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sábado, 14 de marzo de 2026

Gemma Cuervo, la actriz arrolladora

Dice la RAE que arrollar significa, entre otras acepciones, vencer, dominar, superar. También que ese verbo implica no hacer caso de leyes, respetos ni otros miramientos ni inconvenientes. La última entrada del diccionario, la octava, añade: "Dicho de una persona: Confundir a otra, dejándola sin poder replicar, en controversia o disputa verbal o por escrito". Todo eso, cada palabra, encaja perfectamente para describir, si eso es posible, a la actriz que se nos acaba de ir a los 91 años. Gemma Cuervo arrolló por donde pasó, nunca dejó indiferente y siguió sus propias reglas, incluso en tiempos de censura. Por eso, quizás, hoy es llorada por personas de distintas generaciones. Y es que desde su debut teatral a mediados de los cincuenta hasta sus últimos papeles televisivos consiguió algo inaudito: tener un pie entre lo popular y lo elevado, entre las comedias de mayor audiencia y los dramas de mayor compromiso social o político. 

"Las brujas de Salem" de Pedro Amalio López en 1965

El teatro fue su gran pasión, inevitable ligazón para aquellos que comienzan en las tablas, un matrimonio para toda la vida pero la televisión fue su gran aliada para llevar después al público a los teatros. Y no es que en la pequeña pantalla sólo interviniera en "productos de consumo fácil", en absoluto. Debutó en los estudios del Paseo de la Habana a principios de los 60 y ya en 1965 se atrevió con el personaje más difícil de "Las brujas de Salem" en la versión de Pedro Amalio López. Podría haber "caído mal" entre la audiencia con aquella manipuladora que consigue convencer a un pueblo entero de que está endemoniada pero se llevó, merecidamente, premios por aquel trabajo y, desde entonces, fue una estrella de los dramáticos de nuestra tele. 

Interpretando a la Duquesa de Alba en "Diego de Acevedo", serie protagonizada por Francisco Valladares en 1966

Se hinchó a protagonizar obras en "Estudio 1", "Gran Teatro", "Primera Fila" y aparecer con papeles más o menos importantes en series antológicas de distinto calado, desde el modesto (pero exitoso) "La pequeña comedia" a la mítica "Historias para no dormir" sin olvidar su papel en la primera serie filmada de nuestra historia, "Diego de Acevedo" (1966) como la Duquesa de Alba. No quiero olvidar que también apareció en la primera obra en la que se usó la empalmadora de vídeo en España, que permitió editar las grabaciones (aunque no con gran precisión), "Tea Party" en 1965 con Fernando Rey y Julia Gutiérrez Caba. La Cuervo, siempre presente en los programas innovadores. 


En general encarnaba a mujeres fuertes, que no se arredraban ante las circunstancias. Sus personajes eran los habituales para los hombres, para qué engañarnos. Ella los hacía suyos, los exprimía, sorbía su esencia para escupirla con elegancia ante las cámaras, podía ser la mala malísima de la función pero eso, en tiempos del franquismo, era una valentía. A veces era una víctima que se rebelaba, otras una elegante aristócrata que sabía aprovechar su lugar en la sociedad pero había algo común en todas sus mujeres: el carisma. 

"Fuenteovejuna" desde el Festival de Almagro en 1967

A Gemma el carisma se le desborbaba, también en eso era arrolladora. Viendo sus interpretaciones televisivas en aquellos dramáticos de los sesenta y setenta, grabados en bloques largos sin espacio para cortes ni equivocaciones, con tres cámaras y una planificación supeditada al espacio y a los condicionantes técnicos me sorprende su dominio del medio, un medio que nació cuando ella comenzaba en el teatro. Ella se estaba inventando, con sus compañeros, cómo hacer ficción en la tele. Había que sobreactuar pero dominando las riendas para que aquello no resultara ridículo. Era expansiva, mucho, pero no se le escapaba ningún gesto porque sí. Un ejemplo perfecto: su Laurencia en el "Fuenteovejuna" de 1967 desde Almagro. 

El matrimonio Guillén Cuervo en "La vida en un hilo" en 1973

El cine no supo aprovecharla y la película que pudo catapultarla al estrellato, "El mundo sigue" (1965) de Fernán Gómez tuvo problemas con la censura y tras un estreno de tapadillo fue retirada de la circulación hasta su reciente recuperación que ha permitido hacer justicia a un filme maldito y a unas interpretaciones gloriosas. Allí también estaba su marido, Fernando Guillén, un amor que compartía su pasión por la escena. Los dos se embarcaron en aventuras teatrales imposibles y para sufragarlas hacían mucha tele y alguna muy buena. Gemma guardaba especial cariño a su versión musical de "La vida en un hilo" basada en la película de Edgar Neville para "Estudio 1" en 1973. Padres de una saga a la que hoy acompañamos en el sentimiento. 

"Bodas de sangre" en su versión televisada para La 2 en 1986

Pero la televisión es veleidosa y, mientras sobre las tablas siempre mantuvo su estatus estelar, en los ochenta no tuvo tanto protagonismo. De vez en cuando sorprendía a la audiencia con trabajos como su "Bodas de sangre", emitida en La 2 en 1986, puro desgarro. La llegada de las privadas trajo más opciones de contrato pero... no necesariamente más calidad ni mucho menos compromiso cultural. Hasta su fichaje para "Médico de familia" en 1995 tuvo que defender absurdeces como su incomprensible papel de espectadora insoportable en las primeras entregas del programa musical "Noches de gala" (con Joaquín Prat y Miriam Díaz-Aroca). 

Gemma Cuervo, Emma Penella y Mariví Bilbao en "Aquí no hay quien viva"

Y de una serie de millonarias audiencias en Tele 5 a otra igualmente popular como "Aquí no hay quien viva" en Antena 3 a partir de 2003 y su retorno a la ficción de los Caballero en 2007 de nuevo en Tele 5 en "La que se avecina". Quizás su último papel en la tele fue una década después para "Cuéntame cómo pasó" pero no dejó de aparecer en nuestras pantallas nunca porque, moderna y avanzada a su tiempo como era, abrazó las redes sociales para enamorar a una nueva generación, una más que se sumaba a las que la admiraban desde los cincuenta. 

Gemma Cuervo con el premio Max en el programa "Atención obras" presentado por su hija

Gemma Cuervo es inabarcable y no es posible resumir en unas letras su trayectoria televisiva (que es a lo que nos dedicamos aquí). La Cuervo arrolló. Y cada vez que veamos sus trabajos nos seguirá envolviendo a su antojo porque sabía manejar las emociones. Su sentido del ritmo era impecable, tanto en comedia como en tragedia, y su mirada hipnotiza. Pocas actrices han sabido mirar a un lado de la cámara, al interlocutor invisible, como si nos observara directamente a los ojos en realidad. ¿Cómo era posible si no dirigía la vista hacia el objetivo de la cámara? Ese es el misterio de los grandes actores y Gemma lo era.

sábado, 19 de enero de 2019

"Un mundo sin luz", la distopía de Pedro Amalio López


Mediados de los 60. El franquismo quiere usar la tele para promocionar una nueva imagen del país, la de un estado libre y moderno, en absoluto bajo una férrea dictadura. Ahí comienza la "Operación Premio" de la que hemos hablado varias veces aquí y que supone el encargo de "obras únicas" destinadas a festivales internacionales que no se atenían a las normas de la censura imperante ni a los presupuestos habituales. Chicho Ibáñez Serrador, Antonio Mercero y Valerio Lazarov son los grandes artífices de estos triunfos en certámenes de todo el mundo pero también hay otros "teleastas" que consiguieron distinciones prácticamente olvidadas hoy. "Un mundo sin luz" es uno de los ejemplos más flagrantes. Este dramático dirigido y realizado por Pedro Amalio López con guión de Alfredo Muñiz basado en un relato de Carlos Buiza fue galardonado en el IV  Certamen Internacional de Berlín con el Gran Premio Placa de Oro a la mejor producción dramática con el tema "Mundo del futuro" y también con el Premio Internacional del Jurado de la Juventud, Placa de Plata. ¿Quién lo recuerda hoy? Cuatro gatos. No ha conseguido trascender a su época como "El asfalto", "El irreal Madrid" o, sobre todo, "La cabina". 


"La tierra ha llegado a tal grado de egoísmo, pobreza y maldad, que los habitantes de un mundo diferente deciden raptar a todos los niños. No es digna la raza humana de poseerlos. El único que podría salvarse, renunciando a su condición de hombre, es un piloto de aviación que tiene alma de niño... Esta producción es un mensaje urgente para un mundo que vive de espaldas al amor." Con esta breve sinopsis resumía su argumento el Anuario de TVE de 1969, en un catálogo que servía de epílogo apoteósico para presumir de los honores obtenidos en los últimos años a lo largo de toda Europa con las producciones patrias. El piloto estaba encarnado por Fernando Guillén con una economía gestual desprovista de toda afectación que hacía su interpretación creíble y perfecta para no convertir este especial en algo lacrimógeno y risible. Manuel Torremocha, Marisa Paredes, Rosa Luisa Goróstegui y Agustín González, entre otros, le secundaban.


Estrenado el 27 agosto de 1967, cumpliendo al límite el requisito indispensable de su emisión antes de concurrir al festival, una semana después fue premiado. Fue una sorpresa que esta pequeña distopía alcanzara tal éxito en Alemania. El diario "ABC" informaba unos días antes de conocer el resultado de la deliberación del jurado: "No nos ha gustado y lo afirmamos independientemente del resultado que obtenga en Berlín (...) Bien, el guión es una mezcla de realidad y ciencia ficción que casa mal. Le falta garra, emoción y le sobran prejuicios y énfasis. Diríamos que el señor Muñiz ha sido excesivamente minucioso en su empeño, demasiado rígido y conceptuoso. A una idea así le iría mejor un guión más "suelto" y desenfadado, menos terrorífico y literario. Menos infantil, incluso. Porque el grave defecto, a nuestro juicio, es su planteamiento y desarrollo a lo "cómic", como si se tratara de un relato previsto para ese subproducto literario de algunas revistas ilustradas para adolescentes".


Sin embargo, un crítico tan lúcido como Baget Herms publicó en su día al informar sobre el premio: "Ha sido, por tanto, el triunfo de unos profesionales "hechos" y crecidos en la televisión española (...) que no han desfallecido en ningún momento, trabajando siempre con entusiasmo y honradez hasta conseguir ese éxito a escala europea que Pedro Amalio ya merecía muy sobradamente desde hace tiempo, desde el día en que montó "Las brujas de Salem" para citar un ejemplo". Y es que "Un mundo sin luz" era un dramático modesto, realizado íntegramente en estudio, supliendo con mucha imaginación y gusto la falta de presupuesto. Cualquiera diría que era una apuesta "de segunda" para comparecer en festivales y que venía a rebufo de otra distopía también basada en un texto de Buiza, "El asfalto" dirigida por Chicho y que un año antes se había llevado la Ninfa de Oro y la Paloma de Plata en Montecarlo además de un reconocimiento especial de la UNDA al mejor guión. Sea como fuere, "el jurado aprecia la audaz tentativa de hacer valer la paz como único futuro viable para la humanidad sin caer en un confuso sentimentalismo. La pureza infantil se enfrenta descarnadamente a un funcionalismo materialista incapaz de toda responsabilidad. La puesta en escena triunfa y convence por su autenticidad (...) Nos hemos esforzado en designar el programa capaz de tocar a cada uno de nosotros... Podemos imaginar un futuro de máquinas pero importa antes la humanidad. En la aportación española encontramos la humanidad que buscábamos. El niño español de esta producción simboliza esta humanidad, el deseo y la esperanza de un futuro donde la dignidad del hombre sea respetada" declaró el presidente del jurado, el danés Laurits Binslôv, durante la entrega del galardón. 

Recientemente fue recuperado por la web Archivo RTVE: 

lunes, 13 de febrero de 2017

La huella del crimen


"La historia de un país es también la historia de sus crímenes, de aquellos crímenes que dejaron huella" afirmaba rotundamente la imponente voz de Claudio Rodríguez al comienzo de cada capítulo de "La huella del crimen" sobre un fondo negro como un pozo del que poco a poco emergía una huella dactilar ensangrentada. Es curioso que fuera la voz de Willy Fog la que anunciara lo que se nos venía encima el 12 de abril de 1985 tras la emisión del "Un, dos, tres" en la primera cadena. Pasadas las 23 h se abría un tiempo de recuerdos, de malos recuerdos, esos que habían marcado las páginas de sucesos de periódicos como "ABC" a finales del siglo XIX y principios del XX y propiciado la aparición de un diario sensacionalista como "El caso" a mediados de los 50, los asesinatos más sangrientos de la España reciente, aquellos que incluso habían generado coplillas. 

Victoria Abril y José Cerro en "El crimen del capitán Sánchez" dirigido por Vicente Aranda 

El productor, director y guionista Pedro Costa ponía en marcha este proyecto en 1982, aprovechando la victoria del PSOE en las elecciones generales y la entrada de Calviño en la dirección del Ente televisivo. Costa, que había estudiado Dirección en la Escuela Oficial de Cinematografía, se había bregado en el tema de lo sanguinolento en la redacción de "El Caso" a finales de los sesenta y en la revista "Interviú" desde su creación en 1977. Al presentar la idea de esta serie se había asegurado la firma de varios cineastas reconocidos como J.A. Bardem, Vicente Aranda, Ricardo Franco, Angelino Fons y Pedro Olea, que inauguró la serie con "El caso de las envenenadas de Valencia" protagonizada por una descarnada Terele Pávez que regresaba así a la actuación tras uno de sus parones voluntarios. El propio Costa se reservó para sí mismo "El caso del procurador enamorado" con Carlos Larrañaga y Ana Marzoa en los papeles principales aunque la visión global de la serie está impregnada de su espíritu y no sólo porque ejerciera de férreo productor. 

Sancho Gracia como Jarabo

Y es que para Pedro Costa éste era mucho más que un proyecto televisivo, era SU proyecto. Por eso supo lidiar con todos los problemas que surgieron durante el rodaje con mucho entusiasmo. Para empezar, el presupuesto era demasiado bajo para un producto de estas características, poco más de un millón de euros. Para evitar una mala ambientación o tener que prescindir del extraordinario elenco de actores previsto, por no hablar de un solvente equipo técnico, se decide rodar en Súper 16 mm y no en 35 mm, el formato cinematográfico habitual ya por entonces para las grandes series de la época. A pesar de tener que rodar casa episodio en sólo tres semanas, Costa contagia a su gente y con la complicidad del director artístico Wolfang Burmann se consigue una ambientación extraordinaria que es uno de los sellos que refrenda la calidad de esta antología macabra. Con el caso de el "Jarabo" se llega al culmen de esta primera tanda, la dirección de Bardem y la impresionante interpretación de Sancho Gracia consiguen excelente audiencia y mejor crítica, a pesar del excesivo gusto por esa sangre rojo-tomate que fue muy criticada por morbosa y que retrotraía al espectador a aquellas viejas pelis de la Hammer con Peter Cushing y Christopher Lee permanentemente enfrentados, ya fuera con Drácula, Frankestein o la Momia como monstruos en primera línea.

Silvia Tortosa y Sergi Mateu en "El caso de Carmen Broto" de Pedro Costa, perteneciente a la segunda temporada

Pero el del Jarabo era sólo el cuarto capítulo, aún quedaban "El crimen de la calla Fuencarral" con Carmen Maura y "El caso del cadáver descuartizado" con Juan Echanove y José María Pou. Este último incluía una trama homosexual que hizo que inicialmente TVE incluyera un rótulo de disculpas y advertencia para los televidentes "sensibles". Ante el éxito de audiencia y el revuelo provocado  por los 6 episodios, todo hacía suponer que se encargaría inmediatamente una segunda temporada pero no fue así. Costa echó la culpa a Pilar Miró y la acusó públicamente de favorecer a sus amigos a costa de otros profesionales ajenos a su "cuadrilla". Hubo que esperar hasta el 13 de febrero de 1991 para ver más historias de la España negra. Ricardo Franco, Imano Uribe, Rafael Moleón y Antonio Drove dirigieron a actores como Fernando Guillén Cuervo, Aitana Sánchez-Gijón, Juanjo Puigcorbé, Gabino Diego o Emma Penella. Costa se guardó el último capítulo para dirigirlo, "El caso de Carmen Broto" con Silvia Tortosa. Ángel de Andrés y Sergi Mateu de protagonistas. Había otro crimen previsto para esta segunda entrega pero el avispado productor se lo reservó para llevarlo directamente a la gran pantalla con Vicente Aranda de director y Victoria Abril, Jorge Sanz y Maribel Verdú como cabezas de cartel. La película se llamó "Amantes" y fue una de las más exitosas de los primeros noventa. 
   Aún habría una tercera (y breve) temporada entre 2009 y 2010, con crímenes recientes para cerrar esa historia del país a través de sus crímenes. El de los marqueses de Urquijo, Anabel Segura y los asesinatos de Castellón cometidos entre 1995 y 1996 fueron los elegidos para finiquitar una serie que usó lo más canalla de la condición humana para hablar de un país y de sus vaivenes políticos y sociales, bajo una nada disimulada crítica hacia nuestro sistema (cualquiera de ellos) y a nosotros mismos. 

   "La huella del crimen" ha sido editada por primera vez al completo por 39 Escalones con libreto explicativo incorporado y una limpieza de imagen y sonido que es de agradecer. Además, podéis verla en la web de RTVE (no con la misma calidad, obviamente).


miércoles, 8 de abril de 2015

Padre e hijo en "La saga de los Rius"

¿Reconocéis tras esta tímida sonrisa a uno de los malos de James Bond? ¿No? Quizás si os digo que es actor pero también guionista, productor y director caigáis en la cuenta... ¿Tampoco? Es hijo y hermano de actores y una de sus películas revitalizó el cine español a finales de los 90... Si todas estas pistas no os han ayudado a averiguar quién es este niño es que estáis un poco espesos porque nos ha demostrado su versatilidad en los últimos 30 años en cine, teatro y televisión. Este chaval de 12 años que en 1976 estudiaba 5º de EGB y presumía de ser un buen alumno en matemáticas es Fernando Guillén Cuervo. ¿Sorprendidos?

En marzo de aquel año la prensa hablaba del debut televisivo del hijo de Fernando Guillén y Gemma Cuervo en la serie que prometía ser la estrella de la programación en la siguiente temporada, "La saga de los Rius". Basada en dos novelas de José Agustí, esta adaptación dirigida por Pedro Amalio López fue la primera serie de TVE realizada en color y una de las de mayor presupuesto de su época.
   Fernandito (como le apodaron en diversas revistas) se enfrentaba por primera vez a una cámara para interpretar el mismo papel que su padre pero en su etapa infantil. A Fernando Sr. le hacía especial ilusión este doblete familiar para el mismo rol y parece ser que fue idea suya que su propio hijo debutara de esta manera tan curiosa.

Según las palabras que pronunció entonces Guillén Cuervo no tenía ninguna intención de dedicarse a esto en el futuro. Pasarían diez años hasta que volviera a aparecer en una serie, "Segunda enseñanza" donde, por cierto, intervino la práctica totalidad de la generación de actores jóvenes de la época, algunos tan famosos hoy como Javier Bardem... otro malo de Bond.
   Ahora que sabéis que este muchacho es Fernando, no me negaréis que tenía un gran parecido con su hermana Cayetana. Ah, y para los que se quedaron con dudas: la peli en la que hace de malo en la saga del agente secreto británico es "Quantum of Solace" y la que protagonizó y co-escribió el guión que fue un petardazo revolucionario en el cine español en 1997 es "Airbag".

sábado, 29 de marzo de 2014

Estudio 1: "El chalet de Madame Renard" versión 2000

 

Se cumplen 14 años de la emisión de "El chalet de Madame Renard" en el penúltimo intento de revitalizar la veterana cabecera "Estudio 1", la más destacada del teatro televisivo. A principios de la década se encargaron varias obras que se emitirían sin periodicidad determinada y una de ellas fue la adaptación de esta obra sesentera de Miguel Mihura.  


Esta versión fue noticia por algo más, era la primera vez en 11 años que se grababa un Estudio 1 en los estudios de San Cugat del Vallés y además el departamento de dramáticos de este centro de producción estaba prácticamente inactivo. Gracias a este rodaje de dos semanas, decoradores, estilistas, diseñadores de vestuario, maquilladores, atrezzistas y cientos de técnicos de otras especialidades hicieron un trabajo más artístico (y motivador) del habitual. En realidad fue un oasis en medio del desierto, no se regularizó la producción de este tipo de programas.


Vicky Peña, siempre magnífica, era la protagonista de esta obra muy atrevida para el año de su estreno teatral, 1961. Una divorciada y viuda vive en un chalet a las afueras de Niza que vivió mejores momentos. Pone un anuncio en el periódico para buscar marido que además sea socio en sus negocios. A la llamada responden dos hombres que resultan ser estafadores pero la señora Renard no es precisamente ingenua.


El añorado Fernando Guillén y Joaquín Kremel encarnaban a esos dos timadores profesionales que se terminan convirtiendo en cómplices de la protagonista. Anna María Barbany (una histórica de Miramar y muy recordada en Cataluña por "Plats Bruts"), Enric Pous (el Honorato que sufría a la Sardá en "Ahí te quiero ver"), Teresa Manresa, Sàskia Giró y Rita Miró completaban el reparto dirigido por Roger Justafré que también se encargó de la adaptación y de una mimadísima realización.


Y un personaje más era el magnífico decorado de Luis Gracia. Ocho sets repartidos en 600 metros cuadrados representaban un añejo palacio modernista que era retratado por largos travellings y al final, durante los créditos, las grúas reflejaban el ambiente del plató al acabar la grabación. Una coreografía de cámaras felices al ritmo del brindis de La Traviata enfocaban a los actores abrazándose a los técnicos compartiendo la alegría de un trabajo bien hecho.


jueves, 17 de enero de 2013

Fernando Guillén, un galán de la tele

Otra figura histórica de nuestra escena se ha ido. Hoy ha sido Fernando Guillén, uno de esos actores intuitivos, naturales, de voz grave pero dulce, de mirada inteligente, de fisicidad expresiva... a Fernando le pasaba como a Gregory Peck, sus hombros también actuaban, a veces, sus escuchas de espalda eran tan expresivas como su primer plano. En televisión lo fue todo, literalmente, galán, actor dramático, cómico y hasta musical, intervino en centenares (y no exagero) de dramáticos e intervino en dos Tenorios en papeles distintos, en 1973 lo protagonizó en una versión memorable.
Con su mujer, Gemma Cuervo, formó compañía teatral propia y protagonizó unos cuantos Estudio 1. Especial fue "La vida en un hilo", primera obra dramática musical realizada por TVE.
¡Y qué decir de "La saga de los Rius", una superproducción de 1976 dirigida por Pedro Amalio López y que fue un éxito merecido por el mimo con el que se cuidó esta serie rodada en cine en Barcelona.
En los 80 le vimos en otras magníficas series como "La huella del crimen", encarnando, como no podía ser de otra manera, a un asesino, y esto me recuerda a otros dos actores que también participaron en ella y que se fueron recientemente, Sancho Gracia y Carlos Larrañaga.
En "Brigada Central", en 1989, aprovechó su magnífico tono de voz para darle mayor profundidad a un papel pequeño pero intenso. A Guillén le hemos visto en la práctica totalidad de las series de éxito de los últimos 20 años, bien con papeles episódicos bien con roles fijos. También hemos disfrutado con sus doblajes, quizás no seáis conscientes pero la narración de "Améliè" es suya. Adiós un grande de los de verdad.