viernes, 4 de marzo de 2016

Alberto Delgado, toda una vida en el Congreso


"Conectamos con el Congreso de los Diputados" decía el presentador de turno del Telediario y casi siempre respondía desde allí Alberto Delgado, al menos durante casi tres lustros. Desde los 70 y hasta mediados de los 80 este vasco de la cosecha del 38, formado en la Escuela de Periodismo  fue "el" responsable de TVE de la crónica política. Bregado en todos los géneros en periódicos como el "ABC" o "Diario Español" y revistas como "Semana", fue en la agencia Pyresa donde realmente comenzó su profesionalización. Allí entró en 1964 y tan sólo un mes después de su llegada ocupó el puesto de redactor parlamentario como un sustituto. Fue así como alcanzó prestigio y (más tarde) popularidad. 


Confesaba en 1980 a Manuel Azcona en la revista "TeleRadio": "Al principio los Plenos se reducían a las "deliciosas" ruedas de prensa de Esteban Bilbao, que duraban horas y de las que no sacabas nada en limpio. Llega Fraga como ministro de Turismo y los Consejos se hacen insoportables porque si yo hablo deprisa, Fraga lo hacía mucho más, nos volvía a los informadores materialmente locos y sufríamos crisis nerviosas. No existían las referencias escritas. Hasta cierto punto, yo  contribuí a que los informadores dispusiéramos de estas referencias a raíz de una pregunta que alguien hizo a Fraga sobre las bases americanas. Yo tomé nota y lo di por televisión. En la información hablé de las bases americanas pero Fraga, encolerizado, dijo que se había referido a las otras bases, en las que se apoyaba su discurso". En realidad, y por experiencia propia, hay que decir que don Manuel no cambió mucho y que sus ruedas de prensa en la Xunta de Galicia no eran muy distintas a lo que describe este maestro del periodismo político.


Delgado eligió su profesión por vocación, queriendo imitar a aquellos reporteros americanos que defienden la justicia como si fueran auténticos héroes. Su bisabuelo, Sinesio Delgado, periodista y poeta, había refundado la publicacón "Madrid Cómico" y su padre, director de cine, realizó documentales durante la guerra. Fue una gran referencia para él, no sólo como profesional sino también como hombre insobornable. Aunque nunca se había planteado dedicarse exclusivamente a la información parlamentaria se convirtió poco a poco en todo un experto y en plena Transición sus palabras eran respetadas por los espectadores. "No sabía lo que era una ponencia, una enmienda o una ley. Estudié mucho y fui familiarizándome con el lenguaje parlamentario".


Cuando Eduardo Sotillos en 1976 conectaba desde Prado del Rey con el Congreso de los Diputados en la Segunda Edición del Telediario, Delgado era rápido, conciso y muy sintético. Se había acostumbrado a las retransmisiones (tan apasionantes como duras en aquel período) en las que no sólo tenía que explicar lo que sucedía sino además interpretarlo para una audiencia que se había olvidado de lo que significaba la libertad política. Don Alberto forma parte de aquel grupo de presentadores que supo explicar lo que estaba pasando, ejerciendo un periodismo muy directo y con grandes dosis de divulgación. Era necesario.

 

Reconocía carecer de ambición y por eso no optó a otros puestos en la televisión. Se sentía identificado con su parcela y además de su larga etapa en los informativos diarios dirigió y presentó el programa "Las Instituciones"  en 1974-75 dedicado a los debates de las Cortes sobre temas legislativos. Las semanas en las que no se celebraba debate al respecto (muy habitual en aquella etapa tardofranquista) se enseñaba el funcionamiento de los organismos más importantes de la vida oficial del país.  Fue también pionero del veterano "Parlamento" (aún en antena los sábados en el canal 24h) y de "Opinión pública", espacio al que llegó en octubre de 1980 con gran ilusión y con ganas de "hacer una panorámica de lo que va a ser, de lo que "puede" ser el país en la próxima década: un horizonte español de los años 80". Su objetivo era muy claro: "servir a la opinión pública, servir a los telespectadores" y hacerlo sin protagonismos, decía entonces que si todo salía bien el mérito sería del equipo pero si sucedía lo contrario, la culpa sería suya "que para algo soy el director". Un ejemplo que muchos jefes deberían seguir, por cierto.
   Alberto Delgado fue una presencia constante hasta mediados de la década de los ochenta y poco a poco dejó de aparecer en pantalla para ocupar puestos de responsabilidad hasta su jubilación.

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