domingo, 15 de septiembre de 2024

El ayer y el hoy de los presentadores del Telediario

Jesús Álvarez en el Telediario a principios de los 60. La mujer que le pasa un teletipo es Pilar Miró que en los 80 sería la primera Directora General de RTVE

Cuando TVE comenzó sus emisiones regulares el 28 de octubre de 1956 nadie pensó que fuera necesario tener unos servicios informativos, total, en plena dictadura poco se podía informar. Hablamos de una época en la que todas las cadenas de radio tenían que conectar con “El Parte” de RNE, no se permitían boletines propios. De ahí que vuestros abuelos sigan diciendo eso de “voy a ver qué dice el Parte”, como si de una servicio militar se tratara. Tal día como hoy de 1957 se estrenó la marca Telediario y por eso toca hacer un repaso a lo más "aparente": sus presentadores/as y la forma en la que ese oficio ha ido transformándose. 

David Cubedo a mediados de los 60

Uno de los pioneros de aquella primigenia TVE, David Cubedo, fue el que sugirió que sería importante ofrecer noticias para los televidentes y la cosa se puso en marcha al año siguiente. Primero sería bajo el título de "Últimas noticias" y después con el definitivo de "Telediario", nombre que se reaprovecha de la revista que informaba de la programación y que después cambiaría su cabecera por "Tele Radio". El propio Cubedo sería el presentador de una de las ediciones, las otras dos tenían a Jesús Álvarez y Eduardo Sancho al frente. 

Eduardo Sancho al frente de la tercera edición del Telediario a principios de los 60

Un motorista llevaba los papeles con la información pautada desde RNE hasta el chalecito del Paseo de la Habana donde se encontraba la sede de la tele y los presentadores leían “a pelo” esa información. Poco a poco fueron incorporando fotografías y se suscribieron a los servicios de alguna agencia y también al de la poderosa CBS, cadena estadounidense que era la referencia informativa en aquella época. Eso en cuanto a lo internacional, lo nacional… tardaríamos unos años en mandar reporteros a la calle con cámaras de cine. Eso precisaba un revelado y montaje, así que normalmente no se emitían hasta uno o dos días después de la grabación, es decir, que la noticia se había quedado vieja ya.

Jesús Álvarez en uno de sus últimos especiales informativos

Cuento todo esto porque es necesario para entender lo que vino después  y es que, en realidad, durante décadas no hubo grandes cambios en cuanto a la forma de presentarse ante el espectador. Hasta mediados de los setenta, y salvo honrosas excepciones de las que hablaremos, el locutor de informativos (no necesariamente periodista) era hombre, de voz generalmente grave y rotunda, de dicción perfecta y de edad media. Era rarísimo ver a un locutor joven, aunque los hubo, generalmente sustitutos o como “acompañantes” del presentador principal. En los sesenta y primeros setenta la separación “Informativos vs. Programas” prácticamente no existía y algunos de los locutores más reconocidos de los Telediarios también se encargaban del entretenimiento como el todoterreno Jesús Álvarez. 

Miguel Sanchís y Pedro Macía en un TD de principios de los 70, aún sin autocue

El tele-prompter o autocue, ese aparatito que nos permite leer los textos directamente de la cámara no se incorporó a los estudios de TVE de forma generalizada hasta… ¡mediados de los ochenta! Todos los presentadores utilizaban la técnica que el pionero Eduardo Sancho definía como “el bebe-patos”, es decir, leer del papel directamente y levantar la vista tanto como fuera posible para no perder el contacto visual con el espectador. En esto los había mejores y peores y algunos habían perfeccionado la técnica o bien tenían una extraordinaria memoria que les permitía aprenderse una parte del texto hasta que las “colas” decidían entrar en imagen. 

Julio César Fernández esperando la conexión con un Centro Territorial en los 70

No existían las conexiones en directo y hasta 1966 no se monta una red de corresponsales cuyas crónicas eran en formato cine o bien, para noticias de última hora, telefónicas sobre colas de imagen de alguna agencia, pero no en directo. Eso implicaba que cada vez que el presentador tenía que dar paso a un reportaje o a una crónica tenía que encomendarse a Santa Clara, patrona de TVE, para que no tardara demasiado en entrar. A veces esos segundos se hacían eternos y el pobre locutor aguantaba la espera con resignación. Si hoy nos ponemos nerviosos cuando se retrasa 2 segundos imagina estar en un plató y esperar (fácilmente) 30 segundos. Estaban hechos de otra pasta. 

Es importante recalcar que esa corrección y encorsetamiento eran exigencia de la Casa y que incluso existían multas por “salirse del tiesto”. Si había una equivocación y se consideraba “falta”, multa al canto. No se andaban con chiquitas, de ahí que hoy cuando vemos fragmentos conservados de aquellos telediarios nos parezcan “casi artificiales”. De esa época viene el famoso descalificativo de “bustos parlantes”. 

Blanca Gala

A finales de los 60 se producen tímidos intentos de modernizar todo aquello. En 1968 aparece el primer informativo matinal, “Buenos días”, y por primera vez una mujer aparece presentando noticias. Su nombre: Blanca Gala. Apenas duró una temporada en antena. Se paralizó aquello de la televisión matinal (breve apunte: no había tele por las mañanas, teníamos carta de ajuste, tras este efímero intento no hubo programación matinal hasta 1986, precisamente con otro “Buenos días”). Blanca también presentaría la última edición del Telediario tras esa cancelación. 

Jesús Hermida en la corresponsalía de Nueva York

Otro intento de evolución: la última edición del Telediario en 1970 pasa a llamarse “24 horas” y se reclama a Jesús Hermida que regrese de la corresponsalía de Nueva York para encargarse de él. Había narrado la llegada del hombre a la Luna unos meses antes, llevaba ya unos años allí y había visto a grandes maestros como Walter Cronkite en la CBS o a la pareja Huntley-Brinkley en la NBC y pensó que le llamaban para hacer algo similar. Esa era la idea inicial pero Don Jesús tenía demasiada personalidad y el techo de “lo noticiable” todavía estaba demasiado bajo. Le sustituyó Manuel Martín Ferrand que también tuvo problemas continuamente. El colmo fue cuando pidió un minuto de silencio por las víctimas de la guerra del Vietnam y eso provocó un conflicto diplomático. Suspensión de empleo y sueldo y poco después cancelación del informativo.

Eduardo Sancho conectando con el Congreso de los Diputados en los 70

Los intentos de cambiar la forma de presentar las noticias que apenas duraban una temporada (con suerte) fueron una constante. La verdadera revolución llegó durante la Transición. En 1976 Rafael Ansón accede a la Dirección General de RTVE y una de sus primeras medidas es cambiar los Telediarios de arriba a abajo. Tres presentadores formarían parte de la operación: Lalo Azcona, Eduardo Sotillos y Pedro Macía. Los dos primeros eran jóvenes, venían de la radio y, por lo tanto, no tenían ningún “vicio” adquirido de la vieja redacción de TVE. El tercero era un pionero que llevaba desde los primeros sesenta y que desde la edición de medianoche serviría de bisagra entre una generación y otra. 

Lalo Azcona

Lalo fue una agradable sorpresa, aparecía con traje de tres piezas, corbata enorme pero no anudada hasta el último botón. No leía, explicaba. Sonreía, hablaba como alguien normal. De repente la audiencia ve que se están contando las noticias de verdad, que hablan de la legalización del Partido Comunista, de protestas en la calle, aparecen líderes que antes estaban vetados en la tele. Fue un intento que debería haberse estabilizado pero dos años después se desmontó aquella redacción, hubo dimisiones de “las caras de la noticia” y se produjo una involución. 

Joaquín Arozamena y Victoria Prego

A principios de los ochenta la campanada la dio un informativo minúsculo que se emitía poco antes de que se cerrara la emisión, por eso recibió el título de “Al cierre”. Lo presentaban Joaquín Arozamena y Victoria Prego. Ambos habían participado en 1974 en “Noticias en la Segunda”, una rebelión en el fondo y forma… por eso se cortó a los pocos meses, todo el mundo empezaba a preferir aquel informativo rompedor y yeyé al que se emitía en La Primera y aquello no se podía permitir. En esa época, la Segunda (lo de “La 2” es de los noventa) no llegaba a todo el territorio nacional así que tenía mérito. La Dictadura estaba muriendo pero los últimos coletazos siempre hacen daño y aquel noticiario era el más moderno de Europa. Joaquín y Victoria venían, por lo tanto, con la lección bien aprendida y su “Al cierre” fue el triunfador de la temporada. La clave estaba en que hacían periodismo interpretativo, contextualizaban, “contaban lo que estaba pasando” y Arozamena no era precisamente un busto parlante, sus manos en continuo movimiento fueron imitadas hasta la saciedad pero tras esas parodias había admiración. ¿Cuánto duró eso? Una temporada, ¡qué sorpresa!

Clara Isabel Francia en los 70

Afortunadamente de todos aquellos intentos se iban quedando algunas cosas. A finales de los 70 la presencia de mujeres en los Telediarios ya no era testimonial: Clara Isabel Francia, Rosa María Mateo, Elena Martí, Marisol González, Cristina García Ramos (la de “Corazón, corazón”, sí) presentaban o copresentaban distintas ediciones de los informativos.

Manuel Campo Vidal y Concha García Campoy a mediados de los 80

A mediados de los ochenta una nueva generación de periodistas llega a los Telediarios y, por primera vez, se destierra casi definitivamente la figura del “locutor”, es decir, un presentador profesional que lee lo que escriben los redactores. Es un primer paso para llegar a la figura del “editor-presentador”. Manuel Campo Vidal, Concha García Campoy, Paco Lobatón, Carlos Herrera (poco tiempo pero estuvo ahí), Ángeles Caso… ¡Y por fin tenían autocue! Eso sí, fallaba tanto que a veces se hacían un informativo completo con el aparato escacharrado.

Ana Blanco y Matías Prats en un Telediario de los 90

En los noventa ya tenemos a Matías Prats asentado en los Telediarios, a Ana Blanco estrenándose en el fin de semana junto a Francine Gálvez, a Pedro Piqueras… parece que nada ha cambiado, ¿verdad? Las privadas llegan y se producen grandes fichajes. Luis Mariñas abandona su TD para dirigir los primeros informativos de Tele 5, llenos de comentaristas como Andrés Aberasturi porque no había dinero para montar una redacción. La fórmula, por diferente, funcionó. Antena 3 unió a veteranos de la radio como Luis Herrero con jóvenes periodistas femeninas pero quién llamó la atención fue José María Carrascal que con su “al filo de la medianoche” consiguió destacar entre la “normalidad” y que las otras cadenas también quisieran su “informativo de autor”. Una pena que eso ya no exista. 

Lorenzo Milá en "La 2 Noticias"

Creo que es justo reconocer que los ensayos para modernizar (y, por lo tanto, mejorar) la anquilosada fórmula del informativo televisivo en nuestro país se produjeron en La 2. Desde el ya mencionado y efímero “Noticias en la Segunda” del 74, a su sucesor “Redacción noche” en el 76, los diferentes títulos que comandó Arozamena o el siempre rompedor “La 2 Noticias” con un Lorenzo Milá en sus primeros años que, literalmente, educó informativamente a toda una generación de estudiantes de Periodismo. Su paso al Telediario de La 1 (corbata sí, corbata no) se saldó con buenas críticas y audiencias y sin perder un ápice de su naturalidad.

Mari Carmen García Vela

Tampoco podemos olvidar que las “noticias” no sólo se cuentan en los diarios, otros formatos como “Informe Semanal” nos  han descubierto a algunos de los mejores comunicadores de este país y es inevitable nombrar a Rosa María Mateo y Mari Carmen García Vela que con su hablar pausado marcaron escuela. 

Marta Jaumandreu en el Informativo Territorial de Madrid que comparté plató y decorado con el Telediario (Foto Alejandro Macías)

¿Ha cambiado radicalmente la forma de presentar las noticias? Se perfecciona la técnica pero desde hace 30 años no hay grandes alteraciones. Los presentadores pueden ser más o menos simpáticos, ahora se ponen de pie y pasean por el plató pero eso ya se había visto antes. Lo que importa es que lo que se cuente sea real y esté contrastado, que la información sea honesta (ya que la objetividad es imposible), que no haya partidismos y que quien comunique tenga credibilidad. ¿Y eso cómo se consigue? Desde luego, no haciendo aspavientos o siendo sensacionalista, la credibilidad es ese ente que se trabaja durante años y que se pierde en un minuto. ¿Todos nuestros presentadores/as la tienen? No, pero muchos han encontrado su nicho de mercado y en estos momentos eso parece importar más. ¿Podría un presentador/a del Telediario de 1980 conducir uno hoy en día? Sí, la técnica le ayudaría a hacer mejor (y más cómodamente) su trabajo. ¿Podría cualquier presentador/a de hoy hacer el viaje inverso? Creo que tardaría más, mucho más, en acostumbrarse. No olvidemos, por tanto, que lo básico no ha mutado: informar (no aleccionar). Da igual que el decorado sea una pantalla de 6 metros o una cortina, la capacidad comunicativa tiene que ver con el talento, sí, pero también con la ética y con la práctica. 


Os recomiendo el especial "La noche del TD" emitido hace diez años La Uno, podéis verlo pinchando aquí

Este artículo fue originalmente una colaboración para el blog de Luis Fraga hace cuatro años. Lo he recuperado y actualizado con motivo del aniversario del Telediario.

domingo, 8 de septiembre de 2024

"Los Bribones", un negocio entre estrellas de Hollywood

Hoy es bastante habitual que las estrellas del cine y la TV tengan su propia productora y que su fama sirva de reclamo para vender sus productos pero en los años 60 eran muy pocos actores los que se atrevían a meterse en estos berenjenales. El importante precedente marcado por Charles Chaplin, Douglas Fairbanks, Mary Pickford y David Wark Griffith en 1919 al fundar su propia compañía, United Artists, quizás inspiró a Dick Powell, David Niven, Charles Boyer y Joel McCrea para fundar Four Star Television en 1952. En realidad estos cuatro actores de renombre estaban más imbuidos del espíritu negociador de Desi Arnaz y Lucille Ball que con su Desiluz Productions alcanzarían éxito y cierta independencia. Fue Desiluz la que lanzó "I Love Lucy", protagonizada por ellos mismos, y "Los intocables", por ejemplo. 

De Four Star surgieron unas cuantas series muy populares en la década de los cincuenta y en varias, como la antología "Four Star Playhouse" sus fundadores también aparecían como actores, generalmente en rotación. Con esa misma idea surgió en 1964 "The Rogues" protagonizada por los socios Charles Boyer y David Niven. Para completar el elenco se recurrió a Gig Young, Gladys Cooper y Robert Coote, estos dos últimos fueron nominados a los premios Emmy. 

Emitida originalmente en la NBC la temporada 1964/65, llegó a TVE unos meses después de su final. Sus 30 capítulos se emitieron los jueves a las 22 h (excepto en fechas señaladas como en Semana Santa) con cierta relevancia a tenor de la hemeroteca. Curiosamente en esa franja sustituía a la serie inglesa "El Santo" con Roger Moore a la que le unía un más que notable parecido en su trama. Si Simon Templar, el Santo, era una mezcla entre detective y ladrón de guante blanco que al estilo de Robin Hood robaba a los ricos para dárselo a los pobres, los Bribones tenían como lema "Honor antes que honestidad". 

Estos personajes eran el resultado de la unión de dos familias de estafadores (por definirlos de alguna manera) de rancio abolengo: los Fleming y los Saint Clair que en cierto momento de la historia unieron su sangre. En los 60 estaban desperdigados por el mundo, robando joyas con tanta clase que daba pena denunciarlos. Como Niven y Boyer estaban a tope de trabajo en Hollywood tenían mucha menos presencia que Gig Young, de hecho en la mayoría de los episodios no compartían pantalla y buena parte de sus intervenciones se rodaban allá donde estuvieran trabajando. 

La serie fue bien recibida en nuestro país, prueba de ello es su privilegiada ubicación en la parrilla pero no consiguió superar la audiencia de su predecesora en ese lugar, entre otras cosas porque su única temporada en antena impedía una fidelización. Aún así no merecía el olvido en la que hoy se encuentra relegada. 

jueves, 29 de agosto de 2024

"Mitomanía. Un rayo de sol", el comienzo de un mito.


El 29 de agosto de 1995 unos veinte minutos antes de las 22h, tras las emisión del Telediario 2 y El Tiempo, en La  Primera de TVE estaba a punto de comenzar un espacio que se convertiría en mítico. Aquel martes de finales de mes se estrenaba "Mitomanía" con un especial dedicado a la canción del verano titulado "Un rayo de sol", como la popularísima canción de "Los Diablos". Con guión y dirección de Guillermo Summers que en la presentación estaba acompañado por su pareja televisiva de sus anteriores proyectos, Susana Hernández, este programa sería una constante en la parrilla hasta el año 2001. 

Teniendo en cuenta que la emisión se había aplazado varias veces y que quizás un programa sobre canciones de verano pegaba más a finales de junio o en julio no parece osado pensar que los jefazos no confiaban mucho en el proyecto y que nadie pensaba que aquellos especiales serían un seguro de audiencias durante varios años. Y es que, efectivamente, aquel primer "Mitomanía" fue un exitazo inesperado. Tal y como me ha confirmado el estudioso Miguel Herrero revisando sus informes, con más de cuatro millones de audiencia fue la tercera emisión más seguida de agosto en todas las cadenas, tan sólo por detrás de dos partidos de fútbol (que entonces ocupaban los primeros puestos en la lista sin discusiones). 

Guillermo Summers había encontrado una fórmula ganadora mezclando imágenes de archivo con el humor inaugurando un género que él mismo bautizó como "repetity show" en pleno auge del "reality show". En sus dos programas precedentes a "Mitomanía" ya había elegido a la actriz Susana Hernández como copresentadora y en ella encontró a la cómplice perfecta. Primero en "Dos cadenas para ti" (1990), después en "Devórame otra vez" (1991) y su continuación "Devórame 2" (1992) y, precisamente aquel 1995 (entre enero y junio) en el semanal para La 2 "Lo que en tiempos se llevó", Susana y Guillermo se complementaron a la perfección durante más de veinte años. Susana está centrada desde hace años en la interpretación y ha conseguido sonados premios en teatro. De vez en cuando reaparece ante las cámaras en papeles episódicos en series de todo tipo. Hace unas semanas la vimos en "4 estrellas". 

"Un rayo de sol" era un recorrido por aquellos temas que habían copado las listas de éxito entre los 60 y los 90, que habían sonado en las verbenas de los pueblos incansablemente, que todos sabíamos de memoria (a nuestro pesar en muchas ocasiones). También incluía una clase práctica de los bailes más populares con Guillermo y Susana como profesores cual Eva Nasarre en "Puesta a punto". En una época en la que usar el archivo era tedioso y lento, cada programa de este tipo suponía un gran esfuerzo.

Las cintas de dos pulgadas tenían que pasarse a formato Betacam pero sólo había una máquina para la reconversión y Summers no era el único director que mandaba peticiones al departamento correspondiente. La digitalización estaba lejana y muchos viejos programas no estaban catalogados así que la búsqueda era un alarde de memoria (un documentalista que sabía que tal actuación la había visto en cierto programa que tenía localizado) y de paciencia. Gracias a los programas de Guillermo Summers nació, además, una generación de fans del Archivo. 

Además, y esto no es ningún misterio, se inauguró una forma de hacer que sigue presente en "Cachitos de hierro y cromo". Al primer "Mitomanía" de tantos debemos de rendir pleitesía los interesados en la historia de la televisión y de la música. Si todo eso fuera poco hay que destacar el envoltorio. A una elegante realización se sumaba una edición llena de ritmo (¡aquellos montajes musicales de los títulos de crédito!) y los decorados de Salvador Hernández, algunos realmente espectaculares como el romántico parque del especial dedicado a San Valentín o el impresionante despliegue para el de Nochebuena de 1998, "La estrella de Belén". Para este primer programa, Hernández recreó la portada del álbum de The Beatles "Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band" pero con los mitos patrios (y alguno extranjero también, vale). El equipo que se formó para esa longeva serie de especiales fue de campanillas, desde la subdirección de Federico G. Serrano a los montadores, asesores musicales, realizadores... Dato curioso: una de las documentalistas era Kika Fraiz, locutora en los 70 que había reaparecido ante las cámaras en "Lo que en tiempos se llevó" para recordar la tele del pasado.

Para la siguiente entrega emitida en octubre de 1995 aquel decorado cambiaba su iluminación, en vez de un ciclorama de azul luminoso veíamos uno con tonos anaranjados, las palmeras eran ahora árboles pelados y el suelo estaba lleno de hojas secas a juego con el tema de aquella entrega, "Balada de otoño". Hoy "Mitomanía" está casi al completo en la web del Archivo RTVE, podéis ver el primero pinchando aquí. Por cierto, en realidad la mitomanía no se refiere a la admiración desmedida por un artista devenido en mito sino a la adicción de las personas a mentir. Gracias a Summers y equipo, también tiene otro significado más positivo. 

lunes, 12 de agosto de 2024

La Sinfonía Musical de la clausura de los JJ. OO. Londres 2012


El éxito incontestable de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 (ver post anterior) había generado una lógica expectativa con la clausura. ¿Serían los británicos capaces de mantener la indudable calidad artística y técnica demostrada en la inauguración? Tamaña empresa sería responsabilidad de un grupo de creadores de renombre internacional. Stephen Daldry (director de "Las horas" y "Billy Elliot") ejercía de productor ejecutivo de esta fiesta, Kim Gavin como director creativo y coreógrafo, la diseñadora Esmeralda Devlin, el director musical David Arnold y el arquitecto Mark Fisher como responsable del diseño de producción completaban el equipo.  

Con esa camarilla creativa y la seguridad que siempre aporta la BBC en la realización era difícil que la cosa saliera mal... y no decepcionaron a pesar de las comparaciones con la apertura. Inevitablemente hubo críticas y el cierre de los Juegos salió perdiendo en el examen pero aún así el balance fue muy positivo y es innegable que aquella noche del 12 de agosto de 2012 nos dejó momentos para la historia televisiva. 

Esta vez el estadio se había convertido en una representación de Londres con algunos de sus iconos, el Big Ben o el London Eye, asentados sobre la bandera del país cuyas líneas servían de rampas para el epatante desfile musical que se avecinaba. Los espectadores más atentos podían distinguir en el escenario y en los coches que circulaban por él algunas de las frases más recordadas de la literatura inglesa. Emeli Sandé, el violoncelista Julian Lloyd Weber y The Urban Voices Collective pusieron música a esta primera parte que finalizaba con el grupo Stomp y sus coreografías percusionistas. 

El actor Timothy Spall emergía del Big Ben caracterizado del Primer Ministro Winston Churchill recitando el discurso de "La Tempestad" de Shakespeare que en la inauguración había interpretado Kenneth Branagh en la piel del ingeniero Kingdom Brunel. Esta "autoridad" dio paso al Príncipe Harry, en representación de la Reina Isabel II, que llegaba con el Presidente del COI Jacques Rogge mientras la bandera británica era izada. 

Y, por fin, comenzaba el imparable concierto de grandes éxitos del British Pop de todos los tiempos. Madness y su enérgico "Our House" abrió la veda haciendo que el público comenzara a animarse. No sé si los presentes allí eran conscientes del privilegio que tenían porque iban a ser testigos de la reaparición de grandes artistas del último medio siglo. La banda de ska recorría el Estadio a bordo de un camión descubierto y a continuación la Household Division (los de los gorros peludos de la Armada) atacaban con sus instrumentos de viento "Parklife" de Blur. El relevo lo tomaba Pet Shop Boys y después One Direction... esta iba a ser la dinámica de las tres horas de evento. Cuando uno pensaba que no podía ver nada mejor, nuevas sorpresas subían la apuesta. 

Y es que esta gala es conocida como "A Simphony of British Music" aunque ese fuera el título sólo de uno de los segmentos, el que comenzaba después del desfile de los atletas, un básico en estas ceremonias puesto que no debemos de olvidar que ellos son los verdaderos protagonistas y esta fiesta es para ellos. 

Sendos homenajes a Queen y a John Lennon, cuya cara se representaba en una escultura, daban inicio a esa Sinfonía, difícil de resumir porque fue un no parar de actuaciones de cantantes y bandas internacionalmente conocidas: George Michael entonando con fuerza su canto a la libertad, Kaiser Chiefs, Annie Lennox, Ed Sheeran, Nick Mason de Pink Floyd y Mike Rutherford de Genesis, Fatboy Slim... llegaban en distintos vehículos, cantaban en otros tantos escenarios... un circo multipista que dejaba al espectador sin resuello.

A eso de las doce de la noche, hora española, cinco taxis llegaban al centro del Estadio y de ellos salían... ¡las Spice Girls!, una reaparición muy esperada no sólo por sus fans sino por el público de medio mundo que en años anteriores había bailado con "Wannabe" o "Spice Up Your Life". Creo que ellas, aparte de la alegría del reencuentro en un lugar así en un día tan importante, no disfrutaron mucho del viaje a toda leche por el Estadio en unas plataformas que no parecían muy seguras sobre los taxis. A pesar del supuesto peligro, ¡qué momentazo! ¿Quizás el más recordado por la audiencia en general de aquella noche?

Posiblemente hay otra parte que rivaliza con la de las Spice y no me refiero la actuación de Oasis sino a la de Eric Idle en representación de los Monty Python entonando su optimista "Always Look on the Bright Side of Life" (de "La vida de Brian"). Los silbidos de los presentes se mezclaban con gaitas y bailarines indios, monjas con bragas con la Union Jack y un hombre bala. Parecía difícil subir la apuesta pero la organización no se iba a amilanar. 

La imagen de Freddie Mercury alumbraba el Estadio para dar paso a sus compañeros de Queen Brian May y Roger Taylor que, junto a Jessie J, interpretarían "We Will Rock You". Después de eso era necesario un breve parón de emociones musicales. Tocaba recoger la bandera y recibir el saludo de Rio de Janeiro, lugar donde se celebrarían los siguientes Juegos. La samba animó y Pelé saludó a los presentes, era inevitable su aparición, uno de los mejores futbolistas del mundo (y posiblemente también uno de los más famosos) como representación de la siguiente cita olímpica en su propio país. 

Se acercaba el final y el pebetero formado por pétalos se apagaba lentamente. De aquellas llamas aparecía un Fénix y al ritmo del "Rule the World" de Take That (sin Robbie Williams) se representaba un ballet. Estos mágicos minutos habían relajado un ambiente que estaba a punto de caldearse otra vez, aunque el fuego se hubiera extinguido...

The Who ofreció un medley de algunos de sus éxitos como homenaje a los miles de voluntarios de los Juegos de Londres, otra parte fundamental para el éxito de la organización y que son reconocidos habitualmente en estas ceremonias. El resto de músicos participantes en esta velada se unían en el escenario al tiempo que los fuegos artificiales iluminaban el London Stadium y sus alrededores. Un The End apoteósico para una clausura eminentemente musical seguida por una audiencia global estimada de 750 millones de personas. En España casi 3,5 millones, un 29,7%, la segunda más vista en nuestro país sólo por detrás de la de Barcelona 92.  

Podéis verla en el canal oficial de los Juegos Olímpicos en youtube pinchando aquí

martes, 30 de julio de 2024

JJ. OO. Londres 2012. Así comenzaron.

Vista general del London Stadium en los primeros minutos de la retransmisión de la BBC

Londres, capital de Reino Unido. 27 de julio de 2012. Después de años de preparación, expectativas y muchas incógnitas el Estadio Olímpico se prepara para la inauguración de sus Juegos Olímpicos. Una hora un tanto extraña para los ingleses, las 21 h pero había sido una exigencia del director para aprovechar la nocturnidad como elemento clave de la dirección de fotografía. En realidad, esa era la hora fijada para la "ceremonia artística" pero a las 20.12 (coincidiendo con el año) los Red Arrows (el equipo acrobático de la Royal Air Force) sobrevolaron el Estadio para dar paso a un concierto en Hyde Park. Volvamos al London Stadium, ¿qué habrán preparado los ingleses? Se había dado por sentado que sería imposible superar la ceremonia anterior, la de Pekín 2008, la más costosa hasta su momento y considerada como una de las mejores (sino la mejor) de la historia. ¿Intentarían competir contra ese recuerdo unánime? ¿Se atreverían a intentar superarlo? Desde las primeras ruedas de prensa el comité organizador había sido humilde: su presupuesto sería muy inferior con lo que sería imposible aspirar a la escala china. 

Niños entrenados especialmente para no asustarse cuando estallaban los globos de la cuenta atrás

Sin embargo, los británicos se habían guardado varios ases en la manga: su cultura (literatura, música, cine, moda...) había generado cientos de iconos muy reconocibles en todo el mundo. Para amalgamar una mezcla que fuera un canto a la historia del país y, al mismo tiempo, emocionara al resto del orbe contrataron a un cineasta singular con una carrera tan independiente como exitosa y que tenía muchas razones personales para involucrarse a tope: Danny Boyle. El director de "Trainspotting", "La playa", "28 días después" y "Slumdog Millionaire" reconoció su afición desde niño a los JJOO y, además, el 27 de julio ¡era el cumpleaños de su padre! Se rodeó de un gran equipo artístico: su compañero de profesión Stephen Daldry ("Billy Elliot"), Mark Fisher (diseñador de las escenografías de conciertos míticos que también había trabajado en las ceremonias de Pekín) y Hamish Hamilton (director de los Oscar y los MTV Awards), entre otros. 

Tan sólo 5 días después de ganar el Tour B. Wiggins da el campanazo en los JJ. OO.

La ceremonia constaba de cinco "cuadros escénicos", el primero de ellos "Isles of Wonder". Tras un corto filmado que partía del nacimiento del río Támesis para llegar a la propia capital y su Estadio, la cuenta atrás con globos que estallaban .El grito emocionado de la multitud allí congregada recibía al reciente ganador del Tour de Francia (Bradley Wiggins) que dio inicio oficial tañendo la campana "más grande del mundo" según presumían y forjada, por supuesto, en el país. Enseguida veíamos una pequeña aldea rural que se transformaría ante nuestros ojos para explicar cómo la revolución industrial hizo cambiar el país y su paisaje. 

Branagh en la piel del ingeniero Kingdom Brunel observa satisfecho la industrialización

Los verdes campos agrícolas y ganaderos se hacían grises mientras las torres industriales medraban rápidamente,  ahí comenzaba el "Pandemonium". El actor, guionista y director Kenneth Branagh interpretaba a Isambard Kingdom Brunel, ingeniero creador de barcos de vapor, puentes, líneas férreas y considerado uno de los británicos más importantes de todos los tiempos. El recorrido histórico continuaba por las dos guerras mundiales (con homenaje a los soldados británicos fallecidos), el sufragismo, el comienzo de la inmigración y llegaba hasta los años 60 con los Beatles a punto de invadir EE.UU. 

Pompa y circunstancia, Bond acompaña a la Reina hasta el Estadio

En el siguiente segmento, "Happy and Glorious", es cuando se emite uno de los cortos más recordados del evento, la secuencia en la que el actor Daniel Craig en su papel de James Bond acude a Buckingham para escoltar nada menos que a la mismísima Reina Isabel II hasta el Estadio. Un helicóptero los traslada hasta allí y aterrizan, literalmente, saltando en paracaídas. Una vez más, la flema y la ironía británicas como marca registrada de la que participa hasta la sacrosanta (para ellos) Realeza. A continuación la bandera británica es izada por miembros de las Fuerzas Armadas.

Una cohorte de Mary Poppins acude al rescate de los niños

"Second to the right and straight till the morning" es la dirección del País de Nunca Jamás según las someras indicaciones de Peter Pan en la inmortal obra de J.M Barrie y ese era el título de la tercera secuencia de la ceremonia con homenaje directo a las obras infantiles provenientes de Reino Unido que han poblado los sueños de niños de todo el mundo, desde el eterno infante volador hasta Harry Potter, desde Alicia hasta Mary Poppins y con villanos como Cruella de Vil y el innombrable Lord Voldemort alentando a las criaturas que se esconden en los armarios y bajo la cama y que atrapan niños bajo la inquietante banda sonora de Tubular Bells con el propio Mike Oldfield sobre el escenario. Pero también era un tributo al NHS, el servicio británico de salud. No es casual esta unión porque hay que recordar que Barrie cedió los derechos de su obra al Great Ormond Streed Hospital, el primero infantil del país, también representado en la gala con personal y varios niños pacientes. 

A Mr. Bean le aburre Vangelis

En esta misma parte se incluía otro de los momentos más celebrados, la reaparición de Mr. Bean nada menos que como teclista de la Orquesta Sinfónica de Londres dirigida por Sir Simon Rattle que interpretaría la banda sonora de Vangelis para la película "Carros de fuego". Sin embargo, la responsabilidad del desastroso personaje se limitaba a tocar la misma nota una y otra vez, algo tan aburrido que le lleva a soñar que él mismo protagoniza la famosísima carrera en la playa del film y resulta ganador. El talento mímico de Rowan Atkinson quedo, una vez más, demostrado. Por cierto, no olvidemos que la primera vez que el humor formó parte de una ceremonia olímpica fue en 1992. Sí, la actuación de los Tricicle en los JJ.OO. de Barcelona fue pionera y si la organización no se hubiera atrevido quizás este número de Bean no hubiera sido posible veinte años más tarde.

El hombre del tiempo de la BBC anuncia nubarrones sobre el estadio pero la previsión falla

La última de las secuencias artísticas comenzaba con una madre llegando con su hijo a casa mientras sonaban varios temas muy reconocibles para los británicos... y también para el resto del mundo. Esta pieza sería un continuum de referencias pop porque la amplia familia que habita una casa en medio del estadio sirve de excusa para recodar música inglesa del último medio siglo. Además, esos temazos constituyen la banda sonora de una historia de amor entre dos adolescentes que surge en medio de la fiesta gracias a la pérdida de un móvil. 

El momento en el que la familia Alcántara "irrumpe" en el London Stadium

Al mismo tiempo, sobre la fachada de la casa se proyectan breves escenas de películas, programas de TV y series. La gran sorpresa para la audiencia española aparece cuando distinguimos a la familia Alcántara en esas imágenes, escuchamos claramente a Herminia criticando la minifalda de Inés y luego, a toda pantalla, vemos a Antonio aseverando "Hay modas y modas". No sólo fue un reconocimiento a la ficción española, es que después supimos que ¡Danny Boyle conocía la serie!

Pau Gasol como abanderado de la delegación española

Finalizaba la representación cultural para iniciar los momentos imprescindibles en todas las ceremonias de apertura: el desfile de los deportistas, el izado de la bandera olímpica y el encendido del pebetero. El futbolista David Beckham tripulaba una lancha por el Támesis encabezada por una compañera de disciplina: Jade Bailey que portaba la antorcha olímpica. Las delegaciones de deportistas recorrían el Estadio de nuevo al ritmo de música británica. En el caso de España Pau Gasol portaba el estandarte y nuestros deportistas demostraron ser de los más animados parándose ante cada cámara para saludar, incluso ralentizando el desfile, lo que parecía divertir a los comentaristas de la BBC. También pudimos ver a la entonces Reina Sofía y al embajador de España en R.U. Federico Trillo saludando efusivamente al equipo patrio. 

¿Elliot y E.T.? ¿Un bicivolador? No, una bicicleta con alas de paloma pacífica.

La banda de Sheffield Arctic Monkeys puso el broche al recorrido y se atrevió con una versión del "Come Together" de The Beatles que acompañaba a unos ciclistas con alas que simbolizaban la paz. Una de ellas incluso voló, lo que nos remitía a E.T. aunque no fuera esa la intención. A continuación los inevitables discursos oficiales y la Reina inauguraba los Juegos. 

Sally Becker, Marina Silva, Shami Chakrabarti, Leymah Gbowee, Haile Gebrselassie, Doreen Lawrence, Ban Ki-moon y Daniel Barenboim portan la bandera

Eso daba paso al portado de la bandera olímpica, en este caso, ocho personas que encarnaban los valores olímpicos y con prestigio internacional, desde el secretario general de la ONU Ban Ki-moon al pianista y director de orquesta israelí-palestino-español Daniel Barenboim (seis años antes de las acusaciones de maltrato por parte de varios músicos). 

Los representantes de los valores olímpicos se detienen respetuosos ante Ali que la toca para que prosiga el camino hasta el asta.

Un momento tremendamente emotivo fue la parada ante el boxeador Muhammad Ali que había encendido el pebetero en Atlanta 96 y que ya estaba muy afectado por el Parkinson. La enseña fue izada, de nuevo, por las Fuerzas Armadas. 

Callum Airlie, Aidan Reynolds, Adelle Tracey, Jordan Duckitt, Desiree Henry, Katie Kirk y Cameron MacRitchie abrazan a sus "nominadores", dos generaciones unidas por el fuego olímpico.

La antorcha ya había llegado al estadio gracias al remero multipremiado en cinco juegos consecutivos Steve Redgrave. Allí se produjo un relevo que ejemplificaba el lema de los Juegos de ese año, "Inspire a Generation". Siete deportistas muy jóvenes elegidos por otros olímpicos británicos veteranos portaban la llama hasta que se encontraban con sus "seleccionadores" para fundirse en un abrazo antes de encender el resto de antorchas. 

Esos siete fuegos iluminarían un original y bellísimo pebetero diseñado por Charles Heatherwick. Este diseñador y arquitecto es famoso por el uso de materiales no convencionales y no decepcionó. La construcción estaba formada por pétalos que representaban a cada nación participante y que al encenderse se iban levantando hasta crear una gran flor como alegoría, de nuevo, de la paz. Por cierto, se anunció que al finalizar los Juegos cada país se llevaría un pétalo, ignoro si se cumplió la promesa y dónde está el nuestro. 

McCartney en pleno éxtasis tras interpretar a coro con miles de personas "Hey Jude"

El fin de fiesta estuvo a cargo de Sir Paul McCartney, por eso decía antes que los Arctick se "habían atrevido" a interpretar una pieza del grupo más famoso del mundo ante la presencia (aún sorpresa) de uno de sus miembros. El cantante y compositor se lanzó con la canción "The End" del disco "Abbey Road" y el mítico "Hey Jude" del que TODO el estadio se convirtió en emocionante coro. 

El bello pebetero diseñado por Charles Heatherwick

A grandes rasgos estos fueron los grandes momentos de una ceremonia de más de tres horas realizada impecablemente por la BBC y que, a pesar de la espada de Damocles que suponía el éxito de su predecesora, alcanzó una cifra de audiencia récord en su país y EE. UU. En nuestro país más de 5,6 millones de personas la disfrutaron a través de TVE lo que la situó en la segunda ceremonia más vista hasta el momento, sólo superada por la de Barcelona 92. El minuto de oro se produjo a las 00.38 con más de 7,1 millones de espectadores. No es difícil de adivinar que coincidía con la entrada de la delegación española en el Estadio. La gala también convenció a la crítica, incluso a la británica, siempre dispuesta a la puntilla autocrítica. Esa carta de amor al país y su cultura emocionó en casa pero también fuera y no se le puede pedir más al comienzo de unos Juegos Olímpicos. 

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