lunes, 14 de diciembre de 2015

Cara a cara. 1977.


El primer cara a cara de nuestra televisión no fue el de Aznar y González y ni siquiera el formato es algo novedoso. Ya desde finales de los cincuenta Victoriano Fernández Asís enfrentó a personas con opiniones encontradas ante las cámaras pero, por supuesto, todo era muy cordial y desde luego no se hablaba de política. Fue en noviembre de 1977, en plena Transición y con ganas de hablar de todo, cuando se estrenó un programa con ese título precisamente, "Cara a cara", y clarísimas intenciones: ofrecer a los espectadores careos entre invitados con opiniones contrarias. Y sí, por primera vez los protagonistas podrían ser políticos. 


El periodista y politólogo Federico Ysart fue su director y presentador. Bregado en la redacción del diario "Madrid" y fogueado en la SER, su firma sería reconocible más tarde en "Cambio 16" y más recientemente en "ABC". Por aquel entonces era asesor del vicepresidente del Gobierno para Asuntos Políticos, Fernando Abril Martorell, y desde ese área se proyectó un debate para televisión que finalmente se concretó en este "Cara a cara". El propio Ysart se encargó de ponerlo en marcha. Declaraba por entonces a la revista "TeleRadio": "La idea ofrecía bastantes riesgos por ser una fórmula inusual en nuestro medio. El programa ahí está. Creo que se da un contraste dialéctico entre fuerzas políticas o entre ideologías distintas con absoluta libertad, libertad que garantizan los mismos protagonistas del espacio".


La fórmula era sencilla y, quizás por eso mismo, muy eficaz. Cada programa se iniciaba con una filmación con datos biográficos de los contendientes de unos 3 minutos aproximadamente cada una y después se pasaba a la confrontación en el plató. Un set sencillo (ni siquiera podríamos definir como decorado el fondo de madera) albergaba a los invitados, nada distraía la atención de lo importante: sus palabras. La realización estaba claramente destinada a la escucha, había plano y contraplano, se enfocaba durante el discurso y también en las reacciones y eran habituales las pantallas partidas. Todo eso que hoy nos parece tan moderno ya había sido probado hace casi 40 años. La duración variaba entre los 30 y los 45 minutos, se realizaba en directo y como decía Ysart: "Se trata de un diálogo y hay veces en que es imposible cortarlo. Lo importante es que la cuestión que se debate quede suficientemente clara, aunque esto es casi imposible. Son dos puntos de vista enfrentados con tesón por cada una de las partes y, evidentemente, a través de una discusión de media hora es muy difícil que dos personas se pongan totalmente de acuerdo. Se trata de que el espectador reciba los ingredientes, esas dos opiniones, y pueda hacerse un cuadro y se quede con los elementos que más le interesen de una y otra postura. Es decir, que salga una conclusión resultante de la defensa que cada una de las dos partes ha hecho en su turno".


A pesar de que a priori no se pretendía que la política fuera la protagonista cada semana y que la intención fuera llevar también a científicos, escritores o sociólogos dependiendo del tema más candente esa semana, finalmente fueron los miembros del Congreso los que más veces aparecieron en este espacio y los que generaron mayor interés. Sin embargo, el que ha permanecido en la memoria para muchos fue precisamente el primero, sobre las elecciones sindicales y protagonizado por los líderes de las dos centrales mayoritarias, CCOO y UGT (con gran disgusto de otras minoritarias como USO). Como bien apunta Manuel Palacio en su libro "La televisión durante la Transición española" (Cátedra, 2012): "Fue un éxito de repercusión pública; tanto es así que el enfrentamiento televisivo de ambos militantes antifranquistas ha dejado una cierta huella en el recuerdo, al menos en uno de los latiguillos que Nicolás Redondo le espetaba a Marcelino Camacho: Mientes, Marcelino, y tú lo sabes". Otros que llamaron la atención fueron los debates entre Rodríguez Sahagún y Ramón Tamames, el de Gonzalo Fernández de la Mora y Enrique Tierno Galván o, atención, el del diputado del PSOE Javier Solana y el senador de UCD Jiménez Blanco sobre ¡el consejo rector de RTVE en la propia TVE! No se llegó a ningún acuerdo y todavía hoy seguimos sufriendo que el Gobierno de turno utilice la tele a su antojo (¡qué nostalgia aquel islote temporal de hace unos años!). 
   El "Cara a cara" de Ysart no duró mucho en antena, apenas una temporada. Otros formatos más plurales como "La clave" se quedaron en la parrilla e Ysart no dejaría la tele, continuaría con programas no demasiado alejados de éste como "Diálogos institucionales". Los cara a cara electorales, digámoslo claro, son mucho más encorsetados que aquellos de finales de los setenta. Todos hemos perdido la virginidad, los políticos y sus asesores, que usan todas las tretas posibles para arrimar el ascua a su sardina ... pero también, no lo olviden, la audiencia que difícilmente se cree ya sus palabras. 


   

1 comentario:

  1. Ojalá hubiera en la tele más Cara a cara, pero Por Favor, que no griten, que no chillen, que no se pisen la palabra, que no se insulten. ¿Existe ese tipo de personas?.

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