sábado, 14 de marzo de 2026

Gemma Cuervo, la actriz arrolladora

Dice la RAE que arrollar significa, entre otras acepciones, vencer, dominar, superar. También que ese verbo implica no hacer caso de leyes, respetos ni otros miramientos ni inconvenientes. La última entrada del diccionario, la octava, añade: "Dicho de una persona: Confundir a otra, dejándola sin poder replicar, en controversia o disputa verbal o por escrito". Todo eso, cada palabra, encaja perfectamente para describir, si eso es posible, a la actriz que se nos acaba de ir a los 91 años. Gemma Cuervo arrolló por donde pasó, nunca dejó indiferente y siguió sus propias reglas, incluso en tiempos de censura. Por eso, quizás, hoy es llorada por personas de distintas generaciones. Y es que desde su debut teatral a mediados de los cincuenta hasta sus últimos papeles televisivos consiguió algo inaudito: tener un pie entre lo popular y lo elevado, entre las comedias de mayor audiencia y los dramas de mayor compromiso social o político. 

"Las brujas de Salem" de Pedro Amalio López en 1965

El teatro fue su gran pasión, inevitable ligazón para aquellos que comienzan en las tablas, un matrimonio para toda la vida pero la televisión fue su gran aliada para llevar después al público a los teatros. Y no es que en la pequeña pantalla sólo interviniera en "productos de consumo fácil", en absoluto. Debutó en los estudios del Paseo de la Habana a principios de los 60 y ya en 1965 se atrevió con el personaje más difícil de "Las brujas de Salem" en la versión de Pedro Amalio López. Podría haber "caído mal" entre la audiencia con aquella manipuladora que consigue convencer a un pueblo entero de que está endemoniada pero se llevó, merecidamente, premios por aquel trabajo y, desde entonces, fue una estrella de los dramáticos de nuestra tele. 

Interpretando a la Duquesa de Alba en "Diego de Acevedo", serie protagonizada por Francisco Valladares en 1966

Se hinchó a protagonizar obras en "Estudio 1", "Gran Teatro", "Primera Fila" y aparecer con papeles más o menos importantes en series antológicas de distinto calado, desde el modesto (pero exitoso) "La pequeña comedia" a la mítica "Historias para no dormir" sin olvidar su papel en la primera serie filmada de nuestra historia, "Diego de Acevedo" (1966) como la Duquesa de Alba. No quiero olvidar que también apareció en la primera obra en la que se usó la empalmadora de vídeo en España, que permitió editar las grabaciones (aunque no con gran precisión), "Tea Party" en 1965 con Fernando Rey y Julia Gutiérrez Caba. La Cuervo, siempre presente en los programas innovadores. 


En general encarnaba a mujeres fuertes, que no se arredraban ante las circunstancias. Sus personajes eran los habituales para los hombres, para qué engañarnos. Ella los hacía suyos, los exprimía, sorbía su esencia para escupirla con elegancia ante las cámaras, podía ser la mala malísima de la función pero eso, en tiempos del franquismo, era una valentía. A veces era una víctima que se rebelaba, otras una elegante aristócrata que sabía aprovechar su lugar en la sociedad pero había algo común en todas sus mujeres: el carisma. 

"Fuenteovejuna" desde el Festival de Almagro en 1967

A Gemma el carisma se le desborbaba, también en eso era arrolladora. Viendo sus interpretaciones televisivas en aquellos dramáticos de los sesenta y setenta, grabados en bloques largos sin espacio para cortes ni equivocaciones, con tres cámaras y una planificación supeditada al espacio y a los condicionantes técnicos me sorprende su dominio del medio, un medio que nació cuando ella comenzaba en el teatro. Ella se estaba inventando, con sus compañeros, cómo hacer ficción en la tele. Había que sobreactuar pero dominando las riendas para que aquello no resultara ridículo. Era expansiva, mucho, pero no se le escapaba ningún gesto porque sí. Un ejemplo perfecto: su Laurencia en el "Fuenteovejuna" de 1967 desde Almagro. 

El matrimonio Guillén Cuervo en "La vida en un hilo" en 1973

El cine no supo aprovecharla y la película que pudo catapultarla al estrellato, "El mundo sigue" (1965) de Fernán Gómez tuvo problemas con la censura y tras un estreno de tapadillo fue retirada de la circulación hasta su reciente recuperación que ha permitido hacer justicia a un filme maldito y a unas interpretaciones gloriosas. Allí también estaba su marido, Fernando Guillén, un amor que compartía su pasión por la escena. Los dos se embarcaron en aventuras teatrales imposibles y para sufragarlas hacían mucha tele y alguna muy buena. Gemma guardaba especial cariño a su versión musical de "La vida en un hilo" basada en la película de Edgar Neville para "Estudio 1" en 1973. Padres de una saga a la que hoy acompañamos en el sentimiento. 

"Bodas de sangre" en su versión televisada para La 2 en 1986

Pero la televisión es veleidosa y, mientras sobre las tablas siempre mantuvo su estatus estelar, en los ochenta no tuvo tanto protagonismo. De vez en cuando sorprendía a la audiencia con trabajos como su "Bodas de sangre", emitida en La 2 en 1986, puro desgarro. La llegada de las privadas trajo más opciones de contrato pero... no necesariamente más calidad ni mucho menos compromiso cultural. Hasta su fichaje para "Médico de familia" en 1995 tuvo que defender absurdeces como su incomprensible papel de espectadora insoportable en las primeras entregas del programa musical "Noches de gala" (con Joaquín Prat y Miriam Díaz-Aroca). 

Gemma Cuervo, Emma Penella y Mariví Bilbao en "Aquí no hay quien viva"

Y de una serie de millonarias audiencias en Tele 5 a otra igualmente popular como "Aquí no hay quien viva" en Antena 3 a partir de 2003 y su retorno a la ficción de los Caballero en 2007 de nuevo en Tele 5 en "La que se avecina". Quizás su último papel en la tele fue una década después para "Cuéntame cómo pasó" pero no dejó de aparecer en nuestras pantallas nunca porque, moderna y avanzada a su tiempo como era, abrazó las redes sociales para enamorar a una nueva generación, una más que se sumaba a las que la admiraban desde los cincuenta. 

Gemma Cuervo con el premio Max en el programa "Atención obras" presentado por su hija

Gemma Cuervo es inabarcable y no es posible resumir en unas letras su trayectoria televisiva (que es a lo que nos dedicamos aquí). La Cuervo arrolló. Y cada vez que veamos sus trabajos nos seguirá envolviendo a su antojo porque sabía manejar las emociones. Su sentido del ritmo era impecable, tanto en comedia como en tragedia, y su mirada hipnotiza. Pocas actrices han sabido mirar a un lado de la cámara, al interlocutor invisible, como si nos observara directamente a los ojos en realidad. ¿Cómo era posible si no dirigía la vista hacia el objetivo de la cámara? Ese es el misterio de los grandes actores y Gemma lo era.

lunes, 2 de marzo de 2026

Cesta y puntos en 1966


Cuando en marzo de 1966 el programa "Cesta y puntos" disputaba los primeros octavos de final de su historia ya era un éxito rotundo. Había comenzado su andadura oficial en noviembre del año pasado, es decir, apenas llevaba cuatro meses en antena y su popularidad era brutal... y no exagero. En ese mes ya empezaba a ser motivo de reportajes en la prensa porque, en realidad, nadie se esperaba que aquella adaptación de un programa radiofónico similar (pero con las reglas del fútbol) de Daniel Vindel iba a conseguir tal respuesta. Los gerifaltes de TVE sí que eran conscientes de que esa competición radiofónica cultural entre institutos con las normas del baloncesto como base estaba funcionando muy bien y se les ocurrió la idea de ofrecer, casi como si fuera un piloto, un "torneo de presentación" entre cuatro equipos de Madrid. Dos semifinales y una final, tres programas que fueron el germen de uno de los concursos más recordados de la historia de nuestra televisión. 

Volvemos a marzo y no es baladí la fecha. Es a finales de ese mes cuando la revista "Tele Radio", la única entonces dedicada exclusivamente a informar sobre TVE (aún faltaban unas semanas para que apareciera "TP" y "Tele Guía" era, en realidad, una revista juvenil musical) un reportaje de cuatro páginas con amplio despliegue fotográfico al programa. Teniendo en cuenta que "Cesta y puntos" no se emitía por la noche era inaudito. El modesto programa juvenil de los sábados por la tarde estaba acaparando más atención que algunas de las apuestas fuertes de la temporada. Y eso se debía al interés del público porque la audiencia no estaba formada sólo por la chavalada. Cada semana a eso de las 18.45 h, entre "Escuela de campeones" y la serie estadounidense "Viaje al fondo del mar", toda la familia se reunía para disfrutar de un concurso cultural que emocionaba. Chicos (y posteriormente también chicas) respondiendo a preguntas del sistema educativo de la época a un ritmo endiablado (para los cánones de la época, por supuesto) y con un público enfervorizado en el plató formado por los compañeros, profesores y familiares de los participantes, así era "Cesta y puntos".

Si a eso sumamos que se emitía en directo, con la adrenalina que supone para los implicados, desde el Estudio 3 del todavía flamante centro de producción de Prado del Rey (inaugurado en julio de 1964) con las mayores innovaciones técnicas disponibles, no es poca cosa. El realizador era Manuel Ripoll que había comenzado en TVE como actor del musical en playback "Escala en HIFI" (donde conoció a la que después sería su mujer, Concha Cuetos, la Lourdes de "Farmacia de guardia"). Fue él quien se encargó de hacer "visual" el concurso radiofónico de Vindel y el que tuvo la idea de cambiar la base de juego: el fútbol por el baloncesto. Durante los dos primeros años se encargó de la realización y en los siguientes cuatro le sucedió Miguel Ángel Román. 

Quizás aprendió del director-realizador de Escala, Fernando García de la Vega, a imprimir un ritmo casi musical al concurso. Y no era fácil porque contaba sólo con tres cámaras y a cada respuesta acertada incorporaban un inserto cinematográfico de una canasta. Entre las innovaciones perceptibles claramente para el espectador estaba el micrófono de solapa que llevaba su presentador, colocado en su chaleco de lana. Curiosidad: este fue su "uniforme" en estas primeras temporadas, posteriormente luciría americanas de distintos cortes, algunas con el logo del programa en el bolsillo superior. Enrique Domínguez Millán se encargaba del guion partiendo del programa oficial de Bachillerato. Más adelante, se criticaría que el concurso premiaba el "papagallismo", es decir, el aprendizaje de memoria repitiendo como un papagallo. Los críticos parecían olvidar que esto era un concurso y que no se trataba de explicar o razonar las respuestas sino de darlas lo más rápido posible y brevemente. 

Daniel Vindel y su mujer, Aurora López Clemente

El programa contaba con la aquiescencia de las instituciones y, de hecho, el delegado nacional de Juventudes, Eugenio López, acudió en esas fechas al programa para otorgar la medalla de bronce a los capitanes de los equipos y ser entrevistado por Vindel y aprovechó la ocasión para felicitarle por su labor. La presidente de los jueces anotadores y locutora Aurora López Clemente era, además, la mujer de Vindel y se tomaba aquel trabajo con enorme responsabilidad. "En realidad no me divierto, más bien padezco muchísimo. Un fallo de Daniel puede hundir un equipo, un fallo en el acta de personales pueden ser cinco puntos a favor o en contra" le confesó al periodista Cristóbal Luque en aquel reportaje para la revista "Tele Radio". Por cierto, al marcador electrónico del plató (otra innovación televisiva), similar al de las canchas de baloncesto, el equipo técnico le había puesto el apelativo cariñoso de "Rodolfo".

Reconocía Vindel en esa misma publicación que "nadie podía suponer al comienzo que un programa de tipo cultural como este alcanzase la difusión y el interés que está despertando. Verdaderamente la gente se apasiona por un equipo o por otro cuando, en realidad, ningún equipo gana ni pierde. Pero se ha conseguido absolutamente revestir lo puramente cultural de un tono deportivo que lo encubre y ahí radica todo el secreto". Recordemos que este presentador tenía gran experiencia en retransmisiones deportivas y supo insuflar emoción aunque siempre desde un discretísimo segundo plano. Es curioso que un programa que todavía permanece en la memoria, más de seis décadas después de su estreno y casi 55 años después de su final, apenas esté representado en el Archivo de TVE. Sólo se han localizado (hasta ahora) dos programas: la gran final de la temporada 67/68 celebrada en el pabellón deportivo del Real Madrid (me atrevo asegurar que es un kinescopio, es decir, una copia cinematográfica de un programa originalmente realizado en soporte videográfico) y otro de marzo de 1971 (parece ser que grabado porque no se podía emitir en directo en Semana Santa). Como curiosidad, alguien grabó directamente con su "tomavistas" particular la entrega del 4 de febrero de 1967 y ha colgado varios minutos en youtube, todo un documento. A pesar de estas lagunas, "Cesta y puntos" sigue muy vivo en la memoria de aquellos que participaron. 


Nota: Archivo RTVE tiene en su web intercambiados por error los dos programas que se conservan.

lunes, 9 de febrero de 2026

60 años del enlace permanente RTP-TVE

Fue el 31 de enero de 1966, hace ahora seis décadas, cuando se inauguró el enlace permanente entre TVE y RTP, es decir, una conexión definitiva tras varios años de ensayos de las televisiones públicas de España y Portugal. Aquello vino en denominarse, con bastante optimismo, la nueva era de la "televisión peninsular". La idea inicial, ambiciosa a más no poder, era utilizar este enlace hertziano para emitir en directo desde Madrid y Lisboa, los dos centros de producción principales de ambas emisoras, programas en conjunto además de usar esa red para el intercambio de imágenes, fundamentalmente noticias. La realidad se demostró más prosaica, la puesta en común de material sí que fue constante desde ese momento pero la emisión unida de ambas cadenas fue una utopía. Bien por la falta de interés de ambas cadenas o de una de ellas, bien porque la audiencia no respondió adecuadamente a esta primera emisión.

El grupo flamenco Las Brujas en una imagen captada en un monitor portugués

De puertas adentro, más allá de lo que se contaba con lenguaje grandilocuente en la prensa, este vínculo técnico permitió que Portugal tuviera línea directa con la red de Eurovisión a través de este mismo enlace y podía hacerlo a través de España compartiendo la misma emisión (fundamentalmente partidos de fútbol y anualmente el ya famoso Festival de la Canción) o de forma independiente, seleccionando las retransmisiones de otros países que tuvieran especial interés para los lusos pero no para los españoles. Por supuesto, la ideal de ver desde aquí programas de allí y viceversa estaba sobre la mesa porque, según se aseguraba en la prensa: "la perfección y nitidez de las imágenes obtenidas auguran una espléndida recepción y esperanza para el futuro". 

Amália Rodrigues interpretando un fado en los estudios de Lisboa

Para el programa inaugural cada país preparó sendos programas folklóricos que combinaban partes grabadas con otras en directo. En el caso de España se ofrecieron danzas gallegas y aragonesas aunque fue el flamenco el que se llevó el mayor protagonismo con la intervención de Lola Flores y el grupo de baile Las Brujas. El presentador Eduardo Sancho fue quien dio paso a las distintas actuaciones además de dar la bienvenida a los espectadores vecinos. La revista "Tele Radio" reprodujo dos semanas después la excelente crítica del periódico portugués "Diário de Notícias" (tendremos que fiarnos de la publicación española porque no he conseguido encontrar la página original) destacando especialmente la realización española: " Las cámaras actuaron con notoria seguridad y sobriedad llegando incluso al virtuosismo. Especialmente en la segunda actuación del ballet gallego, donde la propia cámara se balanceó al compás y mando del bailarín jefe. Durante mucho tiempo quedará grabada en nuestra retina aquella feliz imagen de los pies ocupando todo el 'ecran' (la pantalla), rápidos, casi febriles, vibrantes de ritmo". 

Fraga tal y como se vio en la televisión portuguesa

Desde Lisboa fue Henrique Mendes el encargado de la conducción. La gran estrella contratada para el evento no podía ser otra que Amália Rodrigues, que había hecho famoso el fado en todo el mundo (no olvidemos que en los cincuenta ya había actuado incluso en EEUU) y que en España era, sin duda alguna, la artista portuguesa más popular. Parece ser que al "Diário de Notícias" no le gustó (citando, insisto, desde "Tele Radio") la selección de canciones por triste: "¿Por qué no se presentaron alegres grupos de nuestro folklore?". En realidad lo más triste de la emisión fueron las alocuciones de, en primer lugar, Manuel Fraga Iribarne como Ministro de Información y Turismo y de José Venâncio Pereira Paulo Rodrigues, subsecretario de Estado da Presidência do Conselho de Ministros. La RTP conserva, como mínimo, la mitad de la transmisió y se puede ver pinchando aquí

Eduardo Sancho (a la izda.) y Henrique Mendes en la despedida del programa

Sorprende hoy la perfecta sincronización en directo de la despedida conjunta de los presentadores Eduardo Sancho y Henrique Mendes a pantalla partida, incluso mirándose el uno al otro coincidiendo la altura de los ojos, algo que se tuvo que medir con cuidado desde realización y, posiblemente, indicando un punto en los respectivos platós para que se fijaran manteniendo esa proporción de imagen. No había ni un segundo de decalaje así que, efectivamente, aquel día las ondas hertzianas no se perdieron en el éter. Si ese enlace permanente hubiera sido aprovechado convenientemente se habría hecho popular el logotipo RTP-TVE que encabeza este post pero no fue así y desaprovechamos la ocasión de hacer real la idea de la TV Peninsular y de conocer mejor a nuestros vecinos e incluso, ¿por qué no?, de poder chapurrear un poco el portugués. Una oportunidad perdida que cumple ahora sesenta años. 

martes, 3 de febrero de 2026

"La vida sigue" con Joaquín Arozamena

¿Un concurso basado en la filosofía del ying y el yang? ¿Es posible? En la TVE de los ochenta sí y más aún si la idea partía de un comunicador con tanta originalidad como Joaquín Arozamena. El programa en cuestión se tituló "La vida sigue" y se estrenó el 10 de enero de 1988, un domingo, a las 21.35h, tras el Telediario 2. Los espectadores conocían bien a este periodista pues desde los setenta había presentado informativos, si bien no era precisamente un "locutor" al uso de aquella década. La personalidad de Arozamena desbordaba cualquier proyecto en el que se viera involucrado. Su verbo barroco lleno de ironía y su extrema gestualidad desafiaban la norma de discreción que imperaba por entonces en los telediarios. 

Este concurso fue el primero de una serie de magazines que presentaría en los años siguientes y que aprovecharían en buena medida su prestigio conseguido en informativos como "Al cierre" (junto a Victoria Prego) y la evidente popularidad ganada a lo largo de los años. Joaquín venía de dirigir y presentar "Agenda informativa", el espacio de noticias de la Segunda Cadena, así que su efectista aparición entre tinieblas en el primer "La vida sigue" llamaba bastante la atención y cuando "intentó" explicar la filosofía (nunca mejor dicho) del programa, pocos lo entendieron. Pero daba igual, su carisma era arrollador y, poco a poco, la audiencia se fue enterando de qué iba aquel invento en el que se juntaban las entrevistas con el juego, el reportaje con el coloquio. Aquello era mucho más que un concurso. 

Es sabido que el ying y el yang simbolizan las grandes dualidades de la vida y partiendo de esa premisa el programa se dividía en dos partes: en la primera se trataba un tema monográfico con un repaso histórico sobre el asunto. En la segunda, que recibía el título de "Y sigue la vida", el mismo asunto era tratado desde el punto de vista actual, o sea, el ying y el yang. En cuanto al concurso, versaba precisamente sobre el tema semanal y competían por el premio dos parejas, los equipos Alfa y Beta. 

No importaba que los dos miembros de cada bando fueran del mismo sexo (algo raro en esa época) pero había una condición importante, deberían tener una diferencia de edad de, como mínimo, 25 años. De esa manera se aseguraba la distancia generacional y esto era importante para el juego porque sobre "el ayer" se preguntaba al joven y viceversa. En caso de que no supieran la respuesta podía responder su compañero/a pero el valor de la puntuación era inferior. Si ninguno de los dos conocía la respuesta se rebotaba a la otra pareja. El premio semanal era de tres millones de pesetas, un pastón en la época. 

El programa también era interactivo con los espectadores, dentro de lo que en ese momento se podía considerar interacción, claro. Durante nueve meses se ofreció un juego ,"La frase de oro", los televidentes tenían que seguir atentamente durante varias semanas una frase para acertarla. En noviembre el juego cambió por "Se busca" que consistía en que aquel que se identificara como uno de los desconocidos que aparecían en unas imágenes grabadas por la calle, ganaba el dinero que no habían conseguido llevarse los concursantes en plató. Este último juego lo reaprovechó Arozamena en su matinal "En buena hora".

El programa empezó modestamente en la lista de audiencias pero, en apenas un mes, ya estaba entre los programas más vistos cada semana. Convivía en la parrilla con otras apuestas de Pilar Miró como "En familia" de Gabilondo, "Querido Pirulí" de Tola o "Viaje con nosotros" de Gurruchaga, todos programas "de autor". Un par de curiosidades: fue aquí donde vimos por primera vez a las Cacao Maravillao (explicando que era un anuncio falso de la televisión italiana que sirvió de experimento) y tuvo tanta popularidad que en la última temporada de "La bola de cristal" tuvo su propio muñeco.

El gran éxito de este programa en prime time no sirvió, como sería lógico, para que Arozamena tuviera otro proyecto en horario estelar. De hecho su siguiente encargo fue un modesto matinal en La 2 y después un, aún más modesto, programa para los "Domingueros". En el 90 le ofrecieron el gran magazine de las mañanas, el de La Primera, y aprovechó esa temporada al máximo con su "En buena hora". Hasta 1995 no tuvo otra oportunidad estelar, el debate intergeneracional "A las diez en casa" en sustitución de Elisenda Roca... pero fue tan efímero que nadie se dio cuenta. Las cosas de la tele y sus injusticias.

lunes, 26 de enero de 2026

"El Plumier", el programa de la vida escolar

En la temporada 1986/87 la Segunda Cadena tuvo en emisión un programa sobre educación escolar. Dicho así suena un poco raro pero no olvidemos que en esa época la televisión pública (a pesar de varios anuncios, intentos empresariales y hasta "amenazas") no se preocupaba aún por la futura competencia de las cadenas privadas y por eso cumplía con el compromiso de ofrecer contenidos más específicos. Pues bien, con esa idea nació "El Plumier" que, tal y como se publicó en prensa para anunciar su estreno el miércoles 8 de octubre, quería aproximar el mundo de la enseñanza al espectador. 

Almudena Solana y Paco Climent, presentadores de "El Plumier"

Es necesario que nos detengamos, aunque sea brevemente, en esa fecha porque aunque es la que figura como oficial tanto en la prensa como en el propio Anuario de TVE, el programa fue anunciado nada menos que seis meses antes en el programa "Espejo mágico" con las siguientes palabras: "el miércoles (21 de mayo) a las ocho un espacio que pretende acercar semanalmente el mundo de la educación a un público diverso: alumnos, profesores y padres, todos ellos protagonistas de la vida escolar". Se incluían imágendes de, como mínimo, dos grabaciones distintas pero... todo indica que su estreno se pospuso hasta el inicio de la temporada de otoño y, en realidad, tiene más sentido que un divulgativo sobre este tema se difundiera durante el periodo escolar. El programa estaba dirigido por Francisco Climent y Tacho de la Calle, que también ejercía de realizador, y presentado por Almudena Solana (hoy dedicada a la escritura y la pintura) y el propio Climent, un escritor, guionista y productor televisivo dedicado fundamentalmente al público infantil y juvenil. 

Sea como fuere, "El Plumier" era una revista televisiva que informaba sobre el curso y explicaba temas relacionados con la educación desde el preescolar hasta el Curso de Orientación Universitaria (COU) o la Formación Profesional (FP), pasando por la Educación General Básica (EGB) y el Bachillerato Unificado Polivalente (BUP). Y no sólo eso, también quiso difundir experiencias renovadoras en la escuela, bien las que se estaban probando en nuestro país (para eso contaban con el Ministerio Educación y las Comunidades Autónomas) o las que se vivían en otros países, generalmente europeos. Fundamentalmente se emitían reportajes aunque también contaban con la presencia en plató de expertos. 

En su estreno se habló sobre el comienzo del curso en nuestro país (pura lógica), la abolición de los castigos físicos en Reino Unido (cualquier niño de los ochenta puede confirmar que aquí tardaron un tiempo en prohibirse) y de invitado contaron con el ministro de Educación, José María Maravall. Entre los títulos de los temas de su única temporada destacan "Deberes, ¿sí o no?" (un debate muy activo en esa época, por cierto), "La escuela de Riaño" (la población leonesa que iba a ser inundada para hacer un pantano y reubicada en otra zona), "La escuela del circo" y "Teatro en la escuela". Tal como indicaba su título, en ese estuche cabía de todo y lo demostraron durante su escasa singladura.

Tan solo duró una temporada y se quedó en un interesante experimento que debería haber crecido.



miércoles, 7 de enero de 2026

Los años vividos

Los protagonistas del capítulo cuarto, dedicado a la posguerra. Entre otros, distinguimos a Sara Montiel, Amparo Rivelles, Corín Tellado, Juana Ginzo, Fraga, Berlanga o Paco Rabal.

Una serie documental emitida en horario de máxima audiencia, que alcanza una media de dos millones de espectadores y galardonada con el Premio Ondas Internacional es algo extraordinario, casi imposible hoy pero también lo era en 1992 cuando se estrenó "Los años vividos". Esta serie de diez capítulos de Mercedes Odina y Pere Joan Ventura pretendía ser una crónica audiovisual del siglo XX con  protagonismo absoluto de los testimonios de algunos de los más destacados personajes de aquella España. La decisión de emitirla en La Primera de TVE fue sorprendente a esas alturas de la batalla por la audiencia contra las privadas pero también era una operación de prestigio para la cadena pública, muy necesaria tras los primeros desmanes provocados por una competencia reciente y mal asimilada. El Ondas recayó en un capítulo concreto, "Tiempo de tragedia", dedicado a la Guerra Civil.

Mercedes Odina, directora y presentadora de "Los años vividos"

Odina, su directora y presentadora, provenía de la radio pero a mediados de los ochenta comenzó a trabajar en los servicios informativos de TVE y formaría parte del equipo de "Informe Semanal". Su gran proyecto audiovisual fue, sin duda, este documental en el que invirtió unos dos años de trabajo. Como premio por el éxito conseguiría ser directora de un programa de investigación periodística de emisión mensual, "Dossier 21". No tuvo larga vida a pesar de que varios de sus reportajes fueron emitidos en otros países. Más adelante sería corresponsal de TVE en Nueva York. El realizador era Pere Joan Ventura, con amplia experiencia como cámara, su sensibilidad visual le llevó a ser también realizador, editor e incluso ayudante de dirección cinematográfico. Su delicadeza a la hora de plasmar en imagen un relato y captar las emociones a través de un plano fue fundamental para la cuidada estética de este proyecto.

El escritor Gonzalo Torrente Ballester intervino en el segundo episodio, "Tiempo de ilusiones", dedicado a la primera mitad de la década de los treinta

Unas ciento cincuenta personas de la política, la cultura, el arte, la ciencia y el deporte sirvieron de hilo narrativo para explicar a las nuevas generaciones (y servir de recuerdo a las anteriores) cómo había sido nuestro país desde 1920 hasta el presente (ese presente, años noventa). Se hablaba de la sociedad de esas décadas, de los movimientos políticos, de los locos años veinte, de la cruenta guerra civil y su posguerra, del desarrollismo... pero sin aludir a fechas concretas o a análisis historiográficos, primaba el testimonio vivido y vívido en la memoria, la emoción de la realidad frente a la frialdad de los datos. Por eso se entremezclaban las últimas elecciones democráticas con los recuerdos de tal moda o el tarareo de una canción popular. 

La foto fina de la quinta entrega dedicada a los cincuenta, "Tiempo de paréntesis", con el entonces Rey en el centro rodeado, por citar algunos, de Adolfo Suárez, Jordi Pujol, Jesús Hermida, Nuria Espert, Montserrat Caballé, Lina Morgan, Julia Gutiérrez Caba, Vázquez Montalban y Luis del Olmo.

Mercedes Odina, su directora y guionista, introducía cada capítulo y en los dos primeros ejercía también de narradora con una voz en off para intentar contextualizar aquella sucesión de relatos personales enriquecidos con imágenes de archivo pero a partir del tercero se eliminó la narración para permitir que los testimonios cobraran aún más importancia. Odina había servido de transición para que el espectador entendiera de qué iba la cosa, para asentar las bases de su propuesta, pero después entendió que las entrevistas tenían fuerza suficiente para armar aquel relato. Aquellas charlas grabadas en fondos neutros (muy elegantes y que iban cambiando en cada entrega) se agruparon en generaciones. Ocho grupos de personas que tenían entre los 20 y los 30 años en la década tratada en cada entrega recordaban sus viviencias, unidas por un hilo invisible, el de haber compartido un momento de nuestra historia. Es decir, no eran los verdaderos protagonistas de esas generaciones, sino los jóvenes que triunfarán en los años siguientes. 

El Príncipe Felipe con representantes de su generación como Almudena Grandes, Bernardo Bonezzi, Alaska, Ángela Rodicio, María Barranco, Perico Delgado, Sito Pons, Jorge Sanz o Sito Pons

La lista de entrevistados era impresionante pero debía ser así para que la narración tuviera interés para el espectador. Algunos de ellos fallecieron antes de que emitiera la serie así que sus historias adquirían un valor especial. Una de las ideas más llamativas de "Los años vividos" se convirtió en el chimpún perfecto para cada episodio: la foto final con todos los participantes en cada entrega realizada en lugares emblemáticos por un fotógrafo o fotógrafa representativos de las sucesivas generaciones. Cada imagen se convirtió, con todos los honores, en un documento histórico en sí mismo. En dos de esas instantáneas aparecían el entonces rey Juan Carlos I y el príncipe Felipe con sus compañeros de generación. Eso sí, ellos no aportaron su testimonio "por sus especiales circunstancias" como tampoco lo hizo Adolfo Suárez que en aquel momento se había sumido en un silencio ante los medios pero sí que accedió a posar con sus compañeros de generación. 

El 19 de enero de 1992 se estrenó esta serie a las 22.30 y finalizó el 5 de abril. A partir del segundo capítulo los colegios e institutos recomendaban su visionado. Hoy es un documento de incalculable valor histórico y, afortunadamente, está disponible en la web de Archivo RTVE, se puede ver pinchando aquí. Urge una revisión con la esperanza de que podamos aprender algo de la experiencia de nuestros antepasados. 

domingo, 28 de diciembre de 2025

La Navidad de "El tiempo es oro" en 1992

El equipo de "El tiempo es oro" brinda al final de su emisión navideña de 1990. Foto Carlos Cid.

Hace 35 años una de las estrellas de la programación era un programa cultural. "El tiempo es oro" se había estrenado en 1987 y pasó por varios horarios tanto en La 2, su casa inicial, como en La Primera. Millones de espectadores seguían cada semana el devenir de anónimos sabios que conseguían premios suculentos. En Navidad organizaban un programa  con "matices especialicísimos" como decía su presentador, el añorado Constatino Romero que, por cierto, consiguió una enorme popularidad gracias a este formato del incansable Sergi Schaaff. El 23 de diciembre de 1990 celebraban estas fiestas ante su fiel audiencia por cuarta vez. Este especial se grabó tan sólo tres días antes de su emisión en los estudios de TVE en Cataluña. Un reno ¿de madera? y un belén adornaban la minimalista escenografía de Luis Gracia, estrenada esa misma temporada. 

A punto de cantar un villancico, Papá Noel les señala la letra en unos cartelones. Foto Carlos Cid.

Sofía, Mercedes y Alfonso, Súper-Concursantes que habían llegado al tiempo máximo de permanencia y superado cierta cantidad económica, fueron convocados al plató  para una entrañable reunión en la que recordaron su paso por el concurso más exigente culturalmente de la televisión española (quizás incluso de la europea) y para jugar de nuevo pero unidos de forma excepcional. Era un antecedente de los Magníficos de "Saber y ganar", otra creacion de Schaaff. El dinero conseguido fue 1.232.000 pesetas, cifra doblada por cortesía de la Casa porque tenía un destino benéfico: Intermón. Eso sí, los participantes se llevaron, "como detalle", sendos viajes: Sofía a Venecia, Alfonso a Berlín y Mercedes a Praga. No se olvidaban de los espectadores de casa y había premio para quienes habían respondido a una Súperpregunta. Llegaron miles de tarjetas postales, que era como entonces se enviaban las respuestas a los concursos de la radio o la tele. Eso sí, la ganadora recibió una llamada de Constantino para informarle de que había sido la afortunada. 

El equipo de "El tiempo es oro" canta "Rodolfo, el reno".
A la derecha de Constantino, Pilar Vázquez y Janine Calvo. Foto Carlos Cid.

En esta etapa del programa su creador, director y realizador, Sergi Schaaff, ya había dejado en manos de J.M. Benet i Jornet la dirección y J. Granell la realización pero seguía controlándolo desde la jefatura de programas en su despacho de Sant Cugat. La audiencia no notaba cambios radicales, exceptuando el blanco decorado aunque era obra del mismo creador de las anteriores. Constantino seguía mostrando su buen hacer con una cordial simpatía nada afectada, Janine Calvo había regresado al plató tras una baja por maternidad... "El tiempo es oro" era ya un clásico de la tele y su cita navideña también. 

El final deparaba una simpática sorpresa para los espectadores, una representación del equipo del programa vestida da gala cantó "Rodolfo, el reno". Aunque era en playback, Papá Noel les ayudaba con unos cartelones para que no se olvidaran de la letra. Por cierto, no hace falta ser muy observador para distinguir a Pilar Vázquez al lado de Constantino, sí, la Pilar de "Saber y ganar" que, entonces, era coordinadora de "El tiempo es oro". 

El programa está disponible en la web del Archivo RTVE, podéis verlo pinchando aquí

Fotos de Carlos Cid recuperadas recientemente por Nicolás Albéndiz para el Museo de RTVE. Todos los derechos reservados.