jueves, 14 de junio de 2018

I Festival de Canciones Infantiles


En 1963 comenzó a celebrarse un concurso que más tarde sería cita anual, el Festival de Canciones Infantiles. Aquella primera ocasión este certamen se incluyó dentro del programa infantil de los domingos "Fiesta con nosotros" presentado y dirigido por un histórico de la radio catalana, Juan Viñas, pionero también de los concursos y espacios para niños en la tele realizada desde Barcelona. Esta sería la primera vez que se organizaba un concurso de cantantes noveles menores de 12 años y a pesar del éxito los jefes de la TVE de entonces no aprovecharon la oportunidad para repetir al año siguiente. Fue en 1967 cuando se retomó esta idea y con un ligero cambio en el nombre (Festival de la Canción Infantil, en singular) se presentó como espacio independiente, con galas de selección y semifinales incluidas. Se mantuvo en antena hasta 1970 y regresó de forma excepcional en el 73.


Pero volviendo a ese primer encuentro que nos ocupa, esta sección de "Fiesta con nosotros" comenzó en marzo y celebró su final en julio. A esa última fase llegaron 6 niños y entre ellos había dos hijas de famosos, una era Rosa que ya había logrado incluso un éxito en las listas de ventas el año anterior con su padre José Guardiola y aquel empalagoso "Di, papá" y la otra era Nuria Montoliu, hija del extraordinario intérprete y compositor de jazz Tele Montoliu y la cantante cubana de boleros Pilar Morales. Sin embargo, ninguna de ellas se alzó con el primer premio. Fue Charito Bartolomé, una niña de 11 años proveniente de Aranda de Duero (Burgos) la que se llevó un viaje a Roma con su padre a gastos pagados donde además se les presentaría al Papa en una audiencia privada, vamos, la ilusión de cualquier niño... Charito siguió presentándose a concursos musicales y participó en varios festivales de moda en la época como el Hispano-Portugués de la Canción del Duero pero su carrera no llegó a despegar profesionalmente. Eso sí, hoy sigue como profesora del Coro de la Iglesia de Santa María de su tierra.

jueves, 7 de junio de 2018

Gran Teatro: En Flandes se ha puesto el sol


En la temporada 1959-60 los dramáticos ocupaban buena parte de la parrilla de una muy incipiente TVE. "Fila Cero" era el programa estrella, el que agrupaba el estreno semanal de una obra representada en directo desde el minúsculo plató del Paseo de la Habana pero se alternaba con otros contenedores como "Teatro de la familia" y breves entremeses bajo distintos apelativos por no hablar de las series de producción propia en antena, "Galería de esposas" y "Palma y don Jaime" entre otras. El 25 de enero del 60 se produce un hito en el devenir del "tele-teatro" español con la inauguración de "Gran Teatro". La revista "TeleRadio" (nº 109) lo dejaba muy claro en el reportaje que informaba del estreno: "Un programa teatral nuevo, distinto a todos los demás que pretende recoger las obras más importantes de la escena universal, bien por su clasicismo, bien por su carácter extraordinariamente significativo." La obra elegida para aquella primera cita era "En Flandes se ha puesto el sol" de Eduardo Marquina "en la que se ensalzan las virtudes heroícas de la raza" afirmaba hinchando pecho 
el periodista (sin firmar) de la publicación. Con una fotografía del ensayo y un titular altisonante se anunciaba esta pieza protagonizada por Guillermo Marín, Luisa Salas, Manuel Díaz Velasco, Manuel Soriano y José María Escuer. 


Un par de semanas después reproducía esta foto de la representación en directo ante las cámaras. Lo cierto es que, más allá del aire triunfalista de la apertura, "Gran Teatro" sí que se convertiría en una cabecera fundamental en la historia de nuestra tele porque por primera vez la duración de una obra superaba los 30 minutos llegando a los 90 en este caso y más adelante incluso a los 100. Es decir, se pasaba de escoger escenas clave del texto elegido y, a ser posible, en un mismo decorado para adaptarlas a un tiempo verdaderamente exiguo a otorgar un espacio en la programación que permitía representarlas con mucha más fidelidad y respetando (o casi) su duración. Además, por primera vez se planteaba un proyecto ambicioso para este género: difundir los textos clásicos y en verso. Como decía Baget en su "Historia de TVE" "hasta entonces habían permanecido un tanto relegados a causa de la precipitación con la que se montaban las obras". Eso sí, esto obligaba a tener más ensayos y, por lo tanto, se planteaba como emisión trimestral aunque casi desde el principio fue mensual en su primera temporada y semanal en las dos siguientes. También se dieron cuenta enseguida los jefes de la necesidad de ampliar el número de decorados e, incluso, de grabar algunos bloques en el recién llegado video-tape Ampex para enriquecer los escenarios y permitir cambios temporales y, atención, incorporar exteriores grabados en formato cine (16 mm), cosa que algunos críticos definieron como "soluciones espúreas" porque consideraban que la tele tenía que ser en directo y el celuloide era para las salas y no para las pantallas. Juan Guerrero Zamora fue su director más habitual. Otras versiones memorables de este contenedor fueron "Julio César", "Otelo" y "Edipo" (del que ya hablamos aquí). 

martes, 5 de junio de 2018

El español y los siete pecados capitales


¿Cómo pecan los españoles? ¿Cuál es la relación entre el españolito medio y las infracciones graves contra la fe católica? ¿Somos, por ejemplo, más envidiosos que los ingleses pero tenemos menos gula que los franceses? Algo así se había planteado en 1970 el historiador y escritor Fernando Díaz-Plaja con una reflexión seria pero bajo una forma que no se alejaba demasiado de la ironía. Diez años más tarde se presentaba a bombo y platillo (portadas en TeleRadio y TP incluidas) una serie de televisión basada libremente en aquel texto. Sería el viernes 24 de octubre de 1980 a las 21.30 h cuando se emitiera el primer capítulo de una serie de siete. La soberbia ocuparía las dos primeras semanas (se ve que es el más grave de nuestros defectos) mientras que la avaricia y la gula compartirían la media hora de duración de la tercera entrega.


Dos actores muy reconocidos por el público que en aquel momento formaban pareja cómica en cine y teatro, Juanjo Menéndez y Jesús Puente, serían los protagonistas de esta serie que había sido adaptada para televisión por el guionista Juan Miguel Lamet que años más tarde se haría popular para el público de la 2 gracias a sus habituales colaboraciones como sabio contertulio en "¡Qué grande es el cine!" aquella escuela para ver películas dirigida por José Luis Garci. Un bregado director cinematográfico sería el que pondría imágenes a aquel guión, José María Forqué que, curiosamente, sólo había tenido una puntual contribución a TVE anteriormente, "El sombrerito" en 1970 y basada en un texto de Antonio Gala, premio en Montecarlo por cierto. Entre el elenco de 30 actores contratado destacaba un tercero que junto a los citados tenía un papel fijo, Rafael Alonso


Cada episodio se introducía con la conferencia de Don Marcelino Fernández Carballo (Puente) encargada por el director de un centro cultural, Margallo (Menéndez), viejo amigo con el que ahora tiene una difícil convivencia porque la sana rivalidad con la que comenzó su relación se ha ido tiñendo con los años de una amargura que la ha mutado en continua competición. Alonso interpreta a un amigo común que intenta mediar (sin mucho éxito) en sus desavenencias. 


Tres meses y medio tardó en rodarse en formato cine y con profusión de exteriores esta serie que fue producida por una compañía independiente con un presupuesto de 45 millones de pesetas, cifra que en aquel momento se consideró muy ajustada porque se aseguraba que si hubiera sido llevada a cabo por la propia TVE hubiera costado el doble. Este dato se reconocía sin rubor en la nota de prensa oficial, como si ese ahorro no desvelara un sobrecoste exagerado por la propia tele o bien un trabajo muy por debajo de convenio (si es que lo hubiera) por parte de la productora. Decía Forqué de sus protagonistas: "Tanto el uno como el otro hacen un trabajo brillantísimo, lleno de inteligencia. No se trata de un simple papel cómico o de una interpretación normal. Hay que tener en cuenta que a lo largo de la serie interpretan cientos de personajes distintos" y es que la estructura de esta antología se basaba en pequeños sketches que servían para ejemplificar las teorías del orador. A pesar de la publicidad que se dio a este estreno y al indudable atractivo que suponía para la audiencia la pareja Menéndez-Puente no obtuvo el éxito esperado aunque tampoco fue un fracaso. 

domingo, 27 de mayo de 2018

Teledomingo, 1963


En octubre de 1963 se inició un formato que después se convertiría en habitual durante los setenta, el ómnibus, un largo programa de fin de semana con un montón de pequeños espacios unidos entre sí por un equipo de presentadores. Este balbuceante comienzo en una TVE todavía muy limitada en cuanto a medios y cobertura nacional recibió el nombre de "Teledomingo" con la referencia ineludible (pero no reconocida) del "Tele-dimanche" de la cadena francesa ORTF que había empezado su larga andadura en 1959. La idea era simple: unir espectáculo (lo que entonces se llamaba "variedades") y fútbol. Ese sería el formato básico de los títulos que en la década siguiente llenarían las tardes del final de la semana: "Siempre en domingo", "Tarde para todos" y "Todo es posible en domingo" y también del breve precedente que abrió de nuevo la barrera para todos ellos en 1969: "Fórmula Todo" (renombrado a las pocas semanas como "Todo"). El director- realizador y guionista principal sería Fernando García de la Vega que triunfaba a lo loco con "Escala en HI-FI", programa que ahora se incluiría dentro de este macro-espacio. En realidad esa era la base del invento, se contrató a cinco nuevas "Chicas Hi-Fi" (también llamadas "Tele-Guapas") y se reforzaba el musical con dos ballets e incluso la aparición de "primeras figuras de la canción", lo que se distanciaba de la idea original de usar el play-back con actores para cubrir la ausencia de los intérpretes originales. Todo fuera por darle nuevos aires a un formato que ya llevaba dos años en antena. 


Además habría un HI-FI Hit, una lista elaborada por los propios espectadores de sus canciones favoritas (¿quizás el primer hit-parade televisivo? según mis datos sí), los Payasos HI-FI (que presumían de ser un versión mucho más moderna del clásico clown) y un noticiario musical. Y por si todo esto fuera poco regresaba a los estudios de TVE tras ocho meses de obligado reposo el actor Pablo Sanz, primer presentador de Escala y que aquí volvería a ejercer de conductor del show tras haberse centrado en su faceta como intérprete en las temporadas anteriores. 
   Además, José Luis Coll se encargaba de escribir una serie de sketches titulada "El hombre ideal" que más adelante sería sustituida por "Teatro Popular" (donde se representaron obras como "La tonta del bote"), un concurso desde Barcelona realizado por Eugenio Pena, las intervenciones de Topo Gigio, que se presentaba como la mascota del programa, y la información deportiva en una serie de cortos flashes con los resultados futbolísticos de la jornada. Decía su creador que pretendía que el espectador se reuniera con amigos ante el televisor: "es un programa para verlo y comentarlo en grupos, una especie de "amigos de HI-FI", pequeños clubs de gente joven o no que aprovecharán las tardes dominicales para reunirse ante el televisor con un motivo: Teledomingo". Se emitiría de 20.30 a 22.15 h. Todo eran buenas intenciones pero los críticos sólo destacaron "los nervios, el desbarajuste y la improvisación y otros muchos defectos que dinamitan el propósito original" (Baget-Herms en su "Historia de TVE"). Si eso fuera poco, periódicamente era suprimido o reducido por las retransmisiones futboleras así que tanto esfuerzo por hacer un programa de ciento quince minutos (todo un alarde en la época) en directo no merecía la pena. En enero de 1964 desapareció de la parrilla pero "Escala en HI-FI" permaneció unos cuantos años más en la parrilla. 

jueves, 24 de mayo de 2018

María Garralón, de un Verano Azul a una Farmacia de Guardia


El título de este post es llamativo pero excluyente, lo reconozco. En cada trabajo televisivo del recientemente fallecido Antonio Mercero había una presencia constante. Prácticamente en todas sus series y mediometrajes aparece una actriz a la que sería precisamente él quien le daría la oportunidad de demostrar su versatilidad. Hablar del Mercero televisivo supone hablar, inevitablemente, de María Garralón. Aunque sólo fuera por aquel precioso pero difícil papel de Julia en "Verano Azul" ya merecería la pena comentar la complicidad entre ambos pero si repasamos su carrera nos daremos cuenta de que esa química tuvo que ser inmediata y desde ahí se inició una de las relaciones profesionales más estables (y bellas) de nuestro panorama audiovisual... aunque quizás sea una de las menos comentadas.


Desde el principio la carrera de María está asociada a la de este entrañable creador de emociones. Su primer crédito (lo que no significa que fuera su primer papel) es en una obra de Mercero, "Los pajaritos" en 1974. Y ese mismo año también apareció en otro de aquellos geniales mediometrajes que se realizaban para competir en festivales televisivos internacionales, "Don Juan", en la foto es la segunda empezando por la derecha, junto a otra jovencísima actriz que todavía estaba empezando pero ya era una musa del cortometraje español, Carmen Maura. Por supuesto, este trabajo también tenía firma merceriana. 


Muy contento debió quedar el director porque el siguiente año contó de nuevo con ella en dos trabajos distintos. El primero,  la película "Manchas de sangre en coche nuevo", que estaba protagonizada por José Luis López Vázquez, actor principal de "Este señor de negro", el segundo proyecto en el que colaborarían los tres en la misma temporada.  Esta vez María tenía ya un papel más importante, de hecho era un rol fijo y con cierta enjundia, la empleada de la joyería del señor del título. El personaje pasó a la historia en un memorable capítulo como la primera soltera embarazada de nuestra tele.


En 1979 se inicia el rodaje de una de las series más populares de todos los tiempos. Era un proyecto de Mercero y esta vez se había reservado para María un papel muy especial. La serie, por supuesto, era "Verano Azul" y ella era Julia, una mujer con una historia de superación (no quiero hacer spoilers, no sea que alguien TODAVÍA no la haya visto) que se convierte en la amiga y cómplice de aquellos chavales que veraneaban en Nerja. Su emisión en la temporada 1981-82 fue todo un acontecimiento que debería haber convertido a a la actriz en una estrella... pero no fue así. A pesar de haber intervenido en decenas de dramáticos (únicos o seriados) de todos los géneros, María no ha alcanzado la categoría de prima donna, ni falta que le hace porque pertenece a ese grupo excepcional de secundarios (o actores de reparto, que suena mejor) que hacen grandes sus intervenciones por pequeñas que sean. 


En 1983 Mercero y Garralón volvieron a unirse en un mediometraje con ecos "veranoazulianos" del que hablaremos próximamente, "El pueblo sumergido", una peliculita pensada para el público infantil y que formaba parte de una iniciativa europea. Aquí se unían dos variables habituales en el trabajo de Mercero: la ecología y, cómo no, María que a estas alturas ya era integrante fija de sus repartos. 


Y como tal, era lógico que en el regreso del realizador a TVE tras una etapa cinematográfica ella también reapareciera. Fue en 1986 y para la Segunda Cadena con "Turno de oficio", una de las series más comprometidas de la época. Confío en su amiga para un papel complicado. María aceptó el reto y aprovechó la ocasión para demostrar que dominaba el drama tanto como la comedia. De nuevo asumía un rol inédito hasta esa fecha, el de una mujer maltratada por su marido que finalmente se atrevía a denunciarlo. 
   En 1991 Mercero dirigía su primer trabajo para una televisión privada, Antena 3 y, qué sorpresa, Garralón tendría papel fijo en "Farmacia de Guardia", ¿quien no recuerda a la agente de la policía María de la Encarnación y su "para dentro, Romerales"? Era un personaje nada dulce, muy lejana quedaba aquella Julia de veraneo en Málaga, sabía adaptarse a géneros y ritmos bien distintos.
   Hace unos días vimos como la actriz acudía al tanatorio donde se velaba el cadáver de su amigo. Era evidente el dolor que le había causado la noticia. Y no es para menos, posiblemente ningún director ha cuidado de ella tanto como Mercero lo hizo durante más de tres décadas.  

domingo, 20 de mayo de 2018

Estravagario

  

En 1958 Pablo Neruda publicó su poemario "Estravagario". El famoso poeta chileno había nacido en 1904 y 100 años después TVE estrenaba un nuevo programa literario en la 2 para sustituir al veterano "Negro sobre Blanco" de Fernando Sánchez Dragó que llevaba siete años en antena. Para conmemorar el centenario del nacimiento del autor de "Veinte poemas de amor y una canción desesperada" se decide usar ese término de su invención para bautizar al nuevo espacio.


La idea fue de su director y presentador, Javier Rioyo, guionista, escritor y colaborador radiofónico y periodístico en medios como "El País" o la SER (que no es decir lo mismo aunque ambos pertenezcan al mismo grupo). Sus crónicas literarias en el "Hoy por hoy" de Gabilondo fueron excelente entrenamiento para este nuevo programa que pretendía revitalizar el formato (quizás un poco básico y anquilosado) de Dragó. 



En realidad, los cambios fueron más bien estéticos y de ritmo, la fórmula estaba inventada desde hacía años, muchos años, y poco había cambiado desde los tiempos de "Encuentros con las letras", lo importante era la pasión y la profundidad o superficialidad con la que se tratara el tema. "Estravagario" mantenía el esquema básico: entrevista con un autor con libro nuevo en cartera en un decorado, eso sí, mucho más luminoso y moderno que el que venía mostrando en sus últimas temporadas "Negro sobre blanco" pero tampoco en esto se innovaba mucho: los libros eran el atrezzo protagonista, volúmenes de mentira combinados a la perfección por su cromatismo. 


La segunda parte tenía una tertulia como base con tres o cuatro invitados relacionados directa o indirectamente con el mundo editorial o la literatura. Desde esa "mesa redonda" (como concepto, porque ya veis que la mesa era rectangular) se daba paso a varias secciones como "La biblioteca de...", "El tiempo recobrado" (un reportaje sobre un autor generalmente ya fallecido) o "Las listas" que eran elaboradas con las votaciones de los espectadores. La música también tenía cabida en este programa y aunque la sintonía era una composición de Frederic Mompou en una versión al piano de Rosa Torres, también se creó un tema específico con el mismo título escrito por Luis García Montero, Benjamín Prado, Felipe Benítez Reyes y Joaquín Sabina que musicó esa letra y la interpretó. La canción se estrenó en el primer programa y el cantautor ya aprovechó para quedarse al debate. 


Hubo muchas promesas desde el principio, cuando se anunció su emisión se hablaba de darle todos los medios de un programa de prime-time y se aseguraba que comenzaría a las 22 h. Eso no se cumplió ni siquiera en la primera semana, aquel 4 de octubre de 2004 comenzó a las 23.30 h. Durante los tres años que estuvo en la 2 su horario fue retrasándose hasta llegar en alguna ocasión a las dos de la madrugada. En agosto de 2007 parte del equipo estaba trabajando para renovarse en la siguiente temporada que comenzaría en septiembre, con un programa más pegado al público y a las novedades, más moderno. Se le había adjudicado un huevo horario, los domingos de 19 a 20 h y eso obligaba a ciertos cambios, entre ellos, "abrirlo a públicos más amplios" en busca de una mayor audiencia. El día 4 de ese mes se hizo pública la cancelación del programa y fue el propio Rioyo quien explicó que había sido por teléfono y mostró su enfado y decepción públicamente. Por entonces la directiva de la cadena ya le había buscado sucesor, "Página 2" que sigue en la parrilla. 

domingo, 13 de mayo de 2018

Antonio Mercero, el creador de emociones


Hablar de Mercero es hablar de televisión con emociones, de retratos de una infancia idílica que quizás nunca existió, de un pueblo en el que todos quieren ayudarse, del miedo a una sociedad que se aísla y pierde la perspectiva, de la preocupación por el devenir de la humanidad y su pérdida de valores. Antonio Mercero falleció ayer aunque ya hacía años que había dejado de estar en este mundo por culpa del Alzheimer. La huella que deja en televisión es indeleble, para empezar sigue ostentando un honor exclusivo hasta ahora: es el único director español que ha conseguido un Emmy Internacional por su mediometraje "La cabina". Pero no sólo eso, las estanterias de Prado del Rey tienen unos cuantos galardones europeos como la Ninfa de Oro gracias a este vasco que hace sólo una semana cumplía los 82 años. Junto a Chicho y Lazarov fue uno de los más activos realizadores en la famosa Operación Premio que pretendía ganar prestigio para TVE en una época en la que el franquismo pesaba demasiado en la imagen que Europa tenía de nuestro país. 


Hijo único de una viuda, se licenció en Derecho pero nunca ejerció. Una vez finalizada la carrera que su madre quería, decidió cumplir su sueño de dedicarse a lo que realmente le apasionaba y se apuntó a los cursos de cine que se ofrecían en la única escuela que existía por entonces que recibía el pomposo nombre de Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas. A pesar de que consigue varios reconocimientos con sus cortometrajes y con su proyecto fin de carrera, no tuvo la suerte que esperaba con la industria, lo que le llevó a descubrir el que sería el medio en el que se encontraría más libre. Así lo contaba en 1976: "Empecé a hacer televisión por razones profesiones y subsistenciales. Yo, en 1963 hice una película que se llamaba "Se necesita chico", un filme de humor, que pasó sin pena ni gloria. La crítica me la puso bien pero a nivel popular no funcionó, no tenía actores conocidos, estuvo hecha de una forma muy franciscana. Yo seguí mi lucha intentando hacer cine, escribiendo guiones, moviéndome entra las productoras... pero no salía esa película que yo tenía en mente. Entonces en el 66 o en el 67, cuando empezó a funcionar la Segunda Cadena, me llamaron para hacer documentales, a la vista de que no había manera de hacer nada en el cine y había que vivir, me puse a hacer televisión. Vamos, en realidad lo que hacíamos era cine. Hacía documentales de la serie "Víspera de nuestro tiempo", "Los históricos del balompié", "Fiesta", "Luz Verde"... ".



Tuvo que esperar unos años para que le dieran la oportunidad de dirigir ficción: "En el 69, con "Simposio para la paz", que fue un programa de 16 mm. en blanco y negro con una idea de Pérez Calderón en la que yo colaboré porque escribimos juntos el guión. Fue a Montecarlo y le dieron una especie de premio, una mención de la UNDA, creo. Después yo seguí con mi lucha por hacer cine, en el fondo, creo, todos tenemos una gran vocación, una tremenda pasión por el cine, pero no salían las cosas. Estuve a punto de hacer una película con Tip y Coll, "La garbanza negra, que en paz descanse". Colaboré en el guión incluso, pero, por una serie de razones, por esas extrañas faenas que hace la gente en el cine, terminé por no hacerla. Me quedé en blanco y, justo en ese momento, me cogieron para hacer el piloto de "Crónicas de un pueblo" (...) Yo era consciente de que era un programa oficial, legalista, planteado desde las altas esferas... pero yo lo cogí como una especie de práctica profesional (...) Intenté durante toda la serie desoficializarla todo lo que pude, a base de meter ternura y humor... Esa fue mi labor".


Con "Crónicas de un pueblo" consigue el éxito popular con mayúsculas, lo que era un regalo envenenado, un marrón para cualquier autor, se convierte en su gran plataforma. Y no sólo como director sino también como actor aficionado puesto que se reservó el papel de cura. Gracias al éxito y a su buen hacer introduciendo el Fuero de los Españoles con una cucharada de azúcar, los jefazos le permiten tantear otros géneros y así surge "La cabina" que en realidad nació como un gag sin desarrollar y después formaría parte de una idea que pergeñaba junto a José Luis Garci para una serie de ciencia ficción y misterio con el título provisional de "13 pasos por lo insólito". De esa antología nunca producida rescatarían también el guión de "La Gioconda está triste", otro de esos telefilmes que dejaban al espectador pensativo. Con estos programas especiales, el director podía ensayar  nuevas fórmulas y permitirse lujos como rodar un musical como "Don Juan", uno de sus trabajos favoritos, o un drama generacional como "La noche del licenciado", que en cierto modo era su propia historia. "Televisión tiene unos límites, marcados por el hecho de que es un aparatito que está en todos los hogares españoles, sabes que hay ciertos temas que no se pueden tocar. Pero partiendo de eso, hay mucho campo para hacer y experimentar. Televisión, una vez aprobado el guión, te da una absoluta libertad para todo lo demás: buscar actores, contar las cosas como tú quieras... Eso no lo tienes en el cine. Yo, por ejemplo, "La cabina" jamás podría haberla hecho en medio" decía en una entrevista en "TeleRadio". 



Mercero fue un Guadiana televisivo, siempre que tenía la oportunidad dirigía una película y con algunas tuvo un enorme éxito, pero al final siempre volvía a la tele. Su independencia era proverbial, fue un director popular en ambos medios pero siempre iba por libre, incluso cuando a mediados de los setenta se especuló con una reforma en TVE para hacer fijos a los colaboradores veteranos: "Por estas cosas de los contratos laborales se ha planteado la posibilidad de que, teniendo en cuenta los años que llevamos trabajando, podamos ser hombres de plantilla, de horario y sueldo fijo y hacer los programas que sean. A mí me da la sensación, y que conste que respeto la opinión contraria, de que es convertirnos un poco en oficinistas y lo apasionante de nuestro trabajo es esa sensación de libertad. No sé, no lo veo claro y me preocupa. Por eso he preferido mantener la libertad y seguir haciendo los programas que pueda. De todas formas, los que mantenemos esta postura somos minoría porque los otros son casi un 90 o 95%. Lo que sí creo es que los que lo piden tienen todos los derechos laborales a su favor. Pero a mí no me interesa" explicaba en 1976. 


Gracias a esa independencia podía presentar proyectos en televisión que le interesaban por una u otra razón . De sus series y especiales entresacamos sin demasiada dificultad sus intereses vitales: preocupación por la infancia, por la ecología, por una sociedad ajena a los problemas de sus vecinos... En "Los pajaritos" conocemos a dos viejecillos que intentan salvar a dos aves en una ciudad dominada por la polución. En "La Gioconda..." la humanidad ha perdido la capacidad de sonreír, en "La noche del licenciado" el protagonista quiere abandonar un futuro prometedor para dedicarse a hacer feliz a la gente, en "La cabina" un individuo se queda atrapado y nadie puede (o quiere) ayudarle lo cual le hace sentirse aún más abandonado, algo similar sucede en "La habitación blanca" (su último trabajo en TVE), en "El pueblo sumergido" se hace un canto a la ecología, que también se repetirá (incluso con María Garralón como amiga de los niños) en varios capítulos de "Verano azul", en muchos episodios de "Farmacia de Guardia" aparecen personajes desvalidos, solos en la vida, pero que son protegidos por sus vecinos, como la desmemoriada doña Paquita... y así podríamos seguir buscando hilos invisibles pero evidentes en toda su obra. 


Quizás su serie más realista y combativa sea "Turno de oficio", emitida originalmente en la 2 y postergada por lo tanto a una audiencia minoritaria, se aupó en los primeros puestos de audiencia con temas como la violencia de género o la drogadicción. Si en "Verano Azul" había tratado por primera vez en una serie familiar de nuestra tele asuntos de alcance pero con cierto disimulo, en esta se empleó a fondo. Además, hizo de Irene Gutiérrez Caba un trasunto de su madre y de Juan Echanove un sosias de lo que, quizás, él habría sido como abogado, doble homenaje. En 1979 contaba que cuando anunció que nunca se dedicaría a las leyes: "Hubo una cierta decepción de mi madre, ilusiones que se vienen abajo. Pero ella supo comprender y aceptar. El balance hoy es positivo, absolutamente. Y eso sin hacer abstracción de los malos tiempos, de las rachas en las que tuve que ir de productora en productora, con mis guiones bajo el brazo, sin encontrar un hueco, machacado. Y eso que no entraba dinero y los hijos iban llegando sino porque llegas a cuestionar tu propia valía. Es muy fácil pensar, en esas circunstancias: "Soy un imbécil, un incapaz. ¿Qué es lo que estoy intentando? Esto no es lo mío. Me equivocado". Bueno, pues a pesar de todo eso el balance es rotundamente positivo". No es para menos. Mercero tocó la fibra del público como pocos han sabido hacerlo. Además, se rodeó de un equipo que le entendía y con el que se complementaba a la perfección. Uno de sus colaboradores más recurrente, el guionista Horacio Valcárcel, falleció la semana pasada. Ambos escribieron algunas de las páginas más brillantes de la tele patria y Antonio, el gran Antonio, supo insuflarles vida con la cámara.