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domingo, 19 de diciembre de 2021

La serie con la que Hanna-Barbera dio un paso más


1962. La productora Hanna-Barbera está saboreando su quinto año de triunfos televisivos. Tras una brillante carrera en los cortos cinematográficos de Tom y Jerry (Oscar incluido) tuvieron que buscarse otros negocios tras el despido de la Metro Goldwyn Mayer en 1957 y el cierre de su sección de animación. La TV está viviendo una etapa de oro en muchos aspectos pero no en los dibujos animados y estos dos socios deciden lanzarse al nuevo medio, asumiendo sus limitaciones como una virtud. "The Ruff and Reddy Show" debutó en la NBC el 14 de septiembre de 1957 y su éxito sirvió de entrada a un nuevo mundo en el que H-B reinaría durante décadas. La siguiente serie, "The Huckleberry Hound Show", se estrenó sólo un año después e incluía las aventuras de un perro azulado que en España no caló tan hondo como los cortos de sus compañeros, Pixie y Dixie y, sobre todo, el oso Yogui que se independizó y triunfó con su propio programa. Volvemos a 1962 para hablar de un nuevo contenedor de cortos para TV que supuso un hito para la propia productora pero también para la pequeña pantalla. 


Aquel año se estrenó "The Hanna-Barbera New Cartoon Series", con tres series protagonizadas por nuevos personajes. No estaba destinada a una cadena en concreto, se vendería con el sistema de la sindicación, es decir, eran distribuidas en las cadenas locales que así no tenían que atenerse al horario de emisión de la costa Este o la Oeste. Además, podían emitir el programa completo, con los tres cortos, o bien "trocearlo" a su antojo y colocar cada una de las breves historias en huecos de programación o dentro de espacios infantiles producidos por ellos mismos y que incluían otros contenidos. Esto suponía que, en teoría, los personajes podrían adquirir la misma relevancia, sólo dependería de la respuesta del público. La audiencia decidió enseguida quiénes eran sus favoritos pero... no fue igual en todos los países. 


Las tres series en cuestión incluidas bajo el amparo del nuevo título de la productora (ya el cuarto directamente producido para la tele) eran el Lagarto Juancho, Leoncio el León y Tristón y La Tortuga D'Artañán y su perro Dum Dum. Juancho (Wallygator) era un lagarto (más bien un cocodrilo o un caimán, a saber) que vivía en un zoológico, como Yogui pero a diferencia de su primo de pincel éste quería escapar de allí y regresar a su entorno natural. El Sr. Horacio, el guardia del zoo, conseguía impedirlo en cada capítulo. Leoncio (Lippy) era un león aventurero y muy seguro de sí mismo al que le acompañaba una hiena siempre quejumbrosa, Tristón (Hardy Har Har). Ambos eran vagabundos y mientras el primero siempre estaba dispuesto a lanzarse a cualquier andanza, el segundo intentaba convencerlo para quedarse quietecitos, propósito que nunca conseguía. En la tercera serie una tortuga espadachina solía rescatar a princesas secuestradas por malandrines o dragones al grito de "¡Al ataqueeee!". Nada tenía que ver con el personaje de Dumas excepto el nombre que le impusieron los traductores al español y digo español y no castellano porque se doblaban en Sudamérica para distribuirse por todos los países de habla hispana, incluido el nuestro. Touché Turtle era su nombre original. 


A España llegaron años más tarde y por separado y se estuvieron emitiendo hasta bien entrados los ochenta. Si me retrotraigo a mi infancia diría que el Lagarto Juancho y Leoncio el León sí tenían una presencia constante en TVE, no tanto D'Artañán. He de confesar que mi favorito, a pesar de su soberbia, era Leoncio porque mi hermano se llama así (herencia familiar) y nos parecía tan raro que un hombre tan peculiar apareciera en la tele y nada menos que fuera el de un personaje de Hanna-Barbera que jugábamos continuamente a sus aventuras. Durante muchos años pensé que en inglés Leoncio se decía "Lippy" y ya os adelanto que no. Confesiones personales aparte, os había dicho al principio que este título fue importante tanto para la productora como para la propia TV y no mentía: fue la primera estrenada en color aunque no en todas las cadenas podían emitirlo en este sistema y, desde luego, sólo una parte de los espectadores tenía un monitor adecuado en esa época. ¿Y Yogui no era en color? Sí, lo era y por eso se continuó distribuyendo por todo el mundo durante más de medio siglo pero... en su andadura original las copias que se repartían a las cadenas eran en blanco y negro por razones lógicas: eran más baratas y prácticamente nadie tenía a finales de los 50 una tele en color. 

En definitiva, quizás esta serie se encuentre en el olvido (o casi) y pocos sean conscientes de su importancia para la historia de la tele pero la tiene y es justo que la reivindiquemos por su valor.

domingo, 22 de marzo de 2020

"Jack y las habichuelas gigantes" con Gene Kelly


El 26 de febrero de 1967 la NBC emitió el primer especial televisivo de Hanna-Barbera que mezclaba animación con imagen real, "Jack and the Beanstalk". El exitazo mundial de la película de Disney "Mary Poppins" tres años antes había animado a otras productoras a seguir esta estela, bien en cine o incluso en televisión, eso sí, con presupuestos muchísimo más ajustados, lógicamente. Los famosos Joseph Hanna y Joe Barbera ya habían probado esta técnica nada menos que en 1945 en la memorable escena en la que Gene Kelly sueña que baila con el ratón Jerry en "Levando anclas" así que no era nada nuevo para ellos y, además, este experimento televisivo lo iban a realizar precisamente con la misma estrella del cine musical así que a priori todo pintaba estupendamente. 

jack-still

La colaboración entre Kelly y los creadores de Tom y Jerry, el oso Yogui o Scooby Doo, entre otros muchísimos personajes, venía de lejos y les había proporcionado muchas satisfacciones. No se limitaba al baile entre hombre y ratón, juntos habían emprendido un ambicioso proyecto artístico que se alargó durante años y que no consiguió éxito popular porque no tuvo una buena distribución, "Invitación a la danza". Esta película comenzó su rodaje en 1952 pero no se pudo estrenar hasta 1957. Un año antes del estreno oficial había sido galardonada con el Oso de Oro de Berlín y desde entonces se ha convertido en un film de culto con una serie de secuencias que también mezclaban dibujos animados con el muy real Kelly que constituyen una delicia visual. 


"Jack y las habichuelas gigantes", como se tituló para el mercado latino y España, se basaba en el famoso cuento de Andersen pero en realidad sólo en la trama básica. A partir de ahí los guionistas Larry Marks y Michael Morris (cuyos créditos incluyen, por citar sólo dos, las series "Embrujada" y "The Andy Griffith Show") crearon un argumento en el que se incluía amor, suspense, aventuras y hasta culpabilidad por parte del chico y, por supuesto y por encima de todo, la historia de esa curiosa amistad entre el vendedor de las habichuelas y el niño que quiere llevar dinero a casa para mantener a su madre enferma. 


Por si eso fuera poco, hay que destacar la banda sonora compuesta por Cahn y Van Heusen (autores de varias canciones popularizadas por Frank Sinatra) y la dirección musical de Lenny Hayton, uno de los directores habituales de la MGM al que Kelly conocía muy bien. El propio actor dirigiría este especial y no debe sorprender porque en aquel entonces se hallaba más interesado en su trabajo detrás de las cámaras (aunque de ese mismo año es su mítica colaboración en "Las señoritas de Rochefort") y se encontraba en plena preproducción de la grandiosa "Hello Dolly!" protagonizada por Barbra Streisand que llegaría a los cines en 1969. 


En definitiva, todo apuntaba a que este sería un trabajo cómodo, con profesionales que se conocían y respetaban pero... no fue así. Las primeras pruebas de la mezcla entre animación y lo rodado en platós de un solo color (para poder incrustar la imagen) disgustaron, y mucho, al director y protagonista. El problema de base era el dinero y lo explicaba así Mauricio-José Schwarz en su libro "De Tom y Jerry a las Supernenas. La aventura de HB" editado por Dolmen en 2015: "Los poco más de cuatro minutos del baile de Gene Kelly y el ratón Jerry habían tenido un coste de producción de un cuarto de millón de dolares en 1944. Los más de cincuenta minutos de televisión de Jack tenían que producirse con 400.000 dólares de 1964, que equivalían a sólo 230.000 de veinte años atrás. Para todo efecto práctico, la misma cantidad de dinero para animar doce veces más metraje".


Para añadir más problemas al rodaje, aunque el niño coprotagonista iba a cantar él mismo sus temas (y eso es lo que pretendía a toda costa su madre que quería lanzarlo como talento total), su voz no satisfizo a los productores y fue doblado por Dick Beals, un actor de 1,40 m de estatura y que se especializó durante su carrera en prestar su garganta a niños y niñas, reales o de dibujos, y que era un habitual de las series de Hanna-Barbera. Otra "voz fantasma" insufló vida a una princesa secuestrada por el gigante de la historia: Marni Nixon, la soprano a la que escuchamos en "El Rey y yo", "West Side Story" y "My Fair Lady" sustituyendo en las canciones a Deborah Kerr, Natalie Wood y Audrey Hepburn respectivamente. 


Las discusiones entre Kelly y los productores fueron graves y el director incluso quiso paralizar la emisión del programa, cosa que no consiguió por los acuerdos alcanzados por la NBC. El actor no se cortó un pelo a la hora de criticar este trabajo, eso sí, echando la culpa a otros y dando a entender que había sido engañado. A pesar de esta campaña en su propia contra, el especial tuvo buena audiencia, se convirtió en un clásico de la televisión que se exportó a medio mundo (en España se emitió a finales de la década) e incluso consiguió un premio Emmy al  mejor espacio infantil. Curiosamente, a pesar de todo lo dicho previamente, Gene Kelly decidió recoger en solitario el galardón. Años después Joe Barbera declaró: "Algo así puede hacerte amargado y resentido, si decides permitirlo. No puedo decir que no doliera pero al cabo de los años he aprendido que todos los supervivientes de Hollywood deben aprender a seguir siendo supervivientes. Aprendes que no estás trabajando con personas sino con egos y ellos están trabajando con el tuyo" (recogido en el libro antes citado). 


Visto hoy en día, "Jack y las habichuelas gigantes" tiene un gran encanto y su dirección musical no desmerece en absoluto la de grandes producciones de la Metro de la década anterior. Es cierto que muchos de los efectos son bastante chapuceros y se nota que el tiempo de grabación y postproducción era limitado, tanto como el propio presupuesto. Además, el cartón piedra usado en las escenas iniciales y finales es digno de un decorado diseñado por Ana del Castillo para el "Un, dos, tres" pero precisamente, eso añade más encanto al asunto. Podemos verla como un producto "camp", "kistch" o simplemente, típico de otra época. 


Jack and the Beanstalk - 1967 Gene Kelly from TGB666 on Vimeo.

martes, 25 de abril de 2017

Desde España... ¡Los Picapiedra!


Pocas productoras de animación han creado un sello tan distintivo como Hanna-Barbera. El diseño de sus personajes es fácilmente reconocible y varias generaciones de espectadores televisivos sabrían enumerar sus series más famosas sin temor a duda sobre su autoría. Posiblemente, una de las más populares de todos los tiempos es "Los Picapiedra", estrenada en 1960 en la ABC (a TVE llegaría tres años más tarde) pero además ha pasado a la historia de la televisión como una auténtica pionera porque fue la primera serie de dibujos animados emitida en horario de máxima audiencia. En definitiva, es un producto 100% norteamericano, 100% Hanna-Barbera.. ¿o no?


A mediados de la década de los sesenta, la productora dirigida por Bill Hanna y Joseph Barbera tiene tal acumulación de trabajo que necesita expandir sus redes para llegar a tiempo con las fechas de entrega. Los gestores económicos se dan cuenta de que para seguir creciendo como empresa y ser aún más competitivos que las compañías nacidas al rebufo de su éxito y ante la continua demanda de las cadenas de series de animación de bajo coste y rápida entrega, una buena fórmula es descentralizar la producción. Eso significa que buscarán otras empresas fuera del país que puedan cumplir con sus exigencias y a un precio inferior. No parecía algo complicado, cualquier pequeña productora europea estaría encantada de ofrecer sus servicios y, debido al precio del dólar, lo que para los norteamericanos sería el salario mínimo, para un francés o un italiano (ya no digamos un español) era un sueldo elevado. La búsqueda comenzó pero pronto se demostró que  no era tan fácil. 


En aquella época la animación era demasiado costosa y obligaba a contratar a grandes equipos puesto que todo el proceso era artesanal. Pocas firmas se atrevían a embarcarse en la realización de películas de este tipo y las televisiones europeas todavía no tenían la capacidad económica como para encargar series de forma habitual para sustentar una industria. Una de las pocas compañías en funcionamiento era la belga Belvision, creada por Raymond Leblanc, el también propietario de la revista "Tintin". En 1965 Ray Gossens dirigió una breve secuencia de prueba para la H-B a la que pertenece la imagen superior. Por aquel entonces, la sociedad bruselense ya había realizado varias series de Tintín y estaba inmersa en la finalización de la película "Pinocchio dans l'espace" y varios cortometrajes protagonizados por personajes humorísticos de la revista de Hergé como "Spaguetti à la romaine" (creado por Dino Attanasio) y "Oumpah-Pah, le peau-rouge" (Goscinny y Uderzo). Aparentemente Hanna-Barbera aceptó la calidad de la prueba pero los belgas eran incapaces de mantener el ritmo. Aquella primera intentona no funcionó pero la idea de la externalización siguió latente. 


En aquellos años un español trabajaba en los estudios H-B, Carlos Alfonso. A su regreso a España se trajo la promesa de William Hanna de que le encargarían trabajo. Y así fue, en 1972 fundó Estudios Filman junto a Juan R. Pina y la promesa se cumplió. Filman y Hanna-Barbera iniciaron una larga colaboración que se alargó cuando Alfonso abandonó la empresa que había creado para fundar otra en 1987. Teniendo en cuenta las fechas que manejamos, Filman se ocupó de secuencias de "The Flintstones Comedy Hour" y "El nuevo Show de los Picapiedra" (1978). No serían los únicos personajes hannabarberianos que se realizarían desde España, también se responsabilizarían de las nuevas temporadas de "Tom y Jerry" y "El oso Yogui" al tiempo que trabajaban para otras productoras internacionales como la británica Halas and Batchelor o la canadiense Boxcar Film. En una carta al periódico ABC en 1983 se quejaban amargamente de que TVE no les hubiera encargado ninguna serie a pesar de su dilatada experiencia en programas que después sí se verían aquí. Filman tuvo que esperar hasta 1989 para poder producir directamente para el Ente "La corona mágica". No olvidemos, pues, que durante varios años y hasta que el mercado asiático conquistó el terreno (a un coste aún más bajo) ese estilo que muchos identificamos clarísimamente con Hanna-Barbera salió (de forma discreta) de las manos de unos 50 trabajadores de Filman primero y Alfonso Productions después. Nuestro reconocimiento para ellos.