martes, 12 de marzo de 2019

Gila en los 60, de España a Sudamérica y viceversa

Gila durante una intervención en "El maravilloso mundo de Virginia Luque" en el Canal 13 de Argentina

   
Gila era un genio. Eso es indiscutible. En el humor fue moderno, transgresor y por eso sus monólogos han sobrepasado la línea del tiempo. Da igual que ya no haya teléfonos de baquelita, sus historias siguen haciendo gracia a los que las han oído mil veces pero también a aquellos que las descubren por primera vez. De Don Miguel sabemos muchas cosas y también ignoramos muchas otras. En estos días en los que muchos dominicales, diarios y revistas bucean en su historia aprovechando que hoy 12 de marzo se cumplen 100 años de su nacimiento, comprobamos que en realidad desconocemos la vida este zamorano. Como buen genio era un ser complicado y siempre supo qué debía contar en cada momento. Se dice, por ejemplo, que en 1962 se autoexilió a Sudamérica harto de la Dictadura y que por eso estuvo prohibido hasta que regresó ya a finales de los setenta. Bien, parece que eso no es del todo cierto.
   A principios de los sesenta, Miguel Gila era una estrella del humor en España, gracias a sus intervenciones radiofónicas, sus viñetas en "La Codorniz", sus intervenciones en el cine desde mediados de la década anterior y... sí, también por sus actuaciones en una incipiente TVE. No era extraña su presencia en programas como el estelar "Gran Parada". Por eso en junio de 1960 estrenó su propio programa en la noche de los viernes. Su título era tan simple como claro: "Gila", ni más ni menos, no era necesario añadir adjetivos para saber que él era la estrella y que la audiencia sabía quién era. Se anunció como una serie de diez programas de 15 minutos de duración. La revista de los suscriptores de TVE, "TeleRadio" anunciaba su emisión para las 23 h pero en julio desaparece de la programación para dar paso a otros programas veraniegos, en concretó a "Kermesse", presentado por Toni Leblanc y del que ya hemos hablado aquí. En todo caso, no es cierto por tanto que el famoso humorista estuviera vetado por aquel entonces. 
   En 1962, efectivamente, ya está asentado en Argentina y los españoles tienen noticias de él precisamente por la revista citada que con henchido orgullo anuncia que uno de los colaboradores más reconocidos de TVE también triunfa en otros países. Da cuenta de su éxito en el programa "El maravilloso mundo de Virginia Luque" donde debutó con la parodia de una corrida de toros. En junio del año siguiente la prensa informa de su retorno a nuestro país quejándose de que en Argentina los patrocinadores de su último programa aprovechaban que era grabado para interrumpir sus monólogos en los mejores momentos para insertar publicidad. Por eso, asegura, decide rescindir el contrato y regresar aquí: "Probablemente llegue a un acuerdo con TVE para hacer una serie de programas. Te aseguro que tengo toda mi ilusión puesta en ello, vengo muy preparado, con muchas cosas nuevas. Quisiera mostrarlas en mi tierra". En ese mismo reportaje de A. López Alonso para "TeleRadio" nos encontramos con una perlita que hay que poner en cuarentena como todo lo que aparecía en la prensa durante la Dictadura: 
"Gila se declara franquista". Es el titular de otro de los periódicos que me enseña Miguel, parece ser que en todas las ruedas de prensa que los actores españoles tienen por tierras americanas, en todas las entrevistas ha de surgir el tema sempiterno de la España intencionadamente incomprendida. 
- Siempre tenía que defender algo, como que parece que voy a hacer política.
- ¿Y este titular?
- Me preguntaron cosas. Muy peregrinas todas. Por ejemplo: "¿Es verdad que en España no se come carne?". Yo dije: Sí, es cierto, se la echamos a los leones porque todos nosotros comemos mariscos.

Gila volvió a Argentina pero también a Chile, Perú... y mientras tanto viajaba a su país con cierta periodicidad, por eso en el Archivo de TVE se conservan actuaciones suyas de 1970. No obstante, sería con su fichaje por "Aplauso" a finales de los setenta cuando su regreso ya sería definitivo y un nuevo público se enganchó a sus diálogos solitarios. 

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