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lunes, 20 de junio de 2016

Un intelectual en un concurso musical


Ingeniero industrial, economista, beca Fullbright para doctorarse en Urbanismo en Berkeley. Profesor de todas estas disciplinas en facultades catalanas. Candidato por ERC en las elecciones del 82. Intelectual colaborador en prensa, radio y televisión muy presente entre los 80 y 90 en la tele. Autor de una treintena de libros de distintos géneros. Ex director de la Biblioteca Nacional. Con este currículum (entre el que he obviado una acusación por plagio para centrarme sólo en lo bueno) y la foto superior deberíamos reconocer a este joven de 24 años pero si digo que esa instantánea de febrero de 1964 pertenece a un concurso de TVE presentado por Torrebruno, puede sorprender. ¿Qué hacía un futuro ingeniero-economista-escritor-intelectual participando en un divertimento de la primigenia tele patria? 

Descubramos el misterio: Luis Racionero es el personaje misterioso. Quizás hoy su nombre suene poco o nada a las nuevas generaciones pero para los que superen los 35 será una cara familiar y le recordarán por sus continuas visitas a platós televisivos como invitado en tertulias y debates más o menos serios. Los más aficionados al couché también lo situarán en su memoria como ex pareja de Elena Ochoa (hoy Lady Foster y editora de carísimas publicaciones de arte pero popularísima a finales de los 80 gracias a "Hablemos de sexo") o María Vidaurreta. Pues bien, el señor Racionero, que tan pronto era capaz de disertar sobre literatura como discutir sobre arte, filosofía o ética, fue el primer ganador absoluto del concurso "Concertino" presentado por Torrebruno. Como hemos hablado recientemente de él sólo voy a recordar que el objetivo era reconocer distintas canciones de actualidad en el menor tiempo posible. El caso es que se ve que Don Luis también era un gran aficionado a la música "moderna" porque consiguió llegar al final del espacio y llevarse las 85.000 pesetas (510,8 eurazos de hace más de medio siglo) acumulados durante semanas en la caja fuerte, a los que sumó otras 5.000 del ala que había conseguido en una fase previa. El tema con el que consiguió el triunfo definitivo fue "The High and the Mighty" y como tenía su propia versión en español ("Débiles y poderosos"), el concursante le preguntó a Torrebruno una vez identificada la melodía "¿Cómo se lo digo? ¿en inglés o en castellano?". Pelín sobrado quizás. Según la crónica de la revista "TeleRadio": "Torrebruno se quedó de piedra. No supo reaccionar a tiempo. Se armó un poco de barullo pero quedó tremendamente demostrado que el concursante sabía la respuesta". Antes de que finalizara la primera (y única) temporada de "Concertino", el título de "ganador absoluto" le sería arrebatado por una participante pero Luis Racionero sería el primero aunque nadie le recuerde por ello. Es más, ¿se acordará él? O mejor aún: ¿querrá que se lo mencionen?

domingo, 12 de junio de 2016

"Concertino" con Torrebruno


¿Serían capaces de reconocer cualquier canción moderna que interpretara una orquesta en directo? Moderna en 1963, claro, porque ese fue el año en el que TVE adaptó el popularísimo "Il Musichiere" de la RAI, un concurso en el que se ganaba por identificar temas musicales de actualidad. Cuando aquel verano el programa llegó a nuestra pantalla su presentador original, Mario Riva, había fallecido como consecuencia de un trágico accidente mientras preparaba un festival de ese mismo espacio. Quizás por eso, por respeto a su creador del que también se había hablado mucho en la prensa española porque a veces su emisión se captaba en la zona de Levante gracias a los caprichos de las ondas hertzianas, TVE insistió en que "si bien nada tiene que ver con "Il Musichiere" en cuanto a desarrollo y forma de presentación, sí es similar en contenido y propósitos". Y para conducirlo se escogió a un italiano (¿casualidad?), Torrebruno. Este cantante y showman había debutado como presentador en el buque insignia de la Casa, "Gran Parada", y en la siguiente temporada había sido el anfitrión de "Buenas tardes con música" los domingos por la tarde. 


"El Concertino" se inició el miércoles 31 de julio a las 22.30 h. Aquel título también sonaba muy italiano así que ese intento de los directivos por despegarse del formato original no parecía muy intenso. Pero Concertino no era sólo el nombre del espacio sino también de su mascota, un niño rubito vestido de marinero, con gesto triste y trompeta en mano. El muñeco se hizo casi más famoso que el propio programa y fue un claro antecedente de otras mascotas televisivas porque, además, los concursantes se llevaban uno de regalo sólo por acudir al Paseo de la Habana y, atención, ¡otro para el alcalde de su pueblo!


Y es que una de las novedades de este programa era su afán de abrirse a todo el país. Si hasta entonces a casi todos los concursos acudían personas de Madrid, Barcelona o alrededores (los dos centros de producción que existían por entonces), esta vez la tele buscaba gente de todas las provincias y para ello repartió tarjetas del concurso por los estancos y prometía correr con los gastos de desplazamiento hasta la capital. 
   Cada miércoles participaban cuatro personas y además dos famosos lo hacían con fines benéficos. Para la primera emisión estaban anunciados Rocío Dúrcal y Joselito pero no he podido confirmar que finalmente fueran los padrinos del show. Lo cierto es que el programa sí consiguió lo pretendido: divertir a los espectadores con las pruebas de rapidez de reflejos y de conocimiento musical a tenor de las críticas y cartas de los espectadores publicadas durante la temporada en la revista "TeleRadio. 
   A Torrebruno se le afeó lo de siempre: que su español era deficiente pero conseguía suplir esa carencia con simpatía y mucho morro. Para ayudarle en su cometido estaba la actriz y presentadora Marta Padován a la que pronto se le acompañó de otra actriz que respondía al nombre de Nieves y que después hizo carrera en el cine italiano. 
   El ganador absoluto de este concurso fue un joven que años más tarde alcanzaría prestigio como escritor e intelectual... pero que no descubriremos ahora, permitidme un poco de suspense. Muy pronto descubriré de quién se trata. 

Un fragmento de "Il Musichiere", de la versión española no puedo ofrecer nada porque no existen grabaciones:

jueves, 4 de diciembre de 2014

Mayra, más allá del "Un, dos, tres"


Foto Alejandro Macías. Todos los derechos reservados.

Simplemente Mayra. No es sólo el título de su programa en una primigenia Antena 3, la audiencia la conoce por su nombre, no son necesarios los apellidos. Mayra Gómez Kemp es la primera mujer en presentar un concurso en solitario, ese “Un, dos, tres” que fagocitó el resto de su carrera. Pero además fue la primera ejecutiva de cuentas de una agencia de publicidad española, la primera en entrevistar en inglés a los actores más populares de finales de los 70, una actriz que cantaba o una cantante que a veces actuaba. Mayra fue pionera en concursos culinarios (“Tomates y pimientos”) y la primera estrella de la primera cadena privada del país. A pesar de un curriculum brillante y de un cariño del público que sigue intacto, lleva años sin poder liderar un proyecto televisivo. Afortunadamente ha tenido otros éxitos en la vida, el más importante sobrevivir a un cáncer. Ésa ha sido una de las razones para aceptar la vieja propuesta de escribir sus memorias. La promoción de “Y hasta aquí puedo leer” (Plaza & Janés, del que ya hemos hablado aquí) me permitió entrevistarla. Se nota que está cansada de repetirse porque es inevitable que le pregunten casi siempre lo mismo. Evita la automatización de su discurso, es una profesional y lo demuestra en cada uno de los encuentros con distintos medios por toda España. Tras una primera conversación matutina, nos reencontramos por la noche para presentar su libro ante el público en una librería de Santiago de Compostela. Allí volvimos a charlar pero con un ritmo más dinámico, conscientes de que las decenas de personas que se agolpaban en aquel espacio limitado querían ver a su Mayra de siempre. Y a buena fe que la tuvieron. 

Mayra durante la presentación de su libro en Santiago de Compostela


Es un libro muy valiente, no se escaquea de ningún tema, todo lo que se ha preguntado el público sobre usted es aquí respondido.

Es que no podía ser de otra manera. Me lo habían pedido antes y no había aceptado pero ahora me planteé: si lo escribo, una de dos o hablas de Mayra en el país de la maravillas o afrontas la verdad y la atacas de frente y como mi vida yo la he vivido cogiendo el toro por los cuernos así lo he escrito.

¿Pero no fue duro?

Muy duro. En algún momento fue algo catárquico. Por ejemplo, mi niñez que yo la había dejado atrás, revisitarla fue duro, difícil, pero me permitió poner las cosas en su sitio porque ya había tiempo y distancia de por medio y constaté que en mi interior hice las paces con mucha gente pero no quise obviar la verdad y no lo he contado todo, hay cosas que pueden hacer daño a terceras personas. He sido testigo pero si  no me afectaron directamente no las he contado.

En los minutos previos a la presentación


Un ejemplo es esa relación que tuvo al principio de los 70 con alguien del sector publicitario del que no revela su identidad.

No voy a dar nombre porque si esa persona no lo ha contado nunca… Conociendo cómo era sé que no lo iba a contar y ni siquiera sé si vive. Pero se merece un respeto y hay cosas que he querido respetar, no tengo por qué echar a la gente a los pies de los caballos.

En la primera parte del libro se habla de dos grandes influencias vitales.

Mi padre y mi abuela.

¿Su madre no se sentía celosa de esa relación tan especial que tenía con su padre?

Creo que sí. Y con mi abuela, ella me permitía, me protegía y me arropaba como a ninguno de sus hijos. 

Pero al mismo tiempo le aconsejaba mucho.

Sí, tenía la sabiduría de esa gente que no tuvo estudios pero sí inteligencia y aprendió con la vida. Decía cosas maravillosas, para mí lo de “no hay nada más ridículo que una vieja con muchos coloretes” me marcó para siempre.

Por eso nunca se ha planteado hacerse una cirugía.

A mí ya me hicieron una con el cáncer (risas), me parece muy bien quien quiera hacérsela, está en su derecho, cada cual baja las escaleras como puede. Decidí envejecer graciosamente. A lo que se debe aspirar es a estar lo mejor posible para la edad que tienes, es ridículo pretender estar como una mujer o un hombre de 30 años porque no los tienes. Ahora, verte lo mejor posible me parece que es una coquetería que no deberíamos perder nunca.

 


Vivió con su abuela en Tampa donde empezó a estudiar filosofía y letras, no parecía que tuviera una gran vocación artística a pesar de que ya había colaborado con la tele en Cuba, quizás porque lo tenía tan dentro de casa…

Yo tenía muchas inquietudes pero no tenía medios económicos. A mí la vida me ha llevado y yo la he llevado lo mejor posible, como todos, a menos que seas hijo de Rockefeller  o de Bill Gates. Dentro de eso me considero una privilegiada, he tenido oportunidades, he sabido aprovecharlas, he conocido a gente muy importante pero no por su dinero o posición sino dentro de la profesión, de las que he aprendido mucho.

Pero no tenía vocación televisiva…

No, la verdad es que me interesaban tantas cosas, era una enloquecida de la ciencia ficción, me interesaban el Sputnik y la perra Laika, y lo que lloré cuando la mataron en el espacio. Yuri Gagarin, el hombre en la Luna, me marcó mucho eso. Pero hoy en día estamos tan preocupados por el día a día que no tenemos tiempo de mirar a la luna y las estrellas.

Pero usted sí que hizo soñar a mucha gente…

Qué bonito eso que me dices. El otro día alguien me dijo que no había podido ir a las estrellas pero que yo me había convertido en una, le pregunté si se lo podía copiar.

 

 Presentando su primer programa de "Un, dos, tres" en 1982

Una estrella a su pesar…

Sí, lo que yo quería en la vida era lo que me machacó mi papá desde niña: poder vivir de mi trabajo y no depender de nadie, para mí eso era el éxito. Y lo conseguí desde muy jovencita.

Siempre fue muy independiente.

Sí, toda mi vida.

Cuando se vino a España era una especie de año sabático tras sus estudios y de paso ayudaba a una amiga que acababa de tener un hijo y se sentía muy sola en España, pero no pensaba quedarse aquí 40 años.

Yo no creía que me iba a quedar toda la vida y lograr las cosas que logré, ni lo más remotamente. He sido muy independiente, mi padre decía “a mi hija ningún hombre le va a aguantar más de dos años (risas) porque es demasiado independiente”. Por suerte se equivocó porque hay un señor que me ha aguantado cuarenta.

 

 Alberto Berco, su marido, en una subasta del "Un, dos, tres" interpretando a Newton en 1976

Y usted a él, es algo que debe ser recíproco.

Creo que sí, es algo mutuo. Las parejas hay que trabajarlas, el amor hay que trabajarlo mucho.

Usted se lo trabajó mucho.

Empecé a trabajarlo desde el momento que lo conocí, me tardó tres meses, eh. Después de eso tuve la suerte de encontrar en aquellos años 70 un hombre absolutamente generoso, nada machista con el que hice un pacto: aquel de los dos a quien le fuera mejor el otro le seguiría porque éramos conscientes de que no podría funcionar si cada uno estaba por su lado. No creo en el amor a distancia.



Él era un actor muy reconocido, incluso coincidieron juntos en el Un, dos, tres.

Sí, ya en las subastas de Kiko aunque no juntos y como presentadora sólo fue una vez, haciendo de General Custer y quería darle un beso al final como un guiño pero Chicho no me dejó.

¡Y encima le bailó el pie (no le dio paso correctamente)!
¡Sí! Por los nervios pero a mí a me parecía bonito terminar diciéndole “te veo en casa cariño” como un guiño al público. Después Chicho lo dejó de llamar como actor y yo creo que era porque era mi marido, para que no le acusaran de nepotismo, eso le perjudicó. Creo que mi marido ha sido un gran actor, no le ayudaba ser tan guapo, le limitaba en los papeles. Pinta bárbara, 1.86, ojos azules y él en realidad era un cómico, un característico. Hay una escena en “Amor bajo cero” con Tony Leblanc en la que se emborrachan los dos y se pone a recitar Shakespeare que creo que está maravilloso. ¡Y se hizo en directo, no está doblada! Consiguió convencer al director y por eso pudieron improvisar los dos, porque eso no se puede doblar.

¿Él echa de menos actuar?

Echa de menos el teatro, no el cine, pero después de su depresión quedó con muchos problemas de memoria, eso le creaba mucha inseguridad y era lo que más le gustaba en la vida, el teatro. Hubo un tiempo en que se dedicó a formar a otros actores. 


 

 Mayra y Alberto en un descanso de la grabación del "Un, dos, tres"

Uno de los temas más difíciles del libro es la depresión de su marido. Tuvo que lidiar con la incomprensión de mucha gente que le acusaba de castradora, como si fuera su culpa que él no trabajara.

Eso la gente que dice tonterías, quien no conoce que una pareja llega a los arreglos que llegan entre ellos y el cambio de roles no es negativo. 

En ese momento se enfrentaron los dos a un gran problema, nadie entendía la depresión como una enfermedad, no se diagnosticaba como tal.

A él le empieza a tratar un psiquiatra freudiano, que iba a averiguar lo que le pasaba cuando tenía 6 años y el problema no es ése, eso lo analizas después, cuando haya salido de la depresión, el tema era cómo sacarlo de ahí. No había los fármacos que hay ahora, los ansiolíticos, todo eso no existía.

Usted  se convirtió en su enfermera y aplicaba el método error-ensayo.

Sí, así es. El último psiquiatra que tuvimos, que fue quien de verdad le ayudó, fue el que dijo “tú tienes que ir cambiando el rol día a día, ver cómo está y adaptarte” y así lo hice pero claro yo no sabía nada de eso, no entendía lo que pasaba.

Alberto y Mayra trabajaron en el "Un, dos, tres" pero no coincidieron nunca en un sketch


Por esto no es de extrañar que después en Canal 7 usted hiciera un programa médico, encajaba perfectamente.

¡Pues sí! (risas) yo creo que me vino muy bien porque cuando uno lidia con alguien enfermo, o te enfermas tú, ves la enfermedad de otra manera y tienes más empatía con los demás. Yo aprendí, es algo muy difícil que tienen que aprender los que están con alguien al lado con una depresión, que cuando un enfermo (porque son enfermos) te dice “no puedo hacer esto”, no te está diciendo “no quiero hacerlo”, ¡es que no puede! Y entender eso es fundamental.

Volvamos al trabajo, Rocky Horror Show, temporada 1973-74.

Ahhh, ¡qué bonita experiencia!

Creo que los que leen ahora el libro no son conscientes de la transgresión que supuso en ese momento, de hecho no se pudo representar en un teatro sino en una sala de fiestas…

¡Pero que se pudo representar! Con pases nocturnos para que no pudiera ir la gente joven. Hicimos pase de censura, nos dijeron que no podíamos decir la palabra “travesti”, etc. El productor nos dijo que nos olvidáramos de todo eso y “háganlo tal como lo hemos ensayado”.  De vez en cuando venía una inspección, le metían una multa y seguíamos. Trabajamos a sala llena todas las noches. 

Se murió de éxito.

Sí, también. La pasaron al teatro y no funcionó igual, así y todo el haber podido estrenar esa ópera rock en Madrid era una pica en Flandes. 

¡Y que uno de los niños del cine y la tele, Pedro Mari Sánchez, apareciera allí en calzoncillos dorados! El público estaba escandalizado, ¡qué hace ahí el niño de “La gran familia”!

¡Sí y haciendo posturitas! (Risas) Fue muy transgresor y decíamos que veníamos de la galaxia Transexual de Transilvania…

Usted fue muy transgresora e independiente hasta que el “Un, dos, tres” cambió su imagen, De hecho, como si quisieran confirmar esa transgresión de los 70 desde hace años hay unas fotos en internet en las que aparece supuestamente desnuda…

No, yo no me hice nunca fotos desnuda. Sé que existen pero no soy yo, hay unas fotos del trío Acuario en las que se insinúa… pero jamás posé desnuda y es más, cuando yo veo los atributos de esa persona y me miro… clarísimamente no soy yo, es alguien que se me parece pero no soy yo.

 


Volviendo al tema, al principio, como actriz del “Un, dos, tres” la llamaban “la loquita”, nada que ver con su imagen posterior como presentadora muy formal.

(Risas) Sí, bueno pero la suerte que he tenido es que el público me aceptó, tanto en el papel de loquita como en el otro más formal porque en el fondo yo he sido una persona muy normal. Ha abordado en mi vida las cosas que he vivido con normalidad y creo que eso era lo diferente, siempre he sido muy tolerante y eso traspasaba.

Cuando usted hacía de actriz era agua fresca porque los demás actores ejercían de tales y eso se notaba. Kiko, que era caótico, no pegaba con ellos. Por eso quizás usted tuvo esa conexión con él y nunca le llamaba por el nombre del personaje sino por el suyo propio lo que fue para usted un gran favor.

Me lo estaba haciendo porque Chicho después le regañaba “no la llames Mayra, es la maharaní de no sé qué” y yo le decía “Kiko, por favor, no te metas en líos” pero decía que el público tenía que conocer mi nombre, era absolutamente generoso. Pero sí,  a él le encantaba cuando estaba en el programa porque no actuaba, hacía lo que me daba la gana, diciendo la letra pero lo hacía de otra manera.

Por eso después tuvo problemas morales cuando Chicho la llamó para sustituirle.

A mí Kiko me vino a ver y me dio mucha pena y yo pensé no puedo hacer daño a este hombre que tan bien se ha portado conmigo. Y fui a ver a Chicho y me dijo “no, Mayra, no, te voy a enseñar algo que no le he enseñado a nadie”. Kiko le pidió que le hicieran una prueba para demostrar que podía hacer el programa después del accidente. Vi la prueba y no quiero dar detalles pero es patético. Chicho me dijo que no tuviera ningún reparo porque no le estaba quitando nada a nadie pero que si no aceptaba sí que le quitaba el trabajo a todo el equipo, sólo quedaban dos semanas para empezar el programa y estaba todo listo… menos el presentador.

 


¿Después hablaste con Kiko?

Al principio sí pero después tuvo unas desafortunadas declaraciones que yo obvié, eran fruto del momento y de cómo estaba. No quise darle mayor importancia pero era mejor dejar las cosas así, no le iba a hacer ningún bien.

 


Volvemos al 78, momento en el que empieza una etapa apasionante: “625 líneas”.

Así es, me firmaron cuatro programas y estuve casi tres años. Me dio la oportunidad de conocer a todos los protagonistas de las grandes series de la época, “Raíces”, “Poldark”, “Yo, Claudio”, “Mad about the house”, “Los Roper” que eran divinos de divertidos…

A ellos lo entrevistó allí, ¿no?

Sí, fuimos a Inglaterra, a la BBC, además ella improvisó, yo traducía la entrevista y cuando terminó, nos levantamos y ella le mira a él y dice “¿Y estos quiénes son?” (Risas) Pero hubo más, Jacques Cousteau, impresionante, Anthony Quinn, los que trabajaron en “Holocausto”… 

 

Entrevistando a una de las protagonistas de "Un hombre en casa" en el plató de "625 líneas"

Estamos hablando del avance de la programación que se convirtió en el número 1 de la lista de aceptación por encima de “El Hombre y la Tierra”.

Sí y por él tuve mi primer TP de Oro, el Ondas al mejor programa de entretenimiento, Populares del diario “Pueblo”, nos dieron todo… y nos acusaban de hacer parecer la programación de TVE más interesante de lo que era en realidad. Como nos dieron todo a raíz de eso, me quitaron.

 

 Presentando "625 líneas"

Se decía que estabas quemada.

Sí, era la mentalidad de la época. Desde luego en aquella tele Anne Igartiburu no hubiera hecho “Corazón” durante 15 años, al segundo la hubieran quitado. Al cabo de 30 años acabo de recibir una carta del actual director de programas de TVE diciendo que he sido un referente en esa tele y agradeciendo mi colaboración en el programa de Nochebuena, es la primera vez en 40 años que alguien de TVE me agradece algo.

¿Es cierto que va a cantar en ese especial?

No, no puedo cantar.

Imagino que lo extraña porque eso sí ha sido una vocación.

A raíz de mi enfermedad sufrí una operación muy invasiva pero que dio resultados y después 36 sesiones de radioterapia y después quimio, todo en la misma zona de la boca. Hablo de milagro. Ahora canto por lo bajini, que mi marido dice que parezco una mosca cojonera (risas) que cante alto o para dentro. Canté desde niña y no he dejado de cantar pero profesionalmente no, tengo demasiado respeto al público. Me atrevería con algo muy ensayado a lo mejor dos cositas pero no la canción entera, no estoy para eso. 

Estábamos hablando de su primer programa como presentadora que dirigía José Antonio Plaza, un nombre importantísimo en su vida profesional.

Fue fundamental en mi carrera, me fichó para el “625 líneas”, el programa infantil, me llevó a Antena Radio, es mucho lo que le debo a José Antonio Plaza.


Después del despido de “625 líneas”, tiene que pasar un tiempo en barbecho y vuelve con “Ding dong” también de la mano de Plaza. Un fracaso, es un programa que no hay por donde cogerlo pero sirve para que Chicho se diera cuenta de que usted podía presentar un concurso.

Como Andrés Pajares no quería presentar esa parte sino sólo el show, la responsabilidad recae sobre mí y Chicho lo ve, ve que soy capaz de llevar adelante un concurso, eso se le queda en el subconsciente. Después en el programa infantil también hago concursos con los niños y eso también queda ahí y estoy segura de que influye a favor para que después pensara en mí como presentadora del “Un, dos, tres”. Aunque nunca me lo ha dicho, no tengo la menor duda.

 
Con María Kosty y Andrés Pajares en el primer programa de "Ding Dong"


Termina “Ding Dong” y empieza “Dabadabá” y había críticas de algunas locutoras que no encajaban bien que alguien de fuera de la Casa presentara tantos programas.

Tuve grandes amigas entre las locutoras oficiales, no tuve problemas nunca, tan sólo un par hizo unas declaraciones desafortunadas pero he decidido obviarlas y no darles publicidad.

¿Pero recuerda quiénes eran?

Sí pero hasta aquí puedo leer.

En su día a día en Prado del Rey, ¿qué pasaba cuando se las encontraba?

Yo las saludaba, como tenía otras grandes amigas como María Luisa Seco, Marisa Naranjo, Isabel Tenaille, Mari Cruz Soriano (trabajamos juntas en “las líneas”), Marisa Abad, que sigue siendo amiga a día de hoy y continúa guapísima de morirse… ¡me enseñó a hacer el arroz a banda! pues las otras me daban igual. En esta vida he aprendido a buscar lo positivo. Yo me seguía tratando con la gente que me llevaba bien y con la otra pues no me llevaba mal.

 
  Juan Santamaría, su compañero de presentación en "625 líneas"

Marisa Abad le enseñó a hacer el arroz a banda ¿y Juan Santamaría (su compañero en “625 líneas” y hoy cocinero con su propio restaurante)?

No cocinaba entonces, se convirtió en un gran chef después y siempre habla de mí maravillosamente, ¡incluso ha creado un arroz con mi nombre! Juan era guapísimo y lo sigue siendo pero entonces no sabía que le gustaba cocinar. 
 

“Dabadabá”.

¡Los niños! Me encantan porque no tienen filtro, lo que piensan aquí (se señala la cabeza) sale por la boca sin filtrar y eso es de una frescura… algo maravilloso.

Hizo mucha piña con Rosa Otero.

Sí.

 

Con Rosa Otero y Lorenzo Pinchadiscos en "Dabadabadá"

No tanto con Carmen Lázaro…

Es que Carmen hacía lo suyo y se iba porque vivía en Barcelona pero me llevaba muy bien con ella, la llamábamos Sor Mundina porque hacía programa con él. Rosa y yo estábamos juntas todo el día, por eso nos hicimos más amigas.

Ha comentado alguna vez que a Torrebruno no es que no le gustaran los niños pero tampoco le apasionaban.

No, para nada. A él le hubiera gustado ser un Frank Sinatra y lo fue muy al principio pero le duró poco. Encontró el filón de los niños e inteligentemente se quedó ahí.

¿Era un buen compañero? Tengo la impresión de que en aquella época tenía cierta amargura, había venido a España para presentar “Gran Parada”, tuvo sus propios programas pero estaba frustrado porque no había triunfado en ese aspecto.

El pozo estaba ahí pero era un gran profesional y lo hacía todo impecablemente. Que en el fondo le hubiera gustado hacer otra cosa, sí, y le pasa a mucha gente. Pero era inteligente como para saber que ahí tenía un trabajo y no iba a dejarlo. Él de tonto no tenía nada.


 Con Rosa Otero y Torrebruno en "Dabadabadá"

Y Plaza cuenta de nuevo con usted para Antena 3 Radio.

Hicimos hablar la FM, que era sólo música y fui la primera mujer que estuvo en la mañana de una radio generalista. Por supuesto que el director era Plaza pero su partenaire era yo. Me lleva porque sabe que aunque es un gran periodista y un gran director su fuerte no es improvisar. Eso me lo dejaba a mí.

Quizás porque la había convertido en su mujer de confianza se sintió tan decepcionado cuando deja el Dabadabadá para hacer el “Un, dos, tres”.

 A él le dolió mucho.

Pero usted también se sentiría decepcionada por esa reacción.

Tuve que aceptarlo, tuve que decir “es humano, es lógico”. Cada persona se cree un poquito Frankestein y este es mi monstruo, lo creé yo, sin embargo, siempre he dicho “a mí me crearon mi papá y mi mamá, ni siquiera mi marido” pero entiendo que es humano. Él me dio esas oportunidades, me llevó de la mano con él, que sienta un poco ataque de cuernos, es normal. Chicho lo sintió después cuando me fui a Antena 3 TV, todos somos un poco doctor Frankestein.

 

En el libro habla claramente de Chicho, de sus amores y odios. Supo ser una gran diplomática con su carácter, quizás era la carrera que tenía que haber seguido.

(Risas) Tenía que haber sido espía, nada del pequeño Nicolás, con mi memoria fotográfica voy memorizo la fórmula y ya está, no hay papelito… pero sí, con Chicho tuve desencuentros pero un día pensé que en la balanza es muchísimo más lo positivo que lo negativo. Siempre he pensado que el rencor sólo hace daño a la persona que lo siente, no consigues nada con eso, me olvidé de todo, voy a recordar lo bueno (que fue mucho) y pensar en lo mucho que lo quiero. Es muy fácil querer a las personas que siempre se portan bien contigo, lo difícil es querer “a pesar de” y yo soy así.



¿Cómo fue la llamada de Chicho para ofrecerle presentar el buque insignia de TVE tras el accidente de Ledgard?

Yo estaba tranquila en Antena 3 Radio, se había publicado que el sustituto sería Chicho Gordillo o Emilio Aragón. Salgo de la radio, voy a la peluquería y me llaman allí, me dicen que es la mujer de Chicho, ¿la mujer de Chicho me llama a la peluquería? Me ponen la toalla y voy, “Diana, ¿qué pasa?”, “Espera, que te paso a Chicho”. Eran las tres de la tarde y me dice “nena, no le voy a dar más vueltas, ¿te gustaría presentar el 123?”, le respondí “Chicho, ¿borracho a estas horas?”. No sabía nada de lo que había pasado. Gordillo, por amistad con Kiko se había sentido fatal y había dicho que no presentaría. Estaban a ocho días de grabar el programa, el equipo entero llevaba dos meses ensayando. Fui a su casa, hicimos una prueba y me confirma que lo haría yo. Pero a los dos días que sale la noticia se me presenta en casa Kiko Ledgard, sin avisar. Sólo un hombre tan deportista como él había podido sobrevivir a esa caída desde un 2º piso. Tenía un brazo inutilizado, se dio un golpe en la cabeza. Kiko estaba muy nervioso “he leído que vas a hacer el programa y a mí Chicho me dijo que lo harías sólo hasta que yo me recuperase”. Me sentía fatal, le debía una deuda de generosidad, le dije que sí, que en cuanto se recuperara daría un paso atrás pero en aquella conversación me di cuenta de que no estaba bien, se olvidaba del nombre de sus hijos, por ejemplo. 

Interpretando a Jane en una subasta de la etapa presentada por Ledgard


Hay algo que no aparece en el libro que a mí siempre me ha resultado curioso. Chicho Gordillo intervino en un programa de su primera temporada, el dedicado a “Las Vegas”, fue un acto de gran caballerosidad.

¡Sí y cantamos juntos! Fue el propio Gordillo el que me preguntó si me atrevería a cantar un poquito con él y no se lo dijimos a Chicho. Estaba previsto que viniera a la mesa de la subasta y siguiera cantando pero no conmigo, me lo pide minutos antes y le digo “venga, lo hacemos”. Gordillo era muy buena gente y además me parecía algo tan bonito y era una de esas cosas que no se hacían en televisión en aquella época, ¡no se había hecho antes! 

Y aún así la aprovecharon poco en ese sentido aunque nadie le puede quitar ya ser la primera presentadora en Europa en presentar un concurso en prime time en solitario.

No sólo eso, en el mundo, hubo que esperar a que Meredith Vieira hiciera en el 2000 “¿Quién quiere ser millonario?”.



Tras su despedida del programa en 1988 todo hace pensar que si vuelve, será con usted y así se anunció en 1990.

Me hizo volar desde EEUU en plena guerra del Golfo para decirme que el “123” volvía y que yo seguiría siendo la presentadora y además me iba a subir el sueldo, me lo igualaría al de Joaquín Prat en “El precio justo”. Después de esa reunión no supe nada hasta que vi en la prensa que no sería yo sino Estadella. A mí no me falló mi director, me falló Chicho, mi amigo. Pero hoy estamos en paz.

Su etapa en una Antena 3 demasiado verde no fue tampoco agradable.

Estaba todo en obras, hacíamos “La Ruleta de la fortuna” sin ordenadores, se tenían que montar y desmontar los paneles con destornillador. 

 
 En "La ruleta de la fortuna" en los inicios de Antena 3

¿Por qué trataron tan mal su programa “Simplemente Mayra”?

Eso nunca lo entenderé pero está claro que era una condición que yo había puesto en el contrato y lo cumplieron porque no tenían más remedio pero no me dieron equipo ni medios, era imposible que funcionara.

¿Quién era el responsable de ese maltrato?

Está muerto y no hay necesidad de hablar de ello.

Hablamos de Martín Ferrand, que era el director de la cadena en aquel momento.

Bueno, sí. Desde luego a él no le interesaba mi programa, sólo el concurso.  

Afortunadamente su siguiente proyecto fue mucho más satisfactorio: “Luna de miel” en la FORTA.

Fue la experiencia de trabajo más gozosa que tuve. Era un equipo unido, nunca oí una voz por encima de otra, no había divismos, no había estrellas, todos éramos una piña, todos teníamos que sacar adelante un programa y lo hacíamos. Para que te hagas una idea del nivel humano que había: mi madre estaba muy enferma y tuvo un empeoramiento. Le dije a mis jefes, la Trinca, que en cuanto acabara aquella grabación tenía que irme a coger un avión, siempre había una celebración pero no podía quedarme. Empezaron a acelerar para que no perdiera el avión y se reventó un foco, había que barrer pero las señoras de la limpieza estaban en la hora del bocadillo y el regidor, los cámaras, el realizador bajó del control y lo barrieron ellos para que me pudiera ir. Así pude estar con mi madre.

Era un programa muy divertido, con una barca con agujeros, todos vestidos de boda. Había unas cámaras submarinas puestas con muy mala baba para que se viera cómo se caían y los vestidos de las novias volaban bajo el agua. Tuvo mucho éxito y era muy divertido.

Los siguientes proyectos no funcionaron, unos por mala ubicación en la parrilla, otros por falta de paciencia y otros, sencillamente, porque no eran buenos. Si exceptuamos "Tomates y pimientos", un divertido concurso entre chefs (con la ayuda de ciudadanos anónimos) en las mañanas de Antena 3 (ya comentado en este blog), su trayectoria de los últimos años no ha sido lo brillante que su curriculum merecía. Pero ella ha mirado siempre hacia adelante, ha asumido riesgos y se ha negado a participar en programas que no le interesaban, ha sabido mantener una dignidad que el público agradece. Por eso a Mayra no le hacen falta apellidos, es simplemente Mayra.

domingo, 18 de mayo de 2014

Las supersabias

"Club del sábado", "Gran Parada", "Concertino"... ya hemos comentado en este blog los inicios de Torrebruno en TVE y habíamos prometido hablar de un programa que marcó un antes y un después en su trayectoria, lo que se debe calificar con todos los deshonores de fracaso se convirtió, sin embargo, en el inicio de una nueva (y longeva) etapa en su carrera. "Las supersabias" era una ambiciosa (en lo conceptual) apuesta de la Casa para la temporada 72/73 pero no llegó a completar ciclo, en diciembre del 72 fue cancelada su emisión.

Era un concurso de media hora semanal programado para los miércoles a las 15.35, después del Telediario. En esa misma franja se emitía un concurso distinto cada día de la semana, los jueves, por ejemplo, "De la A a la Z". Ninguno de esos programas pretendía ser un exitazo pero se trataba de no despertar críticas furibundas como las que sufríó éste.
   En las primeras semanas Torrebruno estaba acompañado en las presentaciones por la actriz Josele Román en el papel de catedrática seria y circunspecta. A ella los espectadores la conocían de sobra por sus papeles de pilingui o criada en decenas de pelis de la época. Josele escapó pronto del invento y sería sustituida por una especie de azafata con frase de la que su nombre no pasaría a la posteridad.

El formato era sencillo: preguntas y respuestas, juegos de pistas y poco más. La diferencia estaba en que a este concurso sólo podían presentarse mujeres y eso, en principio, fue saludado con alegría por los críticos que se lamentaban de que las féminas no solían ser tenidas en cuenta en la programación en general y en los concursos en particular. Lo que en principio contaba como el mayor mérito se transmutó en un lastre, el programa ya comenzaba con un prejuicio y no supo liberarse de él.

El otro objetivo de los ataques fue el mismísimo conductor. Lo que antes hacía gracia ahora ponía nervioso al espectador, sus italianismos, sus continuos errores y una flagrante falta de dirección (y por lo tanto de ayuda en plató) condenaron al concurso al fracaso casi inmediato.
  Años después, en una entrevista en la revista "TeleRadio", el propio Torrebruno decía: "No era culpa mía. Un extranjero al que le daban unas preguntas que no ha leído nunca, en un sobre cerrado, no es responsable de no pronunciar un acento que falta o de cometer errores sintácticos estando el texto mal puntuado"

En la noticia sobre su cancelación, el periódico ABC destacaba la simpatía del romano pero confirmaba que el programa estaba mal planteado desde el principio. Al respecto, Torrebruno aseguraba que "aquel programa tuvo mala suerte. Era un tema delicado y hacía agua por demasiados sitios".

Todo parecía indicar que la carrera del showman en nuestro país había acabado de forma fulminante pero en realidad tomó un nuevo impulso. Tras una breve experiencia en el ómnibus dominical "Todo" ese año pasó una etapa de barbecho hasta que en 1975 TVE le dió una nueva oportunidad que él definió como la última, el programa infantil "La Guagua" (del que hemos hablado aquí). Fue un éxito y significó la reconducción de su carrera hacia el público más joven, que ya conocía por su trabajo en los parques de atracciones de Madrid y Barcelona. Este cambio supuso que continuara en pantalla hasta los 90 y se convirtiera en un icono para los chavales de los 70-80.