miércoles, 24 de mayo de 2017

De cuando El Santo conoció al Cordobés


Finales de febrero de 1966. En el aeropuerto de Barajas se vive una expectación poco habitual, esa que sólo acompaña a las grandes estrellas. No es para menos, se ha anunciado que el protagonista de una de las series más populares del momento va a aterrizar de un momento a otro en suelo patrio. Se trata de Simon Templar, más conocido por su sobrenombre, "El Santo". Invitado por la propia TVE para mayor gloria y publicidad de su programación, el actor británico Roger Moore se defiende con una sonrisa del ataque de sus admiradoras (el término "fan" todavía no se había importado) con la ayuda de los agentes de la policía. Más tarde la escena se repetirá a la salida del hotel Luz Palacio donde ya intervienen los porteros del establecimiento. 


En la sala de personalidades del aeropuerto le esperan decenas de fotógrafos y varias cámaras de NO-DO y TVE. El reportero de la Casa Fernando Gayo ejerce de introductor a los medios y de traductor además de entrevistador para la cadena que ha pagado su visita al país. Allí, Moore, todo amabilidad, se interesa por la pierna escayolada de la periodista de la Agencia Cifra Pepa Serra. Una firma en el yeso rubricada por el monigote con aureola que le ha hecho popular se convierte en el más preciado trofeo de aquella informal rueda de prensa. Es la segunda vez del actor en España, la anterior había sido once años antes como turista, cuando todavía no había realizado ningún papel de importancia en el cine o la televisión. Esa noche todo estaba preparado para una cena homenaje en el Corral de la Morería pero antes Moore tiene una cita que él mismo ha apuntado en su agenda, a las 20.30 h visita una sala de exposiciones de la calle Serrano donde, casualidad o no, también se encuentra Marujita Díaz que asegura a la prensa que está preparando una versión femenina del personaje encarnado por Moore para la tele española. Moore, con un español chapurreado le responde "Ah, usted va a hacer de Santera". A la Díaz el inglés le entra por el ojo y declara a la periodista de "Tele Guía" María Dolores Alonso: "Chica, es un hombre de una vez, qué majo y qué simpático". 


Ya de noche Moore acudía al Corral con traje de tres piezas y reloj de bolsillo en el chaleco, impecablemente british. Decenas de figuras populares de la televisión y el espectáculo ejercían de figurantes de lujo en este cena promocional pero además del Santo hubo otra estrella, también conocida por su apodo artístico, El Cordobés. Si ya llamaba la atención por su chaleco de cuadros amarillos y clavel en la solapa, el torero se soltó la melena, como solía hacerlo en la plaza, sin complejo alguno y se atrevió a bailar en el tablao con la Morucha que también animó a Moore a acompañarla... y el actor hizo los honores.


No fue el único trío bailongo en el que intervinó El Santo. Lucero Tena y La Chunga también se permitieron el lujo de compartir escenario con el actor y el torero en una noche en la que el bailarín Antonio Gades jugó a ser espectador. Quizás no quería compartir protagonismo con un actor internacional y un matador adicto a las cámaras. Las fotografías se publicaron al día siguiente en la prensa madrileña y en las semanas posteriores en las revistas "TeleRadio" y "Tele Guía" acompañadas del relato de los múltiples periodistas presentes en la velada. 


Los espectadores de toda España pudieron ver unos días más tarde las imágenes en movimiento en TVE junto con la entrevista de Gayo y en el NO-DO en todas las salas de cine del país. En aquella época Roger Moore disfrutaba del éxito en todo el mundo de la serie basada en el personaje literario de Leslie Charteries. Había sido la primera opción para encarnar al James Bond cinematográfico pero tras unas pruebas los productores prefirieron a Sean Connery. Moore se vengaría años después cuando, precisamente gracias al éxito de "El Santo", le volvieron a ofrecer el papel. Su caché era ya elevado y además fue el actor que en más ocasiones interpretó al agente secreto. En nuestro país la audiencia televisiva lo había descubierto a finales de los 50 con "Ivanhoe" pero fue con Simon Templar y su doblaje latino cuando alcanzó el status de estrella. 
   No fue esta la única vez que viajaría a nuestro país invitado por TVE. Su presencia en los platós fue habitual en los 80 y 90 con apariciones estelares en el "Primero Izquierda" de Carlos Herrera o "¿Qué apostamos?" como ejemplos más destacados. 

lunes, 22 de mayo de 2017

La llegada de Chicho a TVE


Los lectores de la revista TeleRadio se encontraron a finales de septiembre de 1963 con un curioso reportaje en el que se daba la bienvenida a nuestro país a un realizador de la televisión argentina. El periodista J. de Martos Díaz realizaba prácticamente un panegírico de un tal Chicho Ibáñez Serrador, uruguayo de nacimiento e hijo de los famosos actores Pepita Serrador y Narciso Ibáñez Menta además de marido de una flamante Miss Argentina, finalista de Miss Mundo, Adriana Gardiazábal. 
   "Siete años de trabajo continuo en televisión, siete años con siete programas por semana, siete años en la triple actividad de autor-director-actor. "Chicho" Ibáñez acaba de llegar a Madrid. Su programa "Los premios Nobel" se echará de menos, todavía durante mucho tiempo, en Argentina. (...) ha conseguido las más grandes audiciones en sus trabajos para televisión. Su popularidad está adquirida a pulso, programa tras programa. Hoy por hoy puede decirse que Chicho, este uruguayo joven e inquieto es uno de los hombres más famosos de la televisión argentina". Así comenzaba el texto que presentaba públicamente a este absoluto desconocido en nuestro país ante los suscriptores de la revista oficial de TVE. ¿A qué se debía tanta publicidad? Por supuesto, no era una alabanza casual, este artículo formaba parte de una campaña para familiarizar a los espectadores con este nombre. 

Con su madre en la obra "Aprobado en inocencia"

En realidad no exageraba en absoluto los méritos de este jovencísimo profesional. Apenas llegado a nuestro país el prometedor talento televisivo tenía que buscarse las habichuelas porque comenzaba de cero a pesar de su extensa experiencia en Argentina. En abril estrenaría en el Teatro Lara de Madrid "Aprobado en inocencia" protagonizada por su madre y que él mismo había escrito, dirigido y protagonizado en Argentina. El éxito fue incontestable también aquí pero sabía que tenía mucho más que ofrecer. En los pocos meses que llevaba en España había comprobado que nuestra tele era de andar por casa, que faltaba el salto hacia la profesionalización y que él podía ayudar a coger impulso. Con la única cinta que ha conseguido rescatar de su etapa argentina se presenta en los estudios del Paseo de la Habana para mostrar su trabajo. El director, José Luis Colina nunca había visto tal cosa, era la primera vez que alguien acude a su oficina con un "video-tape" como currículum. Aquel programa era "El hombre que perdió su risa" protagonizado por su padre, Ibáñez Menta, un enorme éxito en Argentina que demuestra que la habilidad técnica de Chicho es muy superior a la de los profesionales españoles. Por cierto, esa cinta ha sido recientemente recuperada de los almacenes de la productora de Chicho, PROINTEL, y convenientemente digitalizada, un tesoro rescatado del olvido y que se creía perdido para siempre. 

Padre e hijo en la película "Obras maestras del terror" 

Con su padre había hecho tándem en multitud de programas televisivos e incluso en el cine en la película "Obras maestras del terror" en la que el mismísimo Chicho intervendría en una de las tres historias como actor en el papel que más tarde le ofrecería a Manuel Galiana para su versión en TVE, "El último reloj" basada en "El corazón delator" de Poe. Juntos habían aterrorizado a los argentinos con series como "El fantasma de la ópera", considerada obra cumbre del terror televisivo de la época. Tras sus inicios teatrales había accedido al Canal 7 como guionista bajo el pseudónimo de Luis Peñafiel pero pronto quiso controlar todo el proceso: "Entonces los realizadores formaban en Argentina un coto cerrado, no se permitía realizar más que a unos nueve o diez. No porque el canal lo prohibiera sino por una especie de trust que los mismos nueve o diez habían formado. Se ganaban verdaderas fortunas y, por lo tanto, no interesaba que el trabajo se abriese a más gente. Pero más tarde se inauguró un segundo canal y, al abrirse una nueva fuente de trabajo, pude ¡por fin! ser realizador" le contaba en 1971 a Serrats Ollé en un librillo biográfico de la colección "Nuestros contemporáneos". 


Con Juan Manuel Fontanals, al que considera uno de sus maestros del Canal 7 de Argentina

En Argentina monta su propia productora y, literalmente, se forra pero Buenos Aires le ahoga y se traslada a Montevideo para iniciar nueva etapa. Una vez realizados los contactos con los directivos de la tele uruguaya crea de nuevo una empresa de producción pero el día de su inauguración una riada destroza el dique del Paso de los Toros que surte de electricidad al país y se decreta el estado de emergencia. Chicho está arruinado y regresa a Argentina donde escribe y protagoniza la película mencionada (y sospecho que planifica la realización aunque no firma), estrena obras de teatro y regresa a televisión con una serie de ciencia ficción de gran presupuesto con su padre como estrella (cómo no). Los pagos del canal se retrasan hasta que se declara en suspensión de pagos. De nuevo la ruina y el autor decide romper con todo y venir a nuestro país.  

   Aquel reportaje de "TeleRadio", como decíamos, servía para introducir a un nuevo director-realizador de TVE. Poco después él mismo se presentaría ante las cámaras en el programa "Estudio 3", un espacio experimental que programaba obras de distintos autores sin orden ni concierto y cuyo único común denominador es que se realizaba desde un plató de Sevilla Films que recibía el rimbombante nombre de Estudio 3. "La historia de San Michéle" fue su debut pero sería con el folletín "Los Bulbos" con el que consiguió su primer éxito. El resto es historia.

miércoles, 10 de mayo de 2017

El primer TD en exteriores


El 14 de julio de 1989 se conmemoraba el bicentenario de la Revolución Francesa y toda Europa miraba, entre admirada y envidiosa, a París, el centro del viejo continente aquellos días. Era la ciudad cuyos ciudadanos se habían levantado para tomar la Bastilla, una fortaleza medieval que, a pesar de lo que muchos creen, tan sólo tenía prisioneras a siete personas pero que supuso un símbolo, el fin del un régimen monárquico que, en realidad, se había convertido en una dictadura demasiado cara de mantener. Todas las grandes televisiones europeas, BBC, ZDF, RAI... habían destacado a importantes periodistas para cubrir el evento pero TVE decidió dar un paso más allá y en vez de dejar que su corresponsal se encargará de la conexión en los informativos y de la retransmisión de los actos, imitó la fórmula ya inventada muchos años antes por los norteamericanos de trasladar su estudio allí. Por primera vez un Telediario se presentaría desde el lugar de la noticia. A las 20.30 h de aquel viernes el TD 2 mostraba, tras su cabecera, las imágenes en directo de la torre Eiffel captada por una grúa que en movimiento descendente nos descubría a Rosa María Mateo, la presentadora titular en aquella época de esa edición de lunes a viernes. 


La Mateo no fue la única "figura" de los Servicios Informativos destacada a la capital francesa, un amplio equipo de enviados especiales la acompañaba y, en realidad, eran ellos los que se ocupaban de la parte fuerte mientras que Rosa María eran más bien la introductora, casi poética, de los temas. Sus presentaciones parecían de "Informe Semanal" y no del Telediario pero ese era el papel adjudicado a la veterana locutora en un día histórico no sólo para Francia sino para la pequeña trayectoria de nuestra tele. Hay que decir que París, tal como decía Mateo en la presentación, era ese día "capital del mundo" porque también celebraba la XV Asamblea de los países más industrializados del planeta. Cuatro reporteros aparecerían en pantalla para explicar cómo se estaba viviendo aquella jornada en la capital francesa y, entre ellos, José Hervás al que los espectadores fieles de "La noche en 24 h" reconocerán como el entrañable abuelete que desde hace años adelanta los titulares de la prensa del día siguiente. 


Otra veterana, Elena Martí explicó la preocupación por el medio ambiente, auténtica protagonista de la reunión de esos siete poderosos países convocados a la reunión. Ella era una auténtica pionera, desde su ingreso en 1966 en TVE había mostrado su interés por los informativos pero no fue hasta la década siguiente que entró en la redacción del último informativo del día. Posteriormente llegaría a ser directora del Área Internacional, cargo que ostentaba cuando se realizó este TD.  Georgina Cisquella informó sobre el desfile militar preparado para festejar el bicentenario y Miguel Somovilla realizó una crónica de ambiente en la que se mostraba cómo se vivía todo eso en la ciudad.  


Hemos dicho que este fue el primer Telediario realizado en exteriores pero hay que aclarar que no íntegramente. Juan M. Fernández esperaba en Torrespaña pacientemente para contar el resto de las noticias del día aunque de forma resumida. También se encontraba en el plató María Escario para dar cuenta de la actualidad deportiva.


Aquel día los informativos de TVE dieron un importantísimo paso en su evolución. Por primera vez el sacrosanto "parte" televisivo sacaba sus cámaras a la calle para hacer la información más cercana, para transmitir la emoción de un evento de forma directa y más personal. Diego Carcedo era el director del departamento y aseguró que eso sólo era el inicio, que a partir de aquel momento y siempre que la actualidad lo requiriera, el TD se trasladaría. La intención era esa aunque no se repitió la operación muchas veces. Tendríamos que esperar a la época Buruaga para que se normalizara (incluso demasiado). Por cierto, no se montó todo ese estaribel para un sólo día, el sábado Ana Castells tomaba el relevo de Rosa María Mateo para continuar con la celebración.


martes, 2 de mayo de 2017

La vida de Leonardo da Vinci


El 2 de mayo de 1519 fallecía uno de los más grandes genios de la historia de la humanidad, Leonardo da Vinci. Difícil es encuadrarlo en una sola profesión porque su impronta va más allá de la pintura, el arte que le hizo famoso en toda Europa en el siglo XV. Su ingenio y curiosidad han inspirado a ingenieros que, partiendo de sus ideas y entusiasmo, lograron aquello que él anhelaba: que el hombre pudiera volar. A pesar de su interesantísima trayectoria no ha sido un personaje muy usado por la cinematografía, por eso todavía hoy sigue destacando el acercamiento televisivo que hizo Renato Castellani en "La vida de Leonardo da Vinci" en 1971. 


Aunque han pasado más de 45 años, esta serie sigue siendo un referente audiovisual. Fue emitida en más de 50 países con gran éxito y alcanzó premios tan importantes como el Globo de Oro al Mejor Especial de TV o la Ninfa de Oro en el XII Festival de Montecarlo además de las nominaciones al Emmy a Mejor Miniserie y Mejor Protagonista. El actor Philippe Leroy tuvo que imbuirse del espíritu del artista para inerpretarlo desde su juventud hasta sus últimos días. Un auténtico tour de force que apuntaló una carrera ya prestigiosa en aquel momento. Con gran sensibilidad se acercó a esta figura mítica bajo la dirección de uno de los grandes del neorrealismo. El trabajo de ambos se reveló como un acierto total y la audiencia lo refrendó con su aprobación al tiempo que la crítica lo ponía como ejemplo de lo que debía ser un producto televisivo digno de las cadenas públicas. 


Junto a Leroy había otra figura omnipresente en los cinco capítulos, la de Giulio Bosetti, actor y director teatral que no interpretaba a nadie; como si de un catedrático se tratara ejercía de hilo conductor, de maestro que contextualizaba las diversas escenas clave de la vida del genio. Vestido con ropa actual (bueno, actual de la época en la que se emitió, claro), aparecía y desaparecía de los decorados como si fuera una especie de Pepito Grillo que profundizara en la personalidad de Leonardo y, en cierto modo, justificara sus acciones. Esta mezcla de ficción y documental elegida por Castellani para narrar la historia podría haber sido un gran error pero, sorprendentemente, funcionó a la perfección y parece que el espectador incluso agradecía estas acotaciones. 


Esta miniserie fue una coproducción de la RAI (Italia), ORTF (Francia) y TVE (nosotros, vaya) si bien fueron los italianos los que comandaron la operación. Setenta mil metros de película en color se utilizaron durante el rodaje en exteriores de Italia y Francia y los decorados fabricados en el Instituto Luce. La documentación exhaustiva y la colaboración de grandes especialistas permitió que se presentaran de forma realista los avanzados (e imaginativos) métodos que inventó Leonardo para pintar frescos, usar la luz natural para pintar en su estudio o, por supuesto, fabricar máquinas voladoras. 


En EE.UU. la serie se emitió en la CBS entre agosto y septiembre del 73 aunque lo habitual es que los trabajos europeos de este tipo recalaran en la pública PBS. Su triunfo en los audímetros en una de las tres cadenas principales de Norteamérica nos da una idea del éxito que había alcanzado previamente en Europa. En nuestro país se emitió por primera vez en octubre de 1971 (en blanco y negro), al tiempo que en la RAI y la ORTF y se repuso en 1976 (ya en color) y 1982 y en el Canal 50 TVE en 2006. Existe una edición en DVD de 2003 pero no en España. Al menos alguien ha tenido la gentileza de colgarla en youtube: