Dice la RAE que arrollar significa, entre otras acepciones, vencer, dominar, superar. También que ese verbo implica no hacer caso de leyes, respetos ni otros miramientos ni inconvenientes. La última entrada del diccionario, la octava, añade: "Dicho de una persona: Confundir a otra, dejándola sin poder replicar, en controversia o disputa verbal o por escrito". Todo eso, cada palabra, encaja perfectamente para describir, si eso es posible, a la actriz que se nos acaba de ir a los 91 años. Gemma Cuervo arrolló por donde pasó, nunca dejó indiferente y siguió sus propias reglas, incluso en tiempos de censura. Por eso, quizás, hoy es llorada por personas de distintas generaciones. Y es que desde su debut teatral a mediados de los cincuenta hasta sus últimos papeles televisivos consiguió algo inaudito: tener un pie entre lo popular y lo elevado, entre las comedias de mayor audiencia y los dramas de mayor compromiso social o político.
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| "Las brujas de Salem" de Pedro Amalio López en 1965 |
El teatro fue su gran pasión, inevitable ligazón para aquellos que comienzan en las tablas, un matrimonio para toda la vida pero la televisión fue su gran aliada para llevar después al público a los teatros. Y no es que en la pequeña pantalla sólo interviniera en "productos de consumo fácil", en absoluto. Debutó en los estudios del Paseo de la Habana a principios de los 60 y ya en 1965 se atrevió con el personaje más difícil de "Las brujas de Salem" en la versión de Pedro Amalio López. Podría haber "caído mal" entre la audiencia con aquella manipuladora que consigue convencer a un pueblo entero de que está endemoniada pero se llevó, merecidamente, premios por aquel trabajo y, desde entonces, fue una estrella de los dramáticos de nuestra tele.
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| Interpretando a la Duquesa de Alba en "Diego de Acevedo", serie protagonizada por Francisco Valladares en 1966 |
Se hinchó a protagonizar obras en "Estudio 1", "Gran Teatro", "Primera Fila" y aparecer con papeles más o menos importantes en series antológicas de distinto calado, desde el modesto (pero exitoso) "La pequeña comedia" a la mítica "Historias para no dormir" sin olvidar su papel en la primera serie filmada de nuestra historia, "Diego de Acevedo" (1966) como la Duquesa de Alba. No quiero olvidar que también apareció en la primera obra en la que se usó la empalmadora de vídeo en España, que permitió editar las grabaciones (aunque no con gran precisión), "Tea Party" en 1965 con Fernando Rey y Julia Gutiérrez Caba. La Cuervo, siempre presente en los programas innovadores.

En general encarnaba a mujeres fuertes, que no se arredraban ante las circunstancias. Sus personajes eran los habituales para los hombres, para qué engañarnos. Ella los hacía suyos, los exprimía, sorbía su esencia para escupirla con elegancia ante las cámaras, podía ser la mala malísima de la función pero eso, en tiempos del franquismo, era una valentía. A veces era una víctima que se rebelaba, otras una elegante aristócrata que sabía aprovechar su lugar en la sociedad pero había algo común en todas sus mujeres: el carisma.
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| "Fuenteovejuna" desde el Festival de Almagro en 1967 |
A Gemma el carisma se le desborbaba, también en eso era arrolladora. Viendo sus interpretaciones televisivas en aquellos dramáticos de los sesenta y setenta, grabados en bloques largos sin espacio para cortes ni equivocaciones, con tres cámaras y una planificación supeditada al espacio y a los condicionantes técnicos me sorprende su dominio del medio, un medio que nació cuando ella comenzaba en el teatro. Ella se estaba inventando, con sus compañeros, cómo hacer ficción en la tele. Había que sobreactuar pero dominando las riendas para que aquello no resultara ridículo. Era expansiva, mucho, pero no se le escapaba ningún gesto porque sí. Un ejemplo perfecto: su Laurencia en el "Fuenteovejuna" de 1967 desde Almagro.
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| El matrimonio Guillén Cuervo en "La vida en un hilo" en 1973 |
El cine no supo aprovecharla y la película que pudo catapultarla al estrellato, "El mundo sigue" (1965) de Fernán Gómez tuvo problemas con la censura y tras un estreno de tapadillo fue retirada de la circulación hasta su reciente recuperación que ha permitido hacer justicia a un filme maldito y a unas interpretaciones gloriosas. Allí también estaba su marido, Fernando Guillén, un amor que compartía su pasión por la escena. Los dos se embarcaron en aventuras teatrales imposibles y para sufragarlas hacían mucha tele y alguna muy buena. Gemma guardaba especial cariño a su versión musical de "La vida en un hilo" basada en la película de Edgar Neville para "Estudio 1" en 1973. Padres de una saga a la que hoy acompañamos en el sentimiento.
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| "Bodas de sangre" en su versión televisada para La 2 en 1986 |
Pero la televisión es veleidosa y, mientras sobre las tablas siempre mantuvo su estatus estelar, en los ochenta no tuvo tanto protagonismo. De vez en cuando sorprendía a la audiencia con trabajos como su "Bodas de sangre", emitida en La 2 en 1986, puro desgarro. La llegada de las privadas trajo más opciones de contrato pero... no necesariamente más calidad ni mucho menos compromiso cultural. Hasta su fichaje para "Médico de familia" en 1995 tuvo que defender absurdeces como su incomprensible papel de espectadora insoportable en las primeras entregas del programa musical "Noches de gala" (con Joaquín Prat y Miriam Díaz-Aroca).
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| Gemma Cuervo, Emma Penella y Mariví Bilbao en "Aquí no hay quien viva" |
Y de una serie de millonarias audiencias en Tele 5 a otra igualmente popular como "Aquí no hay quien viva" en Antena 3 a partir de 2003 y su retorno a la ficción de los Caballero en 2007 de nuevo en Tele 5 en "La que se avecina". Quizás su último papel en la tele fue una década después para "Cuéntame cómo pasó" pero no dejó de aparecer en nuestras pantallas nunca porque, moderna y avanzada a su tiempo como era, abrazó las redes sociales para enamorar a una nueva generación, una más que se sumaba a las que la admiraban desde los cincuenta.
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| Gemma Cuervo con el premio Max en el programa "Atención obras" presentado por su hija |
Gemma Cuervo es inabarcable y no es posible resumir en unas letras su trayectoria televisiva (que es a lo que nos dedicamos aquí). La Cuervo arrolló. Y cada vez que veamos sus trabajos nos seguirá envolviendo a su antojo porque sabía manejar las emociones. Su sentido del ritmo era impecable, tanto en comedia como en tragedia, y su mirada hipnotiza. Pocas actrices han sabido mirar a un lado de la cámara, al interlocutor invisible, como si nos observara directamente a los ojos en realidad. ¿Cómo era posible si no dirigía la vista hacia el objetivo de la cámara? Ese es el misterio de los grandes actores y Gemma lo era.








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