Fue el 31 de enero de 1966, hace ahora seis décadas, cuando se inauguró el enlace permanente entre TVE y RTP, es decir, una conexión definitiva tras varios años de ensayos de las televisiones públicas de España y Portugal. Aquello vino en denominarse, con bastante optimismo, la nueva era de la "televisión peninsular". La idea inicial, ambiciosa a más no poder, era utilizar este enlace hertziano para emitir en directo desde Madrid y Lisboa, los dos centros de producción principales de ambas emisoras, programas en conjunto además de usar esa red para el intercambio de imágenes, fundamentalmente noticias. La realidad se demostró más prosaica, la puesta en común de material sí que fue constante desde ese momento pero la emisión unida de ambas cadenas fue una utopía. Bien por la falta de interés de ambas cadenas o de una de ellas, bien porque la audiencia no respondió adecuadamente a esta primera emisión.
| El grupo flamenco Las Brujas en una imagen captada en un monitor portugués |
De puertas adentro, más allá de lo que se contaba con lenguaje grandilocuente en la prensa, este vínculo técnico permitió que Portugal tuviera línea directa con la red de Eurovisión a través de este mismo enlace y podía hacerlo a través de España compartiendo la misma emisión (fundamentalmente partidos de fútbol y anualmente el ya famoso Festival de la Canción) o de forma independiente, seleccionando las retransmisiones de otros países que tuvieran especial interés para los lusos pero no para los españoles. Por supuesto, la ideal de ver desde aquí programas de allí y viceversa estaba sobre la mesa porque, según se aseguraba en la prensa: "la perfección y nitidez de las imágenes obtenidas auguran una espléndida recepción y esperanza para el futuro".
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| Amália Rodrigues interpretando un fado en los estudios de Lisboa |
Para el programa inaugural cada país preparó sendos programas folklóricos que combinaban partes grabadas con otras en directo. En el caso de España se ofrecieron danzas gallegas y aragonesas aunque fue el flamenco el que se llevó el mayor protagonismo con la intervención de Lola Flores y el grupo de baile Las Brujas. El presentador Eduardo Sancho fue quien dio paso a las distintas actuaciones además de dar la bienvenida a los espectadores vecinos. La revista "Tele Radio" reprodujo dos semanas después la excelente crítica del periódico portugués "Diário de Notícias" (tendremos que fiarnos de la publicación española porque no he conseguido encontrar la página original) destacando especialmente la realización española: " Las cámaras actuaron con notoria seguridad y sobriedad llegando incluso al virtuosismo. Especialmente en la segunda actuación del ballet gallego, donde la propia cámara se balanceó al compás y mando del bailarín jefe. Durante mucho tiempo quedará grabada en nuestra retina aquella feliz imagen de los pies ocupando todo el 'ecran' (la pantalla), rápidos, casi febriles, vibrantes de ritmo".
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| Fraga tal y como se vio en la televisión portuguesa |
Desde Lisboa fue Henrique Mendes el encargado de la conducción. La gran estrella contratada para el evento no podía ser otra que Amália Rodrigues, que había hecho famoso el fado en todo el mundo (no olvidemos que en los cincuenta ya había actuado incluso en EEUU) y que en España era, sin duda alguna, la artista portuguesa más popular. Parece ser que al "Diário de Notícias" no le gustó (citando, insisto, desde "Tele Radio") la selección de canciones por triste: "¿Por qué no se presentaron alegres grupos de nuestro folklore?". En realidad lo más triste de la emisión fueron las alocuciones de, en primer lugar, Manuel Fraga Iribarne como Ministro de Información y Turismo y de José Venâncio Pereira Paulo Rodrigues, subsecretario de Estado da Presidência do Conselho de Ministros. La RTP conserva, como mínimo, la mitad de la transmisió y se puede ver pinchando aquí.
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| Eduardo Sancho (a la izda.) y Henrique Mendes en la despedida del programa |
Sorprende hoy la perfecta sincronización en directo de la despedida conjunta de los presentadores Eduardo Sancho y Henrique Mendes a pantalla partida, incluso mirándose el uno al otro coincidiendo la altura de los ojos, algo que se tuvo que medir con cuidado desde realización y, posiblemente, indicando un punto en los respectivos platós para que se fijaran manteniendo esa proporción de imagen. No había ni un segundo de decalaje así que, efectivamente, aquel día las ondas hertzianas no se perdieron en el éter. Si ese enlace permanente hubiera sido aprovechado convenientemente se habría hecho popular el logotipo RTP-TVE que encabeza este post pero no fue así y desaprovechamos la ocasión de hacer real la idea de la TV Peninsular y de conocer mejor a nuestros vecinos e incluso, ¿por qué no?, de poder chapurrear un poco el portugués. Una oportunidad perdida que cumple ahora sesenta años.



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