardo Sancho (a la izda.) y Henrique Mendes en la despedida del programa

Sorprende hoy la perfecta sincronización en directo de la despedida conjunta de los presentadores Eduardo Sancho y Henrique Mendes a pantalla partida, incluso mirándose el uno al otro coincidiendo la altura de los ojos, algo que se tuvo que medir con cuidado desde realización y, posiblemente, indicando un punto en los respectivos platós para que se fijaran manteniendo esa proporción de imagen. No había ni un segundo de decalaje así que, efectivamente, aquel día las ondas hertzianas no se perdieron en el éter. Si ese enlace permanente hubiera sido aprovechado convenientemente se habría hecho popular el logotipo RTP-TVE que encabeza este post pero no fue así y desaprovechamos la ocasión de hacer real la idea de la TV Peninsular y de conocer mejor a nuestros vecinos e incluso, ¿por qué no?, de poder chapurrear un poco el portugués. Una oportunidad perdida que cumple ahora sesenta años. 

martes, 3 de febrero de 2026

"La vida sigue" con Joaquín Arozamena

¿Un concurso basado en la filosofía del ying y el yang? ¿Es posible? En la TVE de los ochenta sí y más aún si la idea partía de un comunicador con tanta originalidad como Joaquín Arozamena. El programa en cuestión se tituló "La vida sigue" y se estrenó el 10 de enero de 1988, un domingo, a las 21.35h, tras el Telediario 2. Los espectadores conocían bien a este periodista pues desde los setenta había presentado informativos, si bien no era precisamente un "locutor" al uso de aquella década. La personalidad de Arozamena desbordaba cualquier proyecto en el que se viera involucrado. Su verbo barroco lleno de ironía y su extrema gestualidad desafiaban la norma de discreción que imperaba por entonces en los telediarios. 

Este concurso fue el primero de una serie de magazines que presentaría en los años siguientes y que aprovecharían en buena medida su prestigio conseguido en informativos como "Al cierre" (junto a Victoria Prego) y la evidente popularidad ganada a lo largo de los años. Joaquín venía de dirigir y presentar "Agenda informativa", el espacio de noticias de la Segunda Cadena, así que su efectista aparición entre tinieblas en el primer "La vida sigue" llamaba bastante la atención y cuando "intentó" explicar la filosofía (nunca mejor dicho) del programa, pocos lo entendieron. Pero daba igual, su carisma era arrollador y, poco a poco, la audiencia se fue enterando de qué iba aquel invento en el que se juntaban las entrevistas con el juego, el reportaje con el coloquio. Aquello era mucho más que un concurso. 

Es sabido que el ying y el yang simbolizan las grandes dualidades de la vida y partiendo de esa premisa el programa se dividía en dos partes: en la primera se trataba un tema monográfico con un repaso histórico sobre el asunto. En la segunda, que recibía el título de "Y sigue la vida", el mismo asunto era tratado desde el punto de vista actual, o sea, el ying y el yang. En cuanto al concurso, versaba precisamente sobre el tema semanal y competían por el premio dos parejas, los equipos Alfa y Beta. 

No importaba que los dos miembros de cada bando fueran del mismo sexo (algo raro en esa época) pero había una condición importante, deberían tener una diferencia de edad de, como mínimo, 25 años. De esa manera se aseguraba la distancia generacional y esto era importante para el juego porque sobre "el ayer" se preguntaba al joven y viceversa. En caso de que no supieran la respuesta podía responder su compañero/a pero el valor de la puntuación era inferior. Si ninguno de los dos conocía la respuesta se rebotaba a la otra pareja. El premio semanal era de tres millones de pesetas, un pastón en la época. 

El programa también era interactivo con los espectadores, dentro de lo que en ese momento se podía considerar interacción, claro. Durante nueve meses se ofreció un juego ,"La frase de oro", los televidentes tenían que seguir atentamente durante varias semanas una frase para acertarla. En noviembre el juego cambió por "Se busca" que consistía en que aquel que se identificara como uno de los desconocidos que aparecían en unas imágenes grabadas por la calle, ganaba el dinero que no habían conseguido llevarse los concursantes en plató. Este último juego lo reaprovechó Arozamena en su matinal "En buena hora".

El programa empezó modestamente en la lista de audiencias pero, en apenas un mes, ya estaba entre los programas más vistos cada semana. Convivía en la parrilla con otras apuestas de Pilar Miró como "En familia" de Gabilondo, "Querido Pirulí" de Tola o "Viaje con nosotros" de Gurruchaga, todos programas "de autor". Un par de curiosidades: fue aquí donde vimos por primera vez a las Cacao Maravillao (explicando que era un anuncio falso de la televisión italiana que sirvió de experimento) y tuvo tanta popularidad que en la última temporada de "La bola de cristal" tuvo su propio muñeco.

El gran éxito de este programa en prime time no sirvió, como sería lógico, para que Arozamena tuviera otro proyecto en horario estelar. De hecho su siguiente encargo fue un modesto matinal en La 2 y después un, aún más modesto, programa para los "Domingueros". En el 90 le ofrecieron el gran magazine de las mañanas, el de La Primera, y aprovechó esa temporada al máximo con su "En buena hora". Hasta 1995 no tuvo otra oportunidad estelar, el debate intergeneracional "A las diez en casa" en sustitución de Elisenda Roca... pero fue tan efímero que nadie se dio cuenta. Las cosas de la tele y sus injusticias.