martes, 3 de octubre de 2017

Cirilo Rodríguez, el otro hombre en la Luna

Foto cedida por @ArchivoRTVE

"¡Está tocando la superficie de la Luna en este momento, está probando si la superficie de la Luna es compacta! ¡Es la culminación de una hazaña histórica!" Con esas entusiastas palabras pronunciadas casi a gritos, Cirilo Rodríguez retransmitió para RNE la llegada del hombre a la Luna. Si Hermida consiguió emocionar a los televidentes, Rodríguez hizo lo propio con los oyentes con la diferencia de que, a finales de los 60 no todo el mundo tenía tele en casa pero la inmensa mayoría sí poseía un transistor. Si escuchamos ambos crónicas notamos ciertas similitudes, en el tono, en el verbo y es que tanto uno como otro eran periodistas pasionales y además compartían oficina en Nueva York por aquel entonces y se cubrían uno a otro no sólo como buenos compañeros sino también como amigos. La figura de Cirilo se ha agrandado con los años en la profesión, sobre todo gracias al premio que lleva su nombre, pero se ha ido ensombreciendo entre la audiencia. Él fue nuestro otro hombre en la Luna. 
   Orgulloso segoviano del último día de 1926 (aunque algunas fuentes aseguran que es del 27 sin aportar más datos), tras sus estudios de Periodismo comenzó a ejercer de locutor en Radio Segovia. En 1967 es galardonado con el Ondas por "la mejor información realizada en la radiodifusión privada", premio que le aupó a nivel nacional y que desencadenó su fichaje por RNE. Un año después fue nombrado corresponsal tanto de la emisora como de TVE en Nueva York, plaza compartida con Jesús Hermida y, más tarde, con Pedro Erquicia. 

Foto cedida por @ArchivoRTVE

Pocos años después de su famosa crónica desde Houston le confesaría a Jaime Ruiz de Infante en "El Faro de Vigo": "No hay duda de que aquella madrugada del 20 de julio de 1969, unas sombras borrosas en el monitor de la NASA, el pisar tímido de Neil Armstrong en la Luna, podría llenar la ambición profesional de un periodista. Yo estaba entonces transmitiendo para RNE. De pronto perdí la noción de lo que me rodeaba, solamente estaba la sombra de un ser humano sobre el satélite de la Tierra, un micrófono delante de mí y yo gritando durante veinte minutos. Cuando después me felicitaron por la transmisión y me dijeron que las palabras emocionadas con que relaté el acontecimiento quedarían grabadas como un modelo de profesionalidad en la radio, no podía creerlo; realmente no recordaba una sola palabra de cuanto dije". Él en realidad nunca se dio demasiada importancia, hablaba del periodismo como de un oficio que hay que desempeñar, eso sí, con la mayor de las responsabilidades y con toda la seriedad que eso implica. En esa misma entrevista describía las cualidades de un buen corresponsal: "Añade a las de un buen periodista, una adicional rapidez de redacción, capacidad así mismo para improvisar un comentario, que muchas veces no hay tiempo de escribir; preocupación constante por la actualidad para no perder el momento; sacrificio para aceptar la jornada de 24 horas, y una especie de sexto sentido, que permite al buen profesional estar atentto cuando lo imprevisto sucede. La avería del Apollo XIII ocurrió a las nueve de la noche. Yo me encontraba en Washington siguiendo a un ministro y Hermida estaba en Nueva York. Nos llamamos por teléfono, ambos nos habíamos enterado al tiempo de la noticia. La muerte de Nasser o la invasión de Checoslovaquia fueron noticias de sorpresa para el mundo, unos minutos después de producirse estábamos improvisando una crónica para RNE". En el verano de 1979 ampliaba esa respuesta a Tico Medina en la revista "TeleRadio" ampliando esa última característica necesaria en un buen cronista: "Sobre todo estar atento, estar atento siempre. Nosotros tenemos la obligación de que, aunque parezca que descansamos, de estar las 24 horas del día atentos, o sea que, aunque parezca que estamos descansando o sin hacer nada, lo que estamos es trabajando... Porque eso entraña el estar al pie del cañón, una auténtica responsabilidad. Mira, hay que saber cuándo ocurren las cosas en un país. Y si no se saben, no se es un buen profesional, aunque estés todo el día escribiendo a máquina". 


En 1970 obtuvo el Premio Nacional de Radio y TV por "la mejor labor informativa de actualidad nacional e internacional" y aquel mismo año es requerido por Prado del Rey para ayudar en la revolución de los Telediarios. Aquella brevísima etapa quiso romper el techo de lo noticiable (en palabras de Pedro Macía) y por eso recurrieron a alguien que estaba modernizando la información internacional desde la radio y también en la pequeña pantalla aunque de manera intermitente puesto que Hermida era el "titular" del puesto. Cirilo, además, se había empapado de la cultura periodística norteamericana, sabía que era necesario un cambio radical, no sólo en la libertad informativa, sino también en la forma de contar las cosas, agilizar aquellos anquilosados Telediarios. Se trajo a España aires de Walter Cronkite pero aquello fue un espejismo. En 1972 los jefes decidieron que aquello ya era demasiado y se cargaron todo el invento (incluido el enorme decorado lleno de locutores y pantallas explicativas) y le cargaron el marrón de dirigir los informativos a otro hombre rompedor, Alfredo Amestoy que, por cierto (y aunque esa sea otra historia) se encontró con el mismo inconveniente de "lo que se podía contar". 
   Precisamente el mayor problema estaba en una de las inquietudes de Rodríguez, contestar a la más importante de las seis W del periodismo (Qué, Quién, Cómo, Cuándo, Dónde y Por qué, que en inglés comienzan todas por W): "Yo creo que la más aguda es el WHY, el por qué, la razón muchas veces aparente de las cosas, el motivo que las origina, el proceso que las precede. Siempre ha sido para mí una obsesión el considerar los acontecimientos de nuestro tiempo, la búsqueda de su "por qué", el "why" norteamericano". ¿Por qué en España pasaban ciertas cosas? No, eso a principios de los 70 y en la tele no se podía responder. En 1975 ocuparía el cargo de redactor jefe de los informativos de RNE pero sería otra de esas estancias discontinuas en España.

Foto de Tico Medina para "TeleRadio"

Tras el desengaño por la impotencia de ejercer su trabajo con libertad volvió a Nueva York para seguir con sus crónicas. Trabajador incansable y entregado, había decidido no tener una vida privada que le distrajera de sus obligaciones laborales o que le enraizara demasiado con EE.UU. Un matrimonio le complicaría la decisión de volver a su patria, tal y como le confesó a Tico Medina en la entrevista que le concedió justo al saber que regresaba a España reclamado por RNE donde dirigiría el Servicio de Información Internacional. Él siempre quería hacer más: "A veces iba a España a decir: ¡oye, que trabajo poco, que quiero trabajar más! A veces he ido con esa queja, palabra que sí pero nadie se cree lo que digo. Una vez le dije a un director general, hace años, que no iba a protestar, me subió el sueldo, por cierto, sino a pedir más trabajo, que quería hacer más cosas por el mismo dinero. Iba a protestar, sí, pero de que no trabajaba, de que tenía tiempo libre de que, de acuerdo con los cánones de los EE.UU., yo rendía mucho menos de lo que podía pedir... cosa que al final, ha sido cierta. Lo cual no evita que acaso otra persona piense, considere, que he trabajado muchísimo pero esa ya es una cuestión más personal". En aquel momento se realizaban unas cinco crónicas diarias  dese Nueva York pero anteriormente la media era más alta: "Era cuando estábamos Hermida y yo, había días que llegábamos a las diez crónicas entre él y yo para la radio y la televisión. Pero eso se acabó. Por una parte porque en España hay muchos temas nacionales ahora, que digamos impiden meter un exceso de información internacional y, de otra parte, porque parece que España ha perdido interés por los temas más amplios. Creo yo que interesa, por ejemplo, saber más la opinión del secretario del PSOE de una ciudad cualquiera, de Soria por ejemplo, por decir un dato, opinando sobre si España debe estar en el Mercado Común Europeo mejor que en la OTAN que si, desde aquí, desde los EE.UU., desde Nueva York, opinamos sobre el tema de si la OPEP quiere subir o ha subido el precio del petróleo. La verdad es que siempre he pensado, esta es mi opinión personal, claro, que el corresponsal trabaja poco". 

Foto de Tico Medina para "TeleRadio"

"La RTVE ha hecho con nosotros una inversión fenomenal. Ha costado mucho dinero, muchos millones a la Casa el que estemos aquí. Yo le he costado mucho al medio. Por eso pienso que yo, a cambio de eso, puedo darles algo, mi experiencia, mucho de lo que aprendí aquí. Todo. Pienso que no debe ocurrirme lo que a aquel que, siendo comandante de artillería, le enviaron aquí para aprender de balística todo y se pasó no sé cuanto tiempo en Nueva York lanzando cohetes, gastando dinero, apretando botones, etc... Y cuando volvió a España le hicieron comandante del archivo de ex combatientes. Yo creo que tienen la obligación, ahora que vuelvo, de sacarme todo lo que sé, lo que he aprendido en esta magnífica escuela diaria, todo lo que puedan..." le decía a Medina y con ese espíritu de entrega regresó a Madrid pero esa nueva etapa duraría muy poco. El 21 de noviembre de 1980 fallecía de un paro cardíaco tras la complicación de un proceso gripal que se unía a una enfermedad respiratoria que arrastraba desde hacía años. Sus compañeros le preguntaban desde hacía tiempo por los pasillos cómo iba su salud, él respondía (según Ruiz de Infante en TeleRadio 1.198) siempre con una sonrisa que no podía faltar a su cita con la radio. Su saludo diario en "España a las 8" era ya un clásico y en esa época coordinaba la información internacional. El día de su muerte estaba preparándose cuando pidió a sus compañeros que le enviaran una ambulancia una hora antes del programa. 

   Esa profesionalidad llevada al límite deja traslucir su pasión por el periodismo. Su filosofía sigue vigente hoy en día y es el mejor consejo para cualquier periodista, becario o veterano en dificultades laborales:  "Nuestra profesión es suficientemente dura para que no necesite decirle a nadie: trabaja fuerte. Si diría: no os conforméis nunca con lo que sabéis. Lo de hoy quizá no sirva para mañana. El periodista necesita renovarse, alcanzar profundidad, belleza, rapidez y esto todos los días. Estar siempre dispuesto a romper los moldes ideales que podáis tener formados. Nunca penséis que os concederán tiempo para vuestro artículo, ayuda, audiencia y respuesta. Si tratáis los temas con profundidad os llamarán eruditos, si tratáis de que os entienda la masa os calificarán de frívolos, si estáis serios dirán que añadís sombra a la noticia, si dejáis una sonrisa siempre habrá gente que dirá: ¿de qué se reirá ese imbécil? Pero es así... y además, nos gusta el oficio". 

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