miércoles, 14 de marzo de 2018

¿Quién sabe dónde?, el gran éxito de Lobatón


Pocos programas han marcado tanto la carrera de un profesional como "¿Quién sabe dónde?" a Paco Lobatón. A pesar de que no fue su primer presentador y director, supo apreciar el potencial que tenía este espacio que Ernesto Sáenz de Buruaga conducía en la 2 en 1992 y que destacaba en audiencia en una cadena minoritaria. Fue Lobatón el que lo llevó a audiencias superiores a los 9 millones de espectadores en pleno despegue de las cadenas privadas y el que dotó de credibilidad a uno de los primeros reality-show de nuestra tele. Supo pasearse por el límite de lo macabro y lo sentimentaloide sin superarlo nunca, ni siquiera la dramática noche de Alcàsser de la que Nieves Herrero y su "De tú a tú" quedaron tocados. La diferencia fue que ella tuvo en directo a las familias y las entrevistas, lógicamente, se le fueron de las manos mientras que Lobatón decidió grabar previamente esas conversaciones y no emitirlas al completo para evitar la parte más emocional y, por lo tanto, íntima. 


No en vano este gaditano de Jerez de la Frontera venía de informativos y venía con una idea de la ética periodística grabada a fuego. Había formado parte de la revolución de los Telediarios emprendida en 1984 y de la que salieron triunfadores compañeros como Campo Vidal, Ángeles Caso o Concha García Campoy. Antes de eso, radio, mucha radio. Y después, debates políticos y sociales hasta que se volvió a su Andalucía para ser pionero de Canal Sur. Fue la primera cara, la que dio la bienvenida a la nueva emisora y dirigió sus informativos en sus primeras temporadas. En los 90 volvió a RNE donde estaba presentando el nocturno "24 horas" cuando TVE le reclamó para suceder a Buruaga al frente del programa sobre desaparecidos. 


En esta segunda etapa iniciada el 14 de octubre de 1992 a las 23.35 h, Lobatón se desprendió del encorsetamiento de los monográficos que había implantado su predecesor y se centró en la búsqueda. Se reforzó la interacción con la audiencia, dándole mucha más importancia, presentando ya en el primer programa al equipo de operadores de la centralita montada en el plató y con la que se conectaba continuamente. Poco a poco fue creciendo el número de profesionales de la redacción por las propias necesidades que requería el programa con su crecimiento inesperado. La audiencia aumentaba exponencialmente al número de peticiones de ayuda. Eso también obligó a reorganizar las tareas e incorporar un equipo multidisciplinar en el que se incluían abogados, psicólogos y trabajadores sociales. En la siguiente temporada se creó una lista de protegidos para los que no querían ser localizados y aunque todos recordamos las escenas de reencuentros en el estudio con la música in crescendo tenían la norma de respetar la intimidad de aquellos que preferían la reunión tras las cámaras. 
   No tardó en ascender al prime-time y convertirse en el programa más visto de todas las cadenas. Fue imitado en Antena 3 con "Se busca", primero presentado por José Antonio Gavira y después por Tico Medina. Tras seis años, su última temporada fue desinflándose en audiencia de forma preocupante. Quizás un hartazgo del público por el género que había invadido la televisión (con mayor o menor fortuna y más bien con poca deontología profesional) llevó a que no se renovara. 1998 fue su último año... o no. En 2007 dirigió y produjo "Los más buscados" en las mañanas de Antena 3 que era un remedo poco disimulado de su espacio de mayor éxito y en los últimos años regresó a TVE para presentar "la ventana Quién sabe dónde" también en las mañanas. Esta temporada, y de forma inesperada, ha regresado con todas las de la ley a la primera división dirigiendo y co-presentando "Desaparecidos" en la Uno. Y, por supuesto, no olvidemos su trabajo en la Fundación Europea de Desaparecidos. Lo dicho, no se puede negar que este trabajo marcó a Lobatón.


domingo, 4 de marzo de 2018

"La Olivetti, la espía y el loro", la intrahistoria de "Encuentros con las letras"


Este hombre de la fotografía es uno de los profesionales que más luchó por la divulgación de la cultura a través de la televisión en nuestro país. Durante los años de la Transición su programa fue la plataforma para muchos jóvenes escritores pero también el lugar donde los ya consagrados podían hablar de su obra en profundidad y con total libertad... siempre y cuando la censura lo permitiera. Su nombre es Carlos Vélez pero la gran mayoría lo ha olvidado y, desgraciadamente, no se estudia en las facultades de Periodismo. El programa era "Encuentros con las letras" y los que frisan los sesenta lo recordarán perfectamente, aunque no lo vieran. Desde 1977 a 1981 (aquí no contamos el primer año en que también se hablaba de arte bajo el título "Encuentros con las artes y las letras") fue el escenario perfecto para los literatos y los lectores y llegó a tener una audiencia media de dos millones de espectadores. 


Quizás encuentren cierto parecido entre Carlos y esta mujer. Es su hija Lea. La menos lectora en una casa donde los libros dominaban todos los rincones. Hace poco le explicó a su madre que era porque no encontraba textos protagonizados por mujeres con las que se pudiera identificar. Cuando su padre le preguntaba qué quería ser ella respondía que escritora porque sabía que era lo que él quería escuchar pero sentía que le estaba engañando. Durante años escribió cientos, miles de guiones para series televisivas pero no se sentía escritora. Ahora ya no puede negarlo. Sus "El jardín de la memoria" y "Nuestra casa en el árbol" han sido una pequeña revolución en el, por lo general, aburrido mundillo literario español y la han puesto en un lugar preeminente. Y ahora sorprende con "La Olivetti, la espía y el loro", un ensayo sobre el programa que dirigía y presentaba su padre en la Segunda Cadena de TVE durante más de seis años. Un ensayo que está contado con aires de novela y por eso, resulta una lectura apasionante, con intrigas, traiciones, disgutos... pero también ilusión, risas y mucha, mucha intimidad, la de una familia extremadamente interesante. 


- Es fascinante la forma en la que se gesta este libro, parece una historia novelesca pero es real, la aparición de unas viejas cintas olvidadas desencadena un montón de recuerdos pero también la necesidad de reivindicar a tu padre y su trabajo en TVE.

Bueno, la verdad es que es novelesca porque soy novelista. Uno puede contar las cosas de forma pedestre o novelesca y quizá yo tengo mucha culpa en eso. Por supuesto, las cintas magnetofónicas llenas de voces de la literatura aparecieron en unas cajas, tras estar olvidadas cuarenta años, como aparecen las cosas novelescas, pero creo que el toque mágico igual se lo he dado yo al saber identificar la cantidad de joyas que podían salir de ahí si me ponía con el libro. Lo que es cierto es que no esperaba encontrar las joyas tan enormes que encontré, ni tanta inspiración, ni tantos recovecos de mi memoria infantil, ni esa sensación de viajar en el tiempo que me dio la idea de la estructura tan documental del libro


- Nos descubres a un Carlos Vélez más allá de su imagen ante la cámara. Tu descripción es tan gradual, dándonos pequeñas pistas a lo largo de todo el texto, que se hace real, de repente se convierte en alguien de la familia. Si tuvieras que contarle a alguien que no ha leído el libro cómo era tu padre, ¿sería fácil resumirlo en unas palabras?

No, no sería fácil porque era un padre como miles de padres, que tenía un trabajo con el que cumplir, que quería a sus hijos, que tenía mucho sentido del humor y nunca parecía hablar en serio cuando se sentaba a la mesa con nosotros. Siempre estaba de broma. Ahora… si añades sus peculiaridades, su necesidad de vivir entre libros, su pasión por la literatura, su lealtad a los amigos, su necesidad de aportar algo útil y digno a la sociedad, te sale un hombre muy serio. La combinación de lo serio y lo bromista era su gran característica. He tratado de mostrarlo a través de mi amor por él porque no quería fingir una imparcialidad que me parecía imposible.

- "Encuentros con las letras" es uno de esos ejemplos de una tele libre, sin miedo a la divulgación, culta pero popular... y todo por el empeño de tu padre. En el libro nos cuentas los misiles que le lanzaban desde la propia cadena. Para él esto era más que un programa, ¿se lo tomaba como una misión, una oportunidad para potenciar la lectura?

Pues era una misión inconsciente y una obligación que él sentía. Mi padre era funcionario en excedencia cuando se vuelca con su pasión por los libros, pero mantenía su vocación de servicio público. Al principio de la televisión pública, existía el concepto de que precisamente por ser pública y estar financiada por los impuestos de los ciudadanos, la televisión debía ser un servicio que mejorase la sociedad, como lo es la universidad pública o la sanidad pública. Mucha gente tenía ese concepto a la hora de hacer cualquier programa, no sólo mi padre. Lo que ocurre es que igual mi padre era más cabezota y lo consiguió durante unos años. Por tanto, la cultura en TVE la entendía como algo que se le brindaba al ciudadano, no para entretenerlo, sino para ilustrarlo, motivarlo, contagiarlo de pasión por la lectura, en este caso.


- Al contrario que muchos de sus compañeros, a Vélez le gustaba rodearse de otra gente para hacer el programa mucho más completo. Su nómina de colaboradores fijos era impecable y además de ideologías distintas. ¿Cómo es posible ser director y presentador de un espacio y huir de su cuota de ego?

Bueno, él no tenía un gran ego, no. Creo que el ego puede ser un síntoma de inseguridad y él tenía muy claro quién era, lo que le gustaba, y que no necesitaba hacer más que lo que ya hacía. Si no salía más en pantalla es porque para bien un programa tan serio, tenía que estar a cien cosas y por eso se rodeó de muy buenos colaboradores, especialistas, los llamaban, en teatro o poesía o narrativa. Él participaba lo necesario para el bien de la obra, del programa, presentando las secciones o moderando las mesas redondas, porque es el director el que marca la pauta y el que lleva la batuta en un programa de hablar, de explicar. Así que él introducía los temas para que aquello tuviera estructura, pero ponerse de “presentador” no era necesario.

- Se nota que eres una escritora muy habituada a las series televisivas, logras crear suspense casi desde el principio con el cebo continuo de "la cena de los calamares". Sin desvelar nada ahora, sí que podemos decir que el programa tuvo su puntilla por una traición personal y totalmente inesperada.

Sí, he jugado al suspense porque todo libro debe de tener algo de eso, yo creo. Lo he hecho mostrando precisamente quien soy, que soy del cine y una bromista y que el suspense es un juego y también, que los escritores tenemos unas técnicas nada despreciables para que los lectores os quedéis sentados, leyendo. Con respecto a lo de la traición, alguien me ha preguntado si este libro es un ajuste de cuentas y he dicho ¡no, no! A ese amigo que cometió ese, llamémosle, error, no le tengo ningún rencor, no he querido ajustar cuentas y me dolería pensar que hago daño a alguien contando lo que cuento. Lo que ocurre es que ya, ese amigo de mi padre, que murió hace años, se había convertido para mí en un personaje literario. Un personaje, además, que se da en la historia de la literatura de forma cíclica y que es el “judas”, el que ama a su maestro, pero se equivoca llevado por la frustración, o la sensación de fracaso o la necesidad de triunfar o las famosas monedas de plata. Hay tanto drama ancestral en esa historia, que encima acaba bien, que igual que el hallazgo de las cintas, me pareció novelesca e imprescindible. Creo que es un ejemplo de cómo la realidad me obliga a forjar literatura, nada más.


- ¿Cómo afectó a tu padre no ya el cierre de su obra magna televisiva sino esa traición? Prácticamente desapareció de la vida pública, ¿a qué se dedicó después?

Mi padre acabó agotado. El estrés de sacar cada semana adelante un programa de esa magnitud, que estaba en boca de los intelectuales, de la prensa, de los políticos, que invadía la vida privada y familiar, era una cosa que no se puede comprender desde fuera. Yo una vez le pregunté a mi madre, que es la gran narradora de aquello, qué pasó cuando acabó Encuentros y ella sonrió y me respondió: “que dejó de sonar el teléfono”. Demoledor, ¿no?
Eso, que yo también viví, me enseñó que existe un mundo real, el de los amigos de verdad y un mundo de amistades imaginarias, que están llamándote y pidiéndote y queriéndote solo mientras tienes poder y páginas en prensa o minutos en televisión, y que cuando dejas de estar ahí para ser su puerta a la fama o al éxito, al día siguiente, te olvidan sin piedad. No sé bien qué sentiría mi padre, nunca lo hablé a las claras con él, pero era un hombre muy feliz, así es probable que sintiera que no merecía la pena embarcarse en otra cosa parecida. Volvió a ser funcionario, que lo había dejado en excedencia, y el resto de su vida fue jefe del servicio de publicaciones de un ministerio, haciendo lo que siempre hizo en la tele o donde fuera: servir a la sociedad.

- ¿Qué es lo que has descubierto de tu padre en esta "investigación" que ignorabas y te ha sorprendido?

Que era exactamente igual ante las cámaras que detrás de ellas.

- No sólo reivindicas a tu padre sino también a su eterna cómplice, tu madre.

Mi madre, como tantas mujeres de hombres “importantes” era su mayor colaboradora, llevaba un peso enrome de trabajo, le preparaba entrevistas, leía libros que a él no le daba tiempo a leer y se los resumía, hacía la documentación, llevaba el gabinete de prensa y las relaciones con los medios… y nadie lo sabía, solo nosotros en casa, porque trabajaba desde casa. A mi madre, y no a mi padre, le debo ser escritora, con su Olivetti y su repiqueteo constante y su capacidad de trabajo, porque yo a mi padre nunca lo vi trabajar, pero a mi madre sí, porque lo hacía desde la cocina mientras yo jugaba con mis muñecas metida entre sus piernas. Este libro lo he escrito para rescatar a esas personas normales, anónimas, sus valores, sus ilusiones durante la Transición y entender cómo llega cualquiera, sin grandes ambiciones, ni ideas de gloria o fama, a escoger la profesión de escritor.



"La Olivetti, la espía y el loro" ha sido editado por Sílex y es una lectura imprescindible para los aficionados a la literatura y para los que quieren saber cómo se gestó un programa cultural básico en la historia de la televisión y la lucha de su creador para mantenerlo en pantalla a pesar de los vaivenes de los directivos y el nulo interés de la propia Casa por aprovechar un espacio de libertad donde los más grandes se sentían cómodos, desde Cortázar a Borges pasando por todos aquellos que tenían algo que decir a finales de los setenta y principios de los ochenta. No olvidemos que gracias a este programa hoy el Archivo de TVE es mucho más rico y, ojo, este fue un empeño del propio Vélez que se negaba a reutilizar las cintas y borrar entrevistas que hoy son consultadas por expertos de medio mundo. Este libro nos cuenta todo eso... y mucho más.

jueves, 22 de febrero de 2018

Forges y la tele


Hoy se ha ido uno de los humoristas gráficos más destacados de nuestro país, Forges, pero también desaparece la persona que estaba detrás de ese pseudónimo, Antonio Fraguas y él fue mucho más que el genial cronista del último medio siglo en sus viñetas en prensa, Antonio comenzó su carrera profesional con tan sólo 14 años en TVE. Fraguas fue uno de los pioneros del Paseo de la Habana y por entonces hacía de todo y, como la gran mayoría de aquellos primeros trabajadores, posó ante la cámara con el primigenio logo de la cadena. 


Desde el primer momento estuvo detrás de las cámaras, en la parte técnica. Casi desde el principio fue encargado de tele-cine, es decir, la máquina que se encargaba de convertir las imágenes cinematográficas en señal de vídeo. En realidad era una especie de vídeo conversor con una cámara de vídeo que grababa una pantalla en la que se proyectaba la película. Ese proceso era imprescindible para poder emitir no sólo las series que venían de fuera o los pocos largometrajes de los que se conseguían derechos sino también para las noticias y cualquier reportaje que se realizara en exteriores.  


Más adelante se especializaría aún más y se convertiría en mezclador de imagen, o sea, el que pincha las imágenes que decide el realizador o, para entendernos, el que controla de verdad la mesa de realización. ¿Y cuándo comenzó a dibujar? Por supuesto, Fraguas ya le daba al lápiz desde pequeño pero fue en un largo puente de 1962 cuando decidió (según contaba él mismo, de forma repentina) crear chistes gráficos. Aquellos días dibujó y dibujó decenas de viñetas sin ningún propósito aparente. Su primera ilustración se publicó en abril de 1964 en el diario "Pueblo" a instancias de Jesús Hermida. Poco a poco su firma, la traducción al catalán de su propio apellido, fue haciéndose conocida en todas las publicaciones satíricas de la época, entre ellas la más popular: "La Codorniz". 


¿Y por qué utilizar un pseudónimo? Pues porque al formar parte de la plantilla fija de un estamento público como era TVE no estaba bien visto que se dedicara a la crítica (aunque fuera sutil) a través del humor. En 1973 pidió excedencia de la que era su Casa profesional ante la imposibilidad de compatibilizar el trabajo como coordinador de plató (su último destino allí) con sus múltiples compromisos editoriales aunque en realidad nunca la abandonó del todo, bien como colaborador bien como director de series. La más curiosa de las cuatro que firmó fue "El Muliñandopelicascarabajo", una absurdez maravillosa rodada en formato cine 16 mm y emitida, cómo no, en UHF (la 2 antes de ser la 2).


En 2014 regresó a los estudios televisivos atreviéndose a dirigir e incluso presentar un programa de nombre bien forgiano: "Pecadores Impequeibols", un distendida tertulia sobre temas monográficos que, una vez más, servían para describir la sociedad española. Y es que lo mejor de Forges es que nos estampaba nuestros defectos en la cara pero haciéndonos reír. 

miércoles, 21 de febrero de 2018

La renovación de las mañanas de Tele 5 en 1994

 

Tal día como hoy de 1994 Tele 5 (todavía se escribía así entonces) presentaba sus nuevas apuestas para llenar la programación matinal. Hasta diciembre del año anterior se había probado un formato clásico de magazine presentado por Laura Valenzuela y José María Íñigo, dos clásicos de la televisión en nuestro país unidos en la privada por primera vez para competir contra "Pasa la vida" de María Teresa Campos en la Primera y "Toda va bien" de Pepe Navarro en Antena 3. "Las mañanas de Tele 5" no funcionó y tras un par de meses de reforma, el 21 de febrero de 1994 llegaban tres nuevos programas a "la pantalla amiga" con la esperanza de superar la audiencia de los intentos previos. 


Otro veteranísimo de la tele iniciaba la mañana telecinquera con un programa de cocina a las 11.10. "Comer es un placer" estaba dirigido y presentado por Alfredo Amestoy, periodista de largo recorrido en prensa primero y en TVE después donde se encargó de todo tipo de espacios pero esta sería su primera vez con un culinario. En una pequeña cocina montada en los estudios de la cadena dirigida por Lazarov, el otrora presentador de "35 millones de españoles" recibía a profesionales de la restauración con los que preparaba platos más bien tradicionales mientras los entrevistaba e iba comentando cuestiones relacionadas con el origen de la receta, los ingredientes de temporada o la historia del restaurante del invitado. Una temporada se mantuvo en antena, hasta aquel verano.


20 minutitos más tarde llegaba Laura Valenzuela, pionera de TVE en el Paseo de la Habana que tras un intento fallido de retornar en 1989 a la Casa con "Waku Waku" (que finalmente presentaría Consuelo Berlanga) había fichado al año siguiente por la privada para "Tele 5, ¿dígame?". Después llegarían "Se acabó la siesta", "Date un respiro" y "Las mañanas de Tele 5". Con "Mi querida España" probaba un esquema distinto en el que se daba especial importancia a las celebraciones, festividades, costumbres, tradiciones y curiosidades del país. Reportajes, entrevistas en plató y actuaciones musicales eran complementadas con unos rancios números cómicos de la pareja formada por Juanito Navarro y Manolo Codeso. La cosa duró poco, sólo tres semanas.


Finalmente, a las 12 h, el único formato que alcanzaría cierto éxito, un debate popular dirigido y presentado por José María Íñigo. "¿De qué parte estás?" transcurría en un decorado que simulaba la plaza mayor de cualquier pueblo. El comunicador se situaba en el centro para mediar entre dos posturas enfrentadas sobre temas generales y, en general, intrascendentes. Una veintena de anónimos y algunos famosillos deseosos de acaparar minutos de pantalla discutían vehementemente mientras Íñigo aplicaba una sana ironía al asunto. 
   Como ya hemos comentado, el trío de programas se deshizo pronto y sólo se renovó para 1995 la tertulia a la que incluso cambiarían de escenografía por otra más luminosa, azulada y amplia (también más impersonal). En  enero 1995 estrenó versión sabatina pero en julio finalizó su historia. No llegó nunca a alcanzar las audiencias de sus competidores pero sí que consiguió subir el share de una franja maldita para la cadena.


Agradezco a @DiexistaFM las imágenes y a @ColeccionTV la confirmación de las fechas de emisión

viernes, 16 de febrero de 2018

Los locutores de continuidad de la 2 en 1993


En otoño de 1993 los espectadores de la 2 vivieron una especie de viaje al pasado pero con aires modernos. Suena contradictorio pero esta era la intención de los directivos de la cadena cuando decidieron recuperar la mítica figura de la locutora de continuidad y darle aún más presencia de la que había sido habitual cuando desaparecieron a mediados de los ochenta (sí, se mantuvieron hasta los noventa pero ya de forma casi anecdótica, no me seáis pejigueros). 


Una decena de jóvenes actores, modelos y presentadores (o aspirantes a serlo) fueron seleccionados para ser los nuevos locutores y esta vez había más hombres que mujeres, cambiando la tradición secular de nuestra tele donde las féminas ganaban por goleada en esta dura y pesada labor. Luis Miguel Torrecillas, recién salido del programa juvenil "Fanático" era el único de todo el grupo que tenía verdadera experiencia en los platós. Antes de su anterior destino ya había sido uno de los tres presentadores originales del "Club Disney". Del resto, muchos de ellos serían habituales en los años siguientes en programas deportivos, como Carlos Beltrán (en la foto superior), en magazines o culturales como "La mandrágora", caso de Silvia Ruiz, o en series médicas, especialidad absoluta de Jesús Cabrero primero en "Hospital Central" y ahora en "Centro Médico". 


A otros, como este joven de la foto, los perdimos de vista al poco tiempo y su cameo en el "Telepasión" de la Nochebuena de 1993 fue casi su despedida. Su nombre es Leopoldo Mateos y hoy en día es la voz del grupo "Nudozurdo", nada que ver con sus inicios como presentador en la segunda cadena. Esta iniciativa de recuperar a los locutores no funcionó demasiado bien y apenas duró una temporada televisiva, o sea, tres meses. La idea no era mala, estos chavales eran atractivos y tenían ganas de triunfar así que intentaron aprovechar esta oportunidad. Su presencia era constante, cada 3 ó 4 horas aparecía una pareja para informar de lo que se iba a ver a continuación, al principio con cierto humor y después con demasiada solemnidad y mensajes casi filosóficos, quizás ahí la cosa perdió su esencia. 


No se puede negar que, al menos, se cuidó la estética de estas breves presentaciones. Fondo blanco con dos marcos dorados con algún elemento de atrezzo solía ser el decorado habitual. Quizás si se hubiera dejado reposar un poco más y los guiones no hubieran sido tan encorsetados, hoy seguiríamos teniendo locutores de continuidad que sirvieran de hilazón y para reforzar la identidad de la cadena. Eso sí, hoy ya no harían los famosos Cierres de emisión pasada la medianoche, entre otras cosas porque ya no se cierra nunca y la Carta de Ajuste ha pasado a ser objeto de anticuario televisivo. 

Ah... sí, no habéis visto mal, el muchacho de la derecha en la última foto es Carlos Lozano debutando en televisión. 




Nuestro agradecimiento a @DiexistaFM por las imágenes 1, 2 y 3.

sábado, 10 de febrero de 2018

Los decorados de "Magacine" en Canal Plus


En 1996 un programa sobre los estrenos cinematográficos de nombre "Magacine" sustituye en Canal Plus a "Primer Plano", el espacio que durante seis años se había encargado de esa labor. Si el que había roto el hielo en la cadena había tenido a actores presentando (Fernando Guillén Cuervo haciendo pareja con Maribel Verdú primero y Emma Suárez después y Carmen Maura en solitario en su última temporada), su sucesor tendría a una periodista, Ana García Siñeriz, y un reconocido crítico y cronista del séptimo arte, Jaume Figueras al frente. Pero como de "Magacine" ya hemos hablado aquí, hoy quiero centrarme en sus decorados, uno de los sellos de aquel divulgativo. En aquel Canal Plus todo era elegante, desde la concepción de sus programas hasta la escenografía, pasando por el diseño de sus logos, cabeceras, rótulos...


En sus primeras temporadas, el dibujante y director de animación Juan Padrón ("Vampiros en la Habana") creó unas bellas introducciones que servían de inspiración para el decorado, construido en la productora Escosura. Un par de años después, tras la compra de un antiguo cine en una calle perpendicular de esa empresa audiovisual, el programa se trasladó al local recién adquirido, muchísimo más grande y con más posibilidades de realización. Un enorme ciclorama (foto superior) pintado de un color crema suave con ocho monitores (con la reproducción continua de los cortos que Padrón dirigía para el programa como cortinillas) sería el fondo, simple pero muy eficaz, para las presentaciones. 


En la última temporada presentada por la pareja Siñeriz-Figueras y con la partida de Padrón del equipo, se diseña un decorado espacial, con una nave a la derecha con el flamante logo, fondo estrellado en el centro tras unas estructuras que simulaban metal y cuatro pantallas numeradas a la izquierda. Aparentemente más fría pero también más acogedora, esta escenografía marcaría el fin de una larga y brillante etapa que sería continuada por otra mucho más discreta presentada por Antonio Muñoz de Mesa, al que se le uniría un par de años después Raquel Sánchez Silva.

Fotografías de Alejandro Macías, Todos los derechos reservados.

sábado, 3 de febrero de 2018

La segunda oportunidad


Tres años de rodaje y cientos de accidentes provocados dieron como resultado "La segunda oportunidad", posiblemente el programa sobre seguridad vial más famoso de nuestra tele y el más exportado. Emitido entre 1978 y 1979, a lo largo de 26 entregas, este divulgativo consiguió concienciar al español (bueno, al europeo si tenemos en cuenta su emisión en otros países) de la importancia de tomar la decisión correcta durante la conducción, porque nunca hay una segunda oportunidad como aquella que se veía en la reconocible cabecera, los coches destrozados nunca se reconstruyen por arte de la moviola en la realidad.


El periodista gallego Paco Costas dio la cara y puso su rasgada voz para explicar (metiendo un poco de miedo) lo fácil que es, a veces, evitar un mortal accidente. Especializado desde sus inicios en prensa en temas de motor, hoy en día sigue dedicándose a ello. Sus primeras intervenciones en TVE fueron en el ómnibus "Todo es posible en domingo" a principios de los 70, como la cosa funcionó bien los jefes le encargaron el primer espacio dedicado íntegramente a los coches y su mecánica, "A cuatro tiempos". Con "La segunda oportunidad" consiguió definitivamente la fama.  


El programa partía de una idea del director y realizador Fernando Navarrete, el eterno cómplice de José María Íñigo en el control"Estudio Abierto" y que a mediados de los 80 dominaría las cámaras en aquellas interminables Nocheviejas en directo con Concha Velasco con la que repetiría fórmula en pequeñas dosis en "¡Viva el espectáculo!". Paco Costas describía en un reportaje para la revista "TeleRadio" en 1977, un año antes de que se difundiera el primer episodio, cómo trabajaba Navarrete en la planificación: "Ha pasado una hora, ha dispuesto sus efectivos y todo parece estar en su sitio. El rodaje previo al accidente es muy laborioso. Planos de los pies del conductor frenando. Hay que filmar los pretendidos errores que motivaron el vuelco al producirse el reventón del neumático. Después planos de la acción correcta que dará al personaje de la historia la segunda oportunidad y la posibilidad de evitar el accidente. Pie al freno, suave el intermitente, en el momento en el que el estallido del neumático provoca una pérdida en la dirección. Una cámara en el capó del coche de Navarrete que conduce él mismo, va en seguimiento del coche protagonista. Otra, pegada con ventosas y toda clase de ingenios improvisados, filmará en planos cortos el neumático". 


¿Y quién era el incauto voluntario que se prestaba a conducir esos vehículos en peligro? Aquí lo tenéis, Alain Petit, "le cascadeur", acróbata automovilístico y especialista cinematográfico francés que trabajó en múltiples ocasiones desde los 70 en producciones internacionales y que siguió en activo en este peligroso oficio hasta finales de los 90. Con su templaza (y temeridad) recorrió cientos de kilómetros de carreteras de Ávila para este programa. Esta provincia fue el principal escenario para el programa gracias a la variedad de sus calzadas, el poco tráfico y las facilidades que prestaban las autoridades. El agudo ojo del operador de cámara Paco Aguayo captó perfectamente cada uno de aquellos desastres provocados.


Las espectaculares explosiones que se veían cada semana eran un reclamo para el espectador que, de paso, se quedaba con la lección que predicaba Paco Costas entre esas impresionantes escenas narradas por Rafael Taibo, el inolvidable locutor de Radio Clásica y voz también asociada a buena parte de los documentales de Cousteau. 
   Aquellos efectos especiales tenían un responsable bien conocido por su excelso trabajo, el recientemente fallecido Reyes Abades. Este fue el primer trabajo que realizó con su recién creada empresa aunque por entonces ya tenía sobrada experiencia en rodajes de películas de todo tipo. 
   "La segunda oportunidad" tuvo un éxito considerable en su primer pase y por eso se repitió en multitud de ocasiones y horarios porque en realidad su mensaje seguía presente a pesar de que el celuloide fuera perdiendo color con cada reposición.