domingo, 15 de julio de 2018

Gatos en el tejado


Manolo Beltrán es un cuarentón famoso por su programa televisivo "El humor es algo maravilloso". Separado desde hace doce años, mantiene una relación más bien distante con sus dos hijos y aparentemente cordial con su ex mujer, casada de nuevo y con un hijo de 8 años fruto de ese matrimonio. Cierto día, Manolo recibe la visita inesperada de su padre, que tres décadas atrás había ido a buscar tabaco para no volver hasta ahora. Ese mismo día le informan del fallecimiento en un accidente de tráfico de su ex y su esposo así que de repente se encuentra con la obligación (al menos moral) de hacerse cargo de sus hijos y del hermanastro de estos que, además, es autista y, por lo tanto, incapaz de mostrar ningún tipo de emoción ante el suceso. Este es el punto de partida de "Gatos en el tejado" una serie dirigida por Alfonso Ungría estrenada el 7 de septiembre de 1988 a las 21.15 h antes del popular contenedor "Viernes Cine". 


Su protagonista es José Sacristán, poco habitual de la tele hasta aquel momento aunque en los 90 protagonizaría un sonado éxito con "¿Quién da la vez?" en Antena 3 (y un sonoro fracaso en la temporada siguiente con  "Éste es mi barrio"). Un extraordinario elenco le acompaña en esta serie de 13 capítulos en el que destaca Alberto Closas como su retornado padre, Emma Cohen en el papel de representante, Gabino Diego y Beatriz Santana como sus hijos, Julieta Serrano como asistente y Ferrán Rañé en el rol de guionista. El jovencísimo Francisco Valero encarnaba al hijastro y compartiría escenas y tramas con Sacristán de mucha ternura. 


Aunque en algún sitio se puede leer que esta es la primera "dramedia" de la ficción española el dato no sólo no es exacto sino que además olvida a otras series tan importantes como "Anillos de oro" o "Segunda enseñanza" (ambas con guión de Ana Diosdado que también fue su protagonista) donde el drama y la comedia se entremezclaban a la perfección, como en la vida real. No obstante, "Gatos en el tejado" es una serie muy destacable por varias razones: el regreso a TVE de Sacristán y Ungría, el guión de Joaquín Oristrell que crea una historia original, divertida pero con un punto realista y además que consiguió familiarizar al espectador con un concepto que después se haría muy popular gracias a "El club de la comedia" pero que entonces era algo totalmente inédito en nuestras pantallas: la stand up comedy, que era la profesión del protagonista. Además fue una de las poquísimas ficciones estrenadas en nuestra tele en 1988, un año especialmente escaso en este género. Fue bien recibida por la crítica y se llevó tres TP de Oro (Mejor serie nacional, actor para Sacristán y actriz para Cohen) y un Fotogramas de Plata para el protagonista además de dos nominaciones para Closas y Rañé. Quizás la breve cosecha tiene algo que ver con tanto galardón, no lo niego, pero lo cierto es que todos ellos realizan un trabajo extraordinario. A pesar de ser la verdadera apuesta de aquella temporada en cuanto a series y que tuvo una audiencia considerable, no ha permanecido en el recuerdo, posiblemente porque no ha sido repuesta. Eso sí, la tenemos al completo en la web del Archivo RTVE. 

lunes, 9 de julio de 2018

"Vídeos de Primera", lo viral antes de Internet


Mucho antes de que cualquier vídeo colgado en youtube o una red social se hiciera viral y generara (de forma lenta pero constante) millones de visitas en todo el mundo, existía un programa que, sólo en España, a principios de los noventa tenía unos 4 millones de espectadores de una tacada y si tenemos en cuenta que algunos de sus vídeos ya habían sido emitidos en Japón, EE.UU. y otros países europeos, acumulaban cientos de millones de televidentes en medio mundo. Aquel espacio recibió el nombre en su estreno el 18 de septiembre de 1990 en TVE de "Vídeos de Primera" haciendo un juego de palabras con el nombre de la cadena en la que se difundía. Este formato en el que se reflejaba la faceta más torpe del ser humano (y algunas gracietas de animales también), estaba basado directamente en "America's Funniest Home Videos" de la ABC que, a su vez, se inspiraba en otro japonés de la Tokyo Broadcasing System del que os voy a ahorrar el nombre porque posiblemente, cometería algún error en la transcripción. 
   "Vídeos de Primera" era un programa de vídeos caseros, ni más ni menos, pero se vestía de concurso para animar al televidente a enviar los suyos. Se insistía mucho en que se enviara la cinta original y no una copia porque entonces se perdería calidad. Esto hoy puede sonar a arameo a los millenials así que tendrán que preguntar a sus padres (o incluso a sus abuelos) qué era eso de una vídeo-cámara, qué significa VHS y otras lindezas que aquí nos ocuparían demasiado tiempo. 


En su primera temporada en la ABC fue Bob Saget el presentador, o sea, el protagonista de "Padres forzosos", trabajo que aparecía reflejado en la trama de la propia serie. Aquí se eligió a Alfonso Arús que ya había conducido con éxito en la 2 un concurso absurdo entre familias llamado "La casa por la ventana" (del que hemos hablado aquí) y se había hecho un nombre en la radio humorística y en el circuito catalán de TVE con "Força Barça". Arús no ejercía de simple introductor de los vídeos sino que además narraba, con mucha ironía, lo que sucedía en ellos. Su paso a "primera división televisiva" se saldó con una enorme popularidad que le permitió abandonar el programa a las dos temporadas y en pleno éxito para fichar por Antena 3. Allí presentaría su propio show, "Al ataque", un formato creado por él y su equipo en el que desarrollaba plenamente su peculiar sentido del humor o no tan peculiar en realidad porque en aquellos inicios de la década arrasó. 
   Tras su partida le sucedieron Juan Carlos Martín "Benavides", Mariano 1.85 y Nathalie Seseña (la esposa del Rancio en "La que se avecina") en la temporada 93/94; Bermúdez con Penélope Velasco en 1996 y el trío Asunción Embuena, Alonso Caparrós y Cárdenas en 1996/97 con especiales veraniegos incluidos grabados en exteriores y presentados en bañador (no comment). El éxito de los tropezones videográficos propició la aparición de imitadores más o menos afortunados como "Olé tus vídeos" en las autonómicas (1991-93) o "Vaya fauna" en Antena 3 (1992) centrado en animales. 



lunes, 2 de julio de 2018

Las chicas de hoy en día


Nada más leer el título de esta serie muchos espectadores que hoy rondan los cuarenta estarán tarareando su pegadiza sintonía, con rap incluido. Una de las composiciones televisivas más recordadas de los noventa obra de Cáelo del Río, Bernardo Fuster y Luis Mendo, los dos últimos fundadores del grupo Suburbano, autores de "La puerta de Alcalá" o "Arde París" y también de la banda sonora de "Makinavaja". Era una época en la que (todavía) las cabeceras duraban un minuto y sus músicas eran fundamentales para adelantar y reafirmar la personalidad de la serie. Y a buena fe que ésta lo consiguió. 


Nuri y Charo, barcelonesa una y sevillana la otra, ambas aspirantes a actriz, se encuentran en el Madrid post-movida, una ciudad todavía viva, luminosa, divertida y, sobre todo, sorprendente. En ese escenario en el que lo inesperado se convierte en cotidiano se hacen amigas a pesar de competir en decenas de castings y de sus caracteres totalmente contrapuestos. Es lo diferente lo que las hace complementarias y por eso sus desventuras (que superan con mucho las aventuras) son tan divertidas incluso ahora, cuando casi han pasado 30 años desde su estreno. 


Carme Conesa como Nuria Rocamora (la rubia) y Diana Peñalver como Charo Baena (la morena) encabezaban un amplio reparto que capítulo a capítulo, hasta completar las dos temporadas, 26 en total, daban brillo a unos guiones atrevidos, chispeantes y muy políticamente incorrectos vistos hoy en día. Por cierto, viva esa incorrección. María Luisa Ponte como propietaria del lujoso pero anticuado piso en el que se alojarían bajo régimen de alquiler y Juan Echanove como su mimado hijo y perpetuo vecino pesado completaban el reparto de fijos pero entre los secundarios y episódicos aparece una pléyade de estrellas del cine patrio como Marisa Paredes, Julieta Serrano, Antonio Resines, Bibi Andersen (ahora Bibiana Fernández) o Florinda Chico. 


Este fue el debut televisivo de un afamado y exitoso director de cine, Fernando Colomo que además también ejercía de productor. La mayoría de los capítulos estaban dirigidos por el propio Colomo pero también estaban tras la cámara otros como Mariano Barroso o Manuel Iborra. Los guiones estaban escritos por el omnipresente Fernando, Joaquín Oristrell (actualmente en "Cuéntame cómo pasó") y Pedro Febrero (detrás de los sketches de Martes y Trece y Cruz y Raya pero también guionista en "Un, dos, tres" o "¿Pero esto qué es?"). Aunque en principio sorprendió que se emitiera en la 2 y no en la Primera, lo cierto es que este trabajo se acercaba más a los predicamentos de la cadena de la inmensa minoría donde desde el 30 de septiembre del 91 a las 21.25 y hasta el 16 de marzo del 92 consiguió aglutinar una excelente audiencia y en sus periódicas reposiciones (incluida una en la Primera) ha mantenido el interés y, lo más importante, sorprendido a una nueva generación que la ha visto tan moderna como el día de su estreno. 

La tenéis completa en rtve.es:

lunes, 25 de junio de 2018

"¿Y quién es él?" entrevistas veraniegas con Mari Pau Domínguez


En verano de 1994 Mari Pau Domínguez regresaba a TVE tras cuatro años de ausencia y una salida del Ente que había estado teñida de cierta polémica. Su retorno a la pública se producía para dirigir y presentar un programa de entrevistas sólo a hombres, de ahí el título "¿Y quién es él?" rememorando la famosa canción de José Luis Perales. Literatos como Vargas Llosa o Antonio Gala, deportistas como Jorge Valdano, artistas como Nacho Duato o Forges, toreros como Ortega Cano o cantantes como Víctor Manuel acudieron a la llamada de la periodista que se había dado a conocer a nivel nacional primero en el programa de Jesús Hermida "Por la mañana" y poco después en el Telediario.  


Precisamente tras una breve etapa en el TD 3 había "ascendido" a la edición de Fin de Semana en 1990 junto a Francine Gálvez pero pocos meses después decidió aceptar una oferta de Catalunya Ràdio porque se sentía frustrada por su papel de mera presentadora. Aquel abandono saltó a la prensa en plena guerra de fichajes entre cadenas pero Mari Pau intentó restarle importancia y justificar su decisión como un reto profesional. En realidad aquella etapa radiofónica con anuncio de futuro programa en TV3 incluido duró poco porque en 1991 regresó al área de informativos pero esta vez en Telemadrid donde presentó sus Telenoticias hasta 1993. 


"¿Y quién es él?"era un programa pensado inicialmente para el verano (de ahí los cactus del decorado en julio y agosto) pero aguantó en la parrilla hasta mediados de noviembre. Emitido inicialmente los miércoles después de "Sesión de Noche" terminó su andadura los domingos tras "La película de la semana", es decir, en ambos casos bien entrada la medianoche. El formato era sencillo: breve reportaje de presentación, entrevista en profundidad y después tertulia entre el invitado y varias colaboradoras, entre ellas Cayetana Guillén Cuervo, Sol Alonso y Amalia Enríquez. De vez en cuando también había actuación musical. El programa tampoco se libró de la controversia al salir a la luz que en el último momento se había cancelado una entrevista a El Gran Wyoming (sustituido por Juanjo Puigcorbé) para evitar que promocionara su nueva serie en Antena 3. Eran tiempos en los que la relación entre canales era de todo menos cordial. 
   Mari Pau no tuvo continuidad en TVE tras este programa y, de hecho, se quedó un tiempo en barbecho televisivo (no sé si autoimpuesto) hasta que en el 97 regresó a la autonómica madrileña con "La hora de Mari Pau", un programa de testimonios que sustituía a otro espacio similar presentado por Gemma Nierga (que a su vez suplía el hueco dejado por Ana García Lozano tras su fichaje por Telecinco). A Mari Pau la vemos ahora muy habitualmente como contertulia en programas de actualidad demostrando que mantiene esa serenidad que imprimía a todos sus formatos en los noventa. 

jueves, 14 de junio de 2018

I Festival de Canciones Infantiles


En 1963 comenzó a celebrarse un concurso que más tarde sería cita anual, el Festival de Canciones Infantiles. Aquella primera ocasión este certamen se incluyó dentro del programa infantil de los domingos "Fiesta con nosotros" presentado y dirigido por un histórico de la radio catalana, Juan Viñas, pionero también de los concursos y espacios para niños en la tele realizada desde Barcelona. Esta sería la primera vez que se organizaba un concurso de cantantes noveles menores de 12 años y a pesar del éxito los jefes de la TVE de entonces no aprovecharon la oportunidad para repetir al año siguiente. Fue en 1967 cuando se retomó esta idea y con un ligero cambio en el nombre (Festival de la Canción Infantil, en singular) se presentó como espacio independiente, con galas de selección y semifinales incluidas. Se mantuvo en antena hasta 1970 y regresó de forma excepcional en el 73.


Pero volviendo a ese primer encuentro que nos ocupa, esta sección de "Fiesta con nosotros" comenzó en marzo y celebró su final en julio. A esa última fase llegaron 6 niños y entre ellos había dos hijas de famosos, una era Rosa que ya había logrado incluso un éxito en las listas de ventas el año anterior con su padre José Guardiola y aquel empalagoso "Di, papá" y la otra era Nuria Montoliu, hija del extraordinario intérprete y compositor de jazz Tele Montoliu y la cantante cubana de boleros Pilar Morales. Sin embargo, ninguna de ellas se alzó con el primer premio. Fue Charito Bartolomé, una niña de 11 años proveniente de Aranda de Duero (Burgos) la que se llevó un viaje a Roma con su padre a gastos pagados donde además se les presentaría al Papa en una audiencia privada, vamos, la ilusión de cualquier niño... Charito siguió presentándose a concursos musicales y participó en varios festivales de moda en la época como el Hispano-Portugués de la Canción del Duero pero su carrera no llegó a despegar profesionalmente. Eso sí, hoy sigue como profesora del Coro de la Iglesia de Santa María de su tierra.

jueves, 7 de junio de 2018

Gran Teatro: En Flandes se ha puesto el sol


En la temporada 1959-60 los dramáticos ocupaban buena parte de la parrilla de una muy incipiente TVE. "Fila Cero" era el programa estrella, el que agrupaba el estreno semanal de una obra representada en directo desde el minúsculo plató del Paseo de la Habana pero se alternaba con otros contenedores como "Teatro de la familia" y breves entremeses bajo distintos apelativos por no hablar de las series de producción propia en antena, "Galería de esposas" y "Palma y don Jaime" entre otras. El 25 de enero del 60 se produce un hito en el devenir del "tele-teatro" español con la inauguración de "Gran Teatro". La revista "TeleRadio" (nº 109) lo dejaba muy claro en el reportaje que informaba del estreno: "Un programa teatral nuevo, distinto a todos los demás que pretende recoger las obras más importantes de la escena universal, bien por su clasicismo, bien por su carácter extraordinariamente significativo." La obra elegida para aquella primera cita era "En Flandes se ha puesto el sol" de Eduardo Marquina "en la que se ensalzan las virtudes heroícas de la raza" afirmaba hinchando pecho 
el periodista (sin firmar) de la publicación. Con una fotografía del ensayo y un titular altisonante se anunciaba esta pieza protagonizada por Guillermo Marín, Luisa Salas, Manuel Díaz Velasco, Manuel Soriano y José María Escuer. 


Un par de semanas después reproducía esta foto de la representación en directo ante las cámaras. Lo cierto es que, más allá del aire triunfalista de la apertura, "Gran Teatro" sí que se convertiría en una cabecera fundamental en la historia de nuestra tele porque por primera vez la duración de una obra superaba los 30 minutos llegando a los 90 en este caso y más adelante incluso a los 100. Es decir, se pasaba de escoger escenas clave del texto elegido y, a ser posible, en un mismo decorado para adaptarlas a un tiempo verdaderamente exiguo a otorgar un espacio en la programación que permitía representarlas con mucha más fidelidad y respetando (o casi) su duración. Además, por primera vez se planteaba un proyecto ambicioso para este género: difundir los textos clásicos y en verso. Como decía Baget en su "Historia de TVE" "hasta entonces habían permanecido un tanto relegados a causa de la precipitación con la que se montaban las obras". Eso sí, esto obligaba a tener más ensayos y, por lo tanto, se planteaba como emisión trimestral aunque casi desde el principio fue mensual en su primera temporada y semanal en las dos siguientes. También se dieron cuenta enseguida los jefes de la necesidad de ampliar el número de decorados e, incluso, de grabar algunos bloques en el recién llegado video-tape Ampex para enriquecer los escenarios y permitir cambios temporales y, atención, incorporar exteriores grabados en formato cine (16 mm), cosa que algunos críticos definieron como "soluciones espúreas" porque consideraban que la tele tenía que ser en directo y el celuloide era para las salas y no para las pantallas. Juan Guerrero Zamora fue su director más habitual. Otras versiones memorables de este contenedor fueron "Julio César", "Otelo" y "Edipo" (del que ya hablamos aquí). 

martes, 5 de junio de 2018

El español y los siete pecados capitales


¿Cómo pecan los españoles? ¿Cuál es la relación entre el españolito medio y las infracciones graves contra la fe católica? ¿Somos, por ejemplo, más envidiosos que los ingleses pero tenemos menos gula que los franceses? Algo así se había planteado en 1970 el historiador y escritor Fernando Díaz-Plaja con una reflexión seria pero bajo una forma que no se alejaba demasiado de la ironía. Diez años más tarde se presentaba a bombo y platillo (portadas en TeleRadio y TP incluidas) una serie de televisión basada libremente en aquel texto. Sería el viernes 24 de octubre de 1980 a las 21.30 h cuando se emitiera el primer capítulo de una serie de siete. La soberbia ocuparía las dos primeras semanas (se ve que es el más grave de nuestros defectos) mientras que la avaricia y la gula compartirían la media hora de duración de la tercera entrega.


Dos actores muy reconocidos por el público que en aquel momento formaban pareja cómica en cine y teatro, Juanjo Menéndez y Jesús Puente, serían los protagonistas de esta serie que había sido adaptada para televisión por el guionista Juan Miguel Lamet que años más tarde se haría popular para el público de la 2 gracias a sus habituales colaboraciones como sabio contertulio en "¡Qué grande es el cine!" aquella escuela para ver películas dirigida por José Luis Garci. Un bregado director cinematográfico sería el que pondría imágenes a aquel guión, José María Forqué que, curiosamente, sólo había tenido una puntual contribución a TVE anteriormente, "El sombrerito" en 1970 y basada en un texto de Antonio Gala, premio en Montecarlo por cierto. Entre el elenco de 30 actores contratado destacaba un tercero que junto a los citados tenía un papel fijo, Rafael Alonso


Cada episodio se introducía con la conferencia de Don Marcelino Fernández Carballo (Puente) encargada por el director de un centro cultural, Margallo (Menéndez), viejo amigo con el que ahora tiene una difícil convivencia porque la sana rivalidad con la que comenzó su relación se ha ido tiñendo con los años de una amargura que la ha mutado en continua competición. Alonso interpreta a un amigo común que intenta mediar (sin mucho éxito) en sus desavenencias. 


Tres meses y medio tardó en rodarse en formato cine y con profusión de exteriores esta serie que fue producida por una compañía independiente con un presupuesto de 45 millones de pesetas, cifra que en aquel momento se consideró muy ajustada porque se aseguraba que si hubiera sido llevada a cabo por la propia TVE hubiera costado el doble. Este dato se reconocía sin rubor en la nota de prensa oficial, como si ese ahorro no desvelara un sobrecoste exagerado por la propia tele o bien un trabajo muy por debajo de convenio (si es que lo hubiera) por parte de la productora. Decía Forqué de sus protagonistas: "Tanto el uno como el otro hacen un trabajo brillantísimo, lleno de inteligencia. No se trata de un simple papel cómico o de una interpretación normal. Hay que tener en cuenta que a lo largo de la serie interpretan cientos de personajes distintos" y es que la estructura de esta antología se basaba en pequeños sketches que servían para ejemplificar las teorías del orador. A pesar de la publicidad que se dio a este estreno y al indudable atractivo que suponía para la audiencia la pareja Menéndez-Puente no obtuvo el éxito esperado aunque tampoco fue un fracaso. 

domingo, 27 de mayo de 2018

Teledomingo, 1963


En octubre de 1963 se inició un formato que después se convertiría en habitual durante los setenta, el ómnibus, un largo programa de fin de semana con un montón de pequeños espacios unidos entre sí por un equipo de presentadores. Este balbuceante comienzo en una TVE todavía muy limitada en cuanto a medios y cobertura nacional recibió el nombre de "Teledomingo" con la referencia ineludible (pero no reconocida) del "Tele-dimanche" de la cadena francesa ORTF que había empezado su larga andadura en 1959. La idea era simple: unir espectáculo (lo que entonces se llamaba "variedades") y fútbol. Ese sería el formato básico de los títulos que en la década siguiente llenarían las tardes del final de la semana: "Siempre en domingo", "Tarde para todos" y "Todo es posible en domingo" y también del breve precedente que abrió de nuevo la barrera para todos ellos en 1969: "Fórmula Todo" (renombrado a las pocas semanas como "Todo"). El director- realizador y guionista principal sería Fernando García de la Vega que triunfaba a lo loco con "Escala en HI-FI", programa que ahora se incluiría dentro de este macro-espacio. En realidad esa era la base del invento, se contrató a cinco nuevas "Chicas Hi-Fi" (también llamadas "Tele-Guapas") y se reforzaba el musical con dos ballets e incluso la aparición de "primeras figuras de la canción", lo que se distanciaba de la idea original de usar el play-back con actores para cubrir la ausencia de los intérpretes originales. Todo fuera por darle nuevos aires a un formato que ya llevaba dos años en antena. 


Además habría un HI-FI Hit, una lista elaborada por los propios espectadores de sus canciones favoritas (¿quizás el primer hit-parade televisivo? según mis datos sí), los Payasos HI-FI (que presumían de ser un versión mucho más moderna del clásico clown) y un noticiario musical. Y por si todo esto fuera poco regresaba a los estudios de TVE tras ocho meses de obligado reposo el actor Pablo Sanz, primer presentador de Escala y que aquí volvería a ejercer de conductor del show tras haberse centrado en su faceta como intérprete en las temporadas anteriores. 
   Además, José Luis Coll se encargaba de escribir una serie de sketches titulada "El hombre ideal" que más adelante sería sustituida por "Teatro Popular" (donde se representaron obras como "La tonta del bote"), un concurso desde Barcelona realizado por Eugenio Pena, las intervenciones de Topo Gigio, que se presentaba como la mascota del programa, y la información deportiva en una serie de cortos flashes con los resultados futbolísticos de la jornada. Decía su creador que pretendía que el espectador se reuniera con amigos ante el televisor: "es un programa para verlo y comentarlo en grupos, una especie de "amigos de HI-FI", pequeños clubs de gente joven o no que aprovecharán las tardes dominicales para reunirse ante el televisor con un motivo: Teledomingo". Se emitiría de 20.30 a 22.15 h. Todo eran buenas intenciones pero los críticos sólo destacaron "los nervios, el desbarajuste y la improvisación y otros muchos defectos que dinamitan el propósito original" (Baget-Herms en su "Historia de TVE"). Si eso fuera poco, periódicamente era suprimido o reducido por las retransmisiones futboleras así que tanto esfuerzo por hacer un programa de ciento quince minutos (todo un alarde en la época) en directo no merecía la pena. En enero de 1964 desapareció de la parrilla pero "Escala en HI-FI" permaneció unos cuantos años más en la parrilla. 

jueves, 24 de mayo de 2018

María Garralón, de un Verano Azul a una Farmacia de Guardia


El título de este post es llamativo pero excluyente, lo reconozco. En cada trabajo televisivo del recientemente fallecido Antonio Mercero había una presencia constante. Prácticamente en todas sus series y mediometrajes aparece una actriz a la que sería precisamente él quien le daría la oportunidad de demostrar su versatilidad. Hablar del Mercero televisivo supone hablar, inevitablemente, de María Garralón. Aunque sólo fuera por aquel precioso pero difícil papel de Julia en "Verano Azul" ya merecería la pena comentar la complicidad entre ambos pero si repasamos su carrera nos daremos cuenta de que esa química tuvo que ser inmediata y desde ahí se inició una de las relaciones profesionales más estables (y bellas) de nuestro panorama audiovisual... aunque quizás sea una de las menos comentadas.


Desde el principio la carrera de María está asociada a la de este entrañable creador de emociones. Su primer crédito (lo que no significa que fuera su primer papel) es en una obra de Mercero, "Los pajaritos" en 1974. Y ese mismo año también apareció en otro de aquellos geniales mediometrajes que se realizaban para competir en festivales televisivos internacionales, "Don Juan", en la foto es la segunda empezando por la derecha, junto a otra jovencísima actriz que todavía estaba empezando pero ya era una musa del cortometraje español, Carmen Maura. Por supuesto, este trabajo también tenía firma merceriana. 


Muy contento debió quedar el director porque el siguiente año contó de nuevo con ella en dos trabajos distintos. El primero,  la película "Manchas de sangre en coche nuevo", que estaba protagonizada por José Luis López Vázquez, actor principal de "Este señor de negro", el segundo proyecto en el que colaborarían los tres en la misma temporada.  Esta vez María tenía ya un papel más importante, de hecho era un rol fijo y con cierta enjundia, la empleada de la joyería del señor del título. El personaje pasó a la historia en un memorable capítulo como la primera soltera embarazada de nuestra tele.


En 1979 se inicia el rodaje de una de las series más populares de todos los tiempos. Era un proyecto de Mercero y esta vez se había reservado para María un papel muy especial. La serie, por supuesto, era "Verano Azul" y ella era Julia, una mujer con una historia de superación (no quiero hacer spoilers, no sea que alguien TODAVÍA no la haya visto) que se convierte en la amiga y cómplice de aquellos chavales que veraneaban en Nerja. Su emisión en la temporada 1981-82 fue todo un acontecimiento que debería haber convertido a a la actriz en una estrella... pero no fue así. A pesar de haber intervenido en decenas de dramáticos (únicos o seriados) de todos los géneros, María no ha alcanzado la categoría de prima donna, ni falta que le hace porque pertenece a ese grupo excepcional de secundarios (o actores de reparto, que suena mejor) que hacen grandes sus intervenciones por pequeñas que sean. 


En 1983 Mercero y Garralón volvieron a unirse en un mediometraje con ecos "veranoazulianos" del que hablaremos próximamente, "El pueblo sumergido", una peliculita pensada para el público infantil y que formaba parte de una iniciativa europea. Aquí se unían dos variables habituales en el trabajo de Mercero: la ecología y, cómo no, María que a estas alturas ya era integrante fija de sus repartos. 


Y como tal, era lógico que en el regreso del realizador a TVE tras una etapa cinematográfica ella también reapareciera. Fue en 1986 y para la Segunda Cadena con "Turno de oficio", una de las series más comprometidas de la época. Confío en su amiga para un papel complicado. María aceptó el reto y aprovechó la ocasión para demostrar que dominaba el drama tanto como la comedia. De nuevo asumía un rol inédito hasta esa fecha, el de una mujer maltratada por su marido que finalmente se atrevía a denunciarlo. 
   En 1991 Mercero dirigía su primer trabajo para una televisión privada, Antena 3 y, qué sorpresa, Garralón tendría papel fijo en "Farmacia de Guardia", ¿quien no recuerda a la agente de la policía María de la Encarnación y su "para dentro, Romerales"? Era un personaje nada dulce, muy lejana quedaba aquella Julia de veraneo en Málaga, sabía adaptarse a géneros y ritmos bien distintos.
   Hace unos días vimos como la actriz acudía al tanatorio donde se velaba el cadáver de su amigo. Era evidente el dolor que le había causado la noticia. Y no es para menos, posiblemente ningún director ha cuidado de ella tanto como Mercero lo hizo durante más de tres décadas.  

domingo, 20 de mayo de 2018

Estravagario

  

En 1958 Pablo Neruda publicó su poemario "Estravagario". El famoso poeta chileno había nacido en 1904 y 100 años después TVE estrenaba un nuevo programa literario en la 2 para sustituir al veterano "Negro sobre Blanco" de Fernando Sánchez Dragó que llevaba siete años en antena. Para conmemorar el centenario del nacimiento del autor de "Veinte poemas de amor y una canción desesperada" se decide usar ese término de su invención para bautizar al nuevo espacio.


La idea fue de su director y presentador, Javier Rioyo, guionista, escritor y colaborador radiofónico y periodístico en medios como "El País" o la SER (que no es decir lo mismo aunque ambos pertenezcan al mismo grupo). Sus crónicas literarias en el "Hoy por hoy" de Gabilondo fueron excelente entrenamiento para este nuevo programa que pretendía revitalizar el formato (quizás un poco básico y anquilosado) de Dragó. 



En realidad, los cambios fueron más bien estéticos y de ritmo, la fórmula estaba inventada desde hacía años, muchos años, y poco había cambiado desde los tiempos de "Encuentros con las letras", lo importante era la pasión y la profundidad o superficialidad con la que se tratara el tema. "Estravagario" mantenía el esquema básico: entrevista con un autor con libro nuevo en cartera en un decorado, eso sí, mucho más luminoso y moderno que el que venía mostrando en sus últimas temporadas "Negro sobre blanco" pero tampoco en esto se innovaba mucho: los libros eran el atrezzo protagonista, volúmenes de mentira combinados a la perfección por su cromatismo. 


La segunda parte tenía una tertulia como base con tres o cuatro invitados relacionados directa o indirectamente con el mundo editorial o la literatura. Desde esa "mesa redonda" (como concepto, porque ya veis que la mesa era rectangular) se daba paso a varias secciones como "La biblioteca de...", "El tiempo recobrado" (un reportaje sobre un autor generalmente ya fallecido) o "Las listas" que eran elaboradas con las votaciones de los espectadores. La música también tenía cabida en este programa y aunque la sintonía era una composición de Frederic Mompou en una versión al piano de Rosa Torres, también se creó un tema específico con el mismo título escrito por Luis García Montero, Benjamín Prado, Felipe Benítez Reyes y Joaquín Sabina que musicó esa letra y la interpretó. La canción se estrenó en el primer programa y el cantautor ya aprovechó para quedarse al debate. 


Hubo muchas promesas desde el principio, cuando se anunció su emisión se hablaba de darle todos los medios de un programa de prime-time y se aseguraba que comenzaría a las 22 h. Eso no se cumplió ni siquiera en la primera semana, aquel 4 de octubre de 2004 comenzó a las 23.30 h. Durante los tres años que estuvo en la 2 su horario fue retrasándose hasta llegar en alguna ocasión a las dos de la madrugada. En agosto de 2007 parte del equipo estaba trabajando para renovarse en la siguiente temporada que comenzaría en septiembre, con un programa más pegado al público y a las novedades, más moderno. Se le había adjudicado un huevo horario, los domingos de 19 a 20 h y eso obligaba a ciertos cambios, entre ellos, "abrirlo a públicos más amplios" en busca de una mayor audiencia. El día 4 de ese mes se hizo pública la cancelación del programa y fue el propio Rioyo quien explicó que había sido por teléfono y mostró su enfado y decepción públicamente. Por entonces la directiva de la cadena ya le había buscado sucesor, "Página 2" que sigue en la parrilla. 

domingo, 13 de mayo de 2018

Antonio Mercero, el creador de emociones


Hablar de Mercero es hablar de televisión con emociones, de retratos de una infancia idílica que quizás nunca existió, de un pueblo en el que todos quieren ayudarse, del miedo a una sociedad que se aísla y pierde la perspectiva, de la preocupación por el devenir de la humanidad y su pérdida de valores. Antonio Mercero falleció ayer aunque ya hacía años que había dejado de estar en este mundo por culpa del Alzheimer. La huella que deja en televisión es indeleble, para empezar sigue ostentando un honor exclusivo hasta ahora: es el único director español que ha conseguido un Emmy Internacional por su mediometraje "La cabina". Pero no sólo eso, las estanterias de Prado del Rey tienen unos cuantos galardones europeos como la Ninfa de Oro gracias a este vasco que hace sólo una semana cumplía los 82 años. Junto a Chicho y Lazarov fue uno de los más activos realizadores en la famosa Operación Premio que pretendía ganar prestigio para TVE en una época en la que el franquismo pesaba demasiado en la imagen que Europa tenía de nuestro país. 


Hijo único de una viuda, se licenció en Derecho pero nunca ejerció. Una vez finalizada la carrera que su madre quería, decidió cumplir su sueño de dedicarse a lo que realmente le apasionaba y se apuntó a los cursos de cine que se ofrecían en la única escuela que existía por entonces que recibía el pomposo nombre de Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas. A pesar de que consigue varios reconocimientos con sus cortometrajes y con su proyecto fin de carrera, no tuvo la suerte que esperaba con la industria, lo que le llevó a descubrir el que sería el medio en el que se encontraría más libre. Así lo contaba en 1976: "Empecé a hacer televisión por razones profesiones y subsistenciales. Yo, en 1963 hice una película que se llamaba "Se necesita chico", un filme de humor, que pasó sin pena ni gloria. La crítica me la puso bien pero a nivel popular no funcionó, no tenía actores conocidos, estuvo hecha de una forma muy franciscana. Yo seguí mi lucha intentando hacer cine, escribiendo guiones, moviéndome entra las productoras... pero no salía esa película que yo tenía en mente. Entonces en el 66 o en el 67, cuando empezó a funcionar la Segunda Cadena, me llamaron para hacer documentales, a la vista de que no había manera de hacer nada en el cine y había que vivir, me puse a hacer televisión. Vamos, en realidad lo que hacíamos era cine. Hacía documentales de la serie "Víspera de nuestro tiempo", "Los históricos del balompié", "Fiesta", "Luz Verde"... ".



Tuvo que esperar unos años para que le dieran la oportunidad de dirigir ficción: "En el 69, con "Simposio para la paz", que fue un programa de 16 mm. en blanco y negro con una idea de Pérez Calderón en la que yo colaboré porque escribimos juntos el guión. Fue a Montecarlo y le dieron una especie de premio, una mención de la UNDA, creo. Después yo seguí con mi lucha por hacer cine, en el fondo, creo, todos tenemos una gran vocación, una tremenda pasión por el cine, pero no salían las cosas. Estuve a punto de hacer una película con Tip y Coll, "La garbanza negra, que en paz descanse". Colaboré en el guión incluso, pero, por una serie de razones, por esas extrañas faenas que hace la gente en el cine, terminé por no hacerla. Me quedé en blanco y, justo en ese momento, me cogieron para hacer el piloto de "Crónicas de un pueblo" (...) Yo era consciente de que era un programa oficial, legalista, planteado desde las altas esferas... pero yo lo cogí como una especie de práctica profesional (...) Intenté durante toda la serie desoficializarla todo lo que pude, a base de meter ternura y humor... Esa fue mi labor".


Con "Crónicas de un pueblo" consigue el éxito popular con mayúsculas, lo que era un regalo envenenado, un marrón para cualquier autor, se convierte en su gran plataforma. Y no sólo como director sino también como actor aficionado puesto que se reservó el papel de cura. Gracias al éxito y a su buen hacer introduciendo el Fuero de los Españoles con una cucharada de azúcar, los jefazos le permiten tantear otros géneros y así surge "La cabina" que en realidad nació como un gag sin desarrollar y después formaría parte de una idea que pergeñaba junto a José Luis Garci para una serie de ciencia ficción y misterio con el título provisional de "13 pasos por lo insólito". De esa antología nunca producida rescatarían también el guión de "La Gioconda está triste", otro de esos telefilmes que dejaban al espectador pensativo. Con estos programas especiales, el director podía ensayar  nuevas fórmulas y permitirse lujos como rodar un musical como "Don Juan", uno de sus trabajos favoritos, o un drama generacional como "La noche del licenciado", que en cierto modo era su propia historia. "Televisión tiene unos límites, marcados por el hecho de que es un aparatito que está en todos los hogares españoles, sabes que hay ciertos temas que no se pueden tocar. Pero partiendo de eso, hay mucho campo para hacer y experimentar. Televisión, una vez aprobado el guión, te da una absoluta libertad para todo lo demás: buscar actores, contar las cosas como tú quieras... Eso no lo tienes en el cine. Yo, por ejemplo, "La cabina" jamás podría haberla hecho en medio" decía en una entrevista en "TeleRadio". 



Mercero fue un Guadiana televisivo, siempre que tenía la oportunidad dirigía una película y con algunas tuvo un enorme éxito, pero al final siempre volvía a la tele. Su independencia era proverbial, fue un director popular en ambos medios pero siempre iba por libre, incluso cuando a mediados de los setenta se especuló con una reforma en TVE para hacer fijos a los colaboradores veteranos: "Por estas cosas de los contratos laborales se ha planteado la posibilidad de que, teniendo en cuenta los años que llevamos trabajando, podamos ser hombres de plantilla, de horario y sueldo fijo y hacer los programas que sean. A mí me da la sensación, y que conste que respeto la opinión contraria, de que es convertirnos un poco en oficinistas y lo apasionante de nuestro trabajo es esa sensación de libertad. No sé, no lo veo claro y me preocupa. Por eso he preferido mantener la libertad y seguir haciendo los programas que pueda. De todas formas, los que mantenemos esta postura somos minoría porque los otros son casi un 90 o 95%. Lo que sí creo es que los que lo piden tienen todos los derechos laborales a su favor. Pero a mí no me interesa" explicaba en 1976. 


Gracias a esa independencia podía presentar proyectos en televisión que le interesaban por una u otra razón . De sus series y especiales entresacamos sin demasiada dificultad sus intereses vitales: preocupación por la infancia, por la ecología, por una sociedad ajena a los problemas de sus vecinos... En "Los pajaritos" conocemos a dos viejecillos que intentan salvar a dos aves en una ciudad dominada por la polución. En "La Gioconda..." la humanidad ha perdido la capacidad de sonreír, en "La noche del licenciado" el protagonista quiere abandonar un futuro prometedor para dedicarse a hacer feliz a la gente, en "La cabina" un individuo se queda atrapado y nadie puede (o quiere) ayudarle lo cual le hace sentirse aún más abandonado, algo similar sucede en "La habitación blanca" (su último trabajo en TVE), en "El pueblo sumergido" se hace un canto a la ecología, que también se repetirá (incluso con María Garralón como amiga de los niños) en varios capítulos de "Verano azul", en muchos episodios de "Farmacia de Guardia" aparecen personajes desvalidos, solos en la vida, pero que son protegidos por sus vecinos, como la desmemoriada doña Paquita... y así podríamos seguir buscando hilos invisibles pero evidentes en toda su obra. 


Quizás su serie más realista y combativa sea "Turno de oficio", emitida originalmente en la 2 y postergada por lo tanto a una audiencia minoritaria, se aupó en los primeros puestos de audiencia con temas como la violencia de género o la drogadicción. Si en "Verano Azul" había tratado por primera vez en una serie familiar de nuestra tele asuntos de alcance pero con cierto disimulo, en esta se empleó a fondo. Además, hizo de Irene Gutiérrez Caba un trasunto de su madre y de Juan Echanove un sosias de lo que, quizás, él habría sido como abogado, doble homenaje. En 1979 contaba que cuando anunció que nunca se dedicaría a las leyes: "Hubo una cierta decepción de mi madre, ilusiones que se vienen abajo. Pero ella supo comprender y aceptar. El balance hoy es positivo, absolutamente. Y eso sin hacer abstracción de los malos tiempos, de las rachas en las que tuve que ir de productora en productora, con mis guiones bajo el brazo, sin encontrar un hueco, machacado. Y eso que no entraba dinero y los hijos iban llegando sino porque llegas a cuestionar tu propia valía. Es muy fácil pensar, en esas circunstancias: "Soy un imbécil, un incapaz. ¿Qué es lo que estoy intentando? Esto no es lo mío. Me equivocado". Bueno, pues a pesar de todo eso el balance es rotundamente positivo". No es para menos. Mercero tocó la fibra del público como pocos han sabido hacerlo. Además, se rodeó de un equipo que le entendía y con el que se complementaba a la perfección. Uno de sus colaboradores más recurrente, el guionista Horacio Valcárcel, falleció la semana pasada. Ambos escribieron algunas de las páginas más brillantes de la tele patria y Antonio, el gran Antonio, supo insuflarles vida con la cámara. 

sábado, 12 de mayo de 2018

II Festival de la Canción Española, la selección Eurovisiva de 1970


Mucho antes de que "Operación Triunfo" fuera el programa del que saldría el representante de nuestro país en Eurovisión, incluso antes del famoso "Pasaporte a Dublín", aquel programa repleto de estrellonas de la época del que se escogió a Karina en 1971, ya había otros espacios que seleccionaban a los cantantes o grupos para este certamen musical europeo. En 1970, tras dos años ganando el encuentro (aunque el año anterior fuera por cuádruple empate), TVE organizaba el II Festival de la Canción Española para designar candidato. 


Entre el 12 y el 13 de febrero, en dos galas consecutivas, se presentaron veinte temas de los que diez participarían en la gran final del sábado 14. Tras esa última presentación de las canciones a concurso, una breve pausa para el informativo "24 horas" que finalizaría con una conexión desde la entrada a la sala en la que el periodista Joan Lluch (aunque en aquella época era renombrado como Juan) entrevistaba a tres ganadoras de Eurovisión, una imagen inusual y con cierto morbo. Allí estaban Gigliola Cinquetti, Massiel y Salomé, faltaba una cuarta invitada de la noche, Sandie Shaw que no sé si se había perdido entre bambalinas o quizás ni siquiera se pensó en charlar con ella porque no hablaba español. 


"El suntuoso marco" (tal como rezaban las crónicas de la época) para esta selección era el Palacio Nacional de Montjuic en Barcelona. El programa estaba dirigido, cómo no, por un experto en estas lides, Artur Kaps. Él había comandado tanto en el escenario como desde el control de realización programas como "Amigos del lunes" de enorme éxito en los 60 y también varias preselecciones eurovisivas. Además, sus excelentes contactos con estrellas internacionales propiciaron este encuentro de vencedoras del Festival que fue una auténtica exclusiva en toda Europa. 


Y si Kaps era la elección lógica para dirigir, Laura Valenzuela y Joaquín Prat lo eran para presentar. Ella había brillado en 1969 conduciendo el Festival de Eurovisión desde el Teatro Real y ambos eran la pareja de moda gracias al popularísimo "Galas del Sábado". Además, teniendo en cuenta que esta final se emitía precisamente ese día de la semana, se mantenía una cierta estabilidad con la parrilla habitual hasta el punto de que su despedida fue "hasta la próxima semana". 


Entre los participantes de las jornadas del jueves y el viernes encontramos una lista más que interesante con cantantes de fama como Nino Bravo, Cristina (sin los Stop), Voces Amigas o Rosalía y otros totalmente desconocidos aunque más tarde triunfarían en otro ámbito, me refiero al humorista Eugenio y su esposa por entonces, que cantaron como dúo (ya hemos hablado aquí del asunto). El fin de fiesta del viernes estuvo amenizado por la orquesta de RTVE dirigida por el prestigioso Frank Pourcel y también por la actuación de la siempre enérgica Rita Pavone. Pero los fuegos artificiales se reservaron para la última jornada. Las cuatro mujeres triunfadoras de años anteriores interpretaron las canciones ganadoras pero también otras de su repertorio más reciente, toda una promoción ante millones de espectadores.


Un espectáculo exclusivo que servía de intermedio para que los quince jurados provinciales de las emisoras de RNE contabilizaran sus votos. Y no era cosa fácil, sin entrar a juzgar el nivel de los temas presentados, cada uno de ellos había sido defendido por dos cantantes para que así (teóricamente) se pudiera decidir si la canción era buena independientemente de su intérprete. Esto podía llevar a una situación incómoda: que fuera seleccionada una composición pero no su autor si este era además el cantante. 


Y justamente eso es lo que podía suceder con la canción favorita desde el principio, "Gwendolyne" compuesta por Julio Iglesias que fue entonada por el propio Iglesias y por la francesa de origen armenio Rosy Armen. Los votos lo dejaron claro, fue la vencedora por amplísima mayoría y dos de las canciones ni siquiera obtuvieron puntos. Entre los cantantes de aquella final estaban dos que años después sí participarían en Eurovisión, Jaime Morey y el grupo Mocedades. 


Julio Iglesias acudiría a la cita en Amsterdam el 21 de marzo de aquel año y quedó en un meritorio cuarto puesto empatado con Francia y Suiza. La ganadora fue Irlanda con una jovencísima Dana y su "All Kinds of Everything". Para el cantante español, según él mismo ha comentado en varias ocasiones, fue una extraordinaria oportunidad y el inicio de una carrera internacional de la que no hace falta contar mucho más.