jueves, 27 de septiembre de 2018

Scaramouche a la italiana


Al leer el título "Scaramouche" los aficionados al cine inmediatamente recordarán a un atlético y pletórico Stewart Granger interpretando a ese pícaro justiciero de la Francia del siglo XVIII en la película de 1952 dirigida por George Sidney. Esa aventura está inspirada (libremente) en la novela de Rafael Sabatini de 1921 pero, ojo, hay otro Scaramouche igualmente aventurero y que no tiene nada que ver con ese. Para los italianos este nombre es con el que se refieren al actor de la Comedia del Arte del XVII Tiberio Fiorilli, creador de la máscara teatral conocida como "Scaramuccia" (escaramuza en castellano) aunque posteriormente se usaría más el término a la francesa. Es este Scaramouche en el que se basarían los autores Corbucci y Grimaldi para una serie popularísima en la RAI de 1965 (bueno, en aquella época la cadena italiana todavía no recibía ese nombre sino Programma Nazionale, cosas de no tener competencia). ¿Y quién sería el actor que pondría cara a Tiberio? Fijaos bien en la foto, es fácilmente reconocible si ponéis la banda sonora adecuada, por ejemplo "Volare". Efectivamente, el cantante y compositor Domenico Modugno fue el protagonista de esta miniserie de 5 capítulos. 


¿Y por qué se eligió a un famoso intérprete de canciones en vez de a un actor profesional? En realidad, Modugno haría mucho más que actuar en esta serie, él también compuso y cantó todas las canciones y es que el Scaramouche del 65 no fue un relato al uso de la vida de Fiorilli sino que se presentó como un "romanzo musicale", vamos, una comedia musical con todo lo que eso significa. Grabada entre abril y marzo combinando escenas en plató y exteriores, se emitió entre octubre y noviembre. Dirigida por Daniele D'Anza tuvo un amplísimo elenco entre el que destacamos a una joven de 22 años que en la década siguiente se convertiría en la mayor showoman televisiva de la historia del país. Mirad bien la foto e imaginad a la muchacha con un pelo muchísimo más rubio y sin esa ropa de época. Sí, es Raffaella Carrà que interpretó a Costanza de Mauriac. Como veis, revisar la carrera de la italiana depara agradables sorpresas. 




lunes, 17 de septiembre de 2018

Danzas de España


Situaos mentalmente, principios de 1966, lunes por la noche, enciendes la tele y te aparece un sonriente (y ubicuo) Jesús Álvarez presentando un nuevo programa. El nombre ya nos ofrece una idea bastante clara de lo que nos ofrecerá: "Danzas de España" y, efectivamente, daba lo que prometía, un espectáculo semanal en el que participaban agrupaciones folklóricas de todo el país para mostrar bailes típicos de sus tierras. En este caso el verbo "participar" es fundamental porque el espacio era un concurso. 


Treinta grupos regionales competirían durante varios meses en directo y ante las cámaras de los estudios de Prado del Rey para demostrar que su danza merecía el primer premio de 75.000 pesetas, poco más de 450 euros que visto hoy parece poco pero si lo contextualizamos la cosa pinta de otra manera, según el BOE el salario mínimo interprofesional para mayores de 18 años debía ser de 2.500 pesetas al mes. Calculad ahora lo que suponía ese cantidad o la de 50.000 para el segundo y 25.000 para el tercer clasificado. Aunque ese dinerín se destinara a un grupo daba para remozar convenientemente el local social del pueblo o para renovar al completo el vestuario. 


Pero aquí lo que contaba no era eso, sino la excelente plataforma que suponía la tele para dar a conocer la Muiñeira de Aranga, la Reja Granadina, el Ball dels Bastons , el Zángano, la Mascarada Souletina o las Seguidillas Goyescas por citar sólo unos cuantos de los bailes que entraron en competición. Cada semana cinco formaciones folklóricas concursaban y los que superaban esa primera semana acudían una segunda vez para unos cuartos de final. Precisamente la crítica de la época terminó cansándose de las eternas semifinales que hicieron que la emoción se fuera diluyendo poco a poco. Tengamos en cuenta además que este programa sucedía a "La unión hace la fuerza", un juego entre provincias que había sido un exitazo de aúpa en las dos temporadas anteriores pero que contaba con muchos más medios y un formato más emocionante. No en vano "Danzas de España" se improvisó sobre la marcha para intentar mantener la enorme audiencia que había congregado su predecesor.  


¿Y cómo se seleccionó a los participantes? Fue Maruja Sampelayo, regidora central de Cultura de la Sección Femenina, la que se encargó de la tarea de "traer las danzas más significativas de cada provincia y las de más belleza. Todas las provincias están trabajando con interés, con apasionamiento y bien está que haya apasionamiento por estas cosas" aseguraba a la revista "TeleRadio". Esa misma publicación, órgano oficial de TVE, explicaba los criterios de valoración: "Se tiene en cuenta la autenticidad de la misma danza, luego la ejecución por parte de quienes la interpretan, más tarde el acompañamiento musical, le toca luego a la forma del baile y, por fin, a la coreografía, bien entendido que este último criterio va siempre referido a lo popular, meta última y primera de los desvelos de la Sección Femenina en cuestión de coros y danzas y no a nada que pueda recordar la coreografía del ballet comercial." 



Jesús Álvarez, pionero de la Casa y primer todoterreno de la televisión demostró una vez más su seguridad en un plató para defender un formato que se iba pergeñando semana a semana. El jurado tenía dos figuras fijas: Antonio Ramírez Ángel, que ejercía de secretario permanente, profesor de armonía del Conservatorio madrileño y jefe de coordinación de RNE y Manuel García Matos, catedrático del folklore del mismo Conservatorio. Esos expertos eran auxiliados por famosos como la bailora Lucero Tena, el cantante Luisillo, el compositor Salvador Ruiz de Luna o el realizador especializado en musicales José María Quero. 
  "Danzas de España" tuvo bastante éxito aunque no consiguió alcanzar el nivel de popularidad del programa al que sustituía y no se renovó para una segunda temporada. Al menos sirvió para que los andaluces vieran a través de las cámaras danzas de Galicia y que los cántabros se sorprendieran con bailes murcianos. Además propició un hecho curioso para la pequeña historia de la tele, la única portada que la popular revista "TP" dedicó al maestro Álvarez. 

Fotografías de Bariego para TeleRadio. Portada de TP cedida por @ColeccionTV

lunes, 10 de septiembre de 2018

Diálogos con la música

"Diálogos con la música" en su primera temporada

¿Cómo difundir la música de cámara entre la audiencia? Difícil cuestión que ni siquiera hoy los programadores han sabido contestar... aunque ahora no es que tengan mucho interés en ello. En 1987 sí y por eso se lanzaron a realizar un programa de título "Diálogos con la música" que quiso presentar al gran público los más destacados solistas de la última generación en instrumentos bien conocidos como el piano o la guitarra pero también otros más elitistas (o eso se supone) como el clavecín, el arpa  o el clarinete. Andrés Ruiz Tarazona dirigía este espacio con formato muy simple: presentación del intérprete, introducción al instrumento que tocaría y a la obra que interpretaría, breve entrevista al invitado y, por fin, la actuación. Comenzó el 18 de abril de 1987 y cada semana presentó durante media hora a músicos españoles que después alcanzarían relevancia.

"Café Concierto" en 1979. A la izquierda, Ruiz Tarazona entrevista a Ángeles López y Juan Vercher

Este espacio ya tenía un claro precedente en otro dirigido y presentado también por Ruiz Tarazona, "Café concierto", emitido a finales de los setenta en distintos horarios y con diferente periodicidad pero que en 1978 se asentó los miércoles a las 16.15 h. La idea venía de una sección que hacía el mismo profesional en la radio y que pretendía "Dar a conocer al público español "lo nuestro". Dar opción a los valores nacionales porque lo que es verdaderamente lamentable es que a los artistas españoles se les conozca más fuera que aquí" según el propio Tarazona. También tenía muy claro cuál era su público: "El programa va dirigido a la gente normal, al llamado pueblo llano y estoy asombrado y no sé cuándo saldré de este asombro mío, al ver que hasta en el último rincón del país se interesan por esta música, tan maltratada antes. Es más: constantemente recibo ideas, sugerencias y hasta partituras inéditas por si nos sirven" aseguraba en declaraciones a la revista TeleRadio. En realidad "Café Concierto" tenía una audiencia paupérrima y en el panel de aceptación aparecía semana sí, semana también en el último puesto, datos que el director no aceptaba de buen grado porque presumía de recibir felicitaciones de todo el mundo y haber adquirido una popularidad inusitada. Ante las críticas por el personalismo de espacio, respondía: "Soy un profesional de la música honesto. Un musicógrafo, más que musicólogo pero eso sí: ¡quiero al programa! Así de simplemente. Se supone además que sé de música e intento dar a conocer cosas que la gente o ha olvidado o ignora pero de la forma más sencilla."
   Lo cierto es que se intentaba mostrar a una hora accesible algo que no estaba al alcance de todo el mundo y se hacía con mimo. El realizador de aquellos primeros años del programa era José Buenagu que además era pianista, compositor y director de orquesta que en su tiempo había dirigido la Sinfónica de Bogotá. El ayudante era Ángel Luis Ramírez, también pianista. Ambos realizaban con la partitura delante y eso marcaba la diferencia. Más adelante el espacio tendría otros realizadores como Federico Ruiz. Los errores tan criticados de esta etapa, quizás (sólo quizás) intentaron ser corregidos en "Diálogos con la música".

lunes, 3 de septiembre de 2018

Las serenatas de Carrascal

José María Carrascal en 1989, primera temporada de su noticiario en Antena 3

Introductor del informativo televisivo de autor, famoso por sus (a veces) estridentes corbatas y por sus comentarios críticos con el Gobierno de Felipe González, algo inaudito en un presentador de noticias en la tele de nuestro país. Aquellas serenatas que nos daba José María Carrascal desde la medianoche de Antena 3 en los noventa sorprenderían hoy al más pintado. Aunque ahora nos hayamos acostumbrado a los periodistas politizados, lo suyo era distinto, nos colaba de rondón el análisis y su opinión después de habernos informado. Aquello desconcertaba a un espectador poco habituado a un formato muy habitual en Estados Unidos, país en el que vivía desde 1966 hasta que fue reclamado por Manuel Martín Ferrand para inaugurar los noticiarios de la cadena que le acababan de conceder, la primera privada del país. 

Carrascal con Feli Peláez, copresentadora en su primera época en la cadena

Carrascal no era un periodista vocacional, comenzó estudios de Filosofía y Letras y Naútica, que era su verdadera pasión, trabajó como marino mercante hasta que se estableció en Berlín como profesor de español en respuesta a un anuncio en el que se pedía gente que no tuviera ni idea de alemán, sólo querían nativos. Allí fue donde comenzó a desarrollar un interés creciente por contar lo que estaba pasando. Envió crónicas como freelance al "Diario de Barcelona" y, posteriormente, al diario "Pueblo" que le contrataría como corresponsal cuando decidió trasladarse a Nueva York. Tres años después, en 1969, consiguió el título de periodista con la famosa convalidación de la Escuela Oficial que regulaba una profesión que desde los años 30 no tenía título en nuestro país.


En 1989 acepta la propuesta de Martín Ferrand por consejo de Julio Iglesias. El cantante le dio una razón indiscutible: te conocerá más gente y eso será bueno para las ventas de tus libros. Además, nunca había hecho periodismo televisivo así que, a pesar de la reticiencia inicial de su esposa, retorna a un país que había dejado en 1957 para encontrarse con una ciudadanía muy cambiada y con una forma de ejercer su profesión que no había practicado nunca. Con la imagen del Walter Cronkite más combativo durante la guerra de Vietnam desde la CBS y con rendida admiración a Edward R.Murrow en la misma cadena pero en la década de los 50, decide romper la norma no escrita de que los telediarios han de ser asépticos. "Déjenme contarles un secreto: los periodistas estamos siempre opinando. Incluso cuando decimos que no opinamos. Hay mil formas de tirar la piedra y esconder la mano. Las más usuales: el seleccionar qué noticias van a darse y cuáles no. El confeccionar los titulares subrayando este aspecto de la noticia o el otro. El elegir estratégicamente el lugar donde se colocan (...) O sea que desconfíen de los los que dicen que los periodistas con debemos opinar más que en los editoriales. Son luego los que le asan su opinión de contrabando. Preferible lo que adelantan su opinión a pecho descubierto y les advierten: esta es mi opinión sobre este asunto, tómela o déjenla. Al menos ahí no hay engaño." Así resumía su teoría en el libro "Al filo de la medianoche... y algo más" (Espasa Calpe, 1993).


En ese mismo volumen deja claro que no cree que un informador deba trabar amistad con un político: "Las relaciones entre los medios de comunicación y el poder político no pueden ser amistosas. Periodistas y políticos sirven intereses muy distintos a de la sociedad, ambos legítimos, necesarios y honorables pero lo bastante antagónicos para que no pueda haber intimidad entre ellos. Servimos ambos al mismo señor, pero en papeles tan diferentes que cualquier tipo de compadreo repercutiría en la pureza y eficacia de la labor de uno u otro o de los dos." Al menos en ese sentido era honesto, no ocultaba su opinión, trabajaba a fondo para hacer un noticiario que fuera creíble pero contando las cosas de otro modo sin que eso significara que fuera peor que el Telediario tradicional. Tampoco era habitual ver a un presentador de noticias luciendo corbatas dignas de una película de Vincente Minelli. Él resumía así por qué las usaba: "Es verdad que siempre me han gustado las corbatas un tanto llamativas, fiel a la norma inglesa de que un gentleman debe vestir lo más discretamente posible excepto en las corbatas, que ellos complementan con el pañuelo en el bolsillo superior de la chaqueta. Con el pañuelo sólo me he atrevido en mis años mozos pero las corbatas, repito, siempre me han gustado osadas. O puede que a quien le hayan gustado es a mi mujer pues, como saben, quien decide el gusto de corbatas y de las comidas de los hombres son las esposas." (Al filo de la noticia...).


Su primer horario no fue la medianoche, quizás alguno de los escasos espectadores que tenía la primitiva Antena 3 de 1989 recuerde que las primeras veces de Carrascal en directo ante las cámaras fueron a las 20 h y no precisamente solo sino compartiendo plató con compañeras como Feli Peláez. Fue ya en 1990 cuando se le ubicó al final del día (o el comienzo de otro, según se mire) y poco a poco fue haciéndose un hueco. Al tiempo que iba aprendiendo a dirigir un programa de televisión y a presentar, iba ascendiendo en las audiencias. Las otras cadenas se dieron cuenta de que había abierto un nicho de mercado inesperado y que había que luchar por ese target, por eso Telecinco entró en la batalla (la historia de los servicios informativos dirigidos por Luis Mariñas merece otro post) y un poco más tarde hasta la pública se sumó al Telediario de autor con profesionales de larga experiencia como Hermida ("Diario Noche"), Tom Martín Benítez o Pedro Altares (TD3).

Acompañado de Lourdes Maldonado en la gala del 25 aniversario de Antena 3

Pero Carrascal aguantaba todos los envites y se mantuvo incólume en la medianoche hasta 1997. Tan popular se hizo que en el 96 copresentó con Xavier Sardà "Todos somos humanos", un programa que recopilaba pifias en directo y tomas falsas de todo el mundo. Junto con Hermida era el presentador de noticias más reconocible e imitado. Hay que reconocer que aquellas lecturas de titulares de la prensa extranjera merecían parodia. Sin embargo, la llegada de Sáenz de Buruaga a la dirección de informativos de A3 supuso el final de su carrera televisiva. El nuevo jefe prefería una línea más clásica y quería que las tres ediciones tuvieran un criterio unificado. Carrascal se fue y no volvió a trabajar en la tele. Se dedicó al columnismo en "ABC" primero y "La Razón" después y sigue publicando libros periódicamente. Pudimos verlo en varios programas de su antigua casa durante las celebraciones del 25 aniversario del canal. Quizás un noticiario como el suyo tendría cabida hoy en las grandes cadenas, es más, parece que el público lo demanda, eso sí, ya no sorprendería tanto. 


Fotos cedidas por Atresmedia