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lunes, 8 de junio de 2026

"Telemímica", un éxito de la temporada 1957/58

Ángel de Echenique (en el centro frente al micrófono) leyendo las normas de "Telemímica" rodeado por los concursantes en diciembre de 1957.

Esta fotografía publicada en el número 52 de la revista "Tele Radio" (diciembre de 1957) es pura historia de nuestra televisión porque pertenece al primer concurso de éxito de TVE, "Telemímica". Durante años y dependiendo de la fuente que se consultara, se decía que este era el inicio del género en la pantalla patria pero hoy esa aseveración resulta exagerada o, como mínimo, incorrecta. Prácticamente desde el principio la tele incluyó pequeñas e inocentes competiciones, todas tenían algo en común: su modestia de medios y también de planteamiento y que se incluían dentro de otros grandes programas, es decir, eran secciones y no programas en sí. Parece claro que el primer concurso stricto sensu fue "X-0 da dinero" estrenado en julio de 1959, uno de los primerísimos programas de los recién estrenados entonces estudios de Miramar de Barcelona. Ya hemos explicado aquí por qué podemos darle ese título honorífico así que no me extenderé pero es justo recordar "Telemímica" por unas cuantas razones. Este modesto torneo televisado se estrenó en el programa "Festival Marconi" en 1957 pero más adelante se incluyó en "Hacia la fama", también patrocinado por Marconi y emitido los domingos a las 22.30 h. 

El escenario del Teatro del Ramiro de Maeztu durante la emisión de uno de los programas de Marconi que albergaba el concurso "Telemímica"

Pequeña pausa para contextualizar. El 28 de octubre de 1956 habían comenzado las emisiones regulares de TVE sólo en Madrid y alrededores. La temporada 1957-58 tenía como grandes programas estrella los patrocinados por marcas relacionadas con la propia televisión, en general fabricantes de monitores. Así se podía ver en una misma semana "Aeropuerto Telefunken", "La hora Philips" o el citado "Festival Marconi" que incorporaban el nombre del patrocinador en el título sin disimulo alguno. Eran "espacios de variedades" y aquel término tenía su sentido porque eran herederos directos del género teatral de las "Varietés". Cantantes, instrumentistas, cómicos, magos y malabaristas iban turnándose en el decorado en emisiones que, generalmente, no superaban la hora de duración. "Festival Marconi" no era distinto de sus compañeros de parrilla pero pasará a la historia por incorporar el juego de mímica que enseguida se convirtió en la sección más exitosa y por eso, cuando finalizó, pasó a otro programa esponsorizado por la misma marca. 

Ángel de Echenique a principios de los 60 con una azafata y dos de los muñecos de la tele de entonces

El formato no tenía mucho misterio y su propio título lo dejaba claro: varias parejas se enfrentaban entre sí para adivinar a través de gestos cuál era la palabra, el personaje, el título de la película o cualquier otro concepto que el presentador le había pasado en una tarjeta a uno de ellos. el que debía representarlo con su expresividad corporal. Algo a lo que hemos jugado todos, que no requiere ningún efecto especial, escenografía espectacular y que permite que el público en casa también juegue teniendo en cuenta que, por lo que sé, no se sobreimpresionaba la respuesta en la pantalla mientras transcurría el juego. El decorado de aquel programa era el mismo que el de otros de la misma temporada realizados en aquel Teatro cercano a la sede de la tele: un cortinón con un logo de TVE que ni siquiera era el oficial. El premio final era de 10.000 pesetazas, un pastizal para la época. El presentador era Ángel de Echenique, un maestro de ceremonias en toda regla que tan pronto daba la bienvenida con soltura a un artista internacional que imprimía el ritmo adecuado a un concursillo. Auténtica estrella de la radio de los 50 y 60, se especializó en ambos medios en programas de artistas noveles, lo que hoy conocemos como "talent show". De hecho, "Hacia la fama", lo era y "Telemímica" constiuía un pequeño respiro  entre las actuaciones. Es más, ni siquiera era el único concurso del programa puesto que, al menos durante algunas semanas, también se incluía "La cucaña".  

Echenique "saliéndose del cuadro" a finales de los 50 en uno de los programas realizados en el Teatro del Ramiro de Maeztu, ¿quiźas "Festival Marconi"?

Decía el crítico y cronista televisivo Baget Herms en su seminal "Historia de la Televisión": "Se trata de un concurso divertido e intrascendente que logra captar la atención de público por la simpatía que derrochan los concursantes y su presentador. Es un intento de hacer un concurso que se aparte de los cánones radiofónicos". Efectivamente, la mímica tenía su gracia si se veía, no era adecuada para la radio. El hecho de que Enrique de las Casas lo realizara fuera de las estrecheces del estudio del Paseo de la Habana y ante el público del Teatro del Instituto Ramiro de Maeztu era también importante para generar un ambiente propicio a la risa y al aplauso. Las dos parejas ganadoras estaban formadas por hermanos: María Luisa y Juan Antonio Salabert y Alfonso y José A. Pérez Martínez, tres de ellos estudiantes de Derecho y otro de Bachillerato y es que otro de los aciertos fue la selección de participantes, todos muy jóvenes y, por tanto, poco propensos al miedo al ridículo de sus mayores. Prueba del éxito de "Telemímica" es que se situó en el puesto nº 5 de un sondeo entre los espectadores puntuando de 0 a 10 los programas. Un 8,6 consiguió este concurso por encima de espacios mucho más ambiciosos como las zarzuelas del "Teatro Apolo" o la serie de producción propia "Oliverio Twist" y también de otro concurso de lque no tengo más datos que el título, "Juguemos". En el primer puesto, para que conste, quedó aquella temporada "La hora Philips". "Telemímica" finalizó a principios de 1958 (quizás en febrero) a pesar de haber conseguido bastante relevancia entre la escasa audiencia de aquellos años (apenas unos cientos de miles de espectadores. Por eso es justo rescatarlo del olvido. 

domingo, 27 de octubre de 2024

Los primeros aniversarios de TVE

La portada de "Tele Radio" rindiendo homenaje a los trabajadores de TVE en el VII aniversario 

El 28 de octubre de 1956 comenzaba sus emisiones regulares Televisión Española tras un período de pruebas de varios años. Aún tendrían que pasar unos cuantos más hasta que realmente se estabilizara la programación y la señal llegara a todo el país, quizás por eso los primeros aniversarios se celebraron casi de tapadillo, sin grandes alharacas ni galas musicales con estrellas de renombre. Si consultamos la hemeroteca, que es lo único que tenemos a mano junto a los valiosísimos recuerdos de los propios profesionales (quizás, eso sí, alterados por el tiempo) resulta un poco decepcionante que, en general, esta efeméride pasara casi desapercibida para el espectador.

La misa conmemorativa correspondiente a 1960

En realidad sí que había una pequeña celebración que se repetía invariablamente año tras año, una misa oficiada por Salvador Muñoz, un sacerdote diocesano de Madrid que por aquel entonces se asomaba bastante por la pequeña pantalla para hacer apostolado ante la escasa audiencia de finales de los cincuenta. A esa liturgia organizada en el propio plató del Paseo de la Habana (decorado para la ocasión con un pequeño altar, una estrella por aquí, unas velas por allá) acudían los gerifaltes de la Casa, es decir, el Director General de Radio Difusión y Televisión, el de TVE, el responsable de programas... 

"El muy excelentísimo Sr. Salvador Muñoz" oficiando la misa aniversario en 1961

Habitualmente, después de la misa se organizaba un pequeño piscolabis para los trabajadores y por la noche se emitía algún programa considerado "extraordinario" pero que por lo único por lo que se ajustaba al adjetivo era porque se preparaba en el último momento y casi nunca era anunciado en prensa, ni siquiera en la revista para los suscriptores de TVE, "Tele Radio". En 1960 por ejemplo, cuarto aniversario, la Philips (una de las principales marcas de televisores y patrocinadora frecuente de programas para autopublicitarse) instaló un "simpático local con profusión de cadenetas y farolillos, en el que tampoco faltó el castizo organillo, se sirvió una copa de vino español para cuantos diariamente hacen posible la programación de Televisión Española. Y por la noche (...) ofreció a sus espectadores un resumen fílmico de las principales noticias recogidas por sus equipos de filmaciones a lo largo del pasado año. En este mismo programa se ofrecieron también filmadas una serie de interesantes entrevistas realizadas en distintos puntos de la geografía española". Vamos, un despiporre.

Al año siguiente se produjo un curioso fenómeno: se conmemoró el III aniversario y no el V, como tocaba. Los jefes decidieron que los dos primeros años no contaban porque habían sido experimentales (olvidando, por tanto, los anteriores de pruebas semanales). No era casual este birlibirloque numérico, en la revista "Tele Radio" se ofreció detallada información sobre los avances técnicos (hoy muy valiosa para los investigadores) desplegada en distintos cuadros numéricos y gráficos. De esta forma parecía que todo eso se había conseguido en apenas tres años y no cinco. Presumían en aquel 1961 de cubrir casi el 70% de la superficie de la Península. Dato curioso: hasta 1982 y gracias al Mundial de Fútbol organizado aquí no se produjo el empujón definitivo para la difusión en todo el territorio. Esos cuadros también nos hablan del aumento de receptores: de 80.000 en 1959 a 420.000 en 1961 (50.000 de ellos en lugares públicos) y, consecuentemente, de espectadores, de 1.080.000 para la programación diaria (dato muy optimista pero que tenía en cuenta a aquellos que iban a los bares o casas de familiares y vecinos) a los 2.520.000 que superaba, según sus cálculos, los ocho millones en las emisiones extraordinarias. También se aseguraba que tenía uno de los índices de producción propia más abudantes de Europa, a la altura de Francia y sólo "muy poco por debajo de Gran Bretaña e Italia". 

Dos fotografías del programa especial de 1962 que dejan patente su modestia

En las temporadas siguientes la dinámica no cambió demasiado: Misa, vino español y algún pequeño programa nocturno, como el emitido en 1962 a partir de las 22.15 h con una duración de media hora y en el que intervino el cuadro habitual de actores del Paseo de la Habana. En este caso la originalidad es que se rompía la cuarta pared y veíamos a los intérpretes también fuera de los decorados. Y es que, en realidad, los trabajadores se tenían que reservar para el esfuerzo que les tocaría al día siguiente, 29 de octubre, cuando se celebraba, esta vez sí, con todos los honores el aniversario del acto fundacional de la Falange. Un ejemplo extraído de la revista de los abonados televisivos: "TVE se unió a la conmemoración con una emisión extraordinaria en la que se dio lectura al texto íntegro del discurso pronunciado en tan histórica fecha por José Antonio. Mientras las palabras del Fundador de la Falange se dejaban oír, con toda su maravillosa vigencia, una sucesión de imágenes (...) revivieron ante los espectadores la circunstancia política española que hizo precisa la aparición de un movimiento joven -de una revolución nacional- , nacido del verbo de José Antonio Primo de Rivera. La emisión se cerró con el Caral al Sol (...). La prensa española se ha hecho eco de esta emisión especial, a la que ha dedicado palabras de elogio que el diario "Arriba" -fundado por José Antonio- expresaba así: 'Por su ajuste técnico y su profundo emoción, este tributo de Televisión a la conmemoración de la fundación de la Falange ha sido un excelente servicio a la fecha'". Con la grandilocuencia habitual en la época cuando se hablaba de estos temas nos queda claro qué era lo que TVE tenía que ensalzar. Aprovecho para recordar que dentro de dos años se cumplirán setenta del inicio de las emisiones y con un cumpleaños tan redondo debería de organizarse algo grande. ¿Se está pensando ya en los despachos?

viernes, 27 de septiembre de 2024

Todo lo inventó Steve Allen

 

El 27 de septiembre de 1954 se estrena a nivel nacional el "Tonight Show" en la NBC. Se cumplen, por tanto, 70 años del inicio de un programa que hizo (y sigue haciendo) historia en la televisión mundial. Fue Pat Weaver, padre de Sigourney, quien inventó esa franja, el late night, después de haber inventado también la matinal con "Today Show" un par de años antes pero fue Steve Allen quien marcó las bases del género. De hecho, todo lo que hoy vemos en este tipo de programas lo probó antes Steve, fue él y su equipo quien puso en marcha una forma de hacer tele que en nuestro país hoy podemos ver en un access prime time alargado hasta el punto de que ya no hay prime time tal y como lo conocíamos. Esa "guerra abierta" entre el veterano "El Hormiguero" y el recién llegado a la palestra de la tele abierta "La Revuelta" (espoleada fundamentalmente por los medios) nos sirve para comprobar que Allen fue el pionero.


Si os cuesta creer que un señor podía ser tan trasgresor hace siete décadas como Broncano hoy o tan creativo como Motos en sus mejores tiempos, agárrame el cubata (a mí en realidad esta expresión no me encaja porque soy abstemio). Aclaremos antes que Steve Allen había iniciado el programa en 1953 pero sólo para Nueva York y que se mantuvo en el "Tonight" hasta enero del 57 pero después volvería al formato una y otra vez en otras cadenas y en sindicación con el título de "The Steve Allen Show" y algún añadido puntual del patrocinador de turno, además combinaba sus espacios diarios con otros semanales de gran formato. Pues bien, él ya  llegaba en ciclomotor (sin casco entonces) en una de las cabeceras de sus programas tal y como después lo hizo Carlos Herrera en Canal Sur y La Uno o como hace Broncano ahora pero corriendo o en bici. 


El saludo inicial, el baile mientras suena la orquesta, los gestos a la audiencia en casa... todo esa liturgia no la inventó Allen pero sí que la enriqueció y estableció como norma para los late del futuro. Su patada a cámara fue uno de sus sellos. Hablando de orquestas, eso de convertir al director de la suya en un personaje más y hacer de la música parte indispensable del show sí que tiene su firma. Si bien es cierto que todos los programas tenían orquesta, orquestina, cuarteto o trío, no es casual que Steve fuera él mismo un prolífico compositor y un consumado pianista. Ante cualquier eventualidad, ausencia de un invitado o, simplemente, porque le apetecía Steve se acercaba al piano y era capaz de improvisar con sus músicos una canción ad hoc. 


Steve era, ante todo, humorista. Así comenzó su carrera en la radio y ese fue siempre el pilar sobre el que asentó sus proyectos, incluso los divulgativos (como "Meeting of Minds" en la pública PBS). Fue un absoluto genio de la improvisación aunque llegara a su vida de forma absolutamente casual. El día que Doris Day no pudo acudir a su programa de radio fue un momento decisivo. Tenía que cubrir aquella hora en directo como fuera y se acercó a la gente presente en el auditorio (la mayoría de los programas de radio se hacían cara al público) y jugar con ella. Así nació una nueva forma de humor que trasladó al "Tonight" llevándolo incluso más allá, saliendo a la calle con una cámara ligera (una auténtica innovación) para hacer lo que hoy hace Jorge Ponce, jugar con el ciudadano, conseguir la risa cómplice a través de conversaciones en las que se roza la vergüenza de la víctima pero sin escarnio. 

El humor impregnaba el programa desde el principio, Steve formó su propia troupe de actores que interpretaba sketches en directo y si algo fallaba se incorporaba a la acción, un bigote que se despega, un forillo que se cae, un artilugio que deja de funcionar... la improvisación se unía al guión y surgía la magia. Prácticamente todos los actores de esa pequeña compañía continuaron su carrera en cine, televisión y teatro y es que Steve tenía un excelente ojo para sus colaboradores. Eso sí, cada vez que el "jefe" volvía a la tele con un proyecto, volvían a unirse, habían creado una auténtica amistad.

Esa capacidad para encontrar gente con talento la extendía a los invitados. No sólo acudían a su llamada las grandes estrellas del espectáculo, él invitaba a artistas de la disidencia y la contracultura. Era tan valiente como para llevar al estudio a Jack Kerouac, máximo representante de la Beat Generation, a leer su obra, a Bob Dylan a cantar en directo o a Frank Zappa (años antes de The Mothers of Invention) a "tocar la bicicleta". Además sabía ver qué famosos eran buenos "contadores de anécdotas" y los invitaba periódicamente para regocijo de la audiencia. Fue, por tanto, el primero en tener famosos como colaboradores al estilo Antonio Resines con Broncano o Motos. Esas charlas eran pura irreverencia, no había nada preestablecido y las respuestas, a veces, sorprendían al propio invitado por su audacia, Steve era capaz de sacar lo mejor de ellos. 

Por último, los experimentos. Steve incorporó la locura visual a los platós o a sus exteriores, desde sumergirse en un tanque de gelatina, convertirse en una bolsa de té humana con ayuda de una grúa que lo suspendía en el aire, luchar en barro con una campeona nacional o colocar una cámara oculta para conocer la reacción de gente de la calle ante situaciones inesperadas. En ocasiones conseguía la risa histérica del público de forma mucho más modesta: telefoneaba en directo al azar y llevaba al límite a quien respondiera con una conversación surrealista... Además siempre tenía en cuenta cómo veía el espectador el programa en su casa y usaba la técnica en su provecho: chroma-key, retroproyecciones, espejos en el frontal del teclado del piano para favorecer que el realizador captara sus manos tocando... Fue un innovador en fondo y forma.

Estos son sólo algunos ejemplos. Teniendo en cuenta que hasta finales de los ochenta seguía teniendo programas diarios en radio y que se mantuvo en activo hasta su muerte en 2000 es fácil comprender que sus aportaciones son tantas como sus años de carrera. En definitiva, lo que hoy se hace en el late en EE.UU y aquí en el access se lo debemos, sin ninguna duda, al primero de todos, al auténtico pionero: Steve Allen. 

domingo, 15 de septiembre de 2024

El ayer y el hoy de los presentadores del Telediario

Jesús Álvarez en el Telediario a principios de los 60. La mujer que le pasa un teletipo es Pilar Miró que en los 80 sería la primera Directora General de RTVE

Cuando TVE comenzó sus emisiones regulares el 28 de octubre de 1956 nadie pensó que fuera necesario tener unos servicios informativos, total, en plena dictadura poco se podía informar. Hablamos de una época en la que todas las cadenas de radio tenían que conectar con “El Parte” de RNE, no se permitían boletines propios. De ahí que vuestros abuelos sigan diciendo eso de “voy a ver qué dice el Parte”, como si de una servicio militar se tratara. Tal día como hoy de 1957 se estrenó la marca Telediario y por eso toca hacer un repaso a lo más "aparente": sus presentadores/as y la forma en la que ese oficio ha ido transformándose. 

David Cubedo a mediados de los 60

Uno de los pioneros de aquella primigenia TVE, David Cubedo, fue el que sugirió que sería importante ofrecer noticias para los televidentes y la cosa se puso en marcha al año siguiente. Primero sería bajo el título de "Últimas noticias" y después con el definitivo de "Telediario", nombre que se reaprovecha de la revista que informaba de la programación y que después cambiaría su cabecera por "Tele Radio". El propio Cubedo sería el presentador de una de las ediciones, las otras dos tenían a Jesús Álvarez y Eduardo Sancho al frente. 

Eduardo Sancho al frente de la tercera edición del Telediario a principios de los 60

Un motorista llevaba los papeles con la información pautada desde RNE hasta el chalecito del Paseo de la Habana donde se encontraba la sede de la tele y los presentadores leían “a pelo” esa información. Poco a poco fueron incorporando fotografías y se suscribieron a los servicios de alguna agencia y también al de la poderosa CBS, cadena estadounidense que era la referencia informativa en aquella época. Eso en cuanto a lo internacional, lo nacional… tardaríamos unos años en mandar reporteros a la calle con cámaras de cine. Eso precisaba un revelado y montaje, así que normalmente no se emitían hasta uno o dos días después de la grabación, es decir, que la noticia se había quedado vieja ya.

Jesús Álvarez en uno de sus últimos especiales informativos

Cuento todo esto porque es necesario para entender lo que vino después  y es que, en realidad, durante décadas no hubo grandes cambios en cuanto a la forma de presentarse ante el espectador. Hasta mediados de los setenta, y salvo honrosas excepciones de las que hablaremos, el locutor de informativos (no necesariamente periodista) era hombre, de voz generalmente grave y rotunda, de dicción perfecta y de edad media. Era rarísimo ver a un locutor joven, aunque los hubo, generalmente sustitutos o como “acompañantes” del presentador principal. En los sesenta y primeros setenta la separación “Informativos vs. Programas” prácticamente no existía y algunos de los locutores más reconocidos de los Telediarios también se encargaban del entretenimiento como el todoterreno Jesús Álvarez. 

Miguel Sanchís y Pedro Macía en un TD de principios de los 70, aún sin autocue

El tele-prompter o autocue, ese aparatito que nos permite leer los textos directamente de la cámara no se incorporó a los estudios de TVE de forma generalizada hasta… ¡mediados de los ochenta! Todos los presentadores utilizaban la técnica que el pionero Eduardo Sancho definía como “el bebe-patos”, es decir, leer del papel directamente y levantar la vista tanto como fuera posible para no perder el contacto visual con el espectador. En esto los había mejores y peores y algunos habían perfeccionado la técnica o bien tenían una extraordinaria memoria que les permitía aprenderse una parte del texto hasta que las “colas” decidían entrar en imagen. 

Julio César Fernández esperando la conexión con un Centro Territorial en los 70

No existían las conexiones en directo y hasta 1966 no se monta una red de corresponsales cuyas crónicas eran en formato cine o bien, para noticias de última hora, telefónicas sobre colas de imagen de alguna agencia, pero no en directo. Eso implicaba que cada vez que el presentador tenía que dar paso a un reportaje o a una crónica tenía que encomendarse a Santa Clara, patrona de TVE, para que no tardara demasiado en entrar. A veces esos segundos se hacían eternos y el pobre locutor aguantaba la espera con resignación. Si hoy nos ponemos nerviosos cuando se retrasa 2 segundos imagina estar en un plató y esperar (fácilmente) 30 segundos. Estaban hechos de otra pasta. 

Es importante recalcar que esa corrección y encorsetamiento eran exigencia de la Casa y que incluso existían multas por “salirse del tiesto”. Si había una equivocación y se consideraba “falta”, multa al canto. No se andaban con chiquitas, de ahí que hoy cuando vemos fragmentos conservados de aquellos telediarios nos parezcan “casi artificiales”. De esa época viene el famoso descalificativo de “bustos parlantes”. 

Blanca Gala

A finales de los 60 se producen tímidos intentos de modernizar todo aquello. En 1968 aparece el primer informativo matinal, “Buenos días”, y por primera vez una mujer aparece presentando noticias. Su nombre: Blanca Gala. Apenas duró una temporada en antena. Se paralizó aquello de la televisión matinal (breve apunte: no había tele por las mañanas, teníamos carta de ajuste, tras este efímero intento no hubo programación matinal hasta 1986, precisamente con otro “Buenos días”). Blanca también presentaría la última edición del Telediario tras esa cancelación. 

Jesús Hermida en la corresponsalía de Nueva York

Otro intento de evolución: la última edición del Telediario en 1970 pasa a llamarse “24 horas” y se reclama a Jesús Hermida que regrese de la corresponsalía de Nueva York para encargarse de él. Había narrado la llegada del hombre a la Luna unos meses antes, llevaba ya unos años allí y había visto a grandes maestros como Walter Cronkite en la CBS o a la pareja Huntley-Brinkley en la NBC y pensó que le llamaban para hacer algo similar. Esa era la idea inicial pero Don Jesús tenía demasiada personalidad y el techo de “lo noticiable” todavía estaba demasiado bajo. Le sustituyó Manuel Martín Ferrand que también tuvo problemas continuamente. El colmo fue cuando pidió un minuto de silencio por las víctimas de la guerra del Vietnam y eso provocó un conflicto diplomático. Suspensión de empleo y sueldo y poco después cancelación del informativo.

Eduardo Sancho conectando con el Congreso de los Diputados en los 70

Los intentos de cambiar la forma de presentar las noticias que apenas duraban una temporada (con suerte) fueron una constante. La verdadera revolución llegó durante la Transición. En 1976 Rafael Ansón accede a la Dirección General de RTVE y una de sus primeras medidas es cambiar los Telediarios de arriba a abajo. Tres presentadores formarían parte de la operación: Lalo Azcona, Eduardo Sotillos y Pedro Macía. Los dos primeros eran jóvenes, venían de la radio y, por lo tanto, no tenían ningún “vicio” adquirido de la vieja redacción de TVE. El tercero era un pionero que llevaba desde los primeros sesenta y que desde la edición de medianoche serviría de bisagra entre una generación y otra. 

Lalo Azcona

Lalo fue una agradable sorpresa, aparecía con traje de tres piezas, corbata enorme pero no anudada hasta el último botón. No leía, explicaba. Sonreía, hablaba como alguien normal. De repente la audiencia ve que se están contando las noticias de verdad, que hablan de la legalización del Partido Comunista, de protestas en la calle, aparecen líderes que antes estaban vetados en la tele. Fue un intento que debería haberse estabilizado pero dos años después se desmontó aquella redacción, hubo dimisiones de “las caras de la noticia” y se produjo una involución. 

Joaquín Arozamena y Victoria Prego

A principios de los ochenta la campanada la dio un informativo minúsculo que se emitía poco antes de que se cerrara la emisión, por eso recibió el título de “Al cierre”. Lo presentaban Joaquín Arozamena y Victoria Prego. Ambos habían participado en 1974 en “Noticias en la Segunda”, una rebelión en el fondo y forma… por eso se cortó a los pocos meses, todo el mundo empezaba a preferir aquel informativo rompedor y yeyé al que se emitía en La Primera y aquello no se podía permitir. En esa época, la Segunda (lo de “La 2” es de los noventa) no llegaba a todo el territorio nacional así que tenía mérito. La Dictadura estaba muriendo pero los últimos coletazos siempre hacen daño y aquel noticiario era el más moderno de Europa. Joaquín y Victoria venían, por lo tanto, con la lección bien aprendida y su “Al cierre” fue el triunfador de la temporada. La clave estaba en que hacían periodismo interpretativo, contextualizaban, “contaban lo que estaba pasando” y Arozamena no era precisamente un busto parlante, sus manos en continuo movimiento fueron imitadas hasta la saciedad pero tras esas parodias había admiración. ¿Cuánto duró eso? Una temporada, ¡qué sorpresa!

Clara Isabel Francia en los 70

Afortunadamente de todos aquellos intentos se iban quedando algunas cosas. A finales de los 70 la presencia de mujeres en los Telediarios ya no era testimonial: Clara Isabel Francia, Rosa María Mateo, Elena Martí, Marisol González, Cristina García Ramos (la de “Corazón, corazón”, sí) presentaban o copresentaban distintas ediciones de los informativos.

Manuel Campo Vidal y Concha García Campoy a mediados de los 80

A mediados de los ochenta una nueva generación de periodistas llega a los Telediarios y, por primera vez, se destierra casi definitivamente la figura del “locutor”, es decir, un presentador profesional que lee lo que escriben los redactores. Es un primer paso para llegar a la figura del “editor-presentador”. Manuel Campo Vidal, Concha García Campoy, Paco Lobatón, Carlos Herrera (poco tiempo pero estuvo ahí), Ángeles Caso… ¡Y por fin tenían autocue! Eso sí, fallaba tanto que a veces se hacían un informativo completo con el aparato escacharrado.

Ana Blanco y Matías Prats en un Telediario de los 90

En los noventa ya tenemos a Matías Prats asentado en los Telediarios, a Ana Blanco estrenándose en el fin de semana junto a Francine Gálvez, a Pedro Piqueras… parece que nada ha cambiado, ¿verdad? Las privadas llegan y se producen grandes fichajes. Luis Mariñas abandona su TD para dirigir los primeros informativos de Tele 5, llenos de comentaristas como Andrés Aberasturi porque no había dinero para montar una redacción. La fórmula, por diferente, funcionó. Antena 3 unió a veteranos de la radio como Luis Herrero con jóvenes periodistas femeninas pero quién llamó la atención fue José María Carrascal que con su “al filo de la medianoche” consiguió destacar entre la “normalidad” y que las otras cadenas también quisieran su “informativo de autor”. Una pena que eso ya no exista. 

Lorenzo Milá en "La 2 Noticias"

Creo que es justo reconocer que los ensayos para modernizar (y, por lo tanto, mejorar) la anquilosada fórmula del informativo televisivo en nuestro país se produjeron en La 2. Desde el ya mencionado y efímero “Noticias en la Segunda” del 74, a su sucesor “Redacción noche” en el 76, los diferentes títulos que comandó Arozamena o el siempre rompedor “La 2 Noticias” con un Lorenzo Milá en sus primeros años que, literalmente, educó informativamente a toda una generación de estudiantes de Periodismo. Su paso al Telediario de La 1 (corbata sí, corbata no) se saldó con buenas críticas y audiencias y sin perder un ápice de su naturalidad.

Mari Carmen García Vela

Tampoco podemos olvidar que las “noticias” no sólo se cuentan en los diarios, otros formatos como “Informe Semanal” nos  han descubierto a algunos de los mejores comunicadores de este país y es inevitable nombrar a Rosa María Mateo y Mari Carmen García Vela que con su hablar pausado marcaron escuela. 

Marta Jaumandreu en el Informativo Territorial de Madrid que comparté plató y decorado con el Telediario (Foto Alejandro Macías)

¿Ha cambiado radicalmente la forma de presentar las noticias? Se perfecciona la técnica pero desde hace 30 años no hay grandes alteraciones. Los presentadores pueden ser más o menos simpáticos, ahora se ponen de pie y pasean por el plató pero eso ya se había visto antes. Lo que importa es que lo que se cuente sea real y esté contrastado, que la información sea honesta (ya que la objetividad es imposible), que no haya partidismos y que quien comunique tenga credibilidad. ¿Y eso cómo se consigue? Desde luego, no haciendo aspavientos o siendo sensacionalista, la credibilidad es ese ente que se trabaja durante años y que se pierde en un minuto. ¿Todos nuestros presentadores/as la tienen? No, pero muchos han encontrado su nicho de mercado y en estos momentos eso parece importar más. ¿Podría un presentador/a del Telediario de 1980 conducir uno hoy en día? Sí, la técnica le ayudaría a hacer mejor (y más cómodamente) su trabajo. ¿Podría cualquier presentador/a de hoy hacer el viaje inverso? Creo que tardaría más, mucho más, en acostumbrarse. No olvidemos, por tanto, que lo básico no ha mutado: informar (no aleccionar). Da igual que el decorado sea una pantalla de 6 metros o una cortina, la capacidad comunicativa tiene que ver con el talento, sí, pero también con la ética y con la práctica. 


Os recomiendo el especial "La noche del TD" emitido hace diez años La Uno, podéis verlo pinchando aquí

Este artículo fue originalmente una colaboración para el blog de Luis Fraga hace cuatro años. Lo he recuperado y actualizado con motivo del aniversario del Telediario.

martes, 23 de abril de 2024

Tengo un libro en las manos

El catedrático Luis de Sosa

"Tengo un libro en las manos" es la historia de cómo un catedrático de Teoría Política de la Universidad de Madrid vio en la prototelevisión una excelente oportunidad para divulgar a las masas. Aquella idea de un hombre tan serio, en apariencia (y muy bien visto por el Régimen), dio pie al que podemos considerar como primer programa cultural seriado y de largo recorrido de nuestra televisión. El profesor e investigador había mostrado su interés por aquel medio incipiente desde el principio y, de hecho, llegó a ofrecer varias conferencias sobre las enormes posibilidades que ofrecía para llevar a una población casi analfabeta conocimientos a los que, de otra manera, no podría acceder. 

"Tengo un libro en las manos" se realizaba en directo desde los estudios del Paseo de la Habana

Es fácil encontrar en varias fuentes que su período de emisión abarcó de 1959 a 1966 pero tengo mis dudas al respecto. También se suele asegurar que adaptaba fragmentos de libros nacionales o extranjeros, tal y como parecía indicar el título del programa. En realidad cada emisión trataba sobre un personaje histórico de importancia (si además podía ser "ejemplar" para las ideas falangistas, mejor que mejor) mezclando la charla del propio Luis de Sosa con la escenificación de capítulos de su vida. 

Los actores habituales de TVE se iban rotando para encarnar a personajes históricos en este programa

En febrero de 1961 el propio director y presentador nos aclaraba el origen del espacio y también su formato que fue evolucionando hasta convertirse en un éxito, así lo contaba a la revista "Tele Radio": "Cuando inicié este programa, hace tres años, la idea que me animó a ello fue muy elemental. Entonces pretendía dar, periódicamente, una charla sobre la vida y obra de algunos personajes de verdadero relieve histórico, religioso o artístico, ilustrándola con la algunas pinceladas escénicas. Pero enseguida me di cuenta de que la televisión requiere un lenguaje distinto al que yo creía cuando tan sólo la conocía como espectador y, por ello, inmediatamente, empecé a dar mayor importancia a las escenificaciones teatrales, sacrificando para ello minutos a mis charlas. En síntesis, mi proposición siempre es que los espectadores encuentren la máxima claridad en temas de gran importancia y también el que puedan ver un programa de interés en el campo artístico". 

Luis de Sosa leyendo la introducción del programa mientras la cámara enfoca unas láminas para ilustrar el tema. Al fondo vemos a los actores prevenidos para entrar en acción cuando el regidor lo indique. 

Aparentemente el propio Don Luis se encargaba de la dirección, el guión, la revisión de decorados, la caracterización y elección de los actores (dentro del cuadro habitual de TVE entonces), la selección musical además de la presentación en directo cada semana del espacio. Por cierto que, aunque no existe ninguna grabación, parece ser que era un gran comunicador que contagiaba su entusiasmo por la historia. "Durante dos días me dedico a pensar en el personaje (...) busco libros que me den detalles precisos y de interés dramático para la escenificación de cinco o seis episodios fundamentales de su vida" contaba De Sosa en el citado reportaje. Teniendo en cuenta que también dirigía el espacio diario "Universidad TV" no sé de dónde sacaba tiempo para sus propias clases en la Universidad. El realizador habitual era Alfredo Castellón y los decorados eran responsabilidad de Bernardo Ballester. 

Paco Morán y una actriz no identificada en "El hombre que vivió de cero" sobre Napoleón Bonaparte, que interpretaría José Calvo, en abril de 1961.

Lo cierto es que "Tengo un libro en las manos" fue un programa innovador que unía la cultura con el "teleteatro" (como se decía entonces) y que alcanzó relevancia en su época, incluso obtuvo el premio Ondas en 1960. He encontrado datos de su emisión hasta 1965 pero no más allá. A lo largo de los años fue cambiando de día pero siempre se mantuvo en un horario estelar, habitualmente las 22 h. Parece ser que este divulgativo/dramático finalizó, como "Universidad TV", cuando su creador y máximo responsable enfermó, una dolencia que no se aclara en la prensa de la época pero que fue larga. Luis de Sosa falleció en 1971 y, posiblemente, fue el divulgador más reconocible por la audiencia televisiva de los primeros años. 

martes, 3 de enero de 2023

Sergi Schaaff, el Rey de TVE desde Barcelona

Schaaff bromeando con una corona de atrezzo durante una grabación de los setenta.
Foto Gabriel Sendra @arxiusendra.

Sergi Schaaff se ha ido y con él perdemos al último testigo en activo de la televisión clásica. Tenía 85 años y seguía ejerciendo de director de "Saber y ganar" aunque ya no con la misma intensidad. Aún así, su talento creativo no paraba, en los últimos meses había ideado nuevas pruebas que todavía sorprendían a su equipo. Schaaff no sólo es un pionero de TVE, es un creador de iconos televisivos. Su firma es su currículum. Quizás no tenga un estilo visual que defina su manera de entender la realización pero sí que es reconocible su sello en sus creaciones porque él era un director-realizador a la antigua usanza, como también lo era Chicho Ibáñez Serrador. Entendía el programa como un "todo" en el que él quería controlar cada detalle porque, como siempre repetía, "el trabajo bien hecho, también gusta". Pero además de ser un autor (en toda regla), fue también el jefe de programas que llevó a una época gloriosa al Centro de Producción de TVE en Cataluña. Descubridor de talentos, ingeniero de programas eternos y hasta profesor universitario, Sergi Schaaff era el Rey de la tele hecha desde Barcelona. 

Sergi Schaaff con su mujer, la actriz Àngels Moll, y Jordi Hurtado en un especial de "Saber y ganar" por los 50 años de TVE Catalunya en 2009. Foto cedida por Nicolás Albéndiz del Museo de RTVE.

¿Y por qué su nombre no es tan conocido popularmente como el de otros? La periodista Anna Bosch (excorresponsal en Moscú, Londres, Washington y uno de los grandes baluartes de la ética en los Telediarios de TVE) lo explicaba  hoy en Twitter con su claridad habitual: "Ha muerto al pie del cañón y sin el debido reconocimiento. Schaaff, creo, ha pagado en España ser un gran creador, "pero" en Barcelona, y en Cataluña, serlo, "però" en RTVE". Hace unas semanas un servidor comentaba en el plató de "Saber y ganar" (su última gran creación) con Jordi Hurtado que a Schaaff se le debe un gran homenaje público e institucional. Sí, había conseguido el Ondas nada menos que en 1978 por su "Salomé", también tenía el Premio Talento de la Academia de las Artes y las Ciencias de la Televisión, la Creu de Sant Jordi y otros galardones pero... no ha sido valorado como merece una figura de este calado. Se va, eso sí, después de celebrar a lo grande el 25º aniversario de su "niña bonita", el concurso más longevo de la televisión en nuestro país, y además con el Ondas bajo el brazo. La entrega fue hace tres semanas y no subió al escenario, llevaba un tiempo enfermo aunque seguía acudiendo periódicamente al plató de Sant Cugat.

Sergi Schaaff en primer término en una grabación de "La vida es juego" con Constantino Romero.
Foto Gabriel Sendra @arxiusendra.

Pocos directores-realizadores tiene una lista de programas en su cartera tan populares como los que creó Sergi y hay que destacar precisamente eso, que fue su "creador". Nunca adaptó formatos ajenos aunque, evidentemente, partía de bases que ya estaban asentadas. Uno de sus grandes méritos fue el de saber darle la vuelta a ideas clásicas. El concurso cultural existe desde los inicios de la tele (y se trajo desde la radio) y no puede ser más sencillo: preguntas y respuestas. Schaaff utilizaba ese armazón y lo rodeaba de mimbres pero no simplemente como añadidos, sino para reforzar la estructura con un criterio y dotarla de personalidad propia. Por eso, un espacio como "El tiempo es oro" pudo ocupar con éxito el prime time de La Primera. ¿Por qué "Saber y ganar" lleva un cuarto de siglo en antena y sigue siendo el programa más visto de La 2? Porque es un formato sólido, bien pensado, que respeta a los concursantes y a sus espectadores y porque aunque nunca cambia... siempre está cambiando. Su primer programa de 1997 no tiene nada que ver con el último de 2022. 

Schaaff repasando sus notas antes de iniciar la grabación de un dramático en los setenta.
Foto cedida por Nicolás Albéndiz del Museo de RTVE.

Su modo de trabajar tenía mucho sentido, primero hacía una "prospección por la programación" y veía que faltaba (esto lo tenía en común con Chicho, por cierto). Una vez detectada la carencia, se sentaba frente a su mesa. "El proyecto surge ante una hoja en blanco. Siempre, para generar un programa, necesito una hoja y un bolígrafo e ir dibujando, 'haciendo ideas'." Lo contaba en marzo de 2015 en el programa "Para todos La 2". Entonces "Saber y ganar" llevaba ya 18 años en antena y reconocía que su permanencia en la parrilla había sido totalmente inesperada. "No lo pensábamos pero se va haciendo camino hacia el éxito, despacito y asentándose, subiendo peldaño a peldaño, como todos los programas que llegan a estas cifras tan grandes."

Juanjo Cardenal, Hurtado, Pilar Vázquez y Sergi celebrando los 15 años de "Saber y ganar". Llevaban trabajando juntos desde "Si lo sé... no vengo" en 1985. 

"Uno de los factores más importantes son los concursantes. Es el punto clave del programa. Unos concursantes que saben, que se expresan, que tienen inquietud, que son divertidos pero moderadamente, no se trata puramente de una yinkana sino de demostrar estos conocimientos. Eso por un lado y por el otro Jordi, que es el alma del padre. A mí se me puede dar el papel de padre pero él es la madre." La relación entre Schaaff y Hurtado ha sido algo más que laboral y aquí entramos en otra de las características habituales de su forma de entender el trabajo: la confianza en el equipo. En algunos casos (unos cuantos y no sólo Jordi), juntos en distintos proyectos desde mediados de los ochenta. 

Jordi Hurtado y Sergi Schaaff en la entrada de TVE en Sant Cugat. Una relación profesional longeva, una amistad fiel. Foto cedida por Nicolás Albéndiz del Museo de RTVE.

Y, por supuesto, lo más importante es el espectador. Algo que este director nunca perdió de vista. Cuando en esa misma entrevista le preguntaban si no echaba de menos los premios respondía "no hace falta nada. Hace falta el reconocimiento que tenemos de nuestros espectadores". No obstante, ese "¡POR FIN, POR FIN!" que gritaba eufórico Jordi Hurtado en el plató el día que se hizo público el Ondas al programa, era un mensaje que muchos compartíamos. El público ha respaldado las "ideas schaaffianas" prácticamente siempre. Solía decir que la tele pública no debería buscar la audiencia mayoritaria pero tampoco conformarse con una birria y nunca había dejado de escuchar a los televidentes: "La audiencia te aporta un feedback, no estás haciendo algo para el aire, lo haces para la gente y quieres que la gente lo vea." (Entrevista en el programa de TVE Catalunya "Gent de paraula" en junio de 2014). 

Atento a lo que sucede en el plató y lo que se ve en monitor. Años ochenta.
Foto cedida por Nicolás Albéndiz del Museo de RTVE.

Sergi entró oficialmente en TVE en 1963 pero ya llevaba un par de años colaborando. Se había licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona y ejercía de montador musical en RNE donde, a veces, dirigía al cuadro escénico en los famosos teatros radiofónicos. Entró en la tele como ayudante de realización y allí se encontró con Mercè Vilaret, una de las grandes teleastas de la tele desde Cataluña. Un poco más tarde llegaría Lluís María Güell y los tres, junto con otros realizadores posteriores, definieron el estilo visual de la Escuela de Barcelona. En esos primeros años hizo de todo: reportajes, programas divulgativos, de entretenimiento... pero poco a poco fue centrándose en los dramáticos y también en musicales. Esa fue su primera etapa creativa en televisión, caracterizada por un mimo extremo en la elección de cada plano ("los compañeros cámaras lo saben bien" decía con sorna). 

Con Montserrat Carulla y Enric Majó en un dramático de los setenta.
Foto Gabriel Sendra @arxiusendra.

Recordaba esos años dirigiendo dramáticos como una época muy gratificante a pesar del férreo control ejercido por el franquismo en todos los ámbitos creativos. "Al principio la censura era fuerte y después seguía pero un poco más suave. Yo llegué a realizar con el censor al lado y te decía 'ese plano no lo pinches', ya sabías por qué era, quizás había unas chicas" contaba en "Gent de paraula". Su nombre empezó a sonar entre sus compañeros de Prado del Rey cuando en 1970 se encargó del episodio "La trampa", protagonizado por Ana Belén, del contenedor "Pequeño Estudio". Asentó su prestigio en otros títulos como "Hora 11", "Ficciones", "Sospecha", "Crónicas fantásticas", "Novela" y, al mismo tiempo, seguía dirigiendo para obras para el circuito catalán. También realiza musicales como el rodado en 1973 en formato cine en Mallorca con María del Mar Bonet, uno de los primeros en color del centro de producción. 

Con su mujer Àngels Moll. Foto Gabriel Sendra @arxiusendra.

La segunda mitad de la década de los setenta es intensa, dirige obras rompedoras para espacios como "Teatro Club" o "Teatro Estudio" y adaptaciones de clásicos literarios para todo el territorio nacional en el mítico "Estudio 1" y el contenedor diario "Novela" donde destaca "Aloma" en el 77, serie en la que coincide con la que sería su esposa, Àngells Moll. En 1982 volverá a dirigirla (al alimón con Güell) en una de las más populares ficciones de TVE Catalunya, "Vídua, però no gaire" (y no de TV3 como se lee en la wikipedia y, por contagio, en muchos artículos hoy). 

Dirigiendo a los actores del mítico programa infantil del circuito catalán "Terra d'escudella".
Foto Gabriel Sendra @arxiusendra.

En aquel mismo 1977 de "Aloma" presenta, primero al público catalán y luego al nacional, la "Salomé" con guión de Terenci Moix protagonizada por Núria Espert que lograría un Ondas al año siguiente. Su versatilidad le permite probar con el género infantil y realiza varios capítulos de "Terra d'escudella" (circuito catalán) y miniseries para "Un globo, dos globos, tres globos" (como "Supertot", un superhéroe total). 

Caracterizado para su cameo en el capítulo "La tieta monja" de la serie "Festa am Rosa María Sardà".
Foto Gabriel Sendra @arxiusendra

A finales de la década dirige un programa que sería uno de los más populares de la historia de TVE Catalunya, "Festa amb Rosa María Sardà", un híbrido entre el musical y el humor que sería el germen (con grandes diferencias) de "Ahí te quiero ver". La Sardà pasaba de ser una reconocida actriz a una show-woman explotando sus talentos. La química entre ambos fue inmediata y Sergi se atrevió a hacer un cameo en un capítulo. Un par de años más tarde dirigió otro espectáculo televisivo al estilo americano con Guillermina Motta, "Les guillermines del rei Salomó", esta vez en color, y continúa experimentando con obras valientes como "Las Salvajes en Puente San Gil", uno de los Estudio 1 más rompedores de su última época y grabada, además, en escenario natural con las complicaciones que eso conlleva. 

Schaaff dirigió "La casa de las chivas" para "Primera función" en 1989.
Foto cedida por Nicolás Albéndiz del Museo de RTVE

A mediados de los ochenta comienza una nueva etapa en la vida profesional de Schaaff y, por ende, en la de nuestra televisión. Es jefe de programas del centro de producción de TVE en Sant Cugat y, como tal, ejerce de "director de la fábrica y de la creación de programas" incluso como productor de unos cuantos. Es la época de mayor brillo de la producción desde Cataluña. Schaaff consigue que haya un equilibrio casi al 50% entre Madrid y Barcelona. Sant Cugat (y otros estudios) produce programas diarios y también coloca en horario de máxima audiencia al menos dos espacios semanales. Es el nacimiento de lo que muchos conocimos como el "Estilo Barcelona", programas míticos que se diferenciaban perfectamente de los realizados con Prado del Rey. No digo que fueran mejores ni peores, eran distintos y eso aportaba pluralidad a la tele pública y una apertura de miras al espectador. 

Preparando la ubicación de cámaras en "Valor y coraje" presentado por Constantino Romero.
Foto cedida por Nicolás Albéndiz del Museo de RTVE

Trabajador como pocos, Schaaff crea, dirige y realiza buena parte de esos programas o, como mínimo, se encarga del proyecto inicial y según van renovando temporadas, deja a otros compañeros la dirección o la realización. Poco a poco abandona los dramáticos (aunque no del todo) para inventarse formatos tan célebres como "Si lo sé... no vengo", "El tiempo es oro", "3x4" o "Ruta Quetzal". Descubre o potencia los talentos de Jordi Hurtado, Constantino Romero (que había debutado sin éxito como presentador en "Ya sé que tienes novio" pero alcanza el estrellato con el concurso cultural mencionado) o Julia Otero a la que había dado su primera oportunidad con "Una historia particular" en el circuito catalán. Repetiría con todos ellos porque, ya lo habíamos dicho, Schaaff creía en los equipos. A Jordi lo rescataría tras varios programas fallidos para "Saber y ganar" y el resto es historia. 

Con su amigo y cómplice profesional Constantino Romero en "La vida es juego".
Foto Gabriel Sendra @arxiusendra

Tras el éxito de "El tiempo es oro" repetiría con Constantino en "La vida es juego" y "Valor y coraje" ("hasta he hecho realities", presumía) y con Julia dirigiría "La Luna" (primero "La Lluna" para Cataluña) y, cinco años después, "Un paseo por el tiempo". Le gustaba fichar a presentadores con experiencia radiofónica: "Considero que un presentador de radio saber hablar, construir las frases bien, la dicción y eso facilita a la audiencia la descodificación de eso. Por eso siempre he elegido presentadores que ya habían hecho radio" contaba en "Gent de paraula" y era una forma de que esa "feina" estuviera asegurada. Partiendo de esa eficacia contrastada, los retaba a ir más allá, a llevar sus talentos al límite... y vaya que lo conseguía.

Schaaff da indicaciones a Jordi Hurtado en "Saber y ganar" en 2009.
Foto cedida por Nicolás Albéndiz del Museo de RTVE

Fiel a la idea de televisión pública siempre trabajó para TVE, exceptuando una pequeña infidelidad en el nacimiento de Canal 9 (Valencia) donde dirigió "El Show de Joan Monleón" y creo el primer y más perdurable icono de la cadena: la ruleta en forma de paellera. Los últimos 25 años han sido para "Saber y ganar", un concurso diario (desde hace años incluso también los fines de semana) que exigía su atención máxima pero, en realidad, seguía con otros proyectos. La serie biográfica "Homenots", creación de formatos para su productora catalana, la revisión de adaptaciones de ideas ajenas para su productora en Madrid, profesor y decano en la Universidad Pompeu Fabra... Sergi era imparable y cuesta usar ese verbo en pasado. Su legado es difícilmente igualable y él mismo explicaba el porqué: "Las televisiones no aprovechan lo suficiente el talento de la gente." Schaaff fue un pionero, llegó en los principios de la tele desde Miramar y pudo hacer de todo, esas oportunidades no son fáciles de conseguir hoy pero también hay que saber aprovecharlas. Él lo hizo y exprimió su talento televisivo hasta el final.