jueves, 14 de junio de 2018

I Festival de Canciones Infantiles


En 1963 comenzó a celebrarse un concurso que más tarde sería cita anual, el Festival de Canciones Infantiles. Aquella primera ocasión este certamen se incluyó dentro del programa infantil de los domingos "Fiesta con nosotros" presentado y dirigido por un histórico de la radio catalana, Juan Viñas, pionero también de los concursos y espacios para niños en la tele realizada desde Barcelona. Esta sería la primera vez que se organizaba un concurso de cantantes noveles menores de 12 años y a pesar del éxito los jefes de la TVE de entonces no aprovecharon la oportunidad para repetir al año siguiente. Fue en 1967 cuando se retomó esta idea y con un ligero cambio en el nombre (Festival de la Canción Infantil, en singular) se presentó como espacio independiente, con galas de selección y semifinales incluidas. Se mantuvo en antena hasta 1970 y regresó de forma excepcional en el 73.


Pero volviendo a ese primer encuentro que nos ocupa, esta sección de "Fiesta con nosotros" comenzó en marzo y celebró su final en julio. A esa última fase llegaron 6 niños y entre ellos había dos hijas de famosos, una era Rosa que ya había logrado incluso un éxito en las listas de ventas el año anterior con su padre José Guardiola y aquel empalagoso "Di, papá" y la otra era Nuria Montoliu, hija del extraordinario intérprete y compositor de jazz Tele Montoliu y la cantante cubana de boleros Pilar Morales. Sin embargo, ninguna de ellas se alzó con el primer premio. Fue Charito Bartolomé, una niña de 11 años proveniente de Aranda de Duero (Burgos) la que se llevó un viaje a Roma con su padre a gastos pagados donde además se les presentaría al Papa en una audiencia privada, vamos, la ilusión de cualquier niño... Charito siguió presentándose a concursos musicales y participó en varios festivales de moda en la época como el Hispano-Portugués de la Canción del Duero pero su carrera no llegó a despegar profesionalmente. Eso sí, hoy sigue como profesora del Coro de la Iglesia de Santa María de su tierra.

jueves, 7 de junio de 2018

Gran Teatro: En Flandes se ha puesto el sol


En la temporada 1959-60 los dramáticos ocupaban buena parte de la parrilla de una muy incipiente TVE. "Fila Cero" era el programa estrella, el que agrupaba el estreno semanal de una obra representada en directo desde el minúsculo plató del Paseo de la Habana pero se alternaba con otros contenedores como "Teatro de la familia" y breves entremeses bajo distintos apelativos por no hablar de las series de producción propia en antena, "Galería de esposas" y "Palma y don Jaime" entre otras. El 25 de enero del 60 se produce un hito en el devenir del "tele-teatro" español con la inauguración de "Gran Teatro". La revista "TeleRadio" (nº 109) lo dejaba muy claro en el reportaje que informaba del estreno: "Un programa teatral nuevo, distinto a todos los demás que pretende recoger las obras más importantes de la escena universal, bien por su clasicismo, bien por su carácter extraordinariamente significativo." La obra elegida para aquella primera cita era "En Flandes se ha puesto el sol" de Eduardo Marquina "en la que se ensalzan las virtudes heroícas de la raza" afirmaba hinchando pecho 
el periodista (sin firmar) de la publicación. Con una fotografía del ensayo y un titular altisonante se anunciaba esta pieza protagonizada por Guillermo Marín, Luisa Salas, Manuel Díaz Velasco, Manuel Soriano y José María Escuer. 


Un par de semanas después reproducía esta foto de la representación en directo ante las cámaras. Lo cierto es que, más allá del aire triunfalista de la apertura, "Gran Teatro" sí que se convertiría en una cabecera fundamental en la historia de nuestra tele porque por primera vez la duración de una obra superaba los 30 minutos llegando a los 90 en este caso y más adelante incluso a los 100. Es decir, se pasaba de escoger escenas clave del texto elegido y, a ser posible, en un mismo decorado para adaptarlas a un tiempo verdaderamente exiguo a otorgar un espacio en la programación que permitía representarlas con mucha más fidelidad y respetando (o casi) su duración. Además, por primera vez se planteaba un proyecto ambicioso para este género: difundir los textos clásicos y en verso. Como decía Baget en su "Historia de TVE" "hasta entonces habían permanecido un tanto relegados a causa de la precipitación con la que se montaban las obras". Eso sí, esto obligaba a tener más ensayos y, por lo tanto, se planteaba como emisión trimestral aunque casi desde el principio fue mensual en su primera temporada y semanal en las dos siguientes. También se dieron cuenta enseguida los jefes de la necesidad de ampliar el número de decorados e, incluso, de grabar algunos bloques en el recién llegado video-tape Ampex para enriquecer los escenarios y permitir cambios temporales y, atención, incorporar exteriores grabados en formato cine (16 mm), cosa que algunos críticos definieron como "soluciones espúreas" porque consideraban que la tele tenía que ser en directo y el celuloide era para las salas y no para las pantallas. Juan Guerrero Zamora fue su director más habitual. Otras versiones memorables de este contenedor fueron "Julio César", "Otelo" y "Edipo" (del que ya hablamos aquí). 

martes, 5 de junio de 2018

El español y los siete pecados capitales


¿Cómo pecan los españoles? ¿Cuál es la relación entre el españolito medio y las infracciones graves contra la fe católica? ¿Somos, por ejemplo, más envidiosos que los ingleses pero tenemos menos gula que los franceses? Algo así se había planteado en 1970 el historiador y escritor Fernando Díaz-Plaja con una reflexión seria pero bajo una forma que no se alejaba demasiado de la ironía. Diez años más tarde se presentaba a bombo y platillo (portadas en TeleRadio y TP incluidas) una serie de televisión basada libremente en aquel texto. Sería el viernes 24 de octubre de 1980 a las 21.30 h cuando se emitiera el primer capítulo de una serie de siete. La soberbia ocuparía las dos primeras semanas (se ve que es el más grave de nuestros defectos) mientras que la avaricia y la gula compartirían la media hora de duración de la tercera entrega.


Dos actores muy reconocidos por el público que en aquel momento formaban pareja cómica en cine y teatro, Juanjo Menéndez y Jesús Puente, serían los protagonistas de esta serie que había sido adaptada para televisión por el guionista Juan Miguel Lamet que años más tarde se haría popular para el público de la 2 gracias a sus habituales colaboraciones como sabio contertulio en "¡Qué grande es el cine!" aquella escuela para ver películas dirigida por José Luis Garci. Un bregado director cinematográfico sería el que pondría imágenes a aquel guión, José María Forqué que, curiosamente, sólo había tenido una puntual contribución a TVE anteriormente, "El sombrerito" en 1970 y basada en un texto de Antonio Gala, premio en Montecarlo por cierto. Entre el elenco de 30 actores contratado destacaba un tercero que junto a los citados tenía un papel fijo, Rafael Alonso


Cada episodio se introducía con la conferencia de Don Marcelino Fernández Carballo (Puente) encargada por el director de un centro cultural, Margallo (Menéndez), viejo amigo con el que ahora tiene una difícil convivencia porque la sana rivalidad con la que comenzó su relación se ha ido tiñendo con los años de una amargura que la ha mutado en continua competición. Alonso interpreta a un amigo común que intenta mediar (sin mucho éxito) en sus desavenencias. 


Tres meses y medio tardó en rodarse en formato cine y con profusión de exteriores esta serie que fue producida por una compañía independiente con un presupuesto de 45 millones de pesetas, cifra que en aquel momento se consideró muy ajustada porque se aseguraba que si hubiera sido llevada a cabo por la propia TVE hubiera costado el doble. Este dato se reconocía sin rubor en la nota de prensa oficial, como si ese ahorro no desvelara un sobrecoste exagerado por la propia tele o bien un trabajo muy por debajo de convenio (si es que lo hubiera) por parte de la productora. Decía Forqué de sus protagonistas: "Tanto el uno como el otro hacen un trabajo brillantísimo, lleno de inteligencia. No se trata de un simple papel cómico o de una interpretación normal. Hay que tener en cuenta que a lo largo de la serie interpretan cientos de personajes distintos" y es que la estructura de esta antología se basaba en pequeños sketches que servían para ejemplificar las teorías del orador. A pesar de la publicidad que se dio a este estreno y al indudable atractivo que suponía para la audiencia la pareja Menéndez-Puente no obtuvo el éxito esperado aunque tampoco fue un fracaso.