sábado, 21 de mayo de 2016

Miguel de la Quadra-Salcedo, el reportero que amaba la aventura


Tenía 84 años. Más de ocho décadas aprovechadas al máximo. Ha sido el exponente máximo del aventurero en el siglo XX. Tantas vicisitudes había vivido en su trayectoria que se la jugó en unas cuantas ocasiones y algunas de ellas quedaron impresas en el celuloide que se usaba para los reportajes de la tele de los 60 y 70. Por eso daba la impresión de que iba a durar para siempre, si había sobrevivido a tantas amenazas en sus periplos, por algo sería. Pero no, ayer emprendía su última ruta el reportero que marcó la línea a seguir, el hombre que alentó a jóvenes de medio mundo a emprender sus propias andanzas siguiendo a un pájaro con cola serpenteante. Miguel de la Quadra-Salcedo y Gayarre, madrileño de nacimiento pero navarro por orgullo, perito agrícola de carrera, atleta sin premio reconocido, periodista por azar, inspirador de actitudes... Miguel el bigotón, el que trataba a sus chicos de la Ruta Quetzal como si fueran soldados porque quería que vivieran la aventura tal y como lo habían hecho aquellos cuyos itinerarios seguían... Miguel el compañero cuyos cámaras adoraban hasta el punto de seguirle allá donde fuera necesario para contar las historias que muchos no querían que fueran contadas. Don Miguel. Punto. 


"Estuve seis años interno en un colegio de los jesuitas. Fue como una milicia donde aprendí la disciplina. Practicaba deporte como válvula de escape" le contaba al periodista Manuel Azcona en 1980 en una entrevista publicada en la revista "TeleRadio". Y aquel entrenamiento obligado hizo que, tras la fascinación que habían ejercido sobre él las lecturas de los grandes descubridores, viajara a Chile muy joven para, desde allí, partir a la isla de Pascua en un barco que sólo salía una vez al año. En ese paquebote cogió el tifus y al llegar a la isla le dieron la bienvenida con una pala con la que enterrar sus excrementos. Vivió en una casa de leprosos y la vuelta a Chile la realizó en un ballenero. Con estos comienzos, ¡a quién le extraña que desde entonces recorriera el mundo varias veces repitiendo los azares de aquellos exploradores a los que admiraba! Si no se había dado por vencido aquella vez, nunca lo haría. 


A Chile regresó varias veces, una de ellas para un reportaje sobre el golpe de estado de Pinochet en 1973. Consiguió permiso para grabar en el estadio donde hacinaban a los detenidos sin causa y no se arredró ante los militares que le apartaban mientras realizaba una entradilla. Aquella imagen, que hoy es icónica, en realidad no se emitió en su momento. "Chile, toque de queda" apareció por primera vez en la pantalla de TVE en 1990, muchos años después de que se cancelara el programa "A toda plana" para que el que se había grabado. Hasta cuando le censuraban creaba imágenes potentes que pugnaban por salir de sus latas para explicar la verdad al espectador. Y lo hacían. Años más tarde, ya en color, rodó en el Líbano otro reportaje que no se emitió en la tele que lo había producido, la nuestra, pero sí en Francia. De la Quadra consiguió varias exclusivas internacionales que después se pudieron ver en toda Europa. El navarro fue un ejemplo a seguir no sólo para los periodistas españoles sino para los colegas de otros países que admiraban (y envidiaban) su capacidad para estar en el momento adecuado en el lugar exacto para ser testigo de la noticia. 


Fue portada de la prensa en unas cuantas ocasiones, incluso de periódicos nacionales como el "ABC" cuando su aventura en Eritrea junto al cámara Juan Márquez casi termina en tragedia. El operador había sufrido una aparatosa caída desde un camello en plena noche que obligó a acabar la aventura, sin embargo el regreso no fue inmediato debido a las pésimas comunicaciones. 
   Cuando estuvo a punto de enrolarse en la carrera espacial para su programa "Mundo en acción", el secreto celosamente guardado no sólo por de la Quadra sino también por la NASA, salió a la luz y tuvo que explicar su propósito: "Al fin y al cabo, los astronautas son los grandes exploradores de nuestro tiempo. Y es algo que no nos podía pasar desapercibido (...) Hicimos los primeros contactos y la NASA respondió positivamente indicándonos que podíamos acudir al centro espacial y someternos a las pruebas como uno más con la ventaja de que, además, podíamos filmar todas esas pruebas"decía en 1977 a "TeleRadio". Finalmente él y su cámara Tacho de la Calle no fueron al espacio pero los espectadores pudieron ver por primera vez, y en primera persona, cómo se entrenaban estos modernos descubridores. Recientemente comentaba que ir a la Luna no le interesaba en absoluto porque no había nadie allí. Su propósito en los viajes era descubrir a las gentes. 

Si se le preguntaba qué le aportaba el contacto con otras civilizaciones respondía: "Valorar en las personas su autenticidad, respetar cualquier ideología, comprender la historia. Me ha dado equilibrio para ver el futuro". Y sobre su necesidad de viajar constantemente: "Cuando viajo no huyo de nada. Busco simplemente, sin intranquilidad, no con necesidad de encontrar. Voy planteando la ecuación de mi vida. Creo que la vida de cada uno se construye con el total de los sumandos de las experiencias. Pretendo no encasillarme en la tribu, conocer el mundo, otras mentalidades y así, hermanarnos para estar más cerca de la felicidad. Hoy a la juventud le falta espíritu de aventura, de riesgo. La juventud de hoy vive demasiado bien y muchos han olvidado los sabañones en invierno y las necesidades que pasábamos aquellos años en los que nos calentábamos las camas con botellas de agua hirviendo. Eso no se puede, no se debe olvidar" decía en la citada entrevista de 1980.
   Este espíritu de regreso a lo básico, a lo primitivo, lo contagió a sus compañeros de azares televisivos: Juan Verdugo, Tacho de la Calle (en la foto), Juan Márquez, Manuel Ovalle... y todos hablan con fascinación de él. No sólo por su pundonor profesional sino por ese entusiasmo contagioso. Era como un padre, decían. Un padre autoritario pero también bromista, muy bromista. 


Su trayectoria televisiva es brillante, abordó temas de actualidad, siguió con denuedo las rutas de los exploradores, primero en "Mundo en acción" en 1976-77 y, más tarde, en su famosísima "Ruta Quetzal" (de la que hemos hablado ampliamente aquí). En 1984 presentó junto a Isabel Tenaille "A la caza del tesoro" (también tratado en este blog), adaptación de un formato francés en el que fascinó a una nueva generación, la de los chavales que veían fascinados como aquel hombre de imposible bigote vivía peligros en directo (o eso parecía). Pero este oficio llegó a él de forma casual: "En 1964 regreso a España y mis esperanzas por seguir haciendo lo que me gustaba se agotaban. Había dos caminos: disponer de tiempo o de dinero. Yo no tenía lo segundo así que busqué una profesión que me permitiera viajar, fue el periodismo y la televisión. En ese año acababa de llegar del Amazonas con una película debajo del brazo que presenté en TVE para que la proyectaran. Pero no la admitieron (en ese reportaje se incluía la famosa escena con la boa constrictor). En esos momentos se recibía por télex la noticia del asesinato de las monjas en el Congo. Entonces yo era un poco autosuficiente. Funcionaba como periodista, realizador, cámara y montador. TVE no disponía de medios para enviar allí un equipo de reporteros así que me fui yo a cubrir la información". Aquella primera incursión televisiva casi le cuesta la vida. Fue detenido y condenado por filmar la barbarie que allí se vivía pero unos soldados cubanos amigos suyos lo liberaron. Esta sería una constante en su historia profesional, el peligro siempre lo acechaba. 


Los archivos de TVE guardan muchos tesoros y los programas de de la Quadra-Salcedo son auténticas gemas. El hecho de que se rodaran en formato cine ha permitido la conservación de la mayoría de ellos (las cintas se podían reutilizar pero el celuloide no). Durante décadas se creían perdidos muchos de esos reportajes exclusivas mundiales pero la reciente digitalización del Archivo los ha sacado a la luz. Lo verdaderamente increíble de los trabajos de Miguel no es que se jugara la vida ante la cámara (que también pero en eso no ha sido el único aunque probablemente sí el más arriesgado... y afortunado) sino que sus documentales siguen siendo rabiosamente modernos. Muchos son en blanco y negro, vale, la calidad de imagen a veces es deficiente y hasta hay marcas de celofán en la entrevista con Pinochet del 73, de acuerdo, pero su forma de contar la noticia es actual. Fue el primero en usar el sonido directo para programas como "A toda plana", "Datos para un informe" o "Los reporteros". Consiguió que le permitieran hacer las cosas a su manera, huyendo de la musiquita épica de fondo y la narración de locutores (muy profesional pero tremendamente artificial en contraste con las imágenes que había rodado). 


Más allá de su influencia en el periodismo, está su legado con la Ruta Quetzal. Lo que comenzó como un encargo del rey emérito para potenciar las relaciones con los países Hispano-Americanos se convirtió en su último gran proyecto. Más de 30 ediciones (con distintos nombres según el patrocinador) y unos 9.000 jóvenes que ayer lloraban su muerte como si fuera la de uno de esos profesores que nos marca de por vida. Aseguraba en 1980, tan sólo un año después de iniciar "Aventura 92" (el primer nombre de la Ruta): "Es un trabajo dirigido a los jóvenes para que rompan fronteras, para que se salgan de ese abigarramiento en el que hoy están inmersos. Intentamos equilibrar el fiel de la balanza, centrarla, que los jóvenes sientan inquietudes y luchen de alguna forma por alcanzar unas metas". El periodista M. Azcona le había preguntado si su trabajo era socialmente necesario, el del reporterismo, pero ya entonces de la Quadra tenía en mente a los jóvenes, siempre los tuvo y por eso ayer su muerte provocó dolor en los abuelos y padres que lo habían visto en los grandes acontecimientos de los últimos 50 años, y también en los treintañeros y veinteañeros que han soñado (o conseguido) hacer la Ruta Quetzal.
   Adiós don Miguel, adiós al último aventurero de verdad.  


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