jueves, 5 de octubre de 2017

"Los pajaritos" de Mercero


En 1973 Antonio Mercero todavía seguía dirigiendo la popularísima "Crónicas de un pueblo" pero el triunfo internacional de su mediometraje "La cabina" le iba a permitir liberarse definitivamente de aquel encargo de endulzar la cucharada semanal del Fuero de los Españoles, el verdadero objetivo de aquella serie: formar con la excusa del entretenimiento. Si bien la angustiosa historia protagonizada por López Vázquez se había estrenado en España el año anterior, fue al siguiente cuando comenzó su carrera en televisiones y certámenes extranjeros que culminaría con el primer Emmy para nuestro país. Aquel verano fue intenso para el director porque lo dedicaría a rodar su siguiente especial dedicado a recorrer festivales en la famosa "Operación Premio" (una estrategia para demostrar fuera que aquí no había dictadura y que existía libertad de expresión). "Los pajaritos" se estrenaría el 21 de enero de 1974 y según explicaba el propio realizador a "TeleRadio" durante el rodaje: "El guión surgió hace ya mucho tiempo pero hasta hace poco  no fue elegido por TVE entre varios proyectos que les presenté. Unos en colaboración con José Luis Garci (con el que había escrito "La cabina" y con el que volvería a trabajar en "La Gioconda está triste") y otros exclusivamente míos, como este. Lo escribí hacia el 69 o el 70, ahora he tenido que remozarlo, sobre todo en el sentido de darle una mayor fuerza crítica al problema de la contaminación"


El propio Mercero explicaba a los medios qué se contaba en aquel cortometraje de apenas 36 minutos: "Es la historia de una ciudad envuelta en la polución atmosférica. La película comienza con el hecho irrevocable de la muerte de unos pájaros. Es un poco ciencia-ficción pero con base tan real que es posible lo vivamos a la vuelta de unos años. Digamos que el problema central es, repito, la contaminación y que, a causa de ella, los pajaritos están en trance de desaparecer. Para la trama argumental tenemos a dos viejecitos que, cada uno por su cuenta, han decidido salvar la vida de un pájaro. Las aventuras y las desventuras se suceden entre lo cómico y la ternura, es un poco la línea de Tati, a base de gags."


Aunque pensemos que la preocupación por el medio ambiente es algo reciente, en aquellos inicios de la década de los setenta era titular constante de los medios, eso sí, todavía no se sospechaba nada del cambio climático. Por eso no es de extrañar que algunos periodistas en la jornada de puertas abiertas durante la grabación le acusaran de usar casi un tópico para ganarse al público, de escoger un asunto muy cómodo para la demagogia: "Es un tema trillado, no desaparecido. Se ve cuáles son sus causas y sus efectos. Lo que hago aquí no es una crítica a un ente abstracto sino a unas causas concretas que lo crean. Y si, al decirme lo de cómodo quieres decir oportunista, creo que no. Es un problema actual, vigente, es estar al día y me parece algo importante. Podría ser más científico, más serio... pero con el humor se puede ser más inteligente y más profundo que con el drama. A través de una línea cómica se pueden decir muchas cosas. Sí, de acuerdo, es una envoltura amable y poética pero con una daga escondida... si se empieza a pensar en lo que dice". Quién iba a decir entonces que al final ese supuesto oportunismo iba a convertir a "Los pajaritos" en una historia de actualidad. 


El reparto estaba encabezado por dos secundarios habituales del cine, el teatro y la televisión, los extraordinarios Julia Caba Alba y José Orjas. Para ella era su primer trabajo como cabeza de cartel en una pieza televisiva o cinematográfica: "Es que mi trabajo no es de protagonista, no, por mi tipo, por... otras muchas cosas" decía a "TeleRadio" y reconocía que además: "tiene muchas dificultades, tengo que montar en bicicleta, hacer de paquete en una moto, saltar de ahí a un 600... pero es muy divertido". Esta magnífica (y siempre divertida) actriz se mostraba totalmente concienciada con el ecologismo latente en esta peliculita: "Es que antes daba gusto mirar al cielo, ¡ojalá no veamos nunca morir a los pajaritos porque, si ese día llega también veríamos morir a los niños!". El elenco se completaba con otros eficaces actores como José Franco, Blaki o Roberto Cruz en pequeños papeles. La música del siempre brillante Carmelo Bernaola recalcaba los momentos más emotivos. No sería la única vez que Mercero recurriría a este compositor, la sintonía de "Verano azul" también es suya. 


Mercero no tuvo ningún problema en hacerse él mismo un spoiler décadas antes de que la palabrita se pusiera de moda: "El desenlace es un tanto amargo. Yo no doy ninguna solución porque pienso que no tengo por qué darla, que no es mi misión, no soy ni un político ni un científico. La película termina con la idea de los viejecitos a una ciudad maravillosa, donde no existen esos problemas. Se van subidos por una grúa... Para un problema real, una solución poética". Y esto lo dijo 6 meses antes de que se emitiera, que conste. Curioso resulta que Hitchcock tampoco quisiera dar una solución a otro film de nombre similar...

   La crítica fue positiva, quizás por el prestigio que había alcanzado el director con su trabajo anterior, si bien este dramático no tenía la misma garra que "La Cabina". El diario ABC fue uno de los más entusiastas: "Desarrolla un mundo entrañable con pulso firmísimo en el que laten vivencias concretas y específicas. El horroroso porvenir de la Humanidad que se contamina no tiene en este relato tintes sombríos ni patéticos aunque lo patético está bajo la anécdota porque Mercero ha querido, y ha sabido, buscar contrapuntos optimistas que descargan la tensión y animan la esperanza. Viejos y niños, tan queridos por Mercero y a los que sabe dirigir con especiales resultados, componen el friso más humano de Los pajaritos en el que hay, de paso y como fundamento a la vez, censura contra el aspecto caótico y frío del mundo del progreso".

   "Los pajaritos" hizo el recorrido habitual de los especiales de TVE por concursos y se llevó el Premio Especial de la UNDA en XIV Festival Internacional de Montecarlo y y el Cino del Duca a su realizador en Milán. TVE la repuso cuatro años más tarde dentro del espacio "TV en el recuerdo" y los espectadores la colocaron en lo alto del panel de aceptación con una nota del 7,4. Más recientemente la hemos podido ver en Canal Nostalgia y en el espacio de la 2 "Singular.es".

martes, 3 de octubre de 2017

Cirilo Rodríguez, el otro hombre en la Luna

Foto cedida por @ArchivoRTVE

"¡Está tocando la superficie de la Luna en este momento, está probando si la superficie de la Luna es compacta! ¡Es la culminación de una hazaña histórica!" Con esas entusiastas palabras pronunciadas casi a gritos, Cirilo Rodríguez retransmitió para RNE la llegada del hombre a la Luna. Si Hermida consiguió emocionar a los televidentes, Rodríguez hizo lo propio con los oyentes con la diferencia de que, a finales de los 60 no todo el mundo tenía tele en casa pero la inmensa mayoría sí poseía un transistor. Si escuchamos ambos crónicas notamos ciertas similitudes, en el tono, en el verbo y es que tanto uno como otro eran periodistas pasionales y además compartían oficina en Nueva York por aquel entonces y se cubrían uno a otro no sólo como buenos compañeros sino también como amigos. La figura de Cirilo se ha agrandado con los años en la profesión, sobre todo gracias al premio que lleva su nombre, pero se ha ido ensombreciendo entre la audiencia. Él fue nuestro otro hombre en la Luna. 
   Orgulloso segoviano del último día de 1926 (aunque algunas fuentes aseguran que es del 27 sin aportar más datos), tras sus estudios de Periodismo comenzó a ejercer de locutor en Radio Segovia. En 1967 es galardonado con el Ondas por "la mejor información realizada en la radiodifusión privada", premio que le aupó a nivel nacional y que desencadenó su fichaje por RNE. Un año después fue nombrado corresponsal tanto de la emisora como de TVE en Nueva York, plaza compartida con Jesús Hermida y, más tarde, con Pedro Erquicia. 

Foto cedida por @ArchivoRTVE

Pocos años después de su famosa crónica desde Houston le confesaría a Jaime Ruiz de Infante en "El Faro de Vigo": "No hay duda de que aquella madrugada del 20 de julio de 1969, unas sombras borrosas en el monitor de la NASA, el pisar tímido de Neil Armstrong en la Luna, podría llenar la ambición profesional de un periodista. Yo estaba entonces transmitiendo para RNE. De pronto perdí la noción de lo que me rodeaba, solamente estaba la sombra de un ser humano sobre el satélite de la Tierra, un micrófono delante de mí y yo gritando durante veinte minutos. Cuando después me felicitaron por la transmisión y me dijeron que las palabras emocionadas con que relaté el acontecimiento quedarían grabadas como un modelo de profesionalidad en la radio, no podía creerlo; realmente no recordaba una sola palabra de cuanto dije". Él en realidad nunca se dio demasiada importancia, hablaba del periodismo como de un oficio que hay que desempeñar, eso sí, con la mayor de las responsabilidades y con toda la seriedad que eso implica. En esa misma entrevista describía las cualidades de un buen corresponsal: "Añade a las de un buen periodista, una adicional rapidez de redacción, capacidad así mismo para improvisar un comentario, que muchas veces no hay tiempo de escribir; preocupación constante por la actualidad para no perder el momento; sacrificio para aceptar la jornada de 24 horas, y una especie de sexto sentido, que permite al buen profesional estar atentto cuando lo imprevisto sucede. La avería del Apollo XIII ocurrió a las nueve de la noche. Yo me encontraba en Washington siguiendo a un ministro y Hermida estaba en Nueva York. Nos llamamos por teléfono, ambos nos habíamos enterado al tiempo de la noticia. La muerte de Nasser o la invasión de Checoslovaquia fueron noticias de sorpresa para el mundo, unos minutos después de producirse estábamos improvisando una crónica para RNE". En el verano de 1979 ampliaba esa respuesta a Tico Medina en la revista "TeleRadio" ampliando esa última característica necesaria en un buen cronista: "Sobre todo estar atento, estar atento siempre. Nosotros tenemos la obligación de que, aunque parezca que descansamos, de estar las 24 horas del día atentos, o sea que, aunque parezca que estamos descansando o sin hacer nada, lo que estamos es trabajando... Porque eso entraña el estar al pie del cañón, una auténtica responsabilidad. Mira, hay que saber cuándo ocurren las cosas en un país. Y si no se saben, no se es un buen profesional, aunque estés todo el día escribiendo a máquina". 


En 1970 obtuvo el Premio Nacional de Radio y TV por "la mejor labor informativa de actualidad nacional e internacional" y aquel mismo año es requerido por Prado del Rey para ayudar en la revolución de los Telediarios. Aquella brevísima etapa quiso romper el techo de lo noticiable (en palabras de Pedro Macía) y por eso recurrieron a alguien que estaba modernizando la información internacional desde la radio y también en la pequeña pantalla aunque de manera intermitente puesto que Hermida era el "titular" del puesto. Cirilo, además, se había empapado de la cultura periodística norteamericana, sabía que era necesario un cambio radical, no sólo en la libertad informativa, sino también en la forma de contar las cosas, agilizar aquellos anquilosados Telediarios. Se trajo a España aires de Walter Cronkite pero aquello fue un espejismo. En 1972 los jefes decidieron que aquello ya era demasiado y se cargaron todo el invento (incluido el enorme decorado lleno de locutores y pantallas explicativas) y le cargaron el marrón de dirigir los informativos a otro hombre rompedor, Alfredo Amestoy que, por cierto (y aunque esa sea otra historia) se encontró con el mismo inconveniente de "lo que se podía contar". 
   Precisamente el mayor problema estaba en una de las inquietudes de Rodríguez, contestar a la más importante de las seis W del periodismo (Qué, Quién, Cómo, Cuándo, Dónde y Por qué, que en inglés comienzan todas por W): "Yo creo que la más aguda es el WHY, el por qué, la razón muchas veces aparente de las cosas, el motivo que las origina, el proceso que las precede. Siempre ha sido para mí una obsesión el considerar los acontecimientos de nuestro tiempo, la búsqueda de su "por qué", el "why" norteamericano". ¿Por qué en España pasaban ciertas cosas? No, eso a principios de los 70 y en la tele no se podía responder. En 1975 ocuparía el cargo de redactor jefe de los informativos de RNE pero sería otra de esas estancias discontinuas en España.

Foto de Tico Medina para "TeleRadio"

Tras el desengaño por la impotencia de ejercer su trabajo con libertad volvió a Nueva York para seguir con sus crónicas. Trabajador incansable y entregado, había decidido no tener una vida privada que le distrajera de sus obligaciones laborales o que le enraizara demasiado con EE.UU. Un matrimonio le complicaría la decisión de volver a su patria, tal y como le confesó a Tico Medina en la entrevista que le concedió justo al saber que regresaba a España reclamado por RNE donde dirigiría el Servicio de Información Internacional. Él siempre quería hacer más: "A veces iba a España a decir: ¡oye, que trabajo poco, que quiero trabajar más! A veces he ido con esa queja, palabra que sí pero nadie se cree lo que digo. Una vez le dije a un director general, hace años, que no iba a protestar, me subió el sueldo, por cierto, sino a pedir más trabajo, que quería hacer más cosas por el mismo dinero. Iba a protestar, sí, pero de que no trabajaba, de que tenía tiempo libre de que, de acuerdo con los cánones de los EE.UU., yo rendía mucho menos de lo que podía pedir... cosa que al final, ha sido cierta. Lo cual no evita que acaso otra persona piense, considere, que he trabajado muchísimo pero esa ya es una cuestión más personal". En aquel momento se realizaban unas cinco crónicas diarias  dese Nueva York pero anteriormente la media era más alta: "Era cuando estábamos Hermida y yo, había días que llegábamos a las diez crónicas entre él y yo para la radio y la televisión. Pero eso se acabó. Por una parte porque en España hay muchos temas nacionales ahora, que digamos impiden meter un exceso de información internacional y, de otra parte, porque parece que España ha perdido interés por los temas más amplios. Creo yo que interesa, por ejemplo, saber más la opinión del secretario del PSOE de una ciudad cualquiera, de Soria por ejemplo, por decir un dato, opinando sobre si España debe estar en el Mercado Común Europeo mejor que en la OTAN que si, desde aquí, desde los EE.UU., desde Nueva York, opinamos sobre el tema de si la OPEP quiere subir o ha subido el precio del petróleo. La verdad es que siempre he pensado, esta es mi opinión personal, claro, que el corresponsal trabaja poco". 

Foto de Tico Medina para "TeleRadio"

"La RTVE ha hecho con nosotros una inversión fenomenal. Ha costado mucho dinero, muchos millones a la Casa el que estemos aquí. Yo le he costado mucho al medio. Por eso pienso que yo, a cambio de eso, puedo darles algo, mi experiencia, mucho de lo que aprendí aquí. Todo. Pienso que no debe ocurrirme lo que a aquel que, siendo comandante de artillería, le enviaron aquí para aprender de balística todo y se pasó no sé cuanto tiempo en Nueva York lanzando cohetes, gastando dinero, apretando botones, etc... Y cuando volvió a España le hicieron comandante del archivo de ex combatientes. Yo creo que tienen la obligación, ahora que vuelvo, de sacarme todo lo que sé, lo que he aprendido en esta magnífica escuela diaria, todo lo que puedan..." le decía a Medina y con ese espíritu de entrega regresó a Madrid pero esa nueva etapa duraría muy poco. El 21 de noviembre de 1980 fallecía de un paro cardíaco tras la complicación de un proceso gripal que se unía a una enfermedad respiratoria que arrastraba desde hacía años. Sus compañeros le preguntaban desde hacía tiempo por los pasillos cómo iba su salud, él respondía (según Ruiz de Infante en TeleRadio 1.198) siempre con una sonrisa que no podía faltar a su cita con la radio. Su saludo diario en "España a las 8" era ya un clásico y en esa época coordinaba la información internacional. El día de su muerte estaba preparándose cuando pidió a sus compañeros que le enviaran una ambulancia una hora antes del programa. 

   Esa profesionalidad llevada al límite deja traslucir su pasión por el periodismo. Su filosofía sigue vigente hoy en día y es el mejor consejo para cualquier periodista, becario o veterano en dificultades laborales:  "Nuestra profesión es suficientemente dura para que no necesite decirle a nadie: trabaja fuerte. Si diría: no os conforméis nunca con lo que sabéis. Lo de hoy quizá no sirva para mañana. El periodista necesita renovarse, alcanzar profundidad, belleza, rapidez y esto todos los días. Estar siempre dispuesto a romper los moldes ideales que podáis tener formados. Nunca penséis que os concederán tiempo para vuestro artículo, ayuda, audiencia y respuesta. Si tratáis los temas con profundidad os llamarán eruditos, si tratáis de que os entienda la masa os calificarán de frívolos, si estáis serios dirán que añadís sombra a la noticia, si dejáis una sonrisa siempre habrá gente que dirá: ¿de qué se reirá ese imbécil? Pero es así... y además, nos gusta el oficio". 

viernes, 22 de septiembre de 2017

"Yo, Claudio" en España


El 20 de septiembre de 1976 se estrenaba en la BBC "Yo, Claudio", una de sus series más internacionales y con la que reinventó el género de época. Después de esta adaptación de la novela homónima de Robert Graves y su continuación "Claudio, el dios, y su esposa Mesalina", nada volvió a ser lo mismo. Adiós a las fórmula iniciada con "La saga de los Forsyte" a finales de los 60 y de la que bebieron otros títulos como "Arriba y abajo" que exportaron esa Inglaterra victoriana y eduardiana que tanto gustaba fuera, especialmente en Estados Unidos. Si os gustó hace unos años "Roma" y ahora "Juego de tronos", antes Claudio y sus ambiciosos familiares conquistaron las pantallas de medio mundo con sus cuitas, asesinatos, tragedias y, sobre todo, las enrevesadas estrategias para llegar al poder del Imperio Romano.


Gracias a este dramático dirigido por Herbert Wise se abrió el abanico narrativo de la BBC, demostrando que no sólo sabía contar (y muy bien) su historia. La cadena pública destinó un amplio presupuesto para recrear las diferentes épocas por las que el pobre y tartamudo Claudio va sobreviviendo hasta convertirse en emperador de forma casual y sin que él lo buscara. La escenografía, el vestuario, el maquillaje... no se escatimaron medios para explicar su complicada vida y, además, se contó con la supervisión de especialistas en historia romana para que cada detalle fuera lo más cercano posible a la realidad. Uno de los protagonistas contaba, décadas después, que una de las batallas de los asesores era recordarles continuamente que debían comer con la izquierda porque la derecha se usaba para limpiarse ciertas partes. Los romanos sabían muy bien qué mano servía para cada cosa pero un inglés del siglo XX no lo tenían tan en cuenta.


A España la serie llegó con dos años de retraso, su primer capítulo se emitió el 22 de octubre de 1978 dentro del espacio "Grandes Relatos" por la Primera Cadena en torno a las 22.15 h después de las Noticias. Antes, el partido de fútbol entre el Athletic de Bilbao y el Barça retransmitido desde el Estadio San Mamés y narrado por Guillermo Fernández. "Fantástico" el ómnibus de Íñigo que había comenzado recientemente su andadura, había ocupado el resto de la tarde. Tras la serie británica, "625 líneas", "Últimas noticias" y "300 millones" (en torno a la medianoche). Curiosamente, a pesar del éxito del que venía precedida en buena parte de Europa y EE.UU. aquí la serie comenzó muy débilmente en el panel de aceptación de la audiencia, con una nota de 6,4 lo que la colocaba en la parte baja (muy baja) de la tabla. Su crecimiento fue constante hasta acabar en el 5º puesto de los más apreciados por el público en su último capítulo, con un 7,9, superado por la película de Primera Sesión del sábado ("La llamada de las tierras vírgenes") (4º lugar), "Informe Semanal" (3º), "625 líneas" (2º) y "Mundo Submarino" (1º), el documental del comandante Jacques Cousteau.


No tardó mucho en reponerse, en verano de 1980, regresó a la pantalla de TVE y la revista "TeleRadio" calificaba de "necesaria" esta repetición. El reparto liderado por Derek Jacobi se hizo famoso en todo el planeta y se confirmó la vieja teoría de que los británicos son los mejores actores del mundo. Conviene añadir que hubo un habitante de nuestro país que vio antes que nadie los episodios de "Yo, Claudio", incluso antes del estreno: Robert Graves, el autor de los libros originales. Londinense de nacimiento, se había trasladado a vivir a la localidad mallorquina de Deià, en plena Sierra Tramontana, en 1929 y ahí decidió quedarse el resto de su vida. La guerra civil española le obligó a dejar su paraíso en 1936 pero regresó una década más tarde para permanecer en ese rinconcito hasta su muerte en 1985. Pues bien, decía que él vio la serie antes que cualquier español y es que la BBC se trasladó a las Baleares con un equipo de reproducción (no se había popularizado todavía el uso del vídeo casero aquí) y las cintas para mostrar el trabajo de adaptación televisiva. Cuando por fin llegó a España en el 78, Graves se perdió el primer capítulo porque según le contó su mujer al periodista Damián Caubet en un reportaje de la revista "TeleRadio", se había acostado pronto aquel día. Tengamos en cuenta que el escritor tenía ya 83 años y su salud estaba bastante resentida, aún así se mostró feliz de la repercusión de su trabajo 44 años después de su publicación. "Yo, Claudio" sigue siendo considerada parte fundamental de la historia de la TV y, gracias a ella, miles de lectores se acercaron a la obra original. No está mal para una serie que cumple estos días 41 años. Felicidades.

lunes, 18 de septiembre de 2017

"Directo, Directo", cuando TVE quiso su propio "Madrid Directo"

Foto cedida por @ArchivoRTVE

Hoy vuelve a Telemadrid su programa más emblemático, "Madrid Directo" en una nueva etapa en la que se pretende recuperar el espíritu original pero que también incluye una parte importante de magazine. La semana pasada "España Directo", cumplió mil programas de su actual ciclo, el que inició Marta Solano y continuó Roberto Leal. Esto nos lleva a recordar al "padre" del programa de TVE o, quizás deberíamos ser justos y decir, la primera "adaptación" del formato madrileño. Y pongo entre comillas lo de adaptación porque "Directo, Directo" fue tachado en su momento de "copia descarada" y sin pagar derechos a Telemadrid. En realidad, "Madrid Directo" imitaba un viejo formato de las emisoras locales estadounidenses (con mucho acierto, eso sí, y con el tiempo creó su propia identidad) así que el Ente supuso que no debía pagar por algo que no era original. El caso es que en abril de 1994 se puso en antena a las 19 h en la Primera este programa dirigido por Paz Fernández-Xesta (veterana profesional con experiencia en "Informe Semanal" y que venía de dirigir "En primera") ayudada en la subdirección por Miguel Ángel García (actual corresponsal en Lisboa, antes en Berlín y que procedía del Centro Territorial de Castilla y León). Su primer presentador fue José Luis Delgado, que había sorprendido por su endiablado ritmo al hablar en el programa cultural "Rápido" de la 2 (¿recuerdan aquello de "RAP RAP Rápido") pero apenas se mantuvo dos meses al frente y el año siguiente sería condenado al ostracismo de la madrugada en las breves presentaciones de "Cine-Club". 

Almudena Ariza en el elegante decorado de "Directo, Directo". Foto cedida por @ArchivoRTVE

A Delgado le sustituiría Almudena Ariza que por entonces presentaba el Telediario Matinal con Enrique Peris. Ariza encajaba mejor con el espíritu que quería darle la directora a este espacio que pretendía informar desde la informalidad. El formato bebía claramente de "Madrid Directo" pero desde su gestación estaban claras las diferencias. Duraría casi dos horas y se centraría fundamentalmente en temas sociales, aquellos que, por cuestión de tiempo o prioridades, no llegaban a entrar en los Telediarios. Y serían los centros territoriales los que, principalmente, nutrirían de reportajes al programa aunque también había un pequeño equipo en Madrid al que se destinaban dos unidades móviles. Además, para personalizar aún más el asunto, se harían tres desconexiones para la información local. La idea estaba muy clara para el departamento comandado por María Antonia Iglesias: descentralizar la información y hacer una radiografía de la "España cotidiana". Todo pintaba bien, se partía de un formato que había sido el gran éxito del año anterior en Telemadrid, se contaba con la amplia red territorial de la Casa, tras el balbuceante inicio de Delgado se fichó a Ariza, que demostró no sólo credibilidad sino mucha cercanía y una gran naturalidad... entonces, ¿qué falló? 
   En primer lugar, a un burgalés le importa un pimiento lo que reivindican los vecinos de un pequeño pueblecito extremeño y al de Totana (Murcia) le daba absolutamente igual que hubiera una exposición en A Coruña. Hay que tener en cuenta que no se creó una redacción exclusiva para este programa y que la gran mayoría de los reportajes estaban elaborados por periodistas que pensaban que aquello era como el Telediario. Todo era muy serio, muy encorsetado. Fernández-Xesta no podía luchar contra la anquilosada estructura de la cadena pública así que el encargo se convirtió en regalo envenenado. Además, había muy pocas conexiones en directo así que el título prometía algo que, en realidad, no se daba. El programa no llegó a funcionar nunca y al poco tiempo se había reducido su duración drásticamente. Llegó al año siguiente pero desapareció sin hacer ruido. 
    A los pocos días de su comienzo, Inmaculada Galván desde el plató de "Madrid Directo" se quejó amargamente de que la competencia usara la misma fórmula y se atrevió pedir al espectador que comparara la calidad de ambos productos. En su momento parecía osada pero el tiempo le dio la razón. Aún así, "Directo, Directo" merece ser recordado por el más que loable intento de sacar provecho de los centros territoriales y de ofrecer noticias de todo el país y no sólo de las grandes capitales como, de hecho, sucedía en los Telediarios de la época. Además, permitió descubrir a la gran Almudena Ariza a un público poco madrugador (o noctámbulo si tenemos en cuenta que había debutado en el "Diario Noche" de Hermida). Ahora ya lo saben, antes de "España Directo" estuvo "Directo, Directo". 

viernes, 15 de septiembre de 2017

Los episodios


¿Cómo reaccionarían al saber que Jaime Chávarri, poco después de dirigir aquel desgarrador documental sobre los Panero llamado "El desencanto", se encargó de una serie infantil para TVE? ¿Qué dirían al saber que compartió la dirección con Fernando Méndez-Leite y Emilio Martínez Lázaro? Si los nombres les suenan pero no los ubican baste recordar que el primero fue el responsable de la magnífica adaptación de "La Regenta" protagonizada por Aitana Sánchez-Gijón y que el segundo tiene en su currículum películas como "Las 13 rosas", "El otro lado de la cama" y, sí, "Ocho apellidos vascos" y su secuela catalana. Este trío se alió para la serie "Los episodios" emitida dentro del contenedor diario "Un globo, dos globos, tres globos" los miércoles a las 19.30 h a partir del 14 de febrero de 1979.


Esta serie de 27 capítulos de unos 10-15 minutos de duración aproximada, se enmarcaba dentro del nuevo espíritu que reinaba en el departamento de programas infantiles de la Casa a finales de los setenta y en el que podemos incluir "Jueves Locos" y "La comparsa". "En todos ellos aparece una concepción renovadora de lo que deben ser estos espacios, con una mayor dosis de imaginación y sin asomo de paternalismo" decía la publicación oficial del Ente en la presentación de "Los episodios". Con guión de Pilar Mateos, se rodó íntegramente en exteriores en Cotos, Navacerrada y Talamanca del Jarama entre diciembre de 1977 y julio del año siguiente. Entre los actores que aparecían de forma ocasional encontramos a Carmen Maura, Enrique San Francisco, Walter Vidarte, Joaquín Hinojosa y Conchita Leza. Los protagonistas eran Queta Ariel como la tía Ermelinda, Lucía Vilches como la niña Pandora,  Gabriel Fariza como Zepo, un ogro bueno, y Francisco Merino como el malo de la historia, Don Bruno. 


En cuanto a los tres directores, provenían de la Escuela de Cine, donde se habían hecho amigos y como tales asumieron la confección de la serie. Cada uno realizó 9 capítulos pero "las decisiones se han tomado entre los tres. Nos hemos puesto de acuerdo en una serie de cuestiones para unificar criterios y, en definitiva, hemos procurado que la serie sea muy técnica y convencional en cuanto a realización" aseguraba Martínez Lázaro en la revista "TeleRadio". "No se parece a nada que yo haya visto en televisión. No se trata de un programa infantil corriente. Hay mucho diálogo y poca acción, lo cual es muy real, ya que a los niños actuales no les pasa nada especial, sino que hablan con la gente que tienen a su alrededor. La historia no es exagerada en ningún momento y todo tiene un gran aspecto de normalidad" abundaba el hoy exitoso cineasta. Por supuesto, como era habitual en la época, predominaba el didactismo aunque se intentara que el mensaje fuera tan comprensible como divertido. 
   No debe sorprendernos, en realidad, que tres autores tan interesantes probaran con un género tan complicado como el infantil. Durante años, ese departamento fue un auténtico campo de experimentación cuyo precedente más claro es "Cuentopos" dirigido nada menos que por Miguel Picazo ("La tía Tula") en 1974. 

martes, 12 de septiembre de 2017

Mariona Rebull / El viudo Rius

Araceli Baizán, Antonio Prieto, Jesús Puente (sí, con peluquín) y María José Alfonso

En la temporada 1976/77 se presentó ante la audiencia de TVE una de sus series más ambiciosas hasta el momento, "La saga de los Rius" que inauguró la sana costumbre de adaptar novelas históricas españolas en formato cine y en color, imitando el esquema británico que tan bien había funcionado en España bajo el título "Grandes relatos". Pero las novelas de Ignacio Agustí sobre esta familia ya habían sido adaptadas mucho antes por la tele, nada menos que en 1962. Por aquel entonces, sólo se habían publicado tres de las cinco novelas que formarían la obra "La ceniza fue árbol" y se adaptarían las dos primeras para esta versión televisiva: "Mariona Rebull" y "El viudo Rius". La primera ya había sido llevado al cine en 1947 por José Luis Sáenz de Heredia con una jovencísima Sara Montiel en un papel principal. 

María José Alfonso y Araceli Fernández Baizán en una escena del primer capítulo

María José Alfonso se haría cargo del rol que 15 años antes había interpretado la Montiel. El director y realizador Domingo Almendros declaraba a la revista TeleRadio unas semanas antes del estreno: "Estoy satisfecho de la elección porque es una auténtica actriz de televisión. Para entregarse por entero al papel dejará, mientras dure la serie, "Escala en HI-FI" y "Teatro de la Zarzuela". Me parece la Mariona ideal". El reparto se completaba con otros actores de postín habituales del estudio del Paseo de la Habana, Jesús Puente como Joaquín Rius, Antonio Prieto como Desiderio Rebull, el padre de Mariona, Araceli Fernández Baizán como su hermana Mercedes (la actriz moriría durante la emisión de la serie por un escape de gas) y en papeles más secundarios Joaquín Pamplona, Alfonso Gallardo y Manuel Soriano. 

María Antonieta Escrivá y Manuel Soriano

"Mariona Rebull" comenzó a emitirse el martes 23 de febrero de 1962 a las 22 h, antes de "Amigos del martes", y se mantuvo 25 semanas en la parrilla dentro del contenedor "Serie social" que antes había albergado títulos como "La paz empieza nunca", "Los cipreses creen en Dios", "Checas en Madrid", "Plaza del Castillo" (primera serie diaria de TVE de la que ya hemos hablado aquí) y "Los muertos no se cuentan". Enrique Domínguez Millán adaptó la historia de Agustí y Almendros estaría auxiliado en la realización en exteriores por José Lombardía para las escenas rodadas en Madrid y Gonzalo Martorell en Barcelona. Se utilizó la fórmula de combinar exteriores en cine con las secuencias de plató realizadas en directo. Como dato curioso, la iluminación estuvo a cargo de César Fraile, que ya había sido director de fotografía en películas tan conocidas como "Violetas imperiales" o "El pequeño ruiseñor". En mayo, la serie pasó a llamarse "El viudo Rius" tras la muerte de la protagonista de la primera parte. 

miércoles, 6 de septiembre de 2017

"Queremos saber" de Mercedes Milá antes de Antena 3


¿Recuerdan? Los chalecos de Mercedes Milá, el decorado rojo para crear un ambiente de polémica y no de sosiego, los debates acalorados, el público que podía intervenir en cualquier momento, Jesulín bajándose los pantalones para mostrar sus cicatrices y, por encima de todo, Francisco Umbral quejándose porque allí no se hablaba de su libro. Este podría ser un resumen (muy básico, eso sí) del primer programa que la periodista hizo para la tele privada, en este caso Antena 3, la que sería su casa hasta su sorprendente fichaje para presentar aquello tan novedoso de "Gran Hermano" en 2000. Quizás también recordéis que en 2002 abandonó el reality para volver a la cadena rival. ¿Cuál fue el motivo de su retorno? Pues nada menos que revitalizar aquel formato que había tenido tanto éxito en la temporada 1992/93 y con un breve añadido en el título pero "Queremos saber más" no funcionó y el resto ya es historia de la tele. 


Sin embargo, mucho antes, en 1980, Mercedes Milá ya había presentado otro programa muy distinto pero con idéntico nombre. No fue en la tele y además no estaba sola. Aquel "Queremos saber" se emitía en la Cadena SER, sí, era un espacio radiofónico. Y Milá compartía micrófono, atención, con Iñaki Gabilondo y Marisa Torrente. Cada martes a las 22.45 h "Cuarenta y cinco minutos en directo para aclarar y despejar esas cuestiones educativas y culturales que nos impiden a veces vivir nuestra vida como quisiéramos y que por falta de tiempo para pensarlas nos van dejando una inquietud" tal y como presumía el propio programa. Una editorial patrocinaba este tiempo de radio en el que se intentaba dar soluciones (o al menos ideas) a cuestiones como "Educar, ¿para qué?", "¿Cómo le educaron y cómo le hubiera gustado ser educado?", "¿Dónde irá el Guernica?" o "¿Qué es Andalucía?". 
   "Nos movemos en el mundo del conocimiento y la cultura pero sin plantearnos el asunto con gran barba e intelectualidad. No nos interesa la cultura que se proyecta en cenáculos de sabiduría, sino la que nos concierne a  todos de forma sencilla y abierta" explicaba Gabilondo a la revista "TeleRadio" en diciembre de 1980. Mercedes, por su parte, aseguraba: "No queremos caer tampoco en la especialización, los temas educativos, y no digamos los culturales, son abiertos, empiezan cuando nacemos y duran toda la vida. Además, contamos con la participación de oyentes de forma inmediata y en directo" algo que también haría después en su programa televisivo utilizando una fórmula inédita entonces, llevar siempre a las mismas personas que habían sido elegidas para que representaran distintas edades, estrato social e ideologías de la sociedad española.
   Habría que preguntar a la expresiva comunicadora si fue casualidad que eligiera el título de un viejo programa de la SER en el que había trabajado para iniciar su larga (y productiva) etapa en las cadenas privadas. 
   
   Esta es una excusa tan válida como cualquier otra para recordar aquel rifi-rafe Umbral vs. Milá: